Relatos cortos eroticos Fantasías Eroticas Querido diario II

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Querido diario: no fué a la mañana siguiente, pero he vuelto a tener otro encuentro con mi casero.

Como voy mal en matemáticas, mi madre se ha empeñado en buscarme un profesor que me de clases particulares durante el verano. Preguntó a las amigas del pueblo, por si alguno de sus hijos podía hacerlo, pero la mayoría están fuera o trabajando en el campo con sus padres.

Ayer me comunicó que mi nuevo profesor, nuestro casero, me esperaba hoy en su casa a las 6, despues de la siesta.

Menos mal que no me miraba cuando me lo dijo, porque me puse roja.

Como en nuestro encuentro de hace una semana, yo no le di a entender que estaba despierta, pensé que tal vez aquella tarde se hablaría sólo de matemáticas.

A las 6 en punto tocaba el timbre de su casa, encima de la mía, con las piernas temblorosas por la incertidumbre.

- Hola cielo,- me dijo Petra, la chacha, pues es soltero y vive sólo, - Mi señor se está vistiendo, espérale en el despacho. Yo ya me voy. Que tengas buena clase.

Entré en la habitación, y me quedé de pié en el centro sin saber muy bien qué hacer.

Tenía una extraña sensación en el estomago, ¿qué iba a pasar?

No tuve mucho tiempo para pensar, detrás de mí, la puerta se volvió a abrir:

- Buenas tardes, estás preparada? - me preguntó mientras cerraba con llave - No creo que venga nadie, pero hay que estar prevenido.

En ése momento supe lo que iba a pasar. Noté que se me mojaban las braguitas.

- Suelta los libros y sácate el vestido - dijo detrás de mí.-

Siempre he sido una niña muy obediente, las monjas me han enseñado que ante los mayores, sobre todo los ancianos, hay que callar y obedecer, y con el corte que sentía, obedecí sin decir palabra. Coloqué los libros y el cuaderno en la mesita, me bajé los tirantes del vestidito veraniego que cayó a mis pies, y esperé.

Enseguida bajó mis bragas por debajo de mis nalgas y noté que un dedo me tocaba el chochito desde detrás.

- ¡MMM! Estás muy mojadita. Bien.

Apareció delante de mi y levantó mi cara. Yo no levanté la mirada, pero noté que se estaba chupando un dedo.

- Sabes a hongos. Abre la boca -me dijo mientras me metía el dedo que acababa de sacarse de la suya - abre bien la garganta, eso es, cierra la boquita y aguantalo dentro, así, muy bien.

Tenía todo su dedo huesudo en mi boca. No lo sentía en la ganganta porque del asco que me daba la tenía totalmente dilatada. No podía tragar la saliva que se me acumulaba.

- Relájate y traga.

Tragué. Mi garganta se cerró alrededor de su dedo y tragué.

Sacó el dedo y lo hizo resbalar por mi barbilla y mi cuello hasta llegar a uno de mis pezones.

Tengo unas tetas muy pequeñas; estoy comiendo mucha miga de pan para que me crezcan tanto como a mi madre. Pero todavía parezco una niña.

Empezó a magrearmelas y a pellizcar despacito los pezones, apretándolos para que se pusieran duros. Agachó la cabeza y empezó a mamar como los bebés. Primero de uno y luego el otro.

- Pequeñitas y dulces, como a mí me gustan - dijo.

Mis bragas estaban cada vez más mojadas. Yo segúia con la mirada baja, intentando no mirar su cara y ví algo que se movía bajo su bata, por debajo de la gorda barriga.

Se separó un poco de mí y me bajó un poco las bragas por delante, hasta que apareció mi rajita, sacó del bolsillo de su bata una cuchilla de afeitar y se agachó delante de mí.

- Estupendo, muy pocos pelitos, pero sin ellos es mejor.

Puso las manos en mis caderas y me dirigió hacia una mesita baja de madera que había detrás de mí. Me hizo sentar en el borde, empujó mi cuerpo hacia atrás hasta que estuve tumbada y me quitó las bragas.

Yo no quería separar las piernas, pero poniendo una mano en cada rodilla me las separó todo lo que pudo.

- Precioso.

Me embadurnó el pubis con algo húmedo y cremoso y empezó a afeitarme. Terminó rápido, no había mucho que quitar, y sentí su lengua y sus labios lamiéndome los restos de lo que acababa de ponerme. Con los dedos notaba como tiraba de la piel entre las piernas y mi agujerito se abría totalmente para sus ojos.

- Me gustan los labios grandes y carnosos. Tienes el coñito más lindo que he visto nunca.

Sentí que me ponía colorada. Menos mal que no me miraba a la cara. De mi agujerito salió algo líquido que resbaló hacia mi ano. Enseguida noté su lengua limpiándome.

Cogió mis muslos por debajo y los levantó hacia mí.

- Sujeta tus piernitas, así, bien abiertas. Quiero contemplar esta rajita. - Me trataba como a una niña. La verdad es que mi cuerpo no está demasiado desarrollado y lo parezco, pero ya me ha venido "eso", aunque sólo dos veces desde que ha empezado el año. Bueno sigo.

