Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción UN COUMIDA EN LOS JUEGOS ETNICOS

Un auditorio, repleto de ruidosos Werjobs, rugió de satisfacción al comprobar como su campeón lograba recuperar la compostura. Mientras, desde las alturas surcaba el aire todo tipo de material de desecho, porque los Werjobs no se contentaban con jalear, sino que, febrilmente excitados por la violencia del espectáculo, arremetían unos contra otros, golpeándose salvajemente por cualquier motivo, resueltos a arrojarse contra la arena, donde acababan con los sesos despachurrados. Tal era el modo en que se resolvían las disputas desde el graderío. - ¿Montón de mierda has dicho? - Els

 

 

 

- ¿Montón de mierda has dicho? - Els Shadu, fingiendose ultrajado, giró sobre sus talones para descargar un revés contra la sien de la criatura, que aturdida, manoteó en el aire, hasta que, con mas fortuna que destreza, logró asirse al brazo de su rival.

Un auditorio, repleto de ruidosos Werjobs, rugió de satisfacción al comprobar como su campeón lograba recuperar la compostura. Mientras, desde las alturas surcaba el aire todo tipo de material de desecho, porque los Werjobs no se contentaban con jalear, sino que, febrilmente excitados por la violencia del espectáculo, arremetían unos contra otros, golpeándose salvajemente por cualquier motivo, resueltos a arrojarse contra la arena, donde acababan con los sesos despachurrados. Tal era el modo en que se resolvían las disputas desde el graderío.

No obstante, algunos fanáticos, atiborrados de psicoactivos, cubrían la distancia voluntariamente en la creencia de que la arena era el paraíso soñado de cualquier guerrero. Ese terrible comportamiento provocaba un esporádico desahogo en la irritable masa Werjob, pero allá abajo, en el foso, un aspirante ocupado en una lucha desigual tenía que sortear todo tipo de proyectiles venidos del cielo, mientras se enfrentaba a un rival más familiarizado con esa clase de contingencias.

Aventureros de distintas razas, entre los que se contaban "Coumidas humanos", presenciaban el evento en grupos esparcidos entre las compactos hileras del público local, pero comparativamente sus maneras eran mas pacíficas y solo en ocasiones se abandonaban a la algarada. El discreto colectivo de Coumidas exhibía unos modales ponderados, parloteando circunstancialmente cuando algún hecho merecía sincera atención. Entretanto, el escepticismo era la nota mas común entre las filas extranjeras.

Los juegos desplegaban los elementos típicos de un gran acontecimiento multi-étnico, abundando la espectacularidad grosera y rimbombante muy del gusto de las razas hibridas que los visitaban, y, no obstante, uno podía apreciar, al tiempo, ciertos detalles delicados prestados de culturas más refinadas. Unas "Neriades" deslumbrantemente bellas, pongamos por caso, acaparaban todas las atenciones cuando levitaban entre los asistentes con sus vestidos de gasa fina, procurando la purificación del recinto mediante la irrigación de sustancias perfumadas que aderezaban el aire de fragancias, cuyo objetivo era, según el burdo humor local, "matar el olor a muerte". Otro elemento de probada exquisitez lo constituían las dulces melodías ululantes, introducidas fugazmente para apaciguar los ánimos. Surgían entremezcladas con dramáticos pasajes sonoros que enfatizaban los momentos decisivos, todo ello con magistral sentido de la oportunidad.

Pero nada de lo que ocurría allí dentro era casual, pues ya que los organizadores perseguían la continuidad de sus ganancias cualquier intento de seducir al personal resultaba pertinente con tal de que los Juegos perduraran. Buscando una sensibilidad de la que aquellas razas carecían, las notas instrumentales de un grupo de maestros "Flemes", asociados a la edición por un alto coste, se entrelazaban componiendo melodías atmosféricas que fluían delicadamente por todos los rincones del estadium como dulces y etéreas corrientes armónicas, derramándose susurrantes en los oídos de los asistentes, e induciéndoles, en pura teoría, a un sosiego embaucador de efectos anestesiantes. Tal era el efecto que pretendían. Pero como los llamamientos a la serenidad no calaban hondo entre la emotiva masa Werjob, quizá fuera el dinero peor invertido de los juegos.

