Relatos cortos criticas Duras MAGDALENA ERA CUBANA

 

 

 

Chirrían los columpios movidos por la inocencia sentada en un neumático unido a una cadena. El sol que tanto cegó mis ojos hoy lo hace con más fuerza. Se refleja en los toboganes. Como el de la vida, en el que yo estaba arriba y he caído de cabeza.

A mi alrededor pájaros, belleza, niños, padres... Todos felices menos yo.

Recuerdo cuando no llevaba estas sucias barbas, cuando no vestía estas raídas ropas. Recuerdo cuando estaba cerca de todo. Cerca del dolor, de la alegría, de Dios. Ahora no estoy cerca, ahora soy dolor y pesar y recuerdos que me han esculpido en algo tan maleable como el viento.

En todo este tiempo de soledad, en estos instantes de inexistente alegría, he visto como se resquebrajaba mi sonrisa. Como mi rostro se arrugaba por la inestimable ayuda de los malos días (uno tras otro) en el reflejo de las putrefactas fuentes. Todas las que he inundado con mi llanto. En todas las que he bebido buscando una respuesta. Pero no hay contestación para mis preguntas.

 

Recuerdo mis primeros días en el Colegio Arzobispal Inmaculada y San Dámaso. Aquí fue donde empecé a desprenderme de mi vida. Aquí me presentaron a Dios ( yo no le conocía), y me enseñaron a mentir, a desconfiar, a rezar, y jugaron conmigo.

Conocí el mayor y mejor montado burdel masculino-ambiguo.

Recuerdo también que hubo días felices en el seminario. Tuve la oportunidad de conocer al mismísimo Papa en el Vaticano, a ese personaje, a esa persona comparable con cualquier chulo de putas, solo que él trafica con almas no con cuerpos, siempre escondido en sus célibes ropas y en su humana ansia.

Toda mi vida he estado engañado. Aunque a veces fui feliz como caballo de picador, con un ojo tapado y otro no.

Recuerdo mi ordenación, ahora tiempo mal gastado. Y no me recuerdo sólo, me recuerdo acompañado, pero hoy por hoy lo estoy y ayer y días pasados.

Me viene a la memoria como era mi iglesia, como era el altar donde predicaba con la que creía limpia conciencia y resultó ser lo contrario. Pero me he dado cuenta tarde, lejos de lo que pensaba era la realidad, cerca de la vida, plenamente en mi consciencia. Plenamente en comunión con Cristo y su sangre en mi botella. Bajo este sol mandado por el diablo del mismo infierno.

Recuerdo también los días más felices, que fueron los más falsos. Y te recuerdo a ti Magdalena. Te recuerdo en cada momento de soledad. En las noches frías en las que tomo cartones por sábanas.

Me imagino las primeras noches que hiciste que despertara, que me enseñaste el amor, lo que no lo era y tanto nos gustaba.

Fue un día como hoy. Yo fui con los chicos del orfanato a la Casa de Campo para organizar una convivencia y juegos para que olvidasen su estancia en ese asqueroso lugar, en esa cárcel llena de cínica protección, de pederastia y de la mayor bajeza humana imaginable.

Fue ese día cuando Luisito huyó despavorido por el amplio aparcamiento asustado por la explosión de un petardo. Y llegó hasta tí, hasta la hija del sol, hasta la hija del diablo.

Allí estabas tú, apenas sin ropa, como cualquier día de verano en cuclillas sonriendo para tranquilizar al asustado niño. Secabas sus lágrimas con un trozo de papel higiénico que sacaste de tu bolso.

Acariciabas con ternura maternal a Luisito que estaba ya sonriente por estar a tu lado. Me acerqué allí deslumbrado por tu cuerpo, por tus escasas ropas, por tu piel. Tu rollizo cuerpo estaba totalmente dorado por el sol y el calor, tus ojos negro azabache, tu pelo recogido por un improvisado moño, tu sonrisa plagada por perlas blancas y tus labios que imaginé sabrían a miel , ron y caña.

