Relatos cortos ficcion Futuristas ¿Robot?

 

 

 

¿ROBOT?

Nota: Este relato está basado en el mundo creado por Isaac Asimov para sus relatos sobre robots.

Las tres leyes de la robótica

1-Un robot debe preservar la vida humana.

2-Un robot debe obedecer las órdenes dadas por un ser humano siempre que con ello no viole la primera ley.

3-Un robot debe protegerse a si mismo siempre que ello no viole la primera ni la segunda ley.

1

- Señora McKenzie, comprendo su caso perfectamente, pero no creo que nosotros seamos los más indicados para resolverlo.

- Ya le he dicho que estamos desesperados-la corpulenta mujer sacó un arrugado pañuelo de su minúsculo bolso y se sonó la nariz-hemos visitado a cinco psiquiatras, incluyendo al celebre Doctor Bunbull. Le han hecho montones de tests y pruebas psicológicas de todo tipo. Incluso hemos probado con un hipnotizador. Inútil, todo inútil, Peter sigue actuando como un robot.

 

Wendell Robinson sonrió disimuladamente. En sus tres años al frente del departamento de Psicología robótica, este era sin duda el caso más extraño e inverosímil al que se hubiera enfrentado jamás, sin embargo…

- Lo cierto es que no se que podría descubrir un robopsicólogo que no haya descubierto un psicólogo normal.

- No lo sé, tal vez sea una tontería, pero he oído algunos rumores y noticias sobre las crisis que ha sufrido esta compañía con algunos de sus robots. Según mi marido, la mayoría de esas crisis fueron brillantemente resueltas por una sola persona: la doctora Susan Calvin.

Robinson no pudo ocultar una mueca al escuchar el nombre de Calvin una vez más.

- ¿Así que cree que su marido se curará si es tratado por la doctora Calvin?-preguntó Robinson.

- Es nuestra última esperanza, y el dinero no será ningún problema, puedo asegurarlo.

La mujer sacó un talonario del bolso y garrapateó una cifra. Le pasó el talonario a Robinson, quién alzó las cejas con cierta sorpresa. Si querían a la doctora Calvin, la tendrían. Aunque en su opinión aquel hombre en manos de la doctora tenía más opciones de acabar desahuciado, que de obtener una cura milagrosa.

2

- Hemos tenido una suerte inmensa. La crisis que provocó el EZ-27 en Júpiter nos ha llevado al borde de la quiebra-Lanning se recostó en su asiento satisfecho.

- ¿Cree que podremos sacarle el dinero suficiente para sanear la empresa? Hablamos de varios cientos de millones.

- ¿Dinero? ¡No sea estúpido! Parece mentira que lleve usted tanto tiempo aquí y aun desconozca tantas cosas-Robinson se mostró sorprendido y enfadado ante el tono de Lanning, aunque guardó silencio-Los McKenzie poseen el 57% de las acciones de “Metaline”, una de las empresas metalúrgicas más importantes de los planetas interiores. La satisfactoria resolución de este caso podría abrirnos las puertas para una fusión, estoy seguro.

Robinson pensó en ello, esa fusión sería una auténtica bendición después de los últimos recortes sufridos. Sin embargo, no era tan optimista como Lanning:

- Todo sería perfecto si la doctora Calvin aceptase hacerse cargo del caso. Sinceramente dudo que lo haga.

- Deje eso de mi cuenta.

3

- La mente humana nunca ha sido mi especialidad, Lanning.

- Según los informes que tenemos, el sujeto actúa exactamente igual que un robot obedeciendo estrictamente las tres leyes. Incluso lo ha hecho en casos en los que ha llegado a poner en peligro su propia vida.

 

- No pongo en duda eso, sólo opino que ese hombre está loco y necesita un tratamiento médico, no una revisión robopsicológica.

- Los médicos no han podido hacer nada, ahora sólo depende de usted.

Susan Calvin reflexionó un instante, pero enseguida frunció el entrecejo. La respuesta iba a ser negativa.

- Antes de decir que no, como creo que va a hacer-se apresuró a decir Lanning-debo advertirle que de su respuesta depende la financiación de su proyecto privado.

- ¿Otra vez chantajeándome con el IRID? Le recuerdo que en mi contrato figura…

- Figura, básicamente, que se le proporcionará libertad y apoyo económico, pero todo ello supeditado a la situación económica de “Norteamericana de robots y hombres mecánicos”. La situación es lo bastante grave como para que nos veamos obligados a retirar las subvenciones de investigación que no den beneficio a corto plazo. Además…

- ¡Es suficiente!-cortó Susan- Lo haré. ¿Dónde está?

