Relatos cortos eroticos Hetero No tengo novia (pero siempre que salgo, mojo)

 

 

 

NO TENGO NOVIA

¿Y qué? ¿Para qué la quiero? La calle está llena de tías que están buenísimas y en el mundo hay miles de tías a las que te puedes tirar, y gratis. Nunca he pagado para follarme a una tipa y pienso seguir así, aunque con las mujeres hay que tener algunos detalles; por ejemplo, yo las espero siempre que puedo en el portal de su casa para recibirlas antes de que entren. A veces, incluso las acompaño hasta su casa sin que se den cuenta para darles una buena sorpresa que estoy seguro que agradecen porque yo las saco de sus vidas anodinas y les proporciono experiencias irrepetibles. Ninguna de ellas siente lo mismo con otros hombres después de haber estado conmigo.

No me gustan las mujeres fáciles. En realidad, no son mujeres de verdad sino unas rameras que desvirtúan la esencia de la verdadera mujer y son un reflejo pálido de la auténtica femineidad, ya que conquistar a una mujer no tiene que ser una tarea fácil sino que hay que trabajársela, hay que luchar y emplear cierta energía para la consecución del fin, que no es otro que el sexo liberador.

 

Aunque empecé mi actividad sexual a los catorce años, no me he considerado nunca propiamente precoz, teniendo en cuenta que mis amiguitas de juegos en ese tiempo eran más jóvenes que yo. He olvidado a muchas con las que estuve... ­ ¡eran tantas!­ pero siempre recordaré con mucho cariño a Lidia, que fue la primera en proporcionarme satisfacción. No olvidaré nunca la excitación que me causó verla en el vestuario cuando mi clase iba a ir a clase de gimnasia y ella se había quedado rezagada vistiéndose mientras su clase ya había salido del gimnasio. Sus doce añitos enfundados en la camiseta y los shorts me encendieron irremediablemente y para cuando se dio cuenta de que la observaba cambiarse de ropa entre las sombras ya fue tarde para mí, y para ella. Después... ya no fue lo mismo y ella dejó de interesarme por completo. No obstante, guardo un recuerdo muy, muy tierno de lo bien que lo pasamos. Incluso ella lloró un poco al final. Y también al principio.

Después hubo otras niñas, pero las he olvidado a todas, excepto a Catalina.

Catalina era una niña que había venido con su familia de las islas Canarias. Tenía algunos problemas de adaptación a la nueva escuela y el nuevo entorno y además no era muy buena estudiante, con lo que bastantes tardes se quedaba después de clase un rato para recuperar asignaturas y hacer tutorías mientras otros nos quedábamos a jugar a fútbol en el patio. Una tarde de aquellas la vi salir del edificio para ir a los lavabos exteriores del patio (los de dentro estaban inutilizados por obras). Esto forzosamente me interesó y apartando de una patada el balón me encaminé hacia allí.

Qué bonito y suave pelo el de Catalina. Enroscado en mi puño brillaba bajo el rayo de sol que entraba por el ventanuco del retrete, y ella se quedaba tan quieta, tan dulce, tan mansa... Lástima que le quedó una cicatriz que la afeaba justo en medio de la frente, pero debería haber puesto más cuidado de no golpearse con el tirador de la cisterna cuando yo estaba a lo mío. Creo que la dejé agotada, ya que cuando salí del retrete ella se quedó inmóvil de bruces sobre la tapa del water y ni se limpió la mezcla de mi semen y de su tierna y rota virginidad de los muslos. Respiraba raro, como si intentase ocultar el llanto, pero en todo caso me esperaba el balón en el patio y ella había dejado de interesarme porque de pronto me pareció sucia y repulsiva, así que salí de allí sin siquiera despedirme.

