Relatos cortos terror vampiros Lamentos de la no-muerte.

 

 

 

Luna, ven esta noche, abrígame, oh mi amada, pues tu nunca me olvidas y más antigua eres que cualquier otro amor mío, tan mortales... tan finitos... tan palpables... Sólo tu, oh, mi diosa, eres digna de amar. Y cuando te veo lloro, lloro solo aquí abajo, atrapado en tierra, rogando ser correspondido por tu luz, lágrimas que caen a las mías pese al levitar de su fuente. Te amo, ven a mí, abandona tu astral vacío y alivia tus penas conmigo, pues compartimos el mismo deseo y el mismo dolor. Pero es el nuestro, quizá, un amor prohibido entre diosa y súbdito, sólo limitado a la lejanía: mi Tierra y tu Cielo, nuestras lágrimas, tu belleza y mis versos. Inunda mi seca existencia con tu cauce inmortal, pues anhelo la eternidad que me tienta el mar, alívieme la sed tal salino manantial, hijo de mi Dama, heredero de su irradiar. Mi amor, derrite el horizonte que oculta tu sublimidad. Éte allí, magistral ante mí, tan fría, tan irrisórea... que belleza... No vueles tan deprisa amor mío, no vueles tanto, que se hace una eternidad el tiempo que no te veo. Susúrrame tus besos, perfila mi mirada con tu plata. Eres mi eternidad, mi sóla existencia, mi ser, el núcleo vivo de mi alma y mi perecer. Helada, gélidamente toscada en las capas altas de un ayer, ayer inmortal de frío fuego, blanco, intáctil, indoloro, sedante. Acógeme en tu manto, oh mi amada, pues te lo imploro en tu alza. Quiébrese otra vez mi alma por ti como tantas veces lo hizo ya mi corazón, pues ahora imploro un adiós de la Tierra, la bienvenida de tu seno, imploro el recreo que es tu rostro. Oh, arrástrame a lo largo de todas las tierras toscas y grises de este baldío cementerio terrenal, sólo para luego elevarme hasta tu descanso inmortal. Amor mío, te deseo; amor mío, vuelva tu cauce a mis ojos en lágrimas titilantes, blancas bajo mi pálida manta corporal, similar quizás a tu escudo de Aya, fortaleza abismal; pereceré quizás allá en tus cañones, donde caeré a la paz. Amor mío, cuanto te amo, sólo tu eres mi vida, pues verte a ti es ver el ojo de mi destino, la meta lejana de mi seguir, vuelva a mí ésa tu mirada. Lloro, lloro, y es que lloro tu belleza, lloro, oh, mi diosa, colosal Venus, por ti lloro. No despidas llanto por mí, no despidas la noche sólo porque no te véa, no despidas la paz que evocas, no, no... no, esta serenidad no rompas. Levitas sobre una cornisa de piedras fundidas, secas, tan veloz... ¿Tanto cuesta tu mirar? ¿Tan nimio precio he pagado? No me abandones, que sólo contigo me siento enamorado, no me abandones, acúname en tu regazo, que mis ojos se hacen sangre al despego de tus brazos. No caigas, mi amor, no caigas tan veloz, que sólo la mitad tulla veo. No caigas sobre esta vasta soledad, no, gira hacia el horizonte, cumple la eternidad, recorre esta infinidad que sólo tu conoces y regresa a mí, regresa a mí. Sólo eres un rallo ahora, blanco calor que espina mi médula; y las haladas celestes viajan sobre ti cual estela de un cometa, avanzando a su destino, el Sol, y que es el tullo. Os amo, mi señora, mi virgen luz astral. No perezcas aún, no, no... que arrastras mi corazón a los abismos; no, no me ancles en el inframundo, no, pues la noche es lejana y lejano tu observar desde cerrado abismo infernal. No perezcas, pues perezco yo, estoy ligado a tu destino, pues tu abrazo pálido y frío es mi soledad compañía; soledad, si, y vacío, por seguir vivo y ser eterno tu adiós. Adiós, ahora débil estrella, adiós, soñaré a tu vera. Blog sobre salud

 

¿A qué temes? No a la vida, creo; perdido la as. Mas entonces... ¿Cuál es tu sino en Tierra, inerte espectro? ¿Qué buscas en tu vedada prisión? No a mí, que me distancia el vacío. No al destino, pues encontrado te ha. Sólo al pasado, quizás. Sólo a la vida; lejos, lejos ahora y por siempre estará. ¿A qué temes? A verte muerto, será.

Un ángel encadenó sus alas al mar, anclándose en la profundidad. En su undir extendiome la llave de su condena mas no rogó libertad. Vertí lágrimas en ella y se disolvió a mi observar. El océano lloró al cielo y descubrió al no-muerto, mortal.

El Autor de este relato fué Lestat , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=5636 (ahora offline)

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Luna, ven esta noche, abrígame, oh mi amada, pues tu nunca me olvidas y más antigua eres que cualquier otro amor mío, tan mortales... tan finitos... tan pal

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2020-07-10

 

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