Un nuevo espectador se precipitó en escorzo desde las alturas, rebotando contra la arena con un chasquido sordo de huesos rotos. La polvareda que levantó en derredor constituyó su único réquiem de protesta. Ambos contendientes saltaron sobre su cuerpo inerte e ignoraron el hecho, aunque Els Shadu deseó que el caído no fuera compatriota.

- Ya te tengo, carroña humana - vociferó el greñudo, recobrándose de los efecto del golpe anterior.

A tan corta distancia su rostro purulento y avenado sudoraba una secreción lamiosa que lustraba el marrón inmundo de su epidermis, lo que le otorgaba un aspecto realmente repulsivo y eso que el Els Shadu, acostumbrado a tratar con bichos raros, no era un tipo que se alarmara con facilidad. Con un brazo aprisionado y pugnando por salir del embrollo, puso en práctica un par de fintas evasivas, al tiempo que sacudía patadas a los costados y golpes con el puño libre sobre el rostro del rival. Los impactos sucesivos arrancaron saliva viscosa y sanguinolenta de su boca y por primera vez, desde el inicio de la lid, el favorito dejó escapar un leve gorgojeo parecido a un quejido de dolor.

Fenton Gorbj era un Werjob de aspecto impresionante, superaba con creces los dos metros de alzada y su estructura amasacotada y nervuda causaba pavor, incluso en el común de sus congéneres. Jefe de clanes y miembro de la liga guerrera, veterano de muchas batallas, acostumbraba a mostrar en público su lado más cruel. Podría decirse que no disfrutaba de tanta fama como Walfer o Nydor y otros luchadores enrolados en la liga Werjob. Quizá no gruñera con suficiente encanto, pero ello no obstaba para que la mismísima Zydea, “prima donna” de las diosas guerreras de todo del cinturón galáctica, hubiera contratado con él sus sesiones de entrenamiento. Tanta era la contundencia con la que se imponía a sus rivales, y tan poca vida les dejaba, que no había sido fácil encontrar competidores en esta edición de "La Contienda", sin lugar a dudas la modalidad mas popular de los juegos.

Aunque, debido a su físico básico los humanos aparentaban fragilidad, no era este un género que agradara al campeón. Con un alto grado de técnica corporal y su natural agilidad, resultaban demasiado escurridizos para unos Werjobs que arrastraban su enorme peso y altura de forma instintiva y poco original. Aun sintiéndose enormemente superior al mejor de sus guerreros, seguía pensando que guardaban más recursos de los que hacían presagiar. Si no se andaba con ojo, éste incluso podría dañarle.

En prevención de sorpresas Gorbj se decidió por la cautela y puso distancia de por medio, liberando el abrazo del Coumida. Acto seguido escupió la baba teñida de rojo que se le agolpaba en la garganta, rebañándose con el dorso del puño enguantado la restante que empezaba a desbordarse por su boca, mientras negaba burlónamente con la cabeza, como indicando al humano que si aquella era toda la artillería que podía emplear, resultaba abiertamente insuficiente.

Un mazazo al aire precedió la nueva acometida. Els Shadu escapó a la primera andanada haciéndose a un lado. En respuesta al asedio, asestó un golpe preciso al flanco del corpachón y aunque la mole acusó el impacto, no empeño mas que el tiempo justo de tomar un respiro y volver al ataque con furibundos manotazos, que rasgaban el aire produciendo un zumbido semejante al de una formación de abejas que persigue a un intruso. Fenton Gorbj retomó la iniciativa utilizando sus gruesas zarpas como apabullantes aspas giratorias, y así la lucha continuo con el humano saltando a uno y otro lado, huyendo de las extremidades que buscaban impactarle, con el cuerpo magullado y el animo maltrecho.

