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Todo comenzó hace unos dos años, en una noche de verano cuando yo tenía 15 años. Nunca antes me había dado cuenta de que mi padre jamás me había contado nada con relación a mi madre, ni a sus tiempos de jóvenes.

Mi madre había muerto al tenerme a mí, eso siempre me había producido un sentimiento de culpa.

Todo iba bien, teníamos una vida normal, excesivamente normal, casi monótona. Mis abuelos vivían en Zaragoza y nosotros --mi padre y yo-- en Barcelona porque él trabajaba en una revista de música como fotógrafo. Yo iba al instituto y tenía muy buenos amigos, gracias a ellos no me había encerrado en mí misma, por el sentido de culpabilidad que me invadía con relación a la muerte de mi madre.

Me acuerdo perfectamente del 7 de julio del 2000, ésa fue la especial noche en la que yo descubrí toda la verdad que me ocultaban mis familiares.

Mis amigas y yo habíamos salido por la noche; podría llegar tarde porque mi padre, debido a su trabajo, no volvería hasta el día siguiente. Después de disfrutar de mi libertad, llegué a casa y todo me inspiraba soledad, me sentía triste y melancólica. Me metí en la cama, con la intención de no pensar, simplemente de dormirme y levantarme al día siguiente sin preocupaciones, siguiendo con mi vida monótona. Pero no pude dormirme. Ya era tarde, serían alrededor de las dos de la madrugada y no podía estar en la cama.

Me levanté y empecé a dar vueltas por la casa, no había ninguna fotografía de mi madre, ni ningún signo que pudiera decirme cómo era ella, no sé por qué, pero necesitaba saber cómo era.

Me puse a revolver por toda la casa, pero nada, fue inútil. Al ir de vuelta a la cama recordé un baúl bastante antiguo, que estaba en el desván.

Subí para ver qué contenía, por simple curiosidad. En él encontré ropa, ropa de hacía bastante, quizá hippie, sí, seguro que hippie, pensé. Porque me gustó mucho y era del estilo que yo solía llevar. Seguí buscando y encontré muchas cartas, fotos, cintas y montones de partituras, revistas y periódicos.

Me encantó haber encontrado todo aquello, para mí era un tesoro. Lo cogí todo y lo bajé hacia el sofá, después empecé a examinarlo todo poco a poco. Las fotos eran de mis padres, como también lo eran las cartas, y la ropa, y... ¡todo!

Mi corazón dio un vuelco cuando leí una frase así: Neus, nuestra estrella de rock (Barcelona). Yo siempre escuchaba ese tipo de música y en mi vida había oído una cantante llamada Neus, supongo que mi madre nunca llegó a ser tan buena como Kurt Cobain (Nirvana), Jim Morrison (The Doors), etc. Pero yo la consideraría como tal, después de oír su música. Ahora entiendo por qué mi padre me hacía quitar la música rock, le recordaba a mi madre. Según esas revistas mi madre fue muy buena. Fitbit Flex 2

Al llegar al último párrafo de un artículo, me eché a llorar, pensé que todo era una mentira, tan grande como la que mi padre y mis abuelos me habían contado. Según la revista mi madre no había muerto al tenerme a mí, murió al año siguiente por sobredosis de heroína.

Dejé de leer todo aquello, era demasiado para mí. Y me fijé en las cartas de mi madre a mi padre, cuando ella estaba de conciertos. Pero en uno de los sobres ponía mi nombre en grande: Luna. La cogí y empecé a leerla, parecía que mi madre se estuviese despidiendo, como si ya supiera que se iba a morir antes de poder hablar conmigo. En la carta me explicaba su vida, sus razones de vivirla así y sus ideales: Había un poema que decía así:

La luna viene y se va,

Lo que yo haré contigo

De noche está la luna,

De noche estaré contigo.

Después de leer esto, comprendí porque me llamaba Luna y muchas otras cosas. Me sentía bien, no por el hecho de no haber sido la culpable de la muerte de mi madre, sino porque mi madre se jugó todo a una carta y acertó, ella disfrutó, sintió, al fin y al cabo ¡vivió!

En uno de los periódicos se podía leer en letras grandes una frase "No vengáis a mi entierro ni con flores, ni con velas, ni con nada porque para mí llevaréis todo". Eso lo había dicho mi madre antes poco antes de morir. ¡Qué bonito!

Coloqué las fotos por toda la casa, y me dormí escuchando la música de mi madre. No sé que pensaría la gente de esa música pero a mí me llegaba al alma.

Al día siguiente con la vuelta de mi padre fue mejor aún. Cuando él lo vio todo, no le gustó mucho, pero enseguida empezamos a hablar.

Desde entonces, mi padre y yo estamos más unidos y vivimos más tranquilos. Mi padre me dijo que a mi madre no le asustaba el tiempo y que ella sabía que el tiempo siempre tiene un fin.

Fue entonces cuando me dijo una frase, una de esas frases que alguien dice, pero nadie se acuerda de ese alguien: "Crees tener un montón de tiempo y descubres que es él el que te tiene a ti".

El Autor de este relato fué In%E9s , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=3961 (ahora offline)

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