Relatos cortos fantasia Romantica la carta de mi adios

 

 

 

Hola Emilia: cuando esta carta llegue a tu poder, estaré muerto, aunque desconozco el motivo por el cual estoy tan seguro de lo que afirmo. Sabes que tengo unos cristales que a mí me parecían diamantes, y a ti, algo que se interponía entre nosotros. Nada Emilia, nada puede haber que desbarate mi interés hacia ti Como te he indicado al comienzo del escrito puede que ya una nebulosa interrumpa mis intenciones. Siento que mi época se acaba y necesito que algo personal mío me sobreviva. Lamento no haber hecho caso de tu advertencia y continuar con mi locura, tal vez mi soberbia me llevó a los lugares que no debía.

En el transcurso de esta carta te indicaré mis verdaderos sentimientos, pero solapadamente, ya que nadie excepto tú va a ser capaz de comprenderlos. No se cumplirá lo que vaticinábamos para nosotros y nuestro misterio va a quedar sin resolver, aunque tú aún estarás a tiempo de descifrarlo. No seas cobarde y no te dejes dominar por tabúes ineptos.

 

¿ Recuerdas la última película que hemos visto? Supongo que sí, claro. Es difícil que no la recuerdes por los múltiples acontecimientos que nos desafiaron y pese a tu supuesta valentía, también a ti te asombraron aunque parecías revestida de un valor incombustible. Olvidas que todo valor es ardoroso, que siente la emoción de lo inconfesable, y esto no es más que el miedo.

Como te digo la muerte me va a privar del placer de intentar realizar nuestras aventuras, sin embargo quiero que sepas lo mucho que me atraían éstas En estos momentos me relamo de placer, seguramente para desviar la certidumbre que corroe mi espíritu. Solo te pido otra vez que no seas cobarde; yo sólo seré un pequeño recuerdo que poco a poco se va a difuminar de tu vida, pero por favor, guárdame un lugar pequeño en tu corazón. Un mínimo espacio donde pueda calentarme y seguir alimentando tus utopías.

Las mías ya sabes que no son las mismas, por esa razón quiero que mi ausencia aliente las tuyas. Me has enseñado un sinfín de cosas, y yo sólo he aprendido algunas. No sé si tú habrás aprendido algo de mí. Imagino que sí, que algo de mi existencia te va a acompañar y no quisiera que te parecieran pequeñeces. Es posible que alguno de mis relatos debe de hacer que tu corazón se inflame cuando sientas que en efecto y aunque te cueste de admitir, es la auténtica realidad que acompaña a mi vida.

Estoy seguro que tu también, al igual que infinidad de personas habrás tomado mi actividad como algo de lo que se puede reír, gozar con los disparates que se nos atribuyen, pero ya ves... vuestro gozo viene de nuestro esfuerzo. Es difícil que no descubras el auténtico sentido de mis palabras, y sin embargo tienen sentido, mucho sentido. El mismo sentido que tiene el esfuerzo del montacargas que eleva material para construir el refugio que tú y yo pensábamos habitar. No importa que el aparato satisfactoriamente y desde su continuo ascenso, crea que con su servicio está suplantando mi esfuerzo. Allí enterré mi trabajo, pero ha sido imposible que éste tenga continuación ni siquiera por un momento, pero me atribuyo parte de los sueños de los que van a vivir allí; ¿ y los nuestros?, ¿ dónde van a quedar los nuestros?

Es algo así como tu doctrina. He aprendido algo de ella y no termina de convencerme, y sin embargo estoy dispuesto a asumirla si ello contribuye a que sigas a mi lado hasta que acabe mi vida. Siento que la amenaza de mi desaparición se está convirtiendo en realidad, y desesperadamente necesito acogerme a alguna determinación. Tus postulados no sé sí verdaderamente me ayudarían en un posible "último instante" y sin embargo me gustaría tener algo a lo que aferrarme. Sólo encuentro la enigmática sonrisa que a veces ilumina tu cara.

 

Emilia..., mi único, mi verdadero asidero eres tú, tú que has sabido incrementar mi disconformidad, y que has desatado más mi rebeldía impulsándome hacia ti, hacia un lugar que siempre me había asustado. Sé que este amor en mis actuales circunstancias, tiene poco sentido, y sin embargo, en estos momentos que auguro que se avecinan me van a fortalecer; curiosamente me has hecho creer en tus utopías y una monstruosidad de miedos se están alejando de mí y espero que en el último momento mío, no desvirtúe mi amor hacia ti, ya que tú vas a ser mi última voluntad, y por supuesto, mi último pensamiento. Seguro que lo de mi última voluntad no lo comprendes, pero si descifras mi mensaje verás como detrás de mis letras encuentras una explicación. Intenta inmiscuirte en la situación que me hace escribir estas frases, y rescata las preguntas que mútuamente nos hemos dirigido. No sabes quien soy yo, y yo no sé quién eres tú. Nuestra particular misantropía no tendrá fundamento cuando acabes de leer la carta que tienes entre las manos, ya que de ninguna manera la soledad va a ser tu compañera. Es muy posible que al igual que en otras ocasiones me consideres como un soñador sin fundamento, pero soy alguien que se ha entregado tan rígidamente a nuestros anhelos que es lo único que me enternece.