Nuevas acciones se sucedían, con Shadu empleándose según los cánones de la defensa estratégica, esquivando cuanto podía, al tiempo que respondía con golpes precisos e ineficaces y el Werjob, encajando sin sentir, siempre hacia delante, alentado por un instinto feroz, de manera que si el Sr. Mastodonte local se mostraba mas recio y seguro con el paso del tiempo, la energía del humano comenzaba a decrecer peligrosamente. Al fornido gigante nada parecía afectarle, se movía groseramente lanzando imprecisos trompazos en vaivén, y Shadu, a pesar de la consistentes protecciones, sufría con cada impacto, como si estuviera siendo golpeado con un martillo de forja.

Al final, el plan del humano se redujo miserablemente a recular metro a metro para evitar el castigo. La inseguridad fue debilitando sus apoyos y se empeñó en lances negligentes que le hicieron trastabillar, viendose obligado a cuidar continuamente por donde pisaba, con lo que perdía de vista a su rival. En una de esas desenfiladas no vió venir un manotazo frontal que le impacto en el protector facial. Sus piernas insensibles comenzaron el desplome, pero antes de tomar la arena por lecho sintió como su cuerpo se elevaba y los pies pateaban el aire con libertad, aún cuando intentara mover inútilmente los brazos. Al cabo de unos instantes supo que se hallaba atrapado por una llave presionante alrededor de las costillas. No a mucho tardar comenzó a sentir como las venas del cuello se le hinchaban y, de repente, adquirió la desagradable conciencia de los latidos de su desbordado corazón, en pulsaciones fuertes y aceleradas, sobre su garganta, pecho y, al fin, en su cerebro, donde recibió los ecos compulsivos de las palpitaciones a modo de caja de resonancia. La tensión se le prendió en el rostro, sufriendo una gradual desfiguración y se dio cuenta que el aire puro de la atmósfera no alcanzaba hasta sus pulmones.

Con los párpados fruncidos por el dolor y sin atisbar mas allá de la manchas borrosas que lo envolvían, optó in extremis por emplearse a la manera típica de cualquier vulgar bregador de asteroides, así que tras escupir a un lado el protector dental se arrojó a lo que creía el cuello de su rival, mordiendo con instinto salvaje y excéntrica desconsideración lo primero que encontró, que resultó ser la oreja peluda del rival. El tipejo respondió con un aullido lastimero. Sobra decir que el juego sucio se practicaba en toda la galaxia.

Como a pesar de todo no sentía flaquear la presión alrededor del tronco, el humano persistió sañudo en la dentada, sacudiendo la cabeza para provocar el desgarro, mientras la mole de sebo peluda, enganchada como podía a su presa, bramaba de tormento. Era un castigo compartido de resultado incierto, que revelaba un momento sobrecogedor de fuerzas en equilibrio.

Entretanto el cielo, de un color amarillo grimoso, comenzaba a entornarse a consecuencia de la inminente llegada de una tormenta iónica, y el público, desconfiando de la crudeza del clima, apremió a los luchadores arrojando otra remesa de basura sobre la pista, que naturalmente incluía a nuevos mártires del violento frenesí Werjob, esta vez con algunos extranjeros en el lote

, que se agitaban con desesperación en dirección a la arena. Quienes de aquellos infelices yacían aún con vida tras el tremendo costalazo eran rápidamente rematados por los Custodios, guardadores del orden de los juegos - y del nutrido grupo de ilustres que los frecuentaban -, mientras se arrastraban entre gorgogeos estertoreos hacia lo que creían una zona de seguridad. Las reglas eran concluyentes: nadie excepto los luchadores debía poblar la arena.

