Relatos cortos eroticos Gays Mi Vida 9, Papá, mi Chico y Yo

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El agua del grifo se sentía cálida y placentera entre mis dedos, mi mirada estaba absorta y perdida en la nada, cuando sentí un fuerte apretón en una de mis nalgas que me hizo reaccionar. Me encontraba frente al lavaplatos limpiando los restos del almuerzo; mi padre se había acercado a mí por la espalda para susurrarme al oído -Apresúrate con eso y subí a mi cuarto…- Yo sólo asenté levemente con la cabeza.

Al llegar al final de la escalera pude divisar que ya me esperaba desnudo, tendido en su cama, con una mano detrás de la nuca y con la otra ya masturbaba su dura y gruesa verga de más de 17cm. Entré, me quité la camiseta (no quería que se manchara como ocurría en la mayoría de las ocasiones cuando me apresuraba), y me subí sobre él a la altura de su entrepierna. -¡Vamos! Date prisa, después quiero dormir un poco antes de volver a la oficina.- Volví a afirmar con la cabeza y empecé la acostumbrada tarea de mamar el viril y carnoso miembro de mi padre.

-¡Ah…Sí! ¿Te gusta chupar le verga que te engendró no es así?- Me saqué su gorda verga sólo unos segundos, suficiente para darle la respuesta que buscaba -¡Sí papi, mucho!- Y continué hasta que su semen me lleno la boca y garganta. Cuando terminé de engullirme todo y lamérsela bien para limpiarla, él la sujetó y me dio con ella unos suaves golpes en el rostro diciéndome -Eres un muy buen hijo, ahora deja a tu padre descansar…-

Así eran casi todas las tardes antes de que iniciara la universidad; ya que con mis nuevos horarios de clases y los estudios era cada vez más difícil estar con él durante sus siestas. Para mi era un respiro (no me mal interpreten, estaba feliz de ser el amante de mi padre; pero las cosas se habían vuelto monótonas, me había convertido más que nada en su esclavo sexual).

Él en cambio la pasaba de muy mal humor debido a que sus tardes ya no eran las mismas sin mí; pero continuaba visitándome en la noche, especialmente cuando regresaba borracho de sus salidas. Entraba a mi recámara sin hacer ruido, me desarropaba y desvestía, me ponía con las nalgas para arriba y sacaba su verga con la cual me penetraba bruscamente y sin lubricarme, como le gustaba, haciéndome mucho daño. La gentileza y cariño con la que antes me hacia el amor habían desaparecido…

Hasta que un día me decidí a cambiar las cosas. Pensé que lo que necesitábamos era algo excitante y nuevo con que poder experimentar; así que recurrí a uno de mis maquiavélicos planes.

Llamé a un viejo amigo, Javier, un chico con el que tenía sexo recurrente desde que asistíamos a la secundaria. No sería fácil, él me llevaba un año adelantado y estábamos en universidades distintas; fijar un día para el encuentro estaba complicado y más si quería que este cumpliera con los requisitos necesarios. Pero lo logré (si no, no estarían leyendo esto).

En fin, nos pusimos al corriente en una larga plática y luego lo invité a mi casa, para recordar los viejos tiempos. Javier aceptó de inmediato, quería mantener el mayor contacto antes de que inevitablemente nuestra amistad se disipara.

Eran las once pasadas cuando sonó el timbre. Javier entró y de inmediato me abrazó y comenzó a besar muy efusivamente; por lo que tuve que detenerlo para así poder llevarlo al lugar indicado, el cuarto de mis padres.

