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Historias románticas cortas

Historias románticas cortasHistorias románticas cortas

El cuerpo de Carmen tiritaba por el frío de la mañana cuando Santos golpeó, con los nudillos, en la puerta de Rosa Durán. Él ya había estado en San Andrés, días antes, y había preparado el encuentro entre las dos mujeres.

Cuando la anciana abrió la puerta se limpió las manos en su delantal y contempló un rato a Carmen. Luego ambas se saludaron con un pequeño beso de mejillas y Rosa les invitó a pasar.

Aquella casa era demasiado pequeña, pero el calor de los leños encendidos hizo que Carmen se repusiera del frío. Del horno, salía un olor a carne asada, y sobre la estantería de madera había, lujosamente enmarcadas en plata, dos fotos amarillentas. La anciana, sin apartar la mirada de Carmen, colocó tres platos sobre la mesa.

-Eres una chica preciosa, dijo. Y Carmen sonrió un poco forzado. Entonces la vieja se sentó y habló de forma pausada

-Antes de que digas nada quiero que escuches esto; Lo que hice en el pasado lo hice bajo unas circunstancias difíciles. Pero sobre todo, necesito que sepas que no voy a disculparme por nada.

Carmen tomó asiento y se mantuvo un rato en silencio. En el fondo le impresionó la franqueza de aquellas palabras, y la determinación con que fueron dichas le hizo estar completamente de acuerdo. “Me parece bien”, dijo, y las dos mujeres se miraron largo rato con expresión seria, como si hubiesen sellado un primer pacto.

-No he venido aquí para reprocharle nada a usted, Rosa, si acaso, sólo necesitaría saber a qué circunstancias se refiere

Rosa sacó el cordero del horno y lo puso sobre la mesa.

-A circunstancias de extrema pobreza

A Carmen volvió a impresionarla la manera en que aquella anciana la miraba, la forma en que hablaba, sin lamentos, en posesión de una extraña dignidad. Por un instante recordó la historia de Pepe y el abuelo, que Santos ya la había contado, y pudo verlos sobre aquella estantería, y en el brillo de las pupilas de Rosa Durán, que reposaban sobre Carmen, como si sólo las dos estuviesen presentes al rededor de la mesa.

– No sé lo que te ha contado este hombre – dijo Rosa sin mirar a Santos – pero en mi familia nadie se anduvo nunca con tonterías. Hemos sido, por así decirlo, unos supervivientes. 

Luego levantó levemente una ceja y añadió- Igual que tú

Aquella aseveración hizo que Carmen sintiese un pequeño recorrido eléctrico en la columna, como si de repente reconociese en ella misma ese rasgo que hasta ahora nadie había mencionado con tanta precisión.

Santos, aceptando que se habían olvidado de él por completo, miró por la ventana. La anciana partió un pedazo de carne y lo depositó en un plato. Luego se dirigió a Carmen

-¿Quieres probarlo?

Estaba exquisitamente cocinado, pero ella no lo dijo, sólo enfrentó la mirada de la anciana, con la misma solemnidad que ella misma desprendía.

-Si. La vida no ha sido fácil para ninguno.

Rosa desvió la mirada hacia la estantería, hacia las fotografías enmarcadas, como si contemplara las cenizas de un incendio, sin disimular una profunda tristeza. Luego, sus ojos volvieron de nuevo a Carmen Durán, y en su boca, lentamente, se fue dibujando una dulce sonrisa

-Qué leches. Eres una chica preciosa

Carmen también sonrió, pero esta vez Santos pudo percibir en su rostro un elemento nuevo; una ligera y deliciosa timidez.

El resto de la tarde, Santos la pasó observando a las dos mujeres. Podía haber caído fulminado por un rayo y ellas hubieran seguido charlando plácidamente, como si nada, ignorando por completo su presencia. Sólo después de mucho rato Carmen por fin desvió la mirada de la anciana. “No me lo puedo creer” dijo, recogiendo de su falda un pedazo de carne, como si no pudiese evitar mancharse la ropa, solo que esta vez su sonrisa no le desapareció de la cara. Santos tampoco podía evitar que las cosas se grabasen en su cabeza con una precisión milimétrica. Mientras observaba las manos de Carmen deslizándose sobre las migas del mantel, supo que aquella imagen ya nunca se borraría de su memoria. SEGUIR LEYENDO  ♦LEER LA HISTORIA DESDE EL PRINCIPIO




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