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Cuento Corto del Biólogo

Cuento Corto del BiólogoCuento Corto del Biólogo

Paco Cámara no era como ellos. En la lonja, mientras sus primos pelaban por las mejores bateas de atún, se quedaba embobado con cualquier otra cosa. No se si les daba lástima o ganas de pegarle un puñetazo.

-Eh, Barbas, a ver si me espabilas al chico- gritaba su padre mientras se abría paso a codazos entre los demás asentadores.

-Ya lo intento, patrón, me paso todas las mañanas tras el, Paco, le digo, corre, que van a subastar los emperadores, pero el chico se queda en cuclillas junto a las redes, mirando los peces raros que se quedan enganchados.

Si Paco Cámara no hubiese sido el hijo del patrón, el Barbas lo habría arrastrado de los pelos entre los rapes y las sardinas.

Su pobre padre estaba desesperado, pertenecía a la cuarta generación de una familia dedicada al negocio de exportación y, su hijo, tan despistado como siempre, se dejaba quitar hasta las remesas de pescado menos codiciadas.

Cuando el Barbas se enteró que Paco Cámara se iba a la capital a estudiar biología respiró todo el aire de la mar. Los próximos años ya no tendría que perseguirle por todo el muelle, saltando entre las cajas de los jureles y las lenguadinas.

-Ahora ya solo le vemos tres o cuatro días por año, con sus camisas limpias y oliendo a perfume -me comenta el Barbas en la cantina- Ya ve usted, Don Andrés, todavía le gusta fastidiarme cuando viene. Anda que, no te he hecho rabiar, ¿ eh, Barbas?, me dice el cabrón. Anda condenado, le digo yo, que eres un condenado, menos mal que te largaste y nos dejaste en paz, y el chico se ríe, vamos Barbas, me dice, déjame que te invite al café.

-Pues sí, Edesio, has tenido que tener mucha paciencia con ese chico.

-Viene poco por aquí. Algunas veces llega alguien al puerto con un periódico como este y vemos su foto en la portada, ¿lo ha visto usted, Don Andrés?

-Si, se le ve más delgado en la foto.

-¿Habéis visto? -grita el Barbas a unos mozos que llegan de la subasta- el chico del patrón ha vuelto a descubrir otra de esas cosas sobre el comportamiento de las barracudas. Esos bichos no valen ni para caldo. No los quieren ni las monjas.

-Qué razón tienes-le digo al Barbas- ese chico no valía para el negocio.

-Sí, bueno, ahora dicen que estudia la comunicación de los delfines, tiene narices, lo que son las cosas.

-Bueno, al final se buscó un porvenir.

-¡Bah!, lo difícil es arrancarle los frutos a la mar, sacar las merluzas con la palangre sin perder los dedos, o desnucar los congrios en la cubierta antes de que te coman las piernas. Los hombres de verdad no se forjan en las piscinas contemplando como nadan los bichos.

-Pues sí, Edesio, para que nos vamos a engañar. Si te digo la verdad a mi ese chico siempre me pareció un poco inútil.

El Barbas se quedó callado un buen rato. Luego me miró de reojo y, sin venir a cuento, me arrebató el periódico de las manos.

Fidel Sanz Estaire





2 comentarios

  1. Escribo cuento corto, he ganado tres concursos estatales y me parece que esta sección es una oportunidad para que los jóvenes disfruten y se interesen por escribir cuento. Saludos

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