Estando ya desnudos comencé a chupársela, él estaba muy excitado y quería apresurar las cosas, pero en cambio yo sólo veía el reloj esperando que fueran las doce. Y ese momento llegó. Javier acostado en la cama, aferrándose de las sabanas y mordiéndose los labios, mientras yo le propiciaba una intensa mamada. “En cualquier momento” pensé. Me la sacaba de la boca para lamerla y así evitar que terminara pronto; cuando escuché lo que tanto quería -¡Pero si eres más Puta de lo que pensé!-

Por supuesto que era mi padre, esa era la hora en que regresaba de la oficina para encontrarnos tal y como quería. El pobre de Javier empalideció en segundos, pero su verga aún seguía dura mientras yo no dejaba de manoseársela. Me incorporé con una mirada retadora hacia mi padre, el cual sólo sonreía -¡Haber me dan lugar…!-

Javier estaba tan confundido; jamás le dije nada y nunca lo hubiera creído hasta verlo con sus propios ojos. Me levanté y fui a besar a mi padre, al mismo tiempo que lo ayudaba a desvestirse; siempre viendo de reojo a Javier, el cual cambió su rostro de desconcierto a una expresión de tremenda excitación.

Cuando terminé de desnudar a papá me arrodillé y empecé a chuparle la verga, desde un ángulo en que Javier no se perdiera el espectáculo, y no lo hizo. Él se masturbaba viendo como un hijo mamaba la tremenda verga de su padre hasta que esta estuviera dura como roca. -Hay suficiente verga para vos y tu amigo…- Yo sonreí dándole una mirada de invitación a Javier, la cual no rechazó al ver como un prolongado y espeso hilo viscoso de líquido preyaculador salía y colgaba de la carnosa punta de la verga de mi padre.

Así comenzó todo; mi papá parado al pie de la cama, y Javier y yo hincados mamando su monumental falo. Él nos acariciaba la cabeza diciéndonos groserías y vulgaridades que nunca antes había escuchado.

Mientras yo la mamaba frenéticamente; Javier la lamía tiernamente como si quisiera grabarse ese nuevo sabor, o descendía y se concentraba en chupar los macizos y enormes huevos trigueños de mi padre. Luego cuando era su turno de mamar, lentamente como si tratara de metérsela toda poco a poco con cada mamada; yo chupaba la peluda y carnosa base, para continuar deleitándome con los enmarañados y rizados vellos púbicos de la ingle de mi padre.

Un largo rato después Javier y yo parecíamos pelearnos por mamar aquel suculento y poderoso miembro; papá disfrutaba ver esto diciéndonos -¡Ah…Sí! ¿Les gusta mucho no es verdad par de Putas?- y nosotros sólo murmurábamos sin dejar de mamar y chupar. Cuando llegó el momento en que él no pudo más con todo ese intenso placer nos detuvo.

Me colocó en cuatro sobre la cama, abriendo bien mis nalgas con sus manos, y luego me introdujo su larga lengua en mí ano para estimularlo y abrirlo lo más posible, preparándome para el resto de lo que vendría.

Javier veía como mi papá me comía el culo, mientras se jalaba la verga con la mano derecha y con la otra me masturbaba como si tratara de ordeñarme. Yo gemía por todo ese placer y esa nueva excitación de estar con los dos juntos.

A los pocos minutos mi boca me pedía una verga así que Javier se ocupó de ello; su verga entraba y salía con los movimientos de adelante y atrás que mi padre producía cuando me succionaba el ano. Mi cabeza me daba vueltas al sentir la lengua de mi padre en mi recto, abriéndome el esfínter con rápidos giros, y con el delicioso sabor de todo el abundante líquido seminal que no dejaba de emanar de la verga de Javier, me sentía en la gloria.

Javier se sujetaba de mi cabeza, empujándome para que me engullera toda su verga, lo cual poco a poco se fue llevando acabo. Sus negros colochos me rozaban la nariz y los labios, y yo apenas podía respirar; cuando sentí una intensa presión proveniente de la verga de mi padre al entrar en mí. Tuve que sacarme la verga de Javier para poder gritar al momento en que mi padre me llenaba por completo con todo su grueso y ardiente miembro.

