Relatos cortos eroticos Hetero El final de la jornada - ¿Vamos por una Happy Hour?

 

 

 

Aquella fue una tensa jornada de trabajo. Desde las ocho de la mañana y hasta doce horas después fue que duró la grabación de tomas para el reportaje a editarse durante el fin de semana.

Esteban, el camarógrafo debía de partir de inmediato a la cena de aniversario de sus suegros, por lo que Pamela, la otra periodista y yo debíamos encargarnos de guardar los equipos.

Ella nunca me pareció lo suficientemente atractiva pero esa noche me dejó impactado. Apenas guardamos los equipos en la bodega de la productora fue al tocador, pidiéndome esperarle afuera. Obediente, partí al auto. encendí el motor, un cigarrillo y la música del coche.

Entre que buscaba emisoras, concentrado en la radio del carro, escucho que abren la puerta. Era ella. Con el mismo atuendo de antes pero perfectamente peinada y maquillada. Sencillamente brillaba.

 

Agotados luego del trabajo decidimos ir a compartir unos martinis a un bar, los que habíamos prometido beber hacía semanas y hasta ahora no habíamos podido. Llegamos al lugar luego de ágiles minutos transcurridos entre risotadas por las anécdotas del día. Yo no paraba de ver su cabello azabache perfectamente tomado, su cuello como exhibiéndose y sus labios voluminosos separándose y juntándose entre risas.

- ¿Lista para dejar atrás lo del trabajo y gozar nuestro primer Happy Hour? -pregunté insinuando que no hablaríamos del tema al entrar al bar.

- Lista -me dijo, regalándome una nueva sonrisa.

Bajamos del auto, le tomé del brazo como antes nunca lo había hecho y caminamos. Abrimos la puerta del local, vimos el entorno y apuntamos con nuestras miradas la mesa del fondo.

Pedimos ambos unos martinis. Luego de dos o tres, las risas aumentaron y los temas antes tabúes emergían. Trabajos y estudios anteriores y relaciones pasadas. Ella me contó del novio que tuvo 30 segundos de fama... en la cama. Reímos. Yo, acudía al recurso de que el caballero no tiene memoria y empezó a forzarme a contar historias similares.

Pasadas las copas y continuó con la insistencia anterior. Al no obtener respuestas me acusó en bromas de impotente, de homosexual o de muchas otras cosas a modo de desafío. Mis instintos por comprobarle lo contrario se incrementaban.

- ¿Quieres pruebas de lo contrario? -pregunté burlescamente y me acerqué a ella.

- Inténtalo -me retó.

Clavé mis ojos en los de ella y noté que mi torso apuntaba casi completo hacia el suyo. Una de mis manos, hacía círculos sobre la copa y, la otra, se apoyaba sobre el respaldo de su silla.

- ¿Por