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Cuento policial

Cuento policialCuento policial

Esposado en un despacho de la comisaría, Santos Cámara podía percibir un ligero olor a desinfectante. Con paso firme, un hombre ancho de espaldas entró por la puerta y tomó asiento.

-Soy el inspector Campos. ¿puedo saber qué coño hace usted aquí?

Santos levantó la mirada hasta el techo

-Soy el responsable de la muerte de la señorita Carmen Durán.

El policía apoyó una mano sobre la mesa

-Vale, y dígame ¿cuándo fue eso?

-El martes veinticinco, hace exactamente tres días, Calle Coronel Salgado 72, apartamento 5º A…

-Bueno, bueno, de acuerdo, déjeme anotar, y ¿cómo la mató usted?

Santos continuó con la mirada en el techo de la comisaría, como si contemplase algo que sólo él podía ver.

-No lo recuerdo.

-Ya, no importa, ¿Dónde esta el cuerpo?

Santos bajó la mirada hasta los ojos del inspector

-Ya se lo he dicho

-Claro, claro, no importa. Solo quiero que se centre un poco

-Se lo acabo de decir

-Bueno, tranquilícese

Santos se puso en pié. Por su cabeza comenzaron a pasar,  de nuevo, todo tipo de imágenes. En cada sombra, en cada imperfección de la pared de aquella habitación, Santos podía ver la finca de las Contentas, podía ver las zarzamoras creciendo cerca de los muros y a Rosa Durán, planchando delantales negros

El inspector se levantó de la silla y ordenó a Santos que se sentara. Otro policía entró en el despacho. Los campos de trigo se extendían por el horizonte en la cabeza de Santos, bajo una columna de nubes negras que corrían en todas direcciones, perseguidas por una jauría de perros.

En pocos minutos el agente condujo a Santos por el pasillo hasta una pequeña celda. Ahora por fin le dejarían en paz. Necesitaba descansar, desconectarse de sí mismo. Ya no recordaba la última vez que había podido dormir de un tirón. En aquella semana le habían pasado más cosas que en toda su vida. Ahora, en el silencio de aquella estancia, por fin pudo cerrar los ojos.  

Varias horas después, el inspector Campos abrió la puerta de hierro. Tenía el ceño fruncido y hablaba con gravedad

-Hemos estado en el apartamento de la calle Coronel Salgado. El único fallecimiento allí registrado, el martes veinticinco, fue el del portero del edificio; un fallo cardíaco. Lo que sí hemos encontrado es a la señorita Carmen Durán. La hemos explicado todo el asunto y ella dice que le conoce a usted. Ahora está esperando en mi despacho. Quiero aclarar todo este asunto de una vez. Caballero, ¿Se encuentra usted bien? Agente, por favor, traiga un vaso de agua. SEGUIR LEYENDOLEER LA HISTORIA DESDE EL PRINCIPIO




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