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Edurne no veía nada, tenía los ojos vendados, pero sabía que se encontraba en el interior de un vehículo en marcha. Sus muñecas se encontraban atadas a la espalda mientras unas manos que parecían de hierro la sujetaban por los brazos. Empezó a revolverse y esas manos que la sujetaban apretaron con mas fuerza, haciéndole daño.

-Quietecita, preciosa… -dijo una áspera voz masculina tras su nuca.

Edurne se quedó quieta al instante mientras todo su cuerpo se estremecía. Era una joven muy bella a sus recién cumplidos 20 años, de largos cabellos rubio platino, piel muy blanca y un cuerpo de sugerentes formas que, en esos momentos, llevaba embutido en un ajustado vestido de fiesta rojo muy escotado. También estaba muy maquillada. No había hecho mas que salir de una fiesta en la mansión de un amigo cuando una furgoneta negra se detuvo detrás de ella y unas manos, enguantadas en negro, la cogieron y la arrastraron hacia dentro del vehículo, donde dos tipos grandes y fuertes, vestidos con ropa militar negra y el rostro cubierto con pasamontañas, la inmovilizaron, maniataron, amordazaron y vendaron los ojos. Aquello solo había ocurrido hacía solo quince minutos.

El vehículo se detuvo. Edurne sintió una puerta corredera abrirse a su lado y una corriente de aire frío sacudiéndola. Las fuertes manos que la sujetaban la obligaron a levantarse y salir del vehículo. Una vez fuera, esas mismas manos la obligaron a ponerse de rodillas sobre un frío suelo de piedra.

Fue despojada de la venda y pudo ver que se encontraba en una especie de sótano sin ventanas; tan solo con una gran puerta corredera de grueso metal al fondo. Los dos tipos que la habían secuestrado estaban junto a ella. Pero, lo que mas la atemorizaba eran tres hombres que tenía enfrente. Tres tipos muy grandes, cubiertos con capas y capuchas negras. No podía ver sus ojos, pero si sentir sus lascivas miradas sobre su piel; lo cual la estremecía.

Uno de los encapuchados, el mas alto de los tres, situado en el centro, le hizo una señal a los tipos del pasamontañas y estos, inmediatamente, le arrancaron el vestido dejando a la chica con sus bragas, sujetador y medias –todos de color negro –como única indumentaria.

Edurne, mirando a los tres encapuchados con los ojos húmedos, trataba de decir algo, pero sus palabras eran totalmente inteligibles por la mordaza.

El encapuchado mas alto se separó del grupo y pasó a un rincón oscuro. Regresó pocos segundos después portando un maletín que entregó a uno de los tipos con pasamontañas. Este lo abrió y lo examinó; dentro había montones de fajos de billetes. Satisfecho, lo cerró, hizo una reverencia y, junto con su compañero, se metieron en la furgoneta, la cual se puso en marcha y se marchó de allí por la gran puerta del fondo, la cual se abrió y cerró automáticamente.

Edurne se quedó sola con los tres encapuchados. Arrodillada en el suelo, medio desnuda y con las manos atadas a la espalda, los miraba a los tres muy temblorosa e inquieta con los ojos húmedos. Los tres se colocaron alrededor de ella mirándola fijamente. Casi a la vez, se quitaron las capas, dejando ver tres musculosos cuerpos de piel negra; cada uno con un gigantesco miembro que le llegaba hasta las rodillas. También se quitaron las capuchas, pero la chica seguía sin poder ver sus rostros, ya que llevaban sus cabezas cubiertas por unas máscaras de cuero con tres agujeros que dejaban al descubierto sus ojos y sus bocas.

Los tres se quedaron unos segundos contemplándola. Luego, uno de ellos se inclinó sobre ella, agarrándola con sus fuertes manos, y la levantó en el aire transportándola al otro lado de la habitación mientras los otros dos lo seguían. La chica forcejeo tratando de liberarse, pero al tipo no le costaba trabajo sujetarla y ni siquiera se inmutó.