 

Presa de mi indecisión me presenté a ti con protocolo eclesiástico.

-Gracias por consolar a Luisito. Soy Juan Carlos, párroco de la basílica de San Francisco. ¿ La conoces?.

-No padre, desde que estoy en España no he visitado ninguna iglesia. Mi nombre es Ileana. -Dijo con ese acento cubano que hizo que en mi interior surgieran extraños fenómenos químicos sobre mi estructurado organismo.

Su voz escondía una timidez que distinguí al conocer ella mi condición, ya que iba camuflado con ropa sport.

Nuestra conversación no dio para mucho más, salvo mi invitación a purificar su alma en mi iglesia.

Mis hormonas comenzaron un ataque sobre todo lo que yo creí superado. Mi mente se veía abstraída por pasiones imaginarias en forma de deseos que me enseñaron eran sucios, impuros, innecesarios, pecaminosos...

Todo creció cundo giré la cabeza y observé como subía a un coche conducido por un honorable padre de familia que seguramente se dirigía hacia su casa.

Semanas más tarde me encontraba preparando las reuniones de catequesis para los futuros confirmandos, cuando Padre Basilio me avisaba que preguntaba por mí una mulata de vida alegre, que también preguntó por Luisito.

Mi corazón desabrochó un botón de la camisa de su fuerte sacudida. Los papeles que tenía en mis manos cayeron sobre la mesa.

-Juan Carlos ¿te encuentras bien?. -Dijo Basilio con un gesto de extrañeza en su arrugada cara-.

- No, no. Es que yo no le dije el nombre de Luisito. -Dije en un alarde de naturalidad.

Una sonrisa se esbozó en la cara de Basilio.

-Mira que eres ingenuo.¡ Se lo diría el niño! Onlyfans gratis de chicas y chicos

Y se retiró riendo, con la verdadera ingenuidad del que no conoce la naturaleza del hombre.

Salí despavorido hacia el interior de la iglesia. Al llegar mis venas palpitaban hasta poder oírlas. Me decidí a abrir la puerta. Allí estaba Ileana, arreglada con la forma tan estrafalaria que identifica a casi todas las de su condición.

Estaba mirando los pequeños retablos que alrededor de la iglesia representaban la pasión y muerte de Jesús.

-Buenos días Ileana, te decidiste a venir. Gracias.

-Hola padre, acepté su invitación, y me gustaría confesarme, charlar con alguien. Hace años que no lo hago y lo necesito. Estoy sola.

Desde este momento mi vida se fue por el desagüe y yo tiré de la cadena.

Ileana me contó como vino de Cuba a España y las precarias condiciones en la que vivió antes de enrolase en la profesión más antigua de la humanidad.

Yo intentaba con mis charlas de cura antiguo y conservador rescatarla de las fauces del falso placer para unos y de cierto y fresco dinero para ella.

Fui varias veces más con los chicos del orfanato a la Casa de Campo y deseaba no verla allí, y no sentir celos, ni rabia. Y nunca la volví a ver en su puesto de trabajo. ¡ Era verdad, me estaba haciendo caso!, se alejaba de ese mundo tan sombrío.

Una tarde Ileana vino a la parroquia y me invitó a cenar a su casa. Estaba tan nervioso como un adolescente en su primera cita.

Llegué a las 21:30 a la calle Lavapies. Vivía en un edificio de renta antigua, con escaleras que crujían durante mi ascensión hacia el cielo que resultaría ser el infierno. Llamé al timbre y en unos instantes se abrió la puerta con el chirriar característico del oxido y los años de desuso. Detrás apareció ella, ataviada con una bata blanca con flores multicolor que dejaban entrever los atributos con que la decoró Satanás.

 

Era una casa pequeña de unos 45 metros cuadrados. Estaba decorada con la humildad del que no tiene. Unas cortinas de lino beige hacían de tabique entre la improvisada habitación y el salón-cocina. En el centro del cubículo colocó una mesa con todo lujo(al alcance de sus posibilidades) de detalles para los dos futuros comensales.

