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LA ÚLTIMA EXPEDICIÓN

Más allá del alcance de cualquier cohete se preparaba la última expedición a Júpiter, aquel sol dormido y frustrado. Las naves estaban listas para partir y abandonar La Lanzadera. Eran pequeñas naves tripuladas con espacio para cinco personas. Saldrían tres naves aquella noche en la tersa y fría oscuridad de Júpiter. El capitán Scott iría en la Nerv I junto con Williams, Callaghan, Myers y Wells. Las naves Nerv II y Nerv III saldrían después del lanzamiento al vacío de la primera. Júpiter estaba muerta y todos lo sabían. Aquella sería la última expedición después de unos jóvenes cinco años de exploraciones e investigaciones. Estaba demostrado que no había vida en el planeta y La Lanzadera echaría a volar hacia otros planetas en busca de ella.

El capitán Scott y los demás montaron en la Nerv I y salieron a la superficie del planeta. No había motivos para estar nerviosos. Aquello era un viaje de reconocimiento. Sobrevolaron las llanuras pardo amarillentas con gran sosiego. Después de unas horas de vuelo, la bióloga Myers observó algo en la superficie. Se lo comunicó al resto de la tripulación, pero nadie logró ver nada. Myers insistió en ponerse el traje y salir afuera. Scott no estaba muy de acuerdo pero al final dejó que Myers saliera sola. Desde la nave, observaron los movimientos lentos de la bióloga. Scott le preguntó por el comunicador qué era lo que le había llamado la atención.

- Parece una piedra, pero está muy pulida. Me acercaré un poco más...Dios santo...

- ¿ Myers?.! Demonios¡, ¿qué pasa ahí?.

- Dios mío...!Es una lápida¡.

- Aquí no hay lápidas - gritó el capitán. Callaghan se acercó y cogió el comunicador - ¿Qué pone en la lápida, Myers?

Hubo un silencio. Luego, se apreciaba la respiración entrecortada de Myers y como un leve quejido. Estaba llorando.

- Dios, quiero salir de aquí...

- ¿Qué pone en la lápida? - grito con insistencia Scott. Estaba asustado.

- !Es mi lápida¡.

Los de a bordo pudieron ver como Myers se incorporaba e intentaba avanzar deprisa hacia la nave pero el traje le pesaba demasiado. De pronto, la tierra se tragó a la bióloga. Fue todo tan deprisa que los demás se quedaron perplejos. El capitán fue el primero en reaccionar:

- Debemos salir a por ella. Puede que halla caído en una zanja de las que hemos ido encontrando.

- Pero, ¿y lo que dijo sobre la lápida?- preguntó Callaghan.

- Pudo haber sido una alucinación causada por la hostilidad del territorio.- Se volvió hacia su tripulación - dos saldrán a buscarla.

Williams y Wells salieron despacio de la nave con los trajes espaciales. Estaban realmente asustados, no les convencía la explicación vana del capitán, tampoco había que conjeturar. Ahí afuera no había nada, no podía haber nada. Habían examinado la zona palmo a palmo. Los dos confiaban en traer a la bióloga sana y salva. Williams y Wells empezaron a recorrer el mismo camino que había recorrido Myers hasta la supuesta lápida. Pero allí no hallaron una lápida. Hallaron tres lápidas. Se acercaron con curiosidad.

- Williams, ¿por qué crees que Myers no nos dijo que había tres en vez de una?

- No lo sé.- Los dos se acercaron para poder leer las inscripciones en las piedras. Una lápida contenía el nombre de Myers, tal como ella había dicho, con la fecha de nacimiento y la de defunción, el año 2030, la actualidad. Las otras dos contenían los nombres de Williams y de Wells. Se sobresaltaron cuando escucharon la voz del capitán en sus cabezas.

- Estais tardando demasiado. ¿Qué estais mirando?

- Señor, aquí hay tres lápidas, nuestras tres lápidas.

- ¿Cómo...?

Desde la nave, el capitán Scott y el primer oficial Callaghan vieron como la segundo oficial Williams y el astrónomo Wells se volvían hacia la nave, tal como Myers había hecho antes de su misteriosa desaparición. Y al igual que ella, Williams y Wells desaparecieron. Scott y Callaghan se quedaron perplejos de nuevo.

- ¿Qué está pasando aquí?

