Relatos cortos fantasia Romantica qué importa.

 

 

 

Oh, no. Otra vez no. Estoy harta de que te cueles en mis pensamientos. ¿por qué no te vas? Quero estar sola. Necesito algo de soledad... Para que vuelvas a colarte en mi cabeza sin pedir permiso.

Qué ironía. Pero lo he jurado. No pienso cambiar de opinión. Estoy muy segura de que he tomado la decisión correcta. Adiós tú y yo. Renuncio. Voy a dejar de pensar en ti, de perseguirte. Tú serás feliz y yo... Bueno, ¿a quién le importa lo que a mí me pase?

De todos modos necesitaba estar sola. Me estaba acostumbrando demasiado a ti, a tu risa, a tu pelo revuelto, al brillo de tus ojos marrones. Si no fuera tan realista me gustaría pensar que brillaban por mí. Qué ilusa, ¿verdad?

Voy a abrazar la almohada a ver si así se me pasa la punzada de dolor en el pecho. ¿te imaginas que la apartase y apareciese llena de sangre? Ah, pues no, solo es agua. Vuelvo a abrazar la almohada. Penso en ti, en aquella montaña rusa de la feria. Sé que no me abrazabas a mí, pero me gusta imaginar. Sí, lo sé, tengo mucha imaginación. ¿Por qué no me abrazaste a mí? Sabes que a ella no le dan miedo las alturas. No es justo que yo tuviera que conformarme con un mísero apretón de manos y ella te tuvera para ella sola. Tus manos son tan confortables, tan expertas...

 

Al menos eso supongo. No creo que, después de haber salido con todas esas no seas un experto. Supongo que en tu lista solo falto yo. Ah, claro se me olvidaba. Sí, ya me lo dijiste. Para ti yo soy “mi buena amiga, una tía como hay pocas, eres como mi mejor amigo, pero en femenino”. *traducción: eres un marimacho sin feminidad alguna y no me interesas en absoluto. Olla express a presion

¿alguien quiere un filete? Es fresquísimo: recién cortado, de la más blanda parte del corazón de un marimacho sin feminidad. A la parrilla debe estar buenísimo.

Ya estamos otra vez con lo mismo. No puedo seguir así. No me importa el dolor físico: ese siempre puede arreglarse con una aspirina, pero esto es demasiado. No hay manera de curarlo.

Si al menos yo fuera algo ligeramente parecido a ellas, si tuviera sus muslos, sus pechos... Daría lo que fuera por llenar la talla noventa. Me odio. Odio mis genes. Te odio a ti por hacer que me odie.

Esa cuchilla de afeitar que hay sobre la mesita de noche me está tentando demasiado.

El Autor de este relato fué Silduwen , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=11389&cat=craneo (ahora offline)

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Oh, no. Otra vez no. Estoy harta de que te cueles en mis pensamientos. ¿por qué no te vas? Quero estar sola. Necesito algo de soledad... Para que vuelvas a c

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2020-07-14

 

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