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Historias de Terror Cortas

Historias de Terror CortasHistorias de Terror Cortas para leer sin descargar

Los últimos rayos de sol se colaban por la ventana iluminando el sillón vacío del salón. Aquella tarde, al regresar a casa, Santos aún podía ver allí sentada a Doña Petra, en el viejo sillón de cuero. Tal vez él no debía haber viajado nunca hasta aquel pueblo, pensó. En realidad, al hacerlo, era como si hubiese traicionado los deseos de su madre.

Ni siquiera habían pasado dos semanas tras la muerte de la anciana. Días antes, Santos se encontraba allí mismo, de pié, frente a ella. “Madre, mañana se queda libre el apartamento del centro. Me gustaría trasladarme y comenzar a vivir sólo”, dijo.

Doña Petra no dijo nada, ni siquiera levantó la vista del libro, pero Santos se dio cuenta enseguida de que su respiración se había parado en seco. Solo al cabo de un rato, ella se levantó para atravesar el salón. Pero entonces ya estaba muerta. Había dejado de dirigirle la palabra y sólo se movía cuando él no estaba presente. Podía permanecer sentada en su sillón de lectura toda la tarde, mientras Santos miraba por la ventana, hasta que él se iba al servicio y, al regresar, ella había desaparecido. Entonces Santos paseaba por la casa y la encontraba de espaldas, apoyada sobre la encimera de la cocina, o en su habitación, con los ojos cerrados. Una tarde la tocó. Estaba completamente congelada.

Durante un tiempo, después de que la funeraria se la llevase, incluso después de haberle dado sepultura y haber donado toda su ropa a la iglesia, Santos podía verla todavía de pié, contemplando el retrato del Marqués, subiéndose las medias en el aseo, o revolviendo en el interior de algún armario. A veces, aparecía entre las imperfecciones de la pared, con ojo más abierto que el otro, un poco, casi nada, pero Santos se daba cuenta enseguida de esas cosas.

De repente sintió calor en la nuca. Nada podía reprocharla. Las madres sólo buscan lo mejor para sus hijos, pensó Santos, sólo lo mejor, y aquel pensamiento, durante un tiempo, volvió a repetirse dentro de su cabeza, como si tuviese vida propia, como si en realidad, aquella idea fuera suya

De repente, los labios de Santos se tensaron. Dentro de su cuerpo podía sentir un tren de hielo recorriéndole las venas. Tenía derecho a saber, a recordar todas las preguntas que había olvidado. ¿Porqué ella nunca le había contado la manera en que había muerto su padre? SEGUIR LEYENDO  ♦LEER LA HISTORIA DESDE EL PRINCIPIO




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