Llegaron hacia donde había una especie de mesa rectangular con cuatro correas en cada unos de los picos. El tipo la depositó sobre ella boca arriba y, ayudado por los otros dos, ató sus muñecas y sus tobillos a las correas.

Completamente inmóvil sobre la fría mesa, Edurne supo enseguida que estaba a merced de aquellos tipos. Completamente aterrada, no paraba de mirarlos mientras estos se colocaban alrededor de la mesa sin dejar de despegar sus ojos, cargados de deseo, de ella. Una diabólica sonrisa se dibujó en sus labios.

De un solo golpe, arrancaron su ropa interior, dejándola con sus medias como única indumentaria. El mas alto de ellos le quitó la mordaza y la chica empezó a gritar desesperada pidiendo ayuda, pero nadie acudía a rescatarla mientras los tipos soltaban unas enormes carcajadas. Cuando supo que nadie iba a ayudarla, empezó a suplicar a los tipos entre llantos –incluso les ofreció una gran cantidad de dinero a cambio de que la dejaran –, pero los tipos continuaron riéndose hasta que el mas alto se inclinó sobre la joven, agarró su rostro con una de sus enormes manos, presionando con fuerza sus mejillas, y la obligó a besarle en los labios. Los otros dos lo imitaron. Después, los tres se inclinaron sobre ella y empezaron a lamerla y acariciarla, jugueteando muchos con sus tetas y sus muslos.

-Noooooo… por favooor… dejadmeeeee… -suplicaba ella entre sollozos.

Pero los tipos no le hacían caso; mas aún, parecía que las súplicas de la muchacha los excitaban mas. Continuaron jugando con ella como si fuera una muñeca. No dejaron un solo centímetro de su blanca piel sin tocar. El mas alto de ellos cogió sus dorados cabellos y los olfateó. Después pasó la lengua pos su rostro, luego por su cuello y su busto hasta llegar a sus tetas, las cuales deboró, mientras los otros dos acariciaban sus muslos por encima de las medias.

Mas tarde, los otros dos tipos se apartaron un poco de ella, mientras el mas alto se subía a la mesa, colocándose de odillas a los píes de la chica, e inclinó su rostro hacia su entrepierna. Edurne sintió como la lengua del tipo se introducía dentro de ella.

-¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhh!!

Luchó por liberarse, pero las correas la tenían bien sujeta. La lengua del tipo se iba adentrando cada vez mas buscando los puntos mas sensibles. Poco a poco, ella no pudo evitar sentirse excitada. El sentimiento de excitación, mezclado con su miedo y su rabia le provocaron una sensación que jamás había sentido. La lengua salió y fue inmediatamente sustituida por los dedos del tipo. Los otros dos, mientras, se masturbaban sin despegar los ojos de la escena.

Después, el mas alto se colocó sobre ella y le introdujo su enorme verga. La chica soltó unos enormes gemidos, mezcla de dolor y placer, al sentir aquel enorme aparato penetrándola.

-¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh!! ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh!! ¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!

Mientras el mas alto la follaba, los otros dos dejaron de masturbarse y se acercaron a ella. Uno la agarró del pelo, obligándola a girar su rostro hacia él, e introdujo su endurecida polla en su boca; la cosa era tan grande que obligó a la joven a abrir mucho la boca. La mordió, pero el tipo a penas sintió nada; era como morder una roca. El tercero, mientras, introdujo la suya entre las tetas, las cuales usó para masturbarse.

El mas alto estuvo follándola un buen rato. Cuando acabó, se bajó de la mesa y uno de los otros se subió, repitiendo todo lo que había hecho. Mas tarde le tocaría el turno al tercero.