La comida fue deliciosa, descubrí que tenía una gran virtud, la de exquisita cocinera.

Mientras tomábamos una copa sentados en un carcomido sofá me confirmó su retirada de la prostitución. Pero no la presté atención, sólo podía mirar su cuerpo, sentir como mis hambrientos dedos querían saciarse con ella como ya lo habían hecho mis ojos. Presa del calor de mis llamas tomé su mano y ella me abrazó, me besó, mis dedos se saciaban y mi alma volaba etérea mezclándose con el humo de nuestra combustión. Hicimos el amor, enseñándome lo más puro y bello de la creación divina.

Me imploró que colgase los hábitos como ella por mí colgó el látex.

Y enamorado accedí, y enamorado me retiré de la iglesia ante el asombro del padre Basilio que en paz descanse. Dejé todo lo que tenía por ella, como también lo dejé todo por Dios. Es más, seguí el verdadero mensaje del creador, dejar todo e ir puro hacia la felicidad, porque Él para mí no lo era todo.

Pero no todo es así, la felicidad no es nada estable, no es nada. Son momentos que te hacen recordar, reflexionar. Y de esta forma hacerte un

infeliz, un desplazado, un borracho andrajoso que viaja con una maleta vacía, con el alma sucia como nuestra atmósfera y la cabeza confundida.

Sí, viví feliz con Ileana. Yo conseguí un trabajo en una tienda dedicada a la venta de efectos religiosos situada en la calle Jesús. Ella trabajaba en un restaurante guiada por mí y su buen hacer en la cocina.

Llevábamos una vida normal, feliz, con alguna presión a fin de mes para pagar nuestro pisito de la calle Moratín. Pero pasó algo inexplicable. Ileana marchó. Aprovechó el fin de semana que tuve que viajar a Cuenca para entregar una imagen de Santa Marta y un cáliz a la parroquia de San Andrés.

Se fue y no dejó nada. Ni una nota, ni dinero en nuestras cuentas, ni la televisión, ni la cortina de lino beige. No dejó nada. Sólo su recuerdo que me castiga y me maltrata. Sólo su ausencia en forma de botella, la confusión como forma de vida y la soledad...

No sé porque se fue, ni porque me tuvo tan engañado.

Ni porque me engañaste tú Jesucristo, porque me has maldecido. ¿No tengo derecho a vivir como los demás?. ¿ No he seguido tu ejemplo, no he creído en tí?.

Ahora estoy seguro que no creo en tí. Destrocé mil y una imágenes tuyas en esa tienda para fetichistas.

Me has hecho esto sólo por intentar ser feliz, por creer en la felicidad. No puedo creer en tu símbolo, la cruz, pues ya llevo la mía sobre mi espalda.

Yo que predicaba tu palabra, yo que creía en tu justicia, pero he descubierto tu verdadera noción de equidad: LA FALSEDAD.

¿ Eres justo Jesucristo?.

Recuerda:

Tú también conociste a Mª Magdalena.

El Autor de este relato fué Rafael Miranda Mart%EDn , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7311 (ahora offline)

Relatos cortos criticas Duras MAGDALENA ERA CUBANA

Relatos cortos criticas Duras MAGDALENA ERA CUBANA

Chirrían los columpios movidos por la inocencia sentada en un neumático unido a una cadena. El sol que tanto cegó mis ojos hoy lo hace con más fuerza. Se r

relatoscortos

es

https://cuentocorto.es/static/images/relatoscortos-relatos-cortos-criticas-duras-magdalena-era-cubana-2592-0.jpg

2020-03-11

 

Relatos cortos criticas Duras MAGDALENA ERA CUBANA
Relatos cortos criticas Duras MAGDALENA ERA CUBANA

Si crees que alguno de los contenidos (texto, imagenes o multimedia) en esta página infringe tus derechos relativos a propiedad intelectual, marcas registradas o cualquier otro de tus derechos, por favor ponte en contacto con nosotros en el mail [email protected] y retiraremos este contenido inmediatamente

 

 

Top 20