Scott se puso a los mandos y pusieron la nave en marcha. Se alejaron de aquel lugar y pusieron rumbo hacia La Lanzadera. Los dos sabían que si salían a buscar a los tres tripulantes desaparecerían ellos también. Preferían buscar ayuda en La Lanzadera. Scott se dispuso a informar de lo sucedido a las naves Nerv II y Nerv III, pero ninguna respondió, al igual que La Lanzadera. Al rato, la Nerv I aminoró la marcha hasta quedar suspendida. Los controles no respondían. Aquello parecía una simple avería. bloghardcoreparty.1blogs.es

- Tendré que salir a comprobar el motor. Quizá se halla llenado de polvo. - El capitán se levantó y se dirigió a ponerse el traje. A Callaghan no le parecía una buena idea.

- Señor, no debería salir.

- No tardaré mucho. Estamos lejos de lo sucedido. Oficial, intente de nuevo la comunicación con La Lanzadera.

Scott salió a la superficie y Callaghan quedó concentrado en entablar la comunicación con La Lanzadera y las otras naves de aquella fatídica expedición. Unos minutos después, Callaghan miró por la escotilla y vio a Scott alejándose de la nave hacia lo que sin duda parecía una lápida. Rápidamente, Callaghan cogió el comunicador y le habló al capitán:

- Señor, !vuelva¡,!vuelva¡.Por favor, !vuelva¡. - Pero Scott parecía no escuchar y miraba la lápida de espaldas a la nave. De pronto se dio la vuelta e intentó correr hacia la nave, pero no pudo. Callaghan esperaba resignado a ver de nuevo aquella escena. Y el capitán Scott desapareció en el gélido desierto de Júpiter.

Callaghan intentó la comunicación con las naves y La Lanzadera en vano. Estaba anclado en aquel mar tormentoso y enfurecido. De pronto, a lo lejos, divisó una mancha oscura que se convirtió en una nave. Era la Nerv III. Callaghan volvió a coger el comunicador con esperanza.

- Nerv III, ¿puede oírme?. Aquí Nerv I, al habla el único superviviente, el oficial Callaghan.

Unos intensos segundos.

- Aquí Nerv III, al habla el único superviviente, el capitán Starbuck.

Después de mucho preámbulo, el capitán Starbuck se arriesgó a pasar de su nave a la Nerv I para reencontrarse con su amigo Callaghan. Los dos se abrazaron con fuerza. Estaban temblando. Se sentaron y Starbuck empezó a hablar:

- Todos mis tripulantes salieron y después de ver aquellas dichosas làpidas desaparecieron ante mis ojos, uno a uno. Fui en busca de las otras naves y encontré la Nerv II inerte en la llanura. Intenté comunicarme con ella y supuse que murieron todos de igual manera. Me esperaba otro tanto de vuestra nave, pero confié en que tú no hubieras salido, y así fue. - Los dos sonrieron.- ¿Qué pasó en vuestra nave, Callaghan?

- Lo mismo. Starbuck, ¿qué está pasando?. ¿Por qué ahora y no antes?

- Será porque nos vamos. Quizá aquí halla algo. Quizá nos halla estado observando todo este tiempo, halla callado para no ser percibida. Y ahora que nos vamos no quiere que la abandonemos.- Callaghan bajó la cabeza y Starbuck le miró con pena. - Aún hay más, Callaghan. Volví a La Lanzadera, pero no estaba.

- ¿La Lanzadera?

- Ha desaparecido. No logro comunicarme con ellos. Es como si nunca hubiera estado, como si nunca hubiéramos estado aquí.

- ¿Qué hacemos ahora?

- Podemos pasar a mi nave y dar vueltas por el planeta hasta que se acabe el combustible.

- Puede que La Lanzadera esté en la otra cara del planeta.

- Imposible. Aunque fuera así podríamos comunicarnos con ellos.

- ¿Y si tienen estropeado el intercomunicador?

Hubo una pausa.

- Podría ser, pero...- Starbuck suspiró, se recostó en el asiento y cerró los ojos

Callaghan se pasó una mano por la frente, cerró los ojos y al abrirlos.... Allá en la llanura podían verse dos piedras pulidas una junto a la otra. A Callaghan le latía el corazón con fuerza.

- Dios santo, Starbuck. !Mira¡.- Starbuck se incorporó bruscamente y vio las dos lápidas señaladas por el dedo de Callaghan. Los dos amigos se miraron, pero esta vez no sonreían.

- Callaghan...

Callaghan apartó la mirada de su compañero y se volvió a acomodar en el asiento. Cerró los ojos y profirió una risa débil y serena.

- La última expedición...

El Autor de este relato fué Gema , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=1375&cat=craneo (ahora offline)

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