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Novela corta: Santos y Rosa

El rostro de Rosa era severo cuando abrió la puerta. Santos tampoco saludó. Solo al cabo de un rato preguntó directamente por el paradero de Carmen.

-No tengo ni idea – contestó la anciana sin alterarse – No he vuelto a verla

Santos comprendió enseguida que la vieja mentía. No sabía porqué, pero se daba cuenta enseguida de esas cosas. De un solo vistazo pudo percibir todo el interior de la casa. Sobre el fogón de leña yacía el cadáver de una gallina blanca

-¿Puedo pasar?

Rosa se apartó de la entrada, sin entusiasmo. Al entrar en la casa, varios objetos se fijaron, con precisión fotográfica, en la mente de Santos Cámara

La anciana comenzó a desplumar la gallina sobre la encimera

-es mejor que te olvides de ella

Santos cogió aire en sus pulmones

-Señora, usted siempre me ha castigado, sin anunciarme los motivos de mi delito. Sé que la relación que mantuvo con mi padre la hizo a usted daño, pero yo no tuve nada que ver, ni siquiera había nacido.

La anciana lo miró fugazmente

-Aquello pasó hace mil años. No sufras, lo he superado

-Entonces ¿Cuál su problema?

-Tu padre sólo pensaba en lo suyo, eso es cierto, cuando le anuncié mi embarazo acabó con lo poco que quedaba entre nosotros. Esas cosas pasan. La clase social, qué te voy a contar

-Si, señora, pero yo no soy mi padre

-Ya ves, algunos se creen con derecho a tratar a los demás de forma diferente por eso

-¿Qué quiere decir?

Rosa se giró del todo, se limpió las manos en el delantal, sacó unos papeles del cajón y los dejó sobre la mesa.

Santos bajó la cabeza

-Entiendo. Fue una disputa entre Carmen y yo. Usted no debería meterse en eso

-En realidad tu y tu padre no sois tan diferentes

Santos tomó asiento.

-Mi padre ahora está muerto

-Si, y no fueron unos ladrones los responsables

Las manos de Santos Cámara comenzaron a temblar sobre la mesa, pero quería conservar la calma, de manera que sólo tragó un poco de saliva

Rosa volvió a girarse y continuó desplumando aquel animal

-En parte yo fui la responsable de su muerte. No fue el encarcelamiento de mi padre lo que volvió loco al abuelo. Cuando reparó por primera vez en mi vientre se quedó bloqueado. El pobre llevaba demasiadas cosas encima. Me cogió con fuerza de los brazos. Cuando le dije el nombre del padre se le salió de las entrañas el poco corazón que le quedaba. Si le hubiera dicho otro nombre, cualquiera del pueblo, cualquiera de esos zánganos que vivían por aquí, no le habría afectado tanto

-¿Qué está usted diciendo?

-Le dije al Abuelo que tu padre me había abusado

Santos cerró los ojos. Entraba demasiada luz en aquella casa. Ni siquiera esas malditas persianas a medio bajar evitaban el exceso de iluminación. Sintió deseos de pedir a la vieja que las bajase, hasta abajo, sin ninguna rendija, pero no podía hablar. Sólo después de haber apretado con fuerza los puños pudo articular palabra

-Me alegro que Carmen no sea hija suya- dijo al fin.

La anciana soltó la gallina y se giró de nuevo

-Si. Tenía miedo de decirle la verdad al abuelo, que yo me estaba viendo con tu padre desde hacía mucho tiempo, a sus espaldas, a espaldas de todos, como una furtiva. Se me ocurrió la estúpida idea del abuso. Entonces me asusté de verdad. Nunca había visto esa mirada en los ojos de un hombre. Pero el abuelo la tenía, traté de decirle que lo del abuso no era verdad, pero para entonces ya era tarde. No escuchaba. Primero se quitó la chaqueta, y caminó hasta la habitación, como sonámbulo. Yo lo seguí, recogiendo del suelo la ropa que se iba quitando. Abrió el armario y sacó la escopeta. Estaba segura de que iba a matar a tu padre.

Santos levanto la mano en señal de que parase de hablar. Le dolían los tímpanos, como si acabara de estallar un petardo bajo sus pies. Solo quería que aquella vieja le diese la dirección de Carmen y marcharse de allí.

La anciana se puso en jarras.

-Si, durante un instante disfruté con la idea de ver a tu padre agujereado por las balas. Te lo confieso.

-Usted está enferma

-Ya ves, cuando somos jóvenes no aceptamos que nadie derrumbe nuestra bonita idea del mundo

-No diga más tonterías

-El abuelo no estaba bien…

-El no pudo haber matado a mi padre

-…acababan de encarcelar a su hijo y todo este pueblo cobarde le estaba dando la espalda. Y ahora su única nieta había sido abusada por un marquesito intocable.

-A mi padre no lo mataron con una escopeta

-Traté de retenerlo y contarle la verdad. Me dio un empujón y caí de espaldas, para cuando me levanté y quise atajarlo el abuelo ya estaba sobre el escenario de la plaza.

-A mi padre lo mataron de varias cuchilladas.

-Luego se lo llevaron los guardias…

Santos se puso en pie

-Son solo suposiciones. ¿Acaso lo vio usted matarlo?