Rondando el espacio circundante desde sus minilanzaderas volantes los vigilantes portaban sofisticadas armas que escupían haces luminosos. Los Custodios las hacían restallar siguiendo la línea trazada por sus indicadores de posición hasta coronar en certera trayectoria sobre los cuerpos agonizantes. Estas acciones causaban un gran revuelo entre la efervescente chusma, que se abroncaba al ver como los rayos rasgaban el cielo con sus llamativos colores. El impacto sobre los bultos retorcidos de la superficie producía una licuación inmediata de los cuerpos. Una solución higiénica, aunque resbaladiza.

Gradualmente la suerte fue empeorando para el humano, que empeñado en un mordisco fallido miraba con desesperación hacia el control de medición horaria, - una enorme estructura de titanio situada entre dos torres colosales que se cruzaban describiendo una elípse sobre la línea de aposentos de los insignes, con sus cubiertas anticalamidades -, mostrando lo que restaba para que el Consejo de los Juegos diera por terminada la Contienda. De buena gana hubiera escupido hacia allí, es decir, si saliva le sobrase, lo que no era el caso.

De repente, un terrible retortijón contrajo el vientre de Els Shadu devolviéndolo a la pelea. Poco a poco, y muy a su pesar, cejó en el mordisco defensivo, como quiera que el dolor impeditivo se le encaramaba gradualmente hacia la boca del estómago. No pudiendo precisar que lo producía, y aún pugnando inútilmente por desasirse, volteó la cabeza hacia atrás y luego sobre un lado, logrando captar un mayor campo de visión por debajo. Empeñado en tal postura, atisbó la causa de su sufrimiento. El hijo de puta se las ingeniaba con un solo brazo para estrujar su contorno torácico y utilizaba la otra garra para aplastarle las pelotas. Que estúpido había sido al no percatarse de la maniobra, ¡ y que truco tan depravado!. Rezaba para que el protector genital resistiera.

- ¡Creí que tendríamos prohibido intimar! - protestó Sharu constreñido de dolor. Pero era inútil disuadir a un pecador que disfrutaba con su pecado.

- Dentro de poco no estarás en disposición de bromear - murmuró Gorbj entre dientes, a la vez que crujía a su presa.

Durante unos momentos que le parecieron eternos Shadu pugnó por desasirse, logrando apenas aferrarse a su estado consciente. De pronto, obedeciendo a un impulso primigenio, enderezó el tronco con decisión proyectando violentamente la cabeza hacia delante en un ángulo que se cerró cuando su frente, en enérgico descenso, colisionó con la del opositor, en un testarazo seco. Así se mantuvo en esa posición retadora, aturdido por el topetazo, con la nariz aplastada contra el hocico del otro, oliendo su apestoso aliento, conteniendo la mirada sobre aquellos pequeños y malignos ojos negros que no parpadeaban y en los que se podían leer los suplicios que ese canalla había infligido a tantos otros rivales en similares circunstancias.

Por su resignada mente aparecieron, como en una ensoñación, distintos pasajes de su infancia en el orfanato itinerante de la compañía de minas, la vida dentro de los "Cuerpos Especiales de Colonización", los compañeros de juergas y fatigas, ciertas chicas de curvas pronunciadas y moral licenciosa - ¿Porqué pensaba en eso ahora cuando su rival no le cedía espacio ni para una pequeña erección? -, y como contrapunto de lo anterior, una imagen adquiría fuerza en su delirio a medida que la presión aumentaba: la de la madre del Werboj ventajista; pero por motivos bien distintos, pensaba el, ya que ni siquiera la conocía.