 

Siempre han sido bonitas historias mis encuentros sexuales. El último, por ejemplo, ocurrió una noche en que regresaba a casa después de cenar en casa de mis padres. Mientras esperaba el autobús nocturno se acercó a la parada una chica que tendría unos veintitantos. Tenía la piel muy blanca, muy lisa, sin imperfecciones, y una espléndida cabellera lisa y rubia. Siempre he tenido debilidad por las cabelleras como ésa desde lo de Catalina, porque aparte de ser bonitas y oler bien permiten una mejor sujeción y un mayor control. No pude averiguar cómo se llamaba, lo cual fue una lástima porque siempre he tenido cierto fetichismo por los nombres de mujer. Cambiar bañera por plato de ducha | Mamparas - Bricoducha

Cuando llegó a la parada la chica me miró con cierto nerviosismo y se situó algo alejada, aunque pronto la muy zorra empezó a lanzarme miraditas de reojo, sin duda para incitarme. Pensé que era una de esas facilonas que tanto me desagradan, pero luego descubrí que me equivocaba, y que era una mujer de las de verdad, de las que te hacen trabajar para lograr el premio, pero que no lo aparentan. Me empecé a acariciar la polla, que ya estaba poniéndose dura, cuidando de que ella no me viera más que de espaldas. De tanto en tanto le echaba una mirada por encima del hombro y admiraba su cuerpo delgado marcándose bajo el vestido ajustado, corto y sin tirantes. Me imaginaba que si una chica así no llevaba bragas me decepcionaría profundamente, y me desabroché el pantalón para liberar al pajarito y jugar mejor con él.

Al poco llegó el bus y tuve que volver a abrocharme la bragueta para subir. Había algunos pasajeros, aunque no muchos, y bastantes asientos libres. Ella se sentó cerca del conductor, y yo al final, sin perderla de vista ni un momento, previsualizando todo lo que íbamos a hacer y lo bien que lo íbamos a pasar mientras que mi erección aflojaba y arreciaba intermitentemente. Al cabo de unos veinte minutos de viaje, ella pidió parada y me dispuse a acompañarla hasta su casa. Siempre hago los acompañamientos con cuidado, porque si se asustan antes de tiempo ya no es lo mismo y no lo pasamos tan bien, así que procuré fingir que al bajar yo tomaba una dirección totalmente opuesta y me escondí para seguirla a distancia. Mi ocasión de abordarla llegó cuando pasamos junto a un parque, que me permitió acercarme hasta poder agarrarla por el pelo a la vez que le tapaba la boca y le decía algunas frases para excitarla, ya que a las tipas les encanta que les llamen putas y esas cosas mientras se las follan. A veces también es necesario algún bofetón o alguna amenaza más contundente pero casi todas acaban por abrirse de piernas como buenas guarras. Por eso no me gustan las fáciles, porque al abrirse de piernas por nada, sin necesidad de estimulación, convierten el sexo en algo sucio, muy sucio.

Para mi paroxismo, ésta llevaba bragas, que utilicé para amordazarla y poder bombear a gusto sin peligro de que se dejara llevar demasiado y lo estropeara todo. La inmovilicé de espaldas cogiéndola por el pelo con una mano y de las muñecas con la otra y la eché a suelo, donde se la metí tan adentro como seguro que nadie se la había metido antes. Creo que no era virgen, o al menos tenía un coño donde había espacio de sobras y donde empujando un poco entré sin demasiado esfuerzo (eso me desanimó un poco), y enseguida me apliqué en vaciarle dentro los cojones hasta la última gota. Le había hecho una bonita mordaza que le tapaba bastante los ojos (ventajas de las bragas sobre el tanga), así que cuando acabé y le levanté la cabeza no pude ver sus hipócritas lágrimas, porque todas se lo pasan en grande pero luego lloran y lloran como cocodrilos. Finalmente, viendo que iba a perder el autobús nocturno que debía llevarme a casa, me sequé bien toda la polla con su pelo perfumado y corrí mientras me abrochaba los pantalones.

No tengo novia pero siempre que salgo, mojo. El mundo está lleno de oportunidades y desaprovecharlas es de gilipollas.

El Autor de este relato fué Restif de la Bretonne , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=6145&cat=craneo (ahora offline)

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¿Y qué? ¿Para qué la quiero? La calle está llena de tías que están buenísimas y en el mundo hay miles de tías a las que te puedes tirar, y gratis. Nun

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2024-02-28

 

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