Para entonces la habitación se había llenado con un intenso calor, haciendo que nuestros cuerpos empezaran a sudar sin control impregnando todo con un fuerte hedor masculino. Sentía que no podría más. Mi padre me cogía por el culo y Javier hacia lo mismo en mi boca. Sus embestidas se sincronizaron, mi cuerpo se mecía en ese vaivén de mete y sale, estaba tan excitado que mi verga lanzaba chorros tras chorros de líquido preyaculador. Juguetes infantiles: Tienda Gormiti, Monster High, Trompos Cometa, BeyBlade, Bakugan y muchos más pag 3

Sólo se escuchaban jadeos y suspiros cuando mi padre habló -¡Ven! Quiero verte coger a mi hijo- Fue un respiro sentir como me liberaban de sus prisiones de verga; pero no fue por mucho tiempo.

Me volteé para ver como mi papá le daba instrucciones a Javier. Su verga era casi del mismo tamaño que la de mi padre, 17cm. (6.7 pulgadas); pero no tan gruesa, así que entró en mi sin mayores complicaciones. Era relajante sentir los suaves movimientos pélvicos de Javier; pero eso tampoco duraría mucho. Papá tenía controlada la situación, era el macho del grupo; así que me recostó en una almohada, siempre con mi culo bien arriba y con la verga de Javier aún clavada en mi adolorido recto, Javier se subió a la cama con las piernas lo más abiertas posible y mi padre se colocó tras él, al final de la fila de culos.

No pude ver mucho por la posición en que me encontraba, pero por los gritos me di cuenta claramente que mi papá estaba introduciendo lentamente su gorga verga en el virgen y cerrado culo de Javier.

Debió ser muy doloroso para él ya que apenas y se movía; su verga latía en mi ano y sus manos me clavaban las uñas en mis nalgas a medida que mi padre trataba de meter toda su macizo y venoso falo. Hasta que al fin lo logró, Javier pudo recuperar fuerzas y las estocadas continuaron; al principio lentas a media que todos nos coordinábamos y acostumbrábamos a esa peculiar posición.

Todo dependía de mi padre, su fuerza era tal que cuando embestía a Javier, este me embestía a mi; como si se tratara de un domino humano. Pronto se sincronizaron y volvieron a obtener la misma energía y vigor que antes. La cama no paraba de moverse y mis gritos ya no se veían silenciados por nada.

No podía mirarlos; pero sólo de saber que sus cuerpos estaban juntos y sudados, friccionándose a medida se cogían era tan intenso, escuchaba sus suspiros y murmullos; era claro para mi que ellos se estaban tocando y besando sin parar, hasta que mi papá no pudo más y terminó dentro de Javier.

En ese momento la situación volvió a tomar un nuevo giro. Mi padre estaba ahora acostado boca arriba con sus velludas piernas al aire, sostenidas por sus musculosos brazos. Pedía a gritos que lo cogieran y Javier estaba ansioso de probar un culo nuevo y estrecho. Así que comenzó lamiéndole el ano e introduciéndole poco a poco, un dedo, dos dedos y luego tres; haciendo que mi padre gimiera de placer. Yo mientras tanto me deleitaba del varonil y viril cuerpo de mi papá, tendido y cubierto de salado y pegajoso sudor. Le chupaba los pezones y el pelo en pecho, deteniéndome en ocasiones sólo para besarnos, lo cual paraba cuando mi padre volvía a lanzar un poderoso grito cada vez que sentía la legua de Javier entras más y más en su recto.

La habitación estaba más caliente que nunca, el olor a macho era insoportable. Javier metía poco a poco su verga en el estrecho culo de papá. Presionaba y presionaba con tal fuerza que el rostro de mi padre reflejaba un intenso dolor, era la primera vez que lo veía así, tan vulnerable. Hasta que logró introducir la punta y de una sola estocada le clavo todo el resto de su dura verga.

Yo podía verlo todo desde la misma perspectiva que mi padre; estaba al pie de la cama con su cabeza debajo de mi entrepierna. Veía como la verga de Javier entraba y salía de su ano, una y otra vez. La verga de papá estaba de nuevo firme y con las venas a reventar por todo aquel nuevo placer; así que inició una serie de jaloneadas duras y bruscas con el mismo ritmo de las arremetidas que Javier le propiciaba.