En cuanto este terminó de follarla, los tres se colocaron alrededor de ella apuntándola con sus pollas, las cuales estallaron derramando su semen sobre su cara, su busto y el resto de su cuerpo. No obstante, a pesar de la descarga, las vergas de aquellos tipos aún continuaban empalmadas.

Le quitaron las correas. La chica estaba ya bastante aturdida como para intentar escaparse, pero, aún así, la sujetaron con fuerza mientras le daban la vuelta, colocándola boca abajo, y volvían a colocarle las correas. Luego, el mas alto volvió a subirse a la mesa y colocar su pesado cuerpo sobre ella.

Edurne no supo lo que pasaba hasta que sintió la gigantesca verga dentro de su culo. Sus ojos y su boca se abrieron mucho a la vez que soltaba los mayores alaridos que había pronunciado nunca mientras el miembro del hombre se iba introduciendo mas provocándole un gran dolor mezclado con un gran placer.

El tipo estuvo mucho tiempo enculándola y, como había ocurrido antes, cuando acabó, otro de ellos le sustituyó mientras el tercero esperaba impaciente su turno.

Edurne despertó bastante aturdida. No sabía cuando había perdido el conocimiento. Lo último que recordaba era al tercer tipo encima de ella enculándola. Se incorporó trabajosamente, aún estaba desnuda, solo con sus medias puestas, el culo aún le dolía, al igual que su entrepierna y, sobre su cuerpo, aún le quedaban restos de semen y saliva.

Miró en rededor. Se encontraba tendida en el suelo de una pequeña habitación, también sin ventanas y con una puerta metálica como único acceso.

Esta se abrió, entrando por ella una mujer. Era una chica de veinticinco años, muy guapa, vestida con un traje de chaqueta azul, zapatos de tacón y unas gafas que le daban un aspecto intelectual pero no la afeaban; sus castaños cabellos los llevaba recogidos en un moño.

-Veo que ya estás despierta –dijo mirándola a través de los cristales de sus gafas –. Acompáñame. Te llevaré a donde puedas asearte y te proporcionaremos ropa nueva.

Edurne se levantó del suelo y salió de la habitación siguiendo a la chica por un largo y muy iluminado pasillo. Tras darse una ducha, se vistió con un vestido y una ropa interior idénticas a las que le habían destrozado. Mas tarde llegaron a un despacho. La chica se sentó tras un enorme escritorio de nogal y Edurne en una de las sillas de enfrente.

-Bien ¿Qué le han parecido nuestros servicios?

Edurne suspiró antes de contestar.

-Muy buenos. Llegué a creerme que era un secuestro de verdad. Creía que me avisarían cuando pusieran el programa en marcha.

-El efecto sorpresa es nuestra mejor baza. Espero que no le haya molestado mucho.

Edurne se apresuró a menear la cabeza en forma de negación.

-De ninguna manera. Me ha parecido mejor. Jamás había sentido algo así.

La chica sonrió satisfecha.

-Me alegro. Como sabe, nuestra empresa promete emociones verdaderamente fuertes. Y siempre cumplimos nuestras promesas.

Edurne sonrió y asintió.

-¿Puedo irme ya?

-Cuando quiera. Una limosina la espera fuera. Si quiere un nuevo programa, solo tiene que ingresar otros 50.000 en la cuenta que le dimos y nosotros nos encargaremos del resto.

Edurne volvió a asentir. Las dos se levantaron casi a la vez y se dieron la mano.

Mas tarde, Edurne salía de un enorme edificio corporativo y entraba en una limosina blanca de cristales ahumados que la esperaba en la puerta. Esta comenzó a rodar y empezó a alejarse de aquel complejo, situado a las afueras, en dirección a la ciudad.

En medio del camino, una furgoneta negra, que iba en dirección contraria, se cruzaba con ellos. Dentro, dos tipos con pasamontañas transportaban a una chica joven, atada, amordazada y con los ojos vendados…

El Autor de este relato fué Misty M. , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=14087&cat=craneo (ahora offline)

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