Relatos cortos eroticos Dominación Mi marido = Mi esclavo

 

 

 

Esta historia es completamente verídica, y describe en realidad como es mi vida en la actualidad. Me llamo Isabel, tengo 29 años y llevo 4 años casada con Roberto, de 33 años. Rober es un chico timorato y con poco carácter, ideal para mis gustos y mi forma de ser. Siempre he sentido atracción por dominar a los hombres y llevar yo las riendas en todo. Por eso me casé con él. Tengo la suerte de tener un cuerpo muy opulento: morena, caderas bien torneadas y unas piernas que en verano vuelven locos a los hombres. Roberto es muy delgado, mide 1\'75, tiene ya poco pelo y utiliza gafas para corregir su miopía.

Ya en nuestros años de noviazgo disfrutaba dominándolo y noté que a él también le excitaba esto. Yo siempre tomaba las decisiones y en el terreno sexual llevaba yo la iniciativa, dándole órdenes constantemente que él obedecía sin rechistar. En ocasiones le ordenaba desnudarse, y que luego me quitara mi falda y mis bragas. Después me sentaba cómodamente en un sillón, y él debía lamerme el coño de la forma que le indicara y todo el tiempo que yo quisiera. Otras veces le ordenaba tumbarse boca arriba en el suelo y yo me sentaba en su cara para que me lamiera. A veces le permitía penetrarme para terminar los dos, otras veces acababa yo sola y le ordenaba aguantarse hasta la próxima vez. Rara vez se corría sin mi permiso, mientras me chupaba el coño, y entonces yo le abofeteaba y le obligaba a chupar todo el semen, y seguir después con su tarea.

 

Por supuesto una vez casados, las cosas han ido a mayores. Los dos trabajamos fuera de casa y desde el principio quedó claro que él debía encargarse de las tareas domésticas, algo que hace gustoso por lo que le excita sentirse humillado por mí. Para que haga las tareas más contento, le motivo de varias maneras. Por ejemplo, a veces debe recoger la mesa y fregar los platos solo vestido con un mandil, unas zapatillas, y unas bragas sucias mías en su boca. Otras le hago fregar el suelo de toda la casa de rodillas, con cubo y bayeta (en ocasiones con un plumero asomando de su culo), mientras yo le doy alguna patada que otra.

Cuando cogemos un dvd del video club, si me aburro le ordeno arrodillarse delante del sofá para lamerme los pies, las piernas, el coño, según me apetezca.

También le excita mucho que le meta en el culo algún objeto (pepino, plátano, vibrador) que le ponga unas bragas mías en su cara y que de esta manera me pasee tranquilamente por toda la casa.

Desde hace dos año empezamos a probar otro juego más humillante aún. Tenemos una silla con un agujero en el asiento, que fabricó él mismo bajo mi supervisión. Él se tumba boca arriba en el suelo del cuarto de baño, y le ato los tobillos entre sí, y los brazos al cuerpo. También le ato sus partes con algún lazo. Entonces le dejo allí un buen rato hasta que me entran ganas de hacer pis, y poniéndole un embudo en la boca lo hago como podéis imaginar. Lo complemento burlándome de él, insultándole (marica, comemierda) y dándole tironcitos del lazo

Con el paso del tiempo, no tardamos en llegar a mayores cotas de sumisión y empecé también a hacer mis cacas sobre su boca de la misma forma. Cuando termino le limpio bien la cara con papel, para que me limpie bien el culo con la lengua. Además cuando rebosa algo le obligo a limpiarlo más tarde con su lengua mientras le pateo el culo, por haberlo dejado caer. Esto supone la mayor humillación y excitación para mi pobre marido.

 

Desde la infancia tengo 3 íntimas amigas, todas casadas actualmente (aunque con hábitos \"normales\" en su matrimonio), una de ellas se casó hace sólo 2 semanas como contaré después, y desde hace ya casi un año empecé a invitarlas a mi casa algunos sábados a la hora del café, para que comprobaran el grado de sometimiento en el que tengo a Rober, pues no se lo terminaban de creer. Él me suplicó que no le hiciera esto porque le daba una vergüenza terrible pero como siempre que se me mete algo en la cabeza, no le ha quedado más remedio que aceptarlo. En estas sobremesas, mis amigas comprueban divertidas, como nos sirve, recoge todo y nos atiende como le ordenamos. Un sábado que bebimos algunos chupitos de más, nos desnudamos de cintura para abajo y a Roberto le tocó darnos placer con la lengua, a una después de otra, mientras le insultábamos y nos burlábamos de él. También nos da paseos por toda la casa sobre su lomo, caminando a cuatro patas, siempre que alguna de nosotras se lo ordene. Todos sobre el antiguo egipto

Pero lo mejor ocurrió hace 3 semanas, en la despedida de soltero de Paco, el actual marido de Ana. Mi marido debía acudir también a esta despedida pero le obligué a excusarse contando que tenía gastroenteritis. La despedida de soltera de Ana la hicimos en mi casa. Fue una fiesta que nunca olvidaremos, en especial Roberto, je,je. Le tuvimos desnudo toda la noche sirviéndonos la cena (que él solito preparó), mientras nosotras le dábamos pellizcos y nos burlábamos de él. Después nos sirvió bebidas hasta que le dispuse en el cuarto de baño del modo que ya he narrado. Comenté que el pobre Roberto no había tomado nada desde el mediodía, con lo cual se encontraba sediento y hambriento. Mis amigas no salían de su asombro, pues esto no se lo imaginaban. Cerré el cuarto de baño, nos fuimos al salón a seguir con las bebidas y nuestra tertulia, y entendieron que podían utilizar a Roberto para TODAS sus necesidades.

Descubría que la amiga que más se divierte con esto y que ha resultado ser casi tan cruel como yo es Sandra. Cada vez que iba ella al baño, oíamos los golpes y lamentos de roberto. Una de las veces en que roberto más se quejaba oímos las sonoras carcajadas de Sandra que no paraba de reír. No aguantamos la curiosidad y fuimos a abrir la puerta. Allí estaba ella, con las bragas aún bajadas y metiendo fuertemente la escobilla del baño en la boca de roberto, que balbuceaba con la cara llena de mierda.

Cuando ya se iban a ir a casa decidimos desatar a Roberto, quitarle la silla-retrete de encima, y a cuatro patas le estuvimos jaleando hasta que dejó el suelo del baño limpio como una patena. Le dejamos que evacuara en la taza, y después le llevamos a mi dormitorio. Allí le atamos en la cama boca arriba y le pusimos un consolador en la boca, para que lo sujetara con los dientes. Sandra y después yo nos corrimos sentándonos en su cara, con el consolador dentro. Ana y Olga prefirieron quitarle el consolador y se sentaron en su cara para que las chupara hasta correrse.

Como podéis imaginar esa noche fue muy larga y el pobre Roberto tuvo que ver de cerca muchos traseros femeninos ese día. Al día siguiente, domingo, pasó buena parte de la mañana recogiendo y limpiando toda la casa, mientras yo navegaba por internet. Así ya sabe cual es su lugar en la vida a partir de ahora, y las sobremesas y fiestas que le esperan de ahora en adelante

El Autor de este relato fué AMA ISABEL , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=1373&cat=craneo (ahora offline)

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Esta historia es completamente verídica, y describe en realidad como es mi vida en la actualidad. Me llamo Isabel, tengo 29 años y llevo 4 años casada con R

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2021-03-21

 

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