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Novela corta capitulo 2

Santos estrujó entre sus manos una punta de la servilleta, pero no hizo ningún comentario, como si el precio por obtener la verdad sobre la vida de su padre pasara por mantener los labios sellados.

-Dime, Rosa- dijo Carmen inquieta- ¿Cómo acabó la cosa entre tú y el Marqués?

La anciana, pausadamente, apartó con la mano unas migas de pan

-Un día desapareció, sin más. Durante semanas esperé sentada en los pastos, como una tonta, viendo pasar las nubes sobre las tejas de su casa. Yo no entendía nada, sólo quería verlo de nuevo para notificarle mi embarazo. Ahora lo recuerdo casi con agrado, ya ves, cuando una es joven se sienten esas cosas. Una tarde, a lo lejos, vi una pequeña nube de polvo por las curvas de la carretera. No esperé. Subí corriendo la colina, como un animal agitado ante el regreso del dueño, pero el marqués no venía solo. Me escondí detrás de unas zarzamoras. Pude ver cómo bajaba del coche y se besaba con aquella mujer. 

-¿Qué mujer?

-Petra Hidalgo.

Al escuchar ese nombre Santos dio un respingo en la silla.

-Tenga cuidado con lo que diga

La anciana se rascó una oreja

-Continúa, por favor- pidió Carmen- ¿Qué hiciste entonces?

-Nada. Regresé a mi casa por la vereda. Había comprendido enseguida la situación. Lo único que me preocupaba era que mi padre notase el embarazo. Tenía claro que jamás le pediría a ese hombre nada. Podía arreglarme yo sola. Pero entonces las cosas se complicaron mucho más. En una semana mi padre fue encarcelado y todo el pueblo nos abandonó. Estábamos en la ruina, y no me quedó más remedio que hacer lo que más odiaba. Subí de nuevo la cuesta para pedir trabajo en la casa del Marqués. Al menos a eso no podía negarse. Entré en su salón, detrás de la criada que me abrió la puerta. Él estaba junto a la ventana, posando para un retrato. Al verme, pidió al pintor que nos dejase un momento a solas. Entonces le conté la situación y le pedí que me dejase trabajar en la casa. Claro, dijo, puedes empezar cuando quieras. Entonces levantó la mirada. En lo alto de la escalera Petra Hidalgo preguntó qué pasaba, “nada, cariño- contestó él- una chica del pueblo, que está buscando trabajo”. Si hubiese podido elegir me hubiese marchado de allí pegando un portazo. Pero no pude. Necesitaba ganar dinero.

De pronto, Rosa Durán quedó en silencio. Parecía cansada. Carmen se dispuso a recoger un poco la mesa, pero la anciana se lo impidió con un amable gesto

-Trabajé en esa casa hasta el día que mataron al marqués. Entonces Petra Hidalgo me despidió. Cogió sus cosas y desapareció del pueblo para siempre. Las dos estábamos a punto de dar a luz. SEGUIR LEYENDO  ♦LEER LA HISTORIA DESDE EL PRINCIPIO




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