Relatos cortos eroticos Desvirgaciones Esas niñas-II

 

 

 

Como ya había contado en mi anterior relato, aún me quedaban muchas experiencias por vivir con mis alumnas.

Así fue que el día lunes al verlas ellas me saludaron con alegría extrema. El secreto que guardábamos era algo que nos unía más de lo que pensé alguna vez. Ellas prometieron tantear a sus amigas y saber si estarían dispuesta a la experiencia.

A la hora de salida se me acercaron Carla y Alexandra.

- Hola, profe.- dijeron las dos niñas.

- Hola, pequeñas.- contesté. Y díganme, ¿qué paso con sus amigas?

- Pues, que si supiera cómo se pusieron.- dijo Carla. Estaban animadas por probarlo como nosotras, profe.

- Sí, profe de verdad.- agregó Alexita. Nosotras les contábamos y ellas se interesaban más.

 

- Vaya, que buena noticia.- contesté sorprendido sabiendo lo que me esperaba. Y entonces, están dispuestas.

- Así es profe.- dijo Alexita. Y les dijimos que le diríamos a usted y saber que nos dice.

- Está bien pequeñas.- contesté. Bueno ya mañana les dicen que quiero hablar con ellas.

- Ya profe.- contestó Carla.

Luego de una pequeña charla, ellas se retiraron a sus casas.

Al día siguiente las cinco niñas se me acercaron a la hora del recreo para conversar sobre lo que les contaron sus amigas.

- Hola profe.- dijo Carla.

- Hola chicas.- contesté saludando a todas.

- Bueno, aquí estamos profe.- dijo Alexita mirando a sus amigas.

- ¿Cómo estás Valeria? y tú, Fátima; y tú, Olenka?- pregunté sonriendo.

- Muy bien profe.- contestaron sonrojadas.

- Así que ya saben que pasó el sábado con ellas.- dije señalando a sus dos amigas.

- Sí, profe, si lo sabemos.- contestó Fátima.

- ¿Y?- pregunté tanteando su respuesta.

- Pues, que nosotras también queremos saber más del sexo.- dijo Valeria mientras Olenka asentía con la cabeza.

- Me alegro, chicas que estén tan dispuestas para aprender.- dije mirando a cada una de ellas. Y creo que el día tendrá que ser el próximo sábado.

- ¿Por qué profe?- preguntó Valeria.

- Pues, porque como están libres disponen más de tiempo.- respondí seguro de mi punto de vista.

- Claro, profe, tiene razón.- contestó Fátima mirando a sus amigas.

- Bueno, entonces ¿quedamos así chicas?- pregunté.

- Sí, profe, entonces el sábado.- contestó Fátima.

Los días de la semana se me hicieron los más largos de toda mi vida por esperar que llegara el día señalado. Esos días fue de coqueteos por parte de mis alumnas que se divertían con los besos volados y guiños que me regalaban en los recreos y salidas.

Y así, fue que llegó el sábado con su calor que saturaba los sentidos. Las niñas llegaron con una pequeña demora pero estaban completas no faltaba ninguna, ellas se mostraban como una divertida y colorida colección de pantalones, minifaldas y shorts que hacían resaltar más sus cuerpos infantiles, no demoramos en dirigirnos a mi cuarto.

Sus risas y miradas cómplices volvían a invadir el ambiente, pero esta vez ya no había demasiado porque preocuparse, ellas estaban ahí dispuestas para aprender como las mejores alumnas ante su profesor de sexo.

- Y chicas locas, ya estamos aquí.- dije tratando de romper el silencio.

- Así es profe.- dijo Carla.

- Y bueno, creo ya sabemos por qué están aquí, ¿cierto?- pregunté mirando a las nuevas niñas.

 

- Sí, profe.- dijo Fátima mirando a sus amigas.

- Entonces, que les parece si vamos al cuarto.- dije señalando por donde debían ir.

Las niñas me siguieron haciendo fila india, no sin soltar risitas escondidas y jugetonas. Lo primero que hice fue cerrar la puerta del cuarto y decirles que se sentaran en la cama. Nuestras miradas se cruzaban con la sapiencia de quien conoce su destino o al menos lo que pasaría ese día. No demoré y mi pantalón fue a parar al suelo dejando que las niñas vieran mi abultado miembro tratando de escapar del boxer.

- Asuuuuu.- susurró Olenka acercándose para observarlo mejor.

- Y, ¿qué les parece chicas?- pregunté sacando las caderas hacia adelante.

- Qué grande se le ve, profe.- dijo Fátima. Es muy grandota.

- Sí, está grandazo.- agregó Valeria sorprendida mirando a Carla y Alexandra que sonreían cómplices.