Se puso de pie y me miró. Yo me sujetaba las piernas pillándome las manos entre las rodillas, que se abrian totalmente hacia los lados de la mesa. Más abierta imposible. puntosinfonavit.website

Después de un rato eterno en que no sabía lo que estaba haciendo, todavía no había podido mirarle por la verguénza, sentí su boca pegada otra vez a mi chocho y un dedo en el culo.

Jugueteaba con mis labios con la punta de su lengua, luego pasaba al agujero y se metía un poquito, subía hacia el capullito y se enganchaba a él como lo había hecho con los pezones. No sentía sus dientes, así que pensé que se los había quitado. Era aincreíble, lo apretaba entre la lengua y la encía y mamaba, mamaba... me salió un chorro del coñito mientras me sacudía entera de placer. Lamió todo aquello, sacó el dedo que no había dejado de entrar y salir de mi ojete y apareció en el otro extremo de la mesita, detrás de mi cabeza.

No te sueltes las piernas - decía mientras me arrastraba por la mesa hasta que mi cabeza quedó colgando al otro lado - Ahora vas a aprender algo nuevo.

Desde mi posición vi como se quitaba la bata, bajo la que no llevaba nada y se sentaba en el borde del sofá de manera que, abriéndo sus piernas a cada lado de la mesita, sus colgajos quedaban a la altura de mi cara.

-Abre la boquita - dijo cogiéndo su cola, un pellejo como mi dedo de largo y un poquito más gordo, y metiéndomela en la boca - y ahora chupa y traga.

Cerré la boca y los ojos y moví aquella cosa con mi lengua, arriba, abajo, haciéndola girar. Era sueave y blanda y enseguida le pillé el gusto a juguetear con ella. En un momento noté como empezaba a estirarse hacia el fondo de mi boca y entrar por mi garganta como lo había hecho antes el dedo del viejo, sin necesidad de que yo la dilatara.

- Antes te has tragado mi dedo - oí que decía pegando su cuerpo contra mi cara y sujetando mi cabeza entre sus manos - tienes suerte de que mi polla no sea demasiado grande, así que traga..

Abriéndo mucho la gargánta y sacándo un poco la lengua aquello se acomodó. Ahora la colita había engordado y crecido, y estaba dura y moviéndose despacito en mi garganta.

La empujaba dentro, pegando su barriga a mi barbilla y la sacaba dejando dentro la punta, que ahora tenía como una bola en la punta,y volvía a empujar despacio hacia dentro hasta que sus huevos me golpeaban los ojos. Gemía y empujaba un poco más, y volvía a tirar hacia afuera, sin salir.

Una vez que me acostumbré a esa sensación tan extraña, notaba cosquillas, me gustaba, incluso sentía que la humedad volvía a mojarme por el otro extremo de mi cuerpo, abandonado y palpitánte.

Como si hubiera escuchado mis pensamientos, quitó una mano de mi cabeza y los dedos del viejo se estiraron hasta juguetear con mis labios de abajo, sin dejar de moverse dentro y fuera de mi garganta, despacio, apretándo cuando la tenía toda dentro, moviéndo rápido y corto en mi campanilla, y empapándo la punta en la saliva de la boca. Parecía hecha a medida. Volvía a entrar hasta el fondo, empapada, suave y rugosa, y volvía a salir, parándose en la campanilla un segundo.

Sentí que mi chochito se inundaba otra vez, al tiempo que notaba algo caliente resbalar hasta mi estomago.

- Eres una buena alumna - me dijo sacándo su tranca y dejándome allí, toda abierta, boqueando detrás de mi chupachups, y sacudiendo las caderas por las convulsiones.

Sujetándo mi cabeza por la nuca, me ayudó a levantarme y me colocó de pie junto al respaldo de un sillón que yo no había visto. Empujó mi cuerpo hacia adelante y me quedé con la cara pegada al asiento y las piernas colgando por detrás.

- Ahora los deberes para mañana.

Mientras con los dedos de una mano separaba las carnes de mi culito, con un dedo de la otra empezó a frotarme el ano, huntado con algo denso y frío, que hacía más fácil la entrada hasta el fondo.

- El otro día, cuando conocí tu maravillosa raja, noté que no eras virgen, - me dijo mientras desee que la tierra se me tragara. - Tendrás que contarme quién te rompió el coñito.

Estuvo entrando y saliendo un rato, estirándo hacia abajo, hacia arriba, puso más crema, metió dos dedos y volvió a empezar. Derepente los sacó y los sustituyó con algo que dejó instalado allí. Me ayudó a incorporarme y me dijo:

- Tienes que dejarlo ahí hasta mañana cuando vengas.

Moví la cabeza, que mantenía agachada por la vergüénza.

- Te acostumbrarás enseguida a andar col él.Te espero a las 6. Vístete y vete. Hemos terminado.

Y aquí estoy, son las 4, estoy tumbada en mi cama, con un tubo de goma metido en el culo, deseándo que lleguen las 6 para mi clase de matemáticas.

El Autor de este relato fué Alberta , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=1476&cat=craneo (ahora offline)

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