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Relato largo de misterio tercera parte

Relato largo de misterio tercera parte. Fidel Sanz Estaire.

Leer este relato desde el principio.

El hombre que camina a mi lado, cuando pasa junto a un escaparate aprovecha para mirarse. Desde mi posición veo su nuca. Cuando nuestras miradas se encuentran en el cristal el hombre gira la cabeza y mira al frente. Entonces puedo ver sus dos perfiles casi al tiempo, uno allá, otro acá, resoplando por lo bajo, para que no se note que va reventado.

 

-Andar-le digo mientras su imagen se desplaza junto a los maniquíes trajeados del escaparate- no es un acto cultural. Si así lo fuera cada cultura designaría una forma distinta de mover los pies.  A la mayoría de la gente, que presume de conocerse bien a sí misma y de ser muy consciente de sus actos, se le escapa este detalle. Si le preguntas con cuál de sus dos pies acostumbran a iniciar la marcha, no sabrá qué responder. Pero si le preguntas por cualquier otra cosa, siempre, siempre, te dará una opinión. Para un observador externo, poco entrenado en percibir los detalles finos de las cosas, tanto si está en Madrid como si está en la China, ve andar a un individuo y ha visto a todos. Otro error. La gente camina por la calle, en cualquier lugar del mundo, pero no todos lo hacen igual, aunque a un observador externo se lo parezca. Aparte de los que andan de forma muy particular por su constitución física, existe una gran variabilidad entre los transeúntes. Pero un observador externo que sujeta un periódico bajo el brazo para evitar desplazarse con las palmas de las manos vueltas hacia adelante, no se percata de eso.

-Nadie se desplaza con las manos vueltas hacia adelante-protesta enérgicamente el observador externo- La mayoría de la gente camina normal. Con los pies rectos.

 

-En las ciudades grandes todo es normal. Uno puede sentarse en una terraza, pedir un café y leer un libro. Aunque sea lunes. A nadie se le salen los ojos de la cara por eso.

 

-Tanto en las ciudades grandes como en las pequeñas la gente camina por la calle sin sacar los pies de las aceras.

-Mientras dejes pasar a los demás no tiene ninguna importancia.

-Claro, claro, tampoco se trata de ocupar toda la calle.

– En cualquier lugar del mundo la gente camina. Algunos caminan a nuestro lado si, por el motivo que sea, la dirección que ellos toman coincide con la nuestra, pero también sucede al revés. Si vamos con prisa lo normal es que dejemos a otros atrás. Si otro quiere llegar antes, te adelanta. Es normal. Del tiempo que pasa desde que llevamos a otro a nuestro lado prefiero no hablar.

-Si. Mejor no hablar.

-Uno anda, sin más, adelanta un pie primero, luego el otro, y así, sucesivamente.

-No me cabe duda.

-Pues es eso lo que trato de decirle.

-Pero la gente normal se desplaza hacia adelante. No a los lados.

– Las extremidades inferiores, como pueden, conforman una serie ordenada de movimientos, lo más armónicos posibles. Me parece innecesario insistir más. Me parece innecesario dar mayor transcendencia a ese asunto.

-Estoy de acuerdo. Caminemos en silencio. Seguir leyendo.





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