Quiero formar parte del delirio que seguro algún día formará tu recuerdo..., sé que sólo voy a quedar en una evocación y por esa razón debes de ser atrevida: no te quedes sola, comparte tu vida Es posible que en algún lugar yo te acompañe.

¿ Recuerdas las aventuras que te conté que hicimos en la mili?

Eran mentiras, sólo fue una forma de acaparar tu atención, pero ahora pienso que hubiera sido magnífico que la realidad hubiera guiado mis palabras, y que en efecto si me hubiera decidido a escarbar las entrañas de la disciplina mi comportamiento ante la vida hubiera sido diferente; esto no cambiaría el desenlace de ésta, pero tendría la recompensa de encontrar un pequeño tesoro. Tú eres mi recompensa.

Es fácil que todo lo que te cuento te suene a disparate, y es posible que lo sea, pero no, no lo es. Mis palabras están motivadas por la desazón que me invade en estos momentos en los el que estoy seguro que voy a morir, aunque te aseguro que no es miedo lo que preside mis sentimientos. Es la rebeldía que tú has inculcado dentro de mí. Haga lo que haga mi suerte ya está decidida, pero creo que la confesión de mis sentimientos hacia ti, o de desesperación, va a ser un epitafio bonito para mi final.

Ya ves Emilia, soy capaz de hablar fríamente de éste precisamente porque advierto que su plomizo abrigo está abriéndose sobre mí.

No sé cómo estarás admitiendo esto que yo sé que nombras como divagaciones; te aseguro que en mi caso no lo son. Es la certeza de que han ocurrido unas circunstancias que yo no buscaba, pero que me han encontrado, y ahora, definitivamente me he convencido de que soy esclavo de ellas. Circunstancial fue que yo estuviera en un lugar equivocado y a una hora equivocada, y circunstancial que mi cobardía frenara mis verdaderos impulsos y sentimientos, vanagloriándome de una situación que a veces recuerdo como temerosa. No sabes de qué te hablo, ya lo sé; tampoco yo sabía nada de los postulados que has querido inculcarme. A tu favor debo decir que me han resultado atractivos, pero no te engañes..., en este episodio que se avecina es igual de inservible que cualquier otro, e igual de crudo y frío. Sólo tu recuerdo sé que me va a confortar en estos momentos.

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Tengo infinidad de cosas que decirte, infinidad de preguntas que hacerte. Has sembrado durante mucho tiempo mi alma de incertidumbre, y por otro lado de certeza. Certeza de saber que lo que el destino tiene dictaminado para cada persona, es inamovible. Precisamente por eso acepto lo que me va a suceder. Es posible que tú te rebelaras, como acostumbras hacer con todas las injusticias, o lo que tienes catalogadas como tales. En ti la lucha es una constante en tu vida, en mí sólo fue un comienzo cuando te conocí. La mía en un lejano periodo también lo fue, pero ya tengo enterradas aquellas vivencias, pero conocí la amargura de observar el miedo que se puede introducir en una persona, por lo cual he realizado ímprobos esfuerzos para que esta locura no me engulla, y creo que lo he conseguido o estaba a punto de conseguirlo.

Ya no tengo tiempo, como también sé que no soy capaz de que todo el rencor que llevo acumulado se difumine. Espero que nada de lo que la vida ha querido introducir dentro de mí, ensucie tu recuerdo. Sólo son artes de esos aparejos de pesca que se me han presentado tan atractivos, pero tú te has personado como una diablesa que arrastraba verdades incontestables, verdades que se pueden aplicar y demostrar a pesar de que - posiblemente- el precio a pagar sea igual de excesivo o igual de insignificante, ¿ qué más da? Como ves te estoy indicando que seas capaz de aceptar lo que quiero regalarte aunque sé que tal vez no te atraiga. En mi regalo he encelado mi existencia durante un corto periodo, por eso quiero que tú los poseas, que te quedes con un trozo de mi vida. Sabes que te la he dedicado a ti, para intentar borrar el daño que alguna vez te hicieron y que te ha enquistado en una postura inamovible despreciando los atractivos que tiene la vida..., que los tiene. No me gustaría adularte, o adularme yo, ya que en este caso estaríamos perdidos; sin embargo resuenan en mis oídos tus suspiros y mis lamentos, y eso es algo que nadie va a arrebatarme a pesar de la cercanía de mi final.

Emilia me llevo un sueño inacabado, o incluso sin comenzar, ya que ahora me apercibo de su falta de consistencia.

