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Historias de amor tristes cortas

Historias de amor tristes cortasHistorias de amor tristes cortas para leer online.

Mientras contemplaba el retrato del marqués, Carmen Durán se preguntaba por qué Santos se había empeñado tanto en buscarle una familia. La familia… Él al menos había conocido eso. Para ella esa palabra era solo una idea, un concepto que apenas podía representarse en la cabeza.

-Parece un hombre misterioso. ¿Es tu padre?

Santos asintió con la cabeza

-No lo conocí

-Pues te peinas igual que él. Ahora entiendo porqué pareces sacado de otra época.

Los dos quedaron un rato en silencio frente al retrato.

-Rosa Durán quedó embarazada de mi padre

-Ya lo dijiste

-Tal vez te gustaría conocerla

Carmen guardó silencio, pero Santos podía escuchar cómo el aire entraba con dificultad por los orificios de su nariz. Podía sentir esas cosas, aunque nadie más se percatara. Carmen se giró de espaldas

-¿No tienes nada de beber?

-Si. En la cocina hay refrescos

Él permaneció de pié, bajo el retrato de su padre, mientras ella cerraba la puerta. Tras el tabique, Santos escuchó abrir la puerta de la nevera, luego la puerta de algunos armarios, el tintineo de los hielos contra el cristal y otro sonido metálico, un click, que no pudo reconocer al momento.

Dentro de la cocina, Carmen Duran extraía de su bolso un pequeño frasco. Desenroscó el tapón. Sabía que unas gotas de esa sustancia bastaban para dejar a un hombre fuera de juego; dolores de cabeza, nauseas, perdida de memoria. Lo suficiente para poder controlar ella la situación. Necesitaba hacerlo. Desde sus primeros años en el orfanato sólo podía recordar abusos y mentiras. ¿Acaso alguien se había preocupado alguna vez en serio por ella?

De pronto repasó todos los detalles que Santos le había contado sobre la familia Durán. ¿Qué ganaba él haciéndola creer que formaba parte de toda aquella historia? Era absurdo. ¿Acaso pretendía burlarse de ella?

Por un instante su cabeza empezó a divagar. Era curioso que justamente las monjas hubiesen elegido aquel mismo apellido para ella. En el hospicio a casi todos les apedillaban Expósito, o les ponían el santoral del día después del nombre, pensó, pero ¿Durán? ¿por qué Durán?

En realidad nunca antes se lo había planteado. Si, Las fechas en que Rosa dejó a su hija en el hospicio podían coincidir. Y luego estaba esa marca de nacimiento…la misma marca de Santos. No podía ser. Estaba empezando a delirar. Aquel hombre le estaba contagiando su locura, después de todo la marca en el tobillo era sólo parecida, y el suyo tampoco era un apellido tan raro. Era una idea absurda. En aquellos tiempos los orfanatos recogían niños casi a diario; hijos de violaciones, huérfanos de guerra, madres en dificultades económicas…La suya podía haber sido cualquiera, ¿Por qué iba a ser justamente Rosa Durán?. Todo aquello era una estupidez.

Miró el frasco de nuevo y, sin quererlo, una pequeña sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios. De pronto la idea de haber tenido un abuelo capaz de negarse a fusilar en plena guerra le pareció divertida. En cualquier caso aquel hombre había demostrado un coraje fascinante. En aquellos tiempos de guerra, atreverse a soltar un puñetazo a todo un teniente de artillería, no era un acto banal. Su abuelo, Pepe Durán, qué tontería. Aunque si tuviera que elegir, sin duda habría preferido tener a un hombre de esas características como pariente; un hombre con principios ¿Por qué no? Tal vez entonces, con un familiar como ese también ella podría pensar que en el fondo de su interior habitaba algo bueno y valioso.

Carmen Durán cerró el frasco. No. No todos los hombres tenían que ser unos cerdos. Al menos Santos no era como los que ella había conocido. Él parecía diferente. Un poco más chiflado, eso sí, pero inofensivo. De eso estaba segura. Tal vez Santos, en el fondo, también se sentía muy solo. Después de todo él ahora también era un huérfano. Un huérfano por el que se sentía bastante atraída. SEGUIR LEYENDO  ♦LEER LA HISTORIA DESDE EL PRINCIPIO




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