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Novela histórica corta

Novela histórica cortaNovela histórica corta para leer sin descargar

Santos se alejó andando por la plaza. Entre las baldosas de piedra crecía un musgo negro que brillaba con el sol. A su mente acudió el enorme retrato de aquel hombre que presidía el salón de su casa, los labios de su madre herméticamente sellados, y todas las preguntas que alguna vez había formulado estaban allí, flotando en el aire de aquel pueblo, como una mancha de aceite que se extiende. 

Caminó calle abajo. Dentro de su cabeza se repetía sin cesar el nombre de la anciana, “Rosa Durán”, ¿Sería posible que ella fuera familia de Carmen? Una cigüeña, con las alas extendidas, regresaba al nido de la iglesia. A pocos metros, en la puerta de la última casa de la calle, una anciana colgaba la ropa. Tenía el pelo blanco, recogido en un moño, y vestía de riguroso negro. Al verla, Santos tuvo la sensación de haberse trasportado en el tiempo. Desde su pequeña estatura, Rosa Durán lo contemplaba fijamente

-Me llamo Santos. Santos Cámara

La vieja soltó el barreño

-Soy el hijo de Don Ignacio Cámara. Me han dicho en la plaza que usted conoció a mi padre.

Las pupilas de la anciana se dilataron, apenas un segundo, pero a Santos ese detalle no le pasó inadvertido

-Mi madre murió la semana pasada. Vengo buscando información. Un hombre del pueblo acaba de contarme que a mi padre lo mataron en su casa, allí arriba, en la colina. Yo nunca lo conocí. Mi madre jamás me dijo nada de eso.

-Lo siento. Yo tampoco puedo decirte nada

-Pero usted trabajó en la casa de mi padre

La vieja alisó lentamente su falda

-Han pasado muchos años

-No entiendo, señora…

Rosa introdujo las manos en los bolsillo de su delantal, sin modificar ni un sólo músculo de la cara

-¿Acaso la trataron mal mis padres? ¿Le dejaron alguna nómina sin pagar?

-Al contrario. Pagaban bien

-Es extraño

Rosa resopló y se puso en jarras

-Ya veo que a usted su madre nunca le contó nada

-No

-De ahí ese aire de usted, como alejado del mundo

-Señora, es sólo que la gente no me gusta

-En eso estamos de acuerdo. A mi tampoco

-Ya entiendo. La echaron de la finca. La despidieron

-No me hagas reír

-Si era usted la criada ¿Cómo no vino a la cuidad con mi madre estando ella sola y embarazada? ¿Pretende que crea que se quedó en este pueblo por decisión propia? Dígame, ¿cuando la echaron?

-Cuando le anuncié a tu padre mi embarazo

Santos Cámara dejó de respirar por un instante. Trató de decir algo, pero su boca solo quedó entreabierta. Rosa recogió tranquilamente el barreño del suelo.

-El marqués era un hombre guapo y educado. Nos gustamos, simplemente, no voy a justificarme.

Santos seguía sin pronunciar palabra, no podía comprender qué estaba pasando, pero podía sentir en la boca de su estómago el efecto que deja un puñetazo.

-¿Está insinuando que usted quedó embarazada de mi padre?

-Es mejor que te marches

Necesitaba coger fuerzas. Entonces recordó las palabras del anciano de la visera sobre el embarazo de Rosa y unió los dos hechos

-¿En qué orfanato dejó a la niña?

Las pupilas de Rosa se clavaron en las de Santos, como si contemplara una bandada de murciélagos saliendo de sus ojos. Soltó de nuevo el barreño

-No sé que te han contado de mi, pero será mejor que te vayas

-No voy a hacer eso. Tengo derecho a conocer la verdad

Rosa endureció el rostro, y estrujó entre sus manos una esquina del delantal SEGUIR LEYENDO   ♦LEER LA HISTORIA DESDE EL PRINCIPIO







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