- En la sala de pruebas principal del ala oeste-respondió Lanning saboreando su pequeño triunfo sobre la obstinada robopsicóloga.

- Muy bien, iré enseguida. Y le aseguro que haré mi trabajo, pero también le aseguro que lo más probable es que no sirva para nada.

Calvin se levantó y se marchó sin mirar a Lanning. Este soltó aire aliviado. Negociar con Susan no era fácil.

4

Susan entró en la sala de pruebas. Aquí solían hacerse las verificaciones de las tres leyes a nuevos modelos o a robots que hubiesen sufrido algún tipo de anomalía en su cerebro positrónico (algo no demasiado usual). Era una sala muy grande y en su mayor parte vacía. Lo único que contenía en aquel momento eran dos sillas, una de las cuales estaba ocupada por su “paciente”. Este se hallaba maniatado a la silla, tal y como Susan había ordenado.

- ¿El señor McKenzie?

- Sí, puede llamarme Peter.

- Bien, yo soy la doctora Calvin.

- He oído hablar de usted. ¿Son necesarias?-preguntó señalando las argollas de sus brazos.

- Lo son.

- ¿Puedo preguntar por qué?

- Lo sabrá en unos segundos.

Susan presionó el botón del mando que llevaba en el bolsillo. El techo se abrió sobre su cabeza y un bloque de gran peso cayó. Inmediatamente y con gran rapidez McKenzie se levantó de la silla rompiendo sus argollas y apartó a Susan de un empujón. El bloque no llegó a caer al suelo pues un rayo salió de la pared y lo empujó a una abertura en el lado opuesto.

- ¿Está usted bien, doctora?

- Sí…por favor, vuelva a su sitio.

- ¿Era una prueba verdad?-preguntó McKenzie mientras se sentaba de nuevo-La primera ley, “todo robot debe preservar la vida humana”.

- Supongo que eso significa que usted como ser humano no hubiera tratado de salvarme.

- ¡Oh! Por supuesto que sí. Aunque los “reflejos robóticos” ayudan.

- ¿Reflejos robóticos?

- Sí, desde que sufro este…trastorno y cada vez que algo me motiva a cumplir una ley, mi cuerpo parece reaccionar por su cuenta. Es una sensación muy extraña.

- Debe de serlo, realmente, pero será mejor que continuemos con las pruebas… Blog sobre salud

5

- No puedo dar una conclusión definitiva al respecto, Lanning. Las pruebas físicas demuestran sin lugar a dudas que es un ser humano.

 

- ¿Y obedece ciegamente las tres leyes?

- Las obedece de manera exacta a como lo haría cualquier robot. Por ejemplo, cuando se le dieron órdenes ambiguas que crearían un equipotencial positrónico o una diferencia de potencial muy baja en uno u otro sentido ha actuado de forma coherente.

- ¿Podría estar fingiendo a pesar de todo?

- No lo creo posible. Ni siquiera un auténtico experto en robopsicología actuaría de manera tan precisa.

- Con lo cual se declara incapaz de curarle…-soltó Lanning mientras sacaba un cigarrillo de su pitillera.

Susan le dedicó una gélida mirada. El cigarrillo cayó al suelo.

- ¿Incapaz? ¿Acaso he dicho tal cosa?-el aire de la sala se hizo pesado para Lanning-¡Por supuesto que no! He ordenado una biopsia de tejido cerebral y un escáner. Los resultados no tardarán.

- Pero McKenzie ya fue sometido a todo tipo de…

- Seguramente los médicos no buscaban lo mismo que yo.

Se oyó el zumbido del timbre. Un mensajero traía el sobre con los resultados. Susan los examinó con calma, incrementando la impaciencia de Lanning. Tras unos largos minutos se atrevió a preguntar:

- ¿Y bien?

Susan levantó la vista del legajo de papeles. A Lanning no le cupo ninguna duda de que había dado con la solución.

6

- ¿Y qué significa eso?

- Significa que su mente ha sido alterada de manera muy sutil. Hemos detectado trazas de un neurotransmisor sintético en las pruebas de tejido, muy similar al que se usa en la corteza cerebral de los robots para provocar sus impulsos positrónicos. Y en una de las resonancias hemos detectado un minúsculo nódulo entre sus hemisferios cerebrales, que podría ser una especie de microchip, según mis primeras impresiones. Es muy probable que los médicos lo hayan pasado por alto dado su pequeño tamaño, ya que en sus pruebas buscaban lesiones cerebrales, no microchips.

- ¿Quién demonios podría haber hecho esto y por qué?

