Relatos cortos eroticos Hetero Poco a Poco

 

 

 

POCO A POCO

Me levanté temprano como cada mañana. Después del turno de tarde en el trabajo y de trasnochar un poco me gustaba dormir un poco más, pero el ruido de la calle y de los camiones descargando en el supermercado de abajo me lo impedían. Pero bueno, era la mejor habitación que pude encontrar, después de que me echasen de la última en ningún sitio me aceptaban de inquilino. Era normal, con esa pinta y sin un trabajo decente quien me iba a alquilar nada. El caso es que allí me la alquilaron, no se bien si porque nadie quería quedársela o porque pague dos meses por adelantado y al tipo le hacia falta el dinero. El caso es que ya estaba buscando otro sitio, porque llevaba cinco meses sin pagar y la cosa se estaba poniendo seria de verdad, mi metro noventa y mis cien kilos empezaban a no ser impedimento para las presiones del propietario, mas que del propietario de sus matones.

 

Salí de casa con la ropa del día anterior. Hacia ya tiempo que no me compraba nada de ropa, así que no había mucho que elegir en el armario, un par de trajes, algunas camisas y algo de ropa de diario, aparte del uniforme del trabajo. El trabajo, lo único que no me había fallado desde que me dejó mi mujer. Ya llevaba varios años como guardia de seguridad, y siempre hacían falta tíos como yo para los servicios difíciles, con experiencia y un cuerpo grande. Además, el sueldo no era malo.

Estuve andando un rato sin ir a ningún sitio, haciendo tiempo. Era pronto para ir a algún lado, así que me pasé por el banco a sacar algo de dinero. Como era la primera semana de mes podía sacar desde el cajero de fuera, porque había saldo en la cuenta y me dejaba usar la tarjeta. Tener que dar explicaciones a un niñato de porqué estaba la cuenta en números rojos me sacaba de quicio.

Como ya no podía esperar más me fui al portal del piso de Ana. Fui al de Ana porque la noche anterior había estado pensando en ella, en ella y en Marta, pero Ana me pillaba mas cerca. Llamé al portero y no contestó. Claro, era muy temprano. Decidí que esperaría allí mismo, sabía que solía llegar sobre las 10, no quedaba tanto. Me entretuve mirando los trapicheos que tenían la gentuza que había en esa plaza, y me llamó la atención un local que acababan de reformar, con pinta de oficina. Que tipo de zumbado abriría un negocio en esa plaza que no fuera un sex-shop.

En eso llego Ana. Me sonrió.

-Hola Luis, ¿otra vez aquí?

-Hola.

-Cada vez vienes antes.

-Bueno, tenia ganas de verte.

-Venga sube, que estará Raquel a punto de llegar.

Entramos en el piso. Recuerdo que la primera vez que lo vi me pareció una cochiquera, pero claro, era otra época. En ese momento hasta me parecía acogedor comparado con mi habitación. Además, le tenia cariño de tanto ir.

No había terminado de cerrar la puerta y ya le estaba tocando las tetas a Ana.

-¡¡Espera!! No seas baboso.

-Y que mas te da que te toque ahora que luego.

-¡¡ Que te esperes!!

Me fui a la habitación y me desnudé. Luego me lavé un poco en el bidé. Tenia mas que aprendido el “procedimiento”. Me tumbé en la cama mientras ella se desnudaba.

-¿Te has lavado?

-Claro

-Buen chico, te voy a dar tu premio entonces.

Se acercó a la cama y se puso de rodillas junto a mi. Me dio un beso en la mejilla y luego muchos más en el cuello y el pecho. Mientras me acariciaba fue acercando sus pezones a mi boca, ella sabía que me encantaba lamérselos, morderlos despacio. Su mano izquierda empezó a rozar mi pene y mis testículos, con suavidad, mientras la derecha agarraba mi pelo y apretaba mi cara contra sus pechos. Las mías no dejaban de recorrer su figura y de tocar allí donde podían. Poco a poco sus labios volvieron a rozar mis mejillas y a bajar por mi pecho. Pero esta vez no se quedaron ahí, sino que siguieron su camino y buscaron entre mis piernas. Buscaron y encontraron. Mientras me la sujetaba con los dedos se la introdujo en la boca, haciéndome sentir que su lengua estaba allí dentro, que era la que mandaba. Era una experta, y cuando me la chupaba eso se dejaba notar.

 

Mientras disfrutaba de su felación jugaba con mis dedos en su vagina. Suponía que a ella le gustaba, aunque no daba muestras de sentir placer ninguno. Con mucha sutileza saco un condon de algún lado y me lo puso, se sentó encima de mi y se introdujo mi pene. Comenzó a moverse despacio, y lentamente fue acelerando el ritmo. Yo estaba más centrado en agarrar sus pechos que en otra cosa, me encantaban. Después de un rato se tumbo en la cama y me dejó hacer a mi. Me gustaba hacérselo fuerte, hacerme sentir. Ella gemía y me decía cosas, las cosas que sabía que me gustaba oír, ya me conocía bien, demasiado bien.

Intentaba concentrarme en lo que hacía, alargarlo lo más posible. Sabía que tenia que aprovechar ese tiempo con ella al máximo. Entonces ella abrió la boca.