- Carlita, ven por favor.- dije alargando mi mano para sostener la suya y dirigirla hacia mi paquete.

Ella lo empezó a sobar con cierta destreza y mi animal respondió ante los cariños de la niña incrementando su tamaño. Este aumento genital no pasó desapercibido para sus compañeras quienes lanzabas exclamaciones de admiración ante lo que veían. Luego me acerqué al oído de Carla susurrándole algo y ella obedeció a mi indicación, a continuación sus manos hábiles dejaban al aire libre mi negra verga y huevotes. Las chicas se mostraron mucho más sorprendidas con las inmensas proporciones de mi garrote que ya drenaba fluidos en espera de boquitas sedientas de su néctar. Su amiga hacía esfuerzos por cubrir con ambas manos la fiera que se le escapaba pero era inútil, el animal en cuestión era demasiado grande para ella.

Fátima fue la primera en dar señales de vida y miraba obnubilada el tremendo pedazo de vergón que se bamboleada en sus narices, ella levantó la vista hasta mí y pude notar que deseaba tocarlo. No dije ni una palabra tan sólo asentí con la cabeza dándole a entender que podía hacer lo que quisiera. Sus manitos frías tomaron mi trozo de carne y sus labios se deslizaban sobre mi cabezota y a los lados del tronco, sus amigas observaban como me atacaba la verga y logrando dejármelo erecto y venoso. Ella me daba una mamada de la gloria y no podía creer que una niña de tan sólo 11 años pudiera ser capaz de tamaña hazaña, no había dudas, esta mocosa era una mamadora por naturaleza.

Después de un rato más de dejarla disfrutar de su mamadera de carne, se la retiré a pesar de las muestras de queja que me puso con su carita de enojada. Y la ofrecía a la siguiente que desearía saborear la verga de un macho por primera vez. Para mi sorpresa, no fue una la que se acercó, sino las dos restantes, osea Valeria y Olenka. Se acomodaron de tal forma que cada una quedó a un lado de mi ensalivado pene, sus manitos empezaron a estirar la piel hacía adelante y atrás, con fuerza dejando que mi glande se pusiera morado y saltón, yo sostenía a cada una de los cabellos y sin decir nada acerqué a la fuerza a Olenka lo suficiente para que mi vergota le rozara los labios, ella no se hizo de rogar y de un buen bocado se tragaba mi cabezota.

El esfuerzo que hacía era halagador pues se notaba en su carita roja que mi trozo de carne era demasiado desproporcionado para su boca de 12 años y aún para una adulta. Poco a poco, se fue habituando al inmenso grosor y mi verga se hundía centímetro a centímetro en su cogote. Sus amigas estaban sorprendidas de ver como podía aguantar tremendo vergón, y no era para menos hasta yo me sorprendí de lo buena tragadora que era esta delicia de niña. La dejé que disfrutara de su plátano bellaco unos momentos más para luego retirarla y darle pase a Valeria, quien estaba muda pero con la cara roja de excitación.

 

- Te toca, Valeria.- dije acercándole mi garrote goteando de saliva de niña.

Sus manitos empezaron a repetir el mismo acto que había visto realizar a su amiga, mi animal parecía cobrar vida propia y con sus movimientos parecía hipnotizar a mi alumna. Su boca tanteo el grosor de mi manzana que parecía a punto de estallar, y sus labios se tuvieron que abrir al máximo para dejar paso a tamaña brutalidad. Su respiración era complicada y su saliva se deslizaba por el tronco de mi pene. Nunca antes vi a unas niñas tan deseosas de satisfacer y cumplir con tanto apetito mis gustos. Retiré mi trozo y le ofrecí mis huevos que brincaban pidiendo labios inocentes de infante, Valeria los lamía y chupaba como si se tratara de dos pepas de mango. Disfruté unos 5 minutos de su golosa manera de mamar para luego retirarle el objeto de su afecto.

Mi cuerpo estaba caliente y sudoroso, y por lo que vi, mis alumnas no eran menos. Carla y Alexandra como tomando la iniciativa de su experiencia pasada, se fueron despojando de sus ropitas, las demás miraban absortas sin saber a ciencia cierta que hacer o decir.

- Qué lindas, mis chicas, ya se están desnudando.- dije alentándolas.

- Sí, profe, para que vean ellas como es.- dijo Alexandra terminando de quitarse el calzoncito rosado que portaba.

- Es que ellas no saben pues profe.- agregó Carlita quien totalmente desnuda se echaba en la cama.

- Claro, eso lo entiendo.- dije despojándome de mi ya escasa ropa.

Los tres estábamos acostados en la cama acariciando nuestros cuerpos ante la mirada indecisa de sus amigas.

- Vengan, únanse a nosotros.- dije casi ordenando. Estados para Whatsapp

- Sí, vengan.- dijo Carla llamándolas con la mano.

- Vamos, amigas, ¿para eso han venido?- argulló Alexita.

Lentamente Valeria, Fátima y Olenka se fueron quitando sus polos, faldas, shorts y demás vestimenta hasta quedar completamente como Dios las trajo al mundo. El espectáculo era único y maravilloso, y el afortunado de esas mini bellezas era yo. Alexita y Carla les hicieron campo en la cama y se bajaron de ella permitiendo que me quedara con sus amigas. Yo estaba echado boca arriba y mi pene dormía sobre mi abdomen, las niñas no demoraron y cada una fue jugando con mi vergón dándole suaves palmaditas como queriendo despertar al dormilón. Como al inicio se mostraron sorprendidas por el inmenso tamaño que alcanzaba mi órgano que goteaba por su ojito esencia masculina. Cada una se dio un turno para disfrutar con sus labios del salchichón que las seducía. Ordené a Valeria que me diera de comer su vaginita, y sin entender aún, para que hacía eso, puso sobre mi rostro su deliciosa abertura. Así, ambos ahora gozábamos de un sabroso 69 que valgan verdades tomó por sorpresa a la mocosa quien soltaba risitas jocosas.

- ¿A ti también te da cosquillas?- pregunté curioso sin dejar de frotar su clítoris.

- Sí, profe, ¿Cómo sabe?- inquirió mirándome entre el espacio interior que dejaba su cuerpo y el mío.

 

- Pues, porque así también le pasó a Carla y Alexandra.- contesté siguiendo con mis lamidas.

- Ahhh, con razón.- dijo riendo.

- Vaya, tienes unos vellitos.- dije tocándoselos.

- Sí, profe pero son muy chiquitos aún.- respondió.

Después de disfrutar de sus juguitos vaginales, tomé del brazo a Olenka instándola a tomar el lugar de su amiga. Una vez acomodados volvía a disfrutar de los interioridades virginales de otra niña, que como las anteriores ya empezaba a presentar unos diminutos pelillos que formarían su futura pelambrera púbica. Mi lengua se revolvía en el laberinto de sus pliegues, sin dejar de chupar su clítoris como tierno pezón. Ella se entretenía lamiendo mi verga desde la base de los huevos hasta llegar a la cabezota.

El calor hacía efecto en las niñas quienes se echaban aire con las manos, no tuve más remedio que indicarles que fueran a la cocina y se sirvieran de la gaseosa que tenía guardada. Para esto yo ya tenía debajo a Fátima, que una vez más mostraba su pericia como mamadora por naturaleza. Ella era la más pequeña del grupo, más en contextura que en edad, pues todas están entre los 11 y 12 años, su cuerpo menudito se movía al sentir las ya conocidas cosquillas que mi lengua le producían a su tierno clítoris. De verdad que lamer el clítoris de una infante es toda una delicia digna de las mejores mesas, por hacer una comparación con la comida.

Sin querer, mi lengua se fue a posar en su anito y ella sintió el cambio.

- ¿Qué pasó profe?- preguntó curiosa.

- Nada pequeña, nada, sigamos, ya después te explico bien que pasó.- respondí atacando su ano que se distendía antes mis lengüetazos.

Mientras Fátima y yo estábamos enfrascados en un 69 monumental, sus amigas estaban bebiendo gaseosa sentadas alrededor nuestro; cuando me percaté de esto, no pude evitar una sonrisa dirigida a Carlita, la más preciosa de mis alumnas, la reinita de todo su salón, aunque claro está, que nunca manifesté mi predilección delante de las demás pues suponía que los celos se harían presentes en ellas, por obtener los halagos de su semental.

Al poco rato, yo era quien refrescaba la garganta con una gaseosa mientras ellas me observaban para continuar con sus lecciones. Que vacaciones útiles ni nada, lo que pasaba en el cuarto era prácticamente una orgía de lujo.

- Bueno, pequeñas es hora de seguir.- dije señalando a Fátima quien se acercó sonriendo.

- Sí profe, ¿qué sigue?- preguntó inocente y aún virginal.

- Pues, vamos a realizar el coito.- respondí.

- Uhmm, eso que hizo con Carla y Ale, ¿cierto?- inquirió curiosa.

- Así es mi muñeca preciosa.- respondí mientras la acomodaba abierta de piernitas. Vamos a meter mi verga en tu vaginita.

- ¿Y todo me va a meter, profe?- preguntó medio asustada por el gran tamaño que amenazaba con penetrarla.

- No, sólo hasta donde tú puedas aguantar.- contesté.

- Aya, profe, esta bien.- dijo ella sonriendo.