Falta de solidez para creer que todo tenga su final con mi partida, ya que aún nos quedan muchas cosas inconclusas, falta de solidez para aceptar la verdad de lo que pregonas y lo que sigues, pues yo he vivido momentos en nuestra relación en el que todo esto dejaba de tener sentido, y he descubierto la semejanza entre creencias. En ambas, o mejor en todas, es cierto que se queda a merced de las razones que la vida impone, pero esta vida no se molesta en justificarse. Esta ahí y se acomoda a lo que cada cual busca de ella.

No te escribo para convencerte de nada, pero haz un parangón entre tus ideas y las mías, entre tu seguridad y la inseguridad de quien ha pasado toda su vida siguiendo unas creencias determinadas, entre los acomodados y entre los que se inmolan, no sé muy bien para qué. Sólo es su destino, un destino que le han fabricado mentes absurdas, tan absurdas como la tuya, como la mía, como la del terrorista que se suicida por un sueño, por los sacerdotes que acrecientan la desconfianza de las masas, por los capitanes que envían a sus soldados a morir por unas ideas que la mayoría no comparte, y por los generales que sacrifican a los mismos capitanes.

 

Por los sacerdotes que osan perdonar pecados, que se atreven a que un crimen sea comprendido, y que cínicamente conforman con una eternidad a los asesinos, y con Dios que hace lo mismo; mira Emila, conozco casos de la Historia Sagrada que me revuelven las tripas, y aunque no lo creas son episodios que me han ido alejando de estas creencias. No intentes comprenderme, yo estoy cansado de intentarlo y no consigo nada más que el pragmatismo condicione mi vida. Así le encuentro utilidad a una peonza que bailaba cuando era chiquillo para que el calor inundara mi cuerpo y que periódicamente saco de su escondrijo, lo mismo que unas cuerdas que rodeando un trapo me hacían correr detrás de un balón, lo mismo que las canciones que desacompasadamente me ayudan a iniciar mi día, lo mismo que la noche me indica que he sido afortunado por haber disfrutado del sol, lo mismo que un sacerdote te indica el camino que no debes seguir, lo mismo que una melodía me señala el camino de los coros que se supone deben de ser celestiales. Lo mismo que me impulsa a mandarte los cristales que han condicionado mi vida la cuál tu vas a vivir por los dos.

No estoy asustado, solo apesadumbrado de que mis sueños no los podamos realizar juntos..., como solías decir tú " No era nuestro destino". Y ¿ cuál era éste?

El mío ya lo conozco, al menos como me has enseñado y no dejo de desear que no tenga validez. Sé que no voy..., que no vamos a experimentar ninguna sensación cuando yo me haya ido, por eso te pido que aceptes lo que te propongo. Si no lo haces no voy a vivir en tu existencia, pero si aceptas voy a señalarte los lugares en que me gustaría estar en tu cuerpo.

Guárdame un último rincón donde no te moleste. Perdona si te hablo de forma tan especial. Emilia, junto a ti todo ha sido especial y debe de seguir siéndolo pese a quien pese. Llévame a la cama donde tú duermas y lávame con el agua en la que tú refresques tu cuerpo. Suéñame en tu mismo sueño y llévame en tus pesadillas.

De alguna forma voy a seguir formando parte de ti, aunque tengas que llevar colgado o escondido algo que no te agrada excesivamente. Cuando sientas su peso y cuando sientas su calor, cuando veas que las miradas de algún hombre se dirige a tu pecho, o cuando sientas que las miradas de envidia o de curiosidad te persiguen, notarás mi presencia, y el broche que lleves sobre tu pecho será mi mano que te acariciará, y el que levarás prendido justo al lado del corazón será el mío que se acompasará a tus latidos; el que lleves colgado de una de tus manos tiene que representar la mía que en un último servicio te va a acariciar, va a acariciar esa cicatriz que llevas en ella, y a calmarla cuando se irrite.

Lee bien lo que mi corazón quiere decirte: no dejes que el tuyo se enfríe en aras del sufrimiento. Has presumido ante mí de indiferencia, de que el dolor hacia temas de los que tú con mucha ironía llamabas paganos, no te eran impasibles. Era algo muy profundo que en diferentes momentos te delataba.

Como te digo, tu indiferencia está motivada por un dolor difícil de comprender, por eso te pido que cojas las piedras que van a llegar a tu poder. Ya sé que tu bondad es infinita; no te rías, ya sé que es una frase del catecismo, sin embargo se puede aplicar a cualquier persona que goce de tu personalidad, de tu desprendimiento y del coraje que vas a demostrar para enfrentarte a la difícil prueba que te va a someter la vida.

Busca acomodo a los cristales para que siempre estén cerca de ti, como yo lo hubiera estado si esto hubiera sido posible. ¿ Qué papel juega la fantasía?

Por último quiero que sepas que eres el más alto objeto de mi veneración.

El Autor de este relato fué Abelardo barcel%F3 amor%F3s , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=11380&cat=craneo (ahora offline)

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2024-05-18

 

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