-Luis, te tienes que correr ya.

-¿Qué dices? Si acabamos de empezar. Significado de emojis

-No, llevamos mas de media hora. Sabes que los servicios son de media hora.

-Bueno, pero yo soy cliente habitual.

-Claro, por eso te la chupo sin goma, te cobro menos y te recibo sin cita. Pero ahí se acaban tus privilegios. Además, se te esta quedando floja, ya no te vas a correr. Quita.

Se levanto y se fue al baño. Mientras me vestía me fue asaltando ese sentimiento de autocompasión que solía atacarme. Incluso una prostituta de bajo nivel me rechazaba, y no una cualquiera, era Ana, con la que había estado en infinidad de ocasiones. Mientras me terminaba de vestir llego ella.

-Vamos, date prisa.

-No hace falta que me trates así.

-Y otro día que vengas que sea mas llenito, que seguro que estuviste con algún putón anoche y luego soy yo la que te tiene que aguantar media hora encima.

-No era un putón, era una chica muy mona, no como tu, vieja, gorda y fea.

-Vale, lo que tu digas, pero vete y págame.

-¿Qué te pague? Si no me he corrido. Ni un duro.

-Si no me pagas no vuelvas a venir.

-Pues adiós, que te den. Putas hay muchas.

Según cerré la puerta empezó a crecer la rabia y el rencor en mi interior. Pero que se creía esa tía, que cara. Yo con mi dinero haría lo que quisiera. Comencé a caminar por la calle pensando en lo que había pasado. Pensé en todas las veces que había estado con Ana en estos años, en todas las veces que había estado con otras fulanas.... pensé en mi asquerosa habitación, en el casero, en mi cuenta corriente, en mi ex-mujer...Fue entonces cuando me di cuenta de donde estaba, de hacia donde había caminado mientras divagaba, de a donde me había llevado la inercia. Era un sex-shop, el que pillaba más cerca, me los conocía de memoria. Ya ni siquiera me hacia falta decidir que quería ir a uno, simplemente iba, guiado por mi adicción. Estaba dentro de una cabina de videos, de las de monedas. Se escuchaba a alguien al lado mientras se pajeaba. Me inundó el olor nauseabundo de esos sitios, hasta ahora ni siquiera lo había percibido, pero en ese momento me pareció insoportable. Las ganas de vomitar, la rabia, el rencor, la autocompasión, el odio...Conseguí salir de aquel lugar, pesé a que las lagrimas no me dejaban ver.

Me senté en un banco para que me diera el aire. Intenté mirar atrás en mi vida. ¡Que asco de hombre!. ¡Que pena de hombre!. Todo empezó a los pocos meses de casarnos. Siempre me había gustado el sexo, como a todos. Sin darme cuenta empecé a pedirle más a mi mujer, a presionarla. Ella por supuesto se negó a ser mi esclava sexual. Tuve un par de amantes, pero también me demandaban algo de cariño, y yo no tenia tiempo para esas tonterías. Fue entonces cuando comencé a saciar furtivamente mi necesidad de sexo. Primero fueron visitas relámpago a la casa de campo, luego casas de citas, locales de alterne... Mi mujer se dio cuenta, tonta no era, el divorcio era irremediable. Vendimos la casa y repartimos todo a medias, ella no quería saber nada más de mi. Tocamos a varios millones cada uno, lo peor que pudo pasarme. Alquilé un piso y comencé a trabajar en la empresa de seguridad. Tenia bastante dinero, y mi vicio por el sexo iba creciendo, por aquel entonces ya era un adicto al sexo, ahora lo veo claro. Mujeres bonitas, regalos, viajes. Pero claro, la pasta se fue acabando, al revés que mi adicción. Empecé a dejar de pagar cosas para mantener mi vicio. Llegaron los problemas con el banco, con los caseros. El nivel de “mis” chicas empezó a decaer, iba siendo habitual verme en los sex-shop, y en la casa de campo, hasta que tuve que vender el coche. Me convertí en un rastrojo dominado por la adicción, aunque no lo quería ver. Ya el sueldo no me llegaba para mantenerme y poder saciarme. Lo peor es que siempre elegía lo segundo.

Si se mira con perspectiva puede parecer que todo ocurrió poco a poco, pero no es así, todo ocurrió de repente, en el momento de casarme. Pensé que iba a poder tener todo el sexo que quisiera. El sexo invadió mi mente.

Sentado en aquel banco fui por primera vez consciente de mi problema. Se lo tenia que agradecer a Ana, que aunque sin querer había propiciado esa reflexión. Decidí aprovechar ese momento de lucidez para buscar ayuda. Fui al centro de asistencia social que había cerca de allí, y me dijeron donde debía acudir. Hace ya un año que sigo una terapia, y la cosa ha mejorado mucho. Sigo siendo adicto al sexo, sigue estando en mi cabeza, cada vez menos, pero sigue estando. La diferencia es que ahora se controlarlo, tengo alternativas.

Cuando se mire mi situación actual desde el futuro, con perspectiva, podrá parecer que el cambio ocurrió de repente, en aquel banco. Pero no es cierto, es un cambio que está teniendo lugar poco a poco.

FIN

El Autor de este relato fué Raistlin , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7591 (ahora offline)

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2020-06-22

 

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