-Cuando a las pocas semanas el abuelo salió del psiquiátrico vi cómo ensillaba su mula y salía en dirección a la finca de tu padre. Al día siguiente los coches de policía iban por todas partes. Habían matado al marqués. Esa fue la última noche que vi al abuelo. Al día siguiente su mula regresó sola a la cuadra.

-Está usted loca

-Mi abuelo desapareció para siempre el mismo día que mataron a tu padre

-Pero se habría descubierto. Lo habría investigado la justicia

-Eran tiempos de guerra. En aquellos momentos la justicia no pasaba por los tribunales, no seas ingenuo

-¿Qué quiere decir?

La anciana metió las manos en el delantal

-A mi abuelo también lo mataron esa tarde

De repente las tripas de Santos se contrajeron, y tuvo que sentarse de nuevo.

-¿Quién?

Rosa sonrió, con aire condescendiente, como se sonríe a un pobre ignorante

-Después de todo también es la historia de tu familia. ¿No es eso lo que querías saber desde el principio?

Las tripas de Santos seguían enredándose, casi al borde del colapso, como si estuviesen digiriendo grandes bloques de cemento.

-Lo que usted insinúa es que mi familia, mi madre, tuvo algo que ver en la muerte de su abuelo. ¿Es así? Sea clara

Rosa se cruzó de brazos y miró al suelo, como el que da una conversación por terminada.

Santos se puso en pié

-Ahora lo entiendo, usted no me odia por ser hijo de mi padre, sino por ser el hijo de mi madre

Rosa abrió la puerta de la calle

-Es mejor que te marches

-Si. Tiene sentido. Tal vez mi madre encargó la muerte de su abuelo. ¿Por qué no? Mejor, Tal vez lo hizo con sus propias manos, no sé, con un arma. Por aquí todo el mundo tenía una, ¿No es cierto?

La anciana miró para otro lado.

-Es mejor que te vayas

-Si, bueno, tal vez si. Quizás ella, toda su vida recluida en casa, no sé, Pero Si, puedo aceptarlo. lo acepto. Su sentimiento por la familia era tan arraigado como el de usted. Ella no era peor que usted. Es el aire de este pueblo, que vuelve locas a las personas.

La anciana transmutó el gesto.

-Lo que te he contado no lo he hecho por ti, porque crea que tienes derecho a saber la verdad…

-No era tan difícil comprender sus motivos, tampoco había que ser tan ingenuo, después de todo el abuelo Durán era el asesino de su esposo. Tiene sentido. Tal vez ella presenció el crimen y decidió vengarse. No me estañaría nada, después de todo, ella siempre ocultaba cosas, igual que usted. Solo era una mujer, como cualquier otra, como usted, cogida por reacciones irracionales. Si. Tal vez todas sus conjeturas sean ciertas. Tiene mucho sentido, ¿por qué no?

-Ni siquiera te he contado esto por ayudarte a comprender de dónde vienes…

-Claro. Ahora entiendo. Aquí la guerra les perturbó a todos. Por eso se desnudaban y se mataban los unos a los otros. El psiquiátrico debía estar muy lleno por estos lugares

-Si te lo he contado no es por hacerte un favor a ti. Lo hago sólo por Carmen.

-No la meta a ella en esto.

-No voy a consentir que la trates de cualquier modo.

-Ahora que ya me ha contado todo ya puede darme su dirección ¿Dónde puedo encontrarla?

-No quiero que llene su cabeza de sueños y ahora vengas tu a destrozarlos.

-Deme su dirección. Solo quiero disculparme con ella y poder aclarar las cosas

La anciana lo contempló un rato, lentamente,

-Sé que usted no me aprecia, Rosa. Pero tenemos algo en común; los sentimientos por Carmen …

Rosa permaneció un rato en silencio sujetando la puerta, luego sacó un trozo de papel del bolsillo de su delantal y extendió el brazo de mala gana.

Santos recogió el papel y cerró el puño contra su pecho. Ahora tenía la dirección de Carmen y solo necesitaba salir de aquella casa. Rosa se apartó lentamente y vio como se alejaba por el camino. Pero entonces Santos detuvo su paso en seco, como si de repente se hubiera quedado pegado a la tierra. Se giró y comenzó a caminar hacia ella.

Sorprendida, Rosa contempló cómo se paraba a su lado, mirando justo por encima de su cabeza, con el rostro completamente pálido. La anciana, casi por instinto, se giró bruscamente en la dirección donde él miraba. Luego se volvió de nuevo hacia Santos, que se introdujo en la casa, muy lentamente, como si le costase caminar. Rosa frunció el ceño, como si se negase a creer lo que veía. Santos seguía caminando, como si alguna fuerza externa tirase de su pecho, en dirección a la ventana de la cocina, como si hubiese visto un fantasma y caminase a su encuentro. La anciana no pestañeaba. El cuerpo de Santos Cámara estaba comenzando a tomar un color más brillante; toda la luz del sol, se iba concentrado al rededor de su figura, mientras él levantaba lentamente el brazo derecho, que parecía tirado por un hilo invisible y que señalaba con el dedo hacia lo alto de la colina, donde se situaban las ruinas de la antigua finca del marqués

-Su abuelo, Rosa, está enterrado allá arriba.  SEGUIR LEYENDO  ♦LEER TODA LA HISTORIA DESDE EL PRINCIPIO




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