- El porqué es evidente: control. Usted es accionista mayoritario de Metaline, y quien le controla a usted controla el rumbo de la empresa en su beneficio.

- Lo que aun no entiendo es por qué le implantarían las tres leyes, sólo necesitarían la segunda “Un robot debe obedecer las órdenes de un ser humano”-comentó Lanning.

- Eso seguramente implicaría un desequilibrio. Igual que ocurre con un robot, son necesarias las tres leyes para evitar defectos de conjunto. Si hay un experto en robótica tras esto sabría como hacer que Peter sólo cumpliera las órdenes que él le diera, dándoles el énfasis adecuado. Después sólo le ordenaría que no dijese nada al respecto. Y de hecho eso es lo que ha ocurrido.

- ¿Significa eso que McKenzie sabe quien le ha hecho esto y no lo dirá porque se lo han ordenado?-preguntó Lanning perplejo.

- En efecto.

- Se equivoca-negó McKenzie-yo no sé…

- También le han ordenado decir eso-cortó Susan-pero debe saber que si cumple esa orden estará violando la primera ley.

- Yo…no le hago daño a…ningún ser humano.

- Sólo a uno: usted mismo. Con esas mentiras prolonga su estado de robot, lo cual pone su vida en peligro, ya que la arriesga para proteger a los demás, tal y como hizo antes conmigo. Debe decir la verdad y cumplir la primera ley.

- Yo…no…sé-McKenzie estaba temblando apenas capaz de hablar-yo…no puedo…debo proteger…su nombre es Walter Cl…Clayton.

McKenzie cayó al suelo desmayado. Lanning y Susan lo levantaron y lo tendieron en una camilla.

- ¿Seguro que esto era necesario? La intervención quirúrgica…

- El chip está interconectado con su red neuronal y la operación probablemente lo convertiría en un idiota babeante. Esta terapia de choque inutilizará el chip sin causarle daños permanentes.

Lanning frunció el ceño, pero sabía que la mejor postura sería esperar. Al fin y al cabo si algo salía mal la culpa no sería suya. Usó el intercomunicador para pedir una ambulancia.

- Y ese Clayton es…

- Fue el cabeza de turco de la crisis del EZ-27. Se le responsabilizó por haber modificado ligeramente las leyes en los robots de ese modelo para adaptarlos mejor a su trabajo. Algo que fue sugerido por ese inepto subordinado suyo llamado Robinson.

- Y él aceptó hacerlo. Pero ahorrémonos la discusión. Al parecer se ha buscado un nuevo trabajo, aunque seguramente no actuará sólo. Informaré a las autoridades. Usted acompañe a McKenzie al hospital.

- Como quiera.

7

Susan acudió a la habitación de McKenzie en cuanto este hubo despertado:

- ¿Qué tal se siente?-preguntó Susan.

- Yo…estoy algo mareado. ¿Qué ha pasado? Me siento…distinto.

- No se preocupe, todo ha terminado. Está usted en un hospital, y se le ha realizado un chequeo neuronal que ha dado resultados normales. El doctor Clayton ha sido detenido, al igual que algunos miembros de la junta directiva de Metaline, y usted ha vuelto a su antigua…humanidad.

- ¡Oh, gracias a Dios! ¡La pesadilla ha terminado! ¡Malditos robots con sus estúpidas leyes, casi me vuelvo loco!

Susan guardó silencio, aunque sus puños apretados reflejaban cierta tensión.

- Lanning quiere hablar con usted. Será mejor que les deje a solas.

- ¿Qué? Sí, claro que pase. Si ya estoy curado preferiría no tener más contactos con la robopsicología y olvidar el asunto cuanto antes. Puede dirigirse a las oficinas de mi empresa para recibir sus honorarios.

- Claro.

Susan salió y se topó con Lanning.

- Espero que consiga su fusión, Lanning.

- Yo también lo espero-hubo un incómodo silencio-la noto algo más…decaída de lo habitual.

- Estoy bien. Si me necesita estaré en el laboratorio.

Lanning la observó mientras se alejaba. Sacudió la cabeza y entró en la habitación de McKenzie.

Susan se dirigió al elevador. Un robot le abrió la puerta y oprimió el botón de la planta baja. Mientras bajaba reflexionó sobre la resolución del caso. El McKenzie humano…para ella era peor que el McKenzie robot. A veces deseaba que todo el mundo conservara un poco de sensibilidad robótica para variar.

FIN

El Autor de este relato fué Alberto , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=4603&cat=craneo (ahora offline)

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Nota: Este relato está basado en el mundo creado por Isaac Asimov para sus relatos sobre robots. ¿ROBOT? ¿ROBOT?

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2021-08-13

 

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