Era increíble todo lo que estaba pasando, aún ahora me cuesta creerlo. Javier embestía y embestía a mi padre, el cual gritaba de dolor y placer mientras se masturbaba. Así que tuve que callarlo metiéndole mi verga en la boca. En segundos aceptó mi miembro y empezó a succionarlo; como cuando a un bebe se le devuelve su chupón perdido.

Estaba en tal éxtasis, que no sabía que hacer; así que comencé a tocarme a mi mismo desesperadamente, acariciándome el pecho y abdomen, y luego apretaba y retorcía mis pezones cuando sentía la lengua de mi papá frotar, en rápidos movimientos, mi tierno y sensible glande.

No pude resistir más y me dejé llevar por un increíble orgasmo. Mi semen se desbordaba de la boca de mi padre; mientras que él trataba de contenerlo todo. Saqué mi verga para lanzar los últimos chorros que fueron a parar en su fornido y trigueño torso.

Al ver todo esto Javier se excitó increíblemente y él también se dejó llevar, llenando todo el culo de mi padre con su tibia y viscosa leche. Al sacársela la sacudió un poco más y logró dejar algunos cuantos chorros sobre papá. El cual sonreía al ver su boca y ano llenos de semen, y su torso cubierto de este cálido y preciado líquido -¡Miren como me han dejado! Ahora tendrán que limpiarme…-

Y eso hicimos, nos pusimos a la tarea de lamer y chupar todo rastro de nuestro semen sobre él. Recorriendo cada pliegue de su cuerpo, saboreado la deliciosa mezcla de sudor y esperma, sintiendo sus vellos acariciar nuestras lenguas y labios. Y cuando quedó del todo limpio volvimos justo con lo que habíamos empezado todo, a mamar su suculenta verga que estaba más caliente que nunca. -¡Sí eso es par de Putas…Mamen, mamen hasta hacerme acabar…!

No fue nada difícil, estaba ya tan estimulado por todo lo anterior que en minutos vimos como de su imponente y enrojecido glande salían, en una increíble erupción, innumerables borbotones de tibia leche, volviendo de esa manera a ensuciar de nuevo todo su cuerpo.

Todo aquello duró más de una hora; la hora más larga, calurosa y placentera de mi vida. Nos acostamos en la cama; la cual estaba llena de semen, sudor y negros colochos esparcidos por doquier (por lo que se imaginarán que nos llevó un buen rato arreglarlo todo); mi padre postrado en el medio abrazándonos a Javier y a mí, mientras nosotros nos turnábamos para besarlo. Y sin darnos cuenta a los minutos volvimos a repetirlo todo una vez más…

El agua de la regadera se sentía cálida y placentera en nuestros cansados cuerpos, Javier estaba parado junto mí, estrechándonos y besándonos; mientras papá estaba arrodillado ante nosotros mamando nuestras vergas. Acariciaba nuestras piernas y nalgas frenéticamente, y con su boca trataba de engullirse ambos miembros de una sola vez; pero le era difícil así que intercalaba sus rápidas y enérgicas chupadas a una y la otra hasta hacernos terminar sobre él. Y para su placer nos puso contra una de las paredes de la ducha, con mi culo y el de Javier en ristra, turnándose al metérnosla una y otra vez hasta eyacular.

Mi padre no volvió a la oficina, reportándose indispuesto y la verdad es que lo estaba, agotado por tanto sexo. Y en cuanto a Javier y a mi ninguno de los dos asistimos a nuestras clases de la tarde, teníamos mejores cosas que hacer no les parece.

Todo aquello fue justo lo que mi padre y yo necesitábamos. Tuvimos la suerte de estar juntos los tres en un par de ocasiones más; pero cuando mi padre y yo estábamos solos volvíamos a hacer el amor con la pasión y desenfreno que solíamos tener al principio.

Javier y yo nos terminamos distanciando con el paso de los años siguientes. La última vez que lo vi fue en el funeral de mi padre…

Así es, mi padre murió a los meses de que todo mejorara, debido a una complicación cardiaca. Quedé devastado, no sólo había perdido a mi querido padre si no también a mi amante, el mejor amante que he tenido y tendré…

El Autor de este relato fué JuanMa , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=13466&cat=craneo (ahora offline)

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