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Relato largo de misterio 4ª parte

Relato largo de misterio 4ª parte. Autor; Fidel Sanz Estaire.

Leer este relato desde el principio.

Caminamos por Paseo del Prado. Una racha de viento mueve las hojas de los árboles y el chorro de la fuente de Neptuno se retuerce en lo alto. Delante de nosotros camina una mujer con la melena suelta que desprende un olor a castañas. Golpeo con el pie una papelera y ella vuelve su rostro.  Tiene unos ojos muy grandes. El observador externo gira el cuello al pasar junto a ella y sonríe. Tiene unos ojos pequeños. Durante un segundo la mujer queda atrapada entre nosotros dos. Cuando por fin la adelantamos me acerco al observador externo y saco un poquito el pie.  El observador externo pierde el equilibrio. La mitad de su periódico sale volando por los aires y sus hojas ruedan por el asfalto bajo las ruedas de los coches. Desde mi posición puedo observar, de nuevo, la suela de sus zapatos. Las dos al tiempo. Una junto a la otra.

La mujer, que se ha quedado parada con las palmas de la mano apretadas contra sus mejillas muestra, entre sus dedos, unos labios rojos en forma de beso. Se agacha. Se interesa por el estado de salud del observador externo. Pasa el brazo bajo su axila y trata de ayudarle.

-Lo siento- le digo encogido de hombros- tengo los pies muy separados.

La mujer me mira los zapatos. No pestañea. Aprieta los labios y se contiene.

El observador externo se quita la tierra de la palma de las manos frotando una contra la otra.

-Separados y grandes-afirma rotundo.

La mujer se tapa la boca y empieza a ponerse colorada. Desde arriba veo sus rodillas flexionadas. Tiene unas pestañas largas y negras. El hombre y la mujer permanecen un rato semiabrazados sobre la acera, contemplando mis zapatos. Luego se miran entre ellos y, sin más, arrancan a reír.  Se ríen a carcajadas. Casi sin fuerzas se ayudan mutuamente hasta ponerse en pie.

Un anciano con pantalón amarillo y gafas azules de espejo pedalea sin esfuerzo por el carril bus. Mientras camina el observador externo recompone su periódico. La mujer se vuelve un instante para mirarme y susurra algo a su oído. Desde mi posición no puedo escuchar lo que dicen. El hombre le coloca una mano en la espalda y niega con la cabeza sin girase. Seguir leyendo.





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