Tras unos instantes de indecisión, el auditorio estalló en un fragor espeluznante, y los Werjobs comenzaron a incorporarse, modificando paulatinamente la fisonomía de la grada. Obedeciendo a una llamada común se golpeaban ferozmente la oscura coraza pectoral que les cubría la vestimenta tradicional. Los extranjeros entre el público se alzaron también para ver el final. Incluso los Humanos se erguían con desasosiego. Fenton Gorbj en el centro de la pista, entre objetos diseminados, se dio la vuelta lentamente con su presa entrelazada, mostrándola orgulloso, brindando su agonía en una actitud de pletórica jerarquía. El cuerpo inerte que transportaba era como un muñeco roto, con las articulaciones laxas colgando a ambos lados del cuerpo. Cuán poco podía imaginarse que al cabo de un momento la víctima cobraría protagonismo.

El Coumida pasó por el trance aferrado al último aliento en reserva, sin resistirse por mas tiempo al abrazo bestial, esperando al borde del desmayo a que llegara el momento en que algo distrajera la concentración del gran Gorbj, rogando para que su presunción le venciera, buscando en definitiva un resquicio por el que poder salir.

El monstruo trazaba círculos sobre la arena acarreando su carga triunfal, en un gesto que llevó a la masa hasta el delirio. Caminaba complacido por las muestras de veneración, recorriendo gozoso con la vista los miles de rostros que le jaleaban. Tan extasiado estaba que no reparó en el charco de efluvios corporales que avanzaba sobre la tierra ocre como un río de batidos orgánicos para encontrarse con sus pasos. Tampoco advirtió como una de sus peanas se adentraba en él, ni siquiera perdió la sonrisa cuando comenzó a tambalearse. Y entonces aflojó, solo un poco al principio, mientras intentaba recobrar el equilibrio, aún más cuando se percató de lo cerca que estaba el suelo. De pronto, el Coumida se encontró yaciendo en horizontal sobre la panza de su rival y, como un rayo que surge de la tormenta, resucitó:

- ¿Por donde lo dejamos, greñudo? - gritó enrabietado. Seguidamente, con un gesto veloz, desencajó la mandíbula disponiéndose a tragar. El Werjob lo miró impotente, con ojos suplicantes, sin poder hacer nada para proteger su flanco derecho del nuevo mordisco que se le avecinaba. La velocidad de la acción sorprendió al campeón, aun cuando éste, aún rugiendo de dolor y tendido como estaba, siguiera agarrando con fuerza.

Dioses del Averno, ¡que asco!, pensó Els Shadu al hincar sus dientes sobre los cartilaginosos despojos de lo que antes había sido una oreja.

- ¡No te la tragues, escúpela! - El comentario a voz en cuello surgió precedido de un animado coro de risas amigas entre las filas de los humanos, tímidamente conscientes de los cambios producidos. La broma provocó miradas furibundas entre los Werjobs cercanos que, poco adaptados a las sutilezas, amenazaban con el puño en alto.

Nadie estaba ahora seguro del final de la pelea, ya que ninguno de los contendientes presentaba una situación propicia y ambos parecían trabados en su propia inoperancia. Sin embargo habían llegado a un punto crucial. Entonces, un momento antes de que el Werjob comenzara a ceder en la presión de sus brazos, y en el mismo instante en que el asqueado humano vomitaba sobre el rostro de Fenton Gorbj, dos prolongadas señales acústicas anunciaron el final. Els Shadu se incorporó a duras penas, arrastrándose unos pasos, mientras abandonaba a su enemigo en el suelo sacudiéndose la cabeza salpicada por la arcada, y sonrió abiertamente con la cara vuelta hacia el cielo local.

La tormenta aún no había descargado su furia, ningún luchador había sucumbido a la Contienda y él aún podía soñar con el gran premio.

Otro Coumida con suerte, pensó al correr la vista hacia la salida del recinto.

FIN

(¿alguien se siente interesado en saber más?)

El Autor de este relato fué P.J. Bey , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=4578&cat=craneo (ahora offline)

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- ¿Montón de mierda has dicho? - Els Shadu, fingiendose ultrajado, giró sobre sus talones para descargar un revés contra la sien de la criatura, que aturdi

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2020-08-22

 

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