Ante mí se me ofrecía la tercera niña con quien tendría sexo, mi trozo de carne babeaba sobre su estómago esperando que lo guiará hasta la entrada que tanto ansiaba. Mis dedos embadurnaron mi cabezota y la entrada de su orificio, poco a poco fui empujando el manzanón abriendo por completo sus paredes vaginales, ella ponía carita de dolor al comprobar en carne propia las monstruosas proporciones de mi animal, que voraz iba adentrándose cada vez más en las entrañas de la niña. Verla así, con las piernitas abiertas y recibiendo mi pedazote de carne negra, no podía entender como podía aguantar el grosor que lucía desproporcionado en su chuchita infantil. ¡Tenía tan sólo 11 añitos! pero como ya dije antes sobre su facilidad para mamarme la verga, esta niña era el paquete completo pues le dejaba ir gran parte de mi embutido dentro y ella resistía como la mejor hembra, definitivamente era una niña hecha para hacer gozar al hombre con el que estuviera, su habilidad era innata, eso estaba en sus genes. Increíble.

 

- Bien mamita, aguantas muy bien.- dije empujando hasta sentir el pliegue de su himen que me detenía.

- De verdad, profe.- gimió sintiendo mi tamaño.

- Es cierto Fátima.- agregó Carlita. Tú estás aguantando más que nosotras dos.

- Aja.- dijo Alexita.

- Creo que a ti si te la voy a meter toda.- dije midiendo sus deseos.

- Si usted cree que puedo, profe.- dijo ella.

Como con sus amigas antes, logré echarme encima de ella y la abrasé; mi verga estaba incrustada hasta la mitad y sólo esperaba que sus paredes vaginales se habituaran a mi abusivo tamaño genital. Gotitas de sudor resbalaban por su frente mojando su cabello castaño, mi ojos se posaron sobre los de ella y mi trozote de carne se le fue completo hasta adentro. Fátima, soltó un grito desgarrador y la exvirgen temblaba debajo de mi cuerpo. Sus ojos estaban inundados en lágrimas pero yo ya no podía retroceder ni lo deseaba, no me detendría hasta terminar.

Volví a sacar unos 8 ó 9 centímetros cuando volví a empujar hasta incrustarla en su totalidad, cuan larga y gruesa era, mi vergón venoso y negro, rellenaba enteramente su vaginita. Y no miento que hasta sentía tocar con la punta del glande su útero, sin embargo, esto me excitó mucho más y mis movimientos se hicieron más frecuentes y rápidos. Ella lloraba descontrolada por mis arremetidas pero no decía nada, y eso era lo extraño.

- Profe, sáquesela, le duele, le duele.- gritaba Carlita al ver que su amiga era un mar de lágrimas.

- Sí profe, usted es muy grande para ella.- dijo Alexita.

- Pero sí ella no dice nada.- contesté sin detener mi embestida.

- ¿Te duele, Fátima?- preguntó Carla sin obtener respuesta alguna.

- Dinos pues, ¿te duele o no?- inquirió ahora Alexita.

- Ya ven que no dice nada.- dije yo. Yo me detengo sólo si ella me lo pide.

Al no haber respuesta por parte de la niña, sus amigas no insistieron y me dejaron hacer a mi regalado gusto con ella. Casi podía sentir como Fátima se derretía en mis brazos, el coito era rápido y bestial, que buena era esta niña para aparearse y con tan sólo sus 11 añitos como garantía. Mi verga se deslizaba forrada por los flujos que emanaba de su conchita rosadita y que mojaban la sábana pero eso era lo de menos, lo único que yo deseaba era disfrutar al máximo. Estuvimos cerca de media hora copulando cuando empecé a sentir el llamado de mi corrida, así fue que en segundos vacíe toda mi carga de leche en su matriz de niña. Ella al fin sonreía, y me daba besitos en la cara, feliz de saberse ya una mujer, gracias a mí.

- Y, ¿te gustó?- pregunté.

- Muchísimo, profe.- dijo ella extasiada.

- Pero, ¿no te dolió?- volví a preguntar.

- Sí, profe pero sentía algo tan rico.- dijo. Que se me subía por la espalda hasta el cuello.

- Uhmm, ¿qué más?- insistí curioso.

- Y pues, que sentí así como muy rico, mucho muy rico.- respondió entusiasmada.

Ya me percataba de lo que ocurrió, la pequeña Fátima había sentido las delicias de su primer orgasmo. Y eso sería el gancho que necesitaba para que me siguiera buscando más adelante.

El Autor de este relato fué Miguel , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=11405&cat=craneo (ahora offline)

Relatos cortos eroticos Desvirgaciones Esas niñas-II

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Como ya había contado en mi anterior relato, aún me quedaban muchas experiencias por vivir con mis alumnas.

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2024-05-18

 

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