Relatos cortos eroticos Desvirgaciones Mi primo Juan

 

 

 

En el verano, marchamos mis padres y yo de vacaciones a Bilbao, donde vive la hermana de mi padre y la familia de ésta. Hacía cinco años que no íbamos ni los veíamos, por lo que teníamos muchas ganas de ver cómo había cambiado todo.

Siete horas más tarde, llegamos a nuestro destino. En la puerta de su casa, nos esperaba mi tía Carlota, su marido y sus hijos.

Yo no me acordaba ya de nadie, y desde entonces mi vida y mi cuerpo habían cambiado muchísimo, aunque aún no hubiera experimentado con éste último.

Durante la comida, me enteré de que los dos niños gemelos de tres años que corrían por el jardín no eran los dos únicos hijos de mi tía, también estaba Juan, su hijo mayor, que tenia 21 años y estaba estudiando en San Sebastián, y no iba a volver hasta diez días después, por lo que no lo íbamos a ver.

 

Así que yo dormí en el cuarto de mi primo Juan: preciosa habitación de estudiante con cama de matrimonio. "Menuda casa que tienen mis tíos!" pensé, y me quedé dormida.

Sobre la media noche, sentí que la luz se encendía y que alguien se sentaba en la cama. Al abrir los ojos, vi a un chico moreno, con unas gafas muy finas, y una enorme sonrisa blanca. “Tú debes de ser Isabel, ¿no?” y yo, extasiada por su sonrisa, asentí torpemente con la cabeza. “Bueno- dijo- pues te dejo tranquila por ahora. Acabo de llegar de una fiesta, y quiero pegarme un buen baño”.

No me pude quedar dormida por la atracción física que acababa de sentir. Algo después, la luz se volvió a encender: era Juan en busca de ropa, y lo único que llevaba encima era una toalla alrededor de su cintura. Ya me había parecido la primera vez que lo vi, pero hasta entonces no me quedó claro: el cuerpo moreno y duro de mi primo me provocaba una sensación nueva: me excitaba. Su expresión al verme indicaba que no recordaba que yo estuviera allí.

“Perdona! Por un momento olvidé que estabas aquí... Sólo quiero coger la ropa y me voy a dormir al sofá, no te preocupes”

Quizás fue mi mirada, o quizás fue que él también sintió ese ardor al verme, en pleno verano, tan sólo con unas braguitas blancas. Se quedó mirando mis piernas un momento, como si hubiera salido de su cuerpo. Un segundo después, me miró a los ojos... y los dos nos dijimos en aquella mirada lo que queríamos. Se acercó a mi, firme, y se sentó a mi lado en la cama. Me apartó mi pelo lacio de la cara, y me dio un suave beso en los labios. No le hizo falta asegurarse verbalmente de que yo quería aquello: me di la vuelta hacia él, dejando a la vista mis jóvenes senos, y le abracé. Le besé por toda la cara, como si algo más allá de mi me guiara. Y le besé, una y otra vez, sus labios. Cuando me di cuenta, estaba sentada encima de él, a horcajadas, y él tenia en sus manos mis senos, y los miraba como si jamás antes hubiera visto algunos. Fue entonces cuando noté algo debajo de mí, así que liberé su pene de aquella toalla, mientras él me quitaba mis braguitas aún de niña. Calefactor electrico

Me tumbó en la cama, y me empezó a besar todo el cuerpo, hasta llegar a mi pubis. Separó suavemente mis piernas, mientras me miraba y sonreía.

En un segundo todo mi mundo se concentró en aquel punto que más tarde supe que se llamaba “clítoris”, jamás, a mi joven edad, había sentido nada igual. Sentí tal placer que los gemidos salieron solos de mi garganta, así que él paró de golpe, y me tapó la boca, fueran a sentirme el resto de la familia. Sonreímos, pues todo iba bien: la calma seguía en la casa. Volví a besarle para no perder aquel momento sólo nuestro, y volví a sentir cerca su pene firme, esperando actuar. Así que de nuevo, me senté a horcajadas encima de él, y poco después lo sentí dentro de mi. No hubo lugar para el dolor, pues sólo sentí placer, cuando con sus manos puestas en mis caderas movía todo mi cuerpo a su antojo.

Me desperté por la mañana, y en la habitación no había nadie más. Pensé que quizás había sido sólo un sueño, pero entonces vi la toalla tirada en el suelo. Recogí todo lo mejor que pude, me duché, y bajé a desayunar: me moría de ganas de verlo. Sin embargo, no estaba, y no hablaban de él. Estaba claro que no sabían de su visita, al parecer se marchó en cuanto que yo me quedé dormida.

Hace cinco años de todo aquello, y en todo este tiempo no he vuelto a ver a mi primo. Hoy salgo hacia Bilbao con mis padres, como es ya costumbre. Me muero de ganas de volver a ver a mi primo Juan.

El Autor de este relato fué Zoe , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=709&cat=craneo (ahora offline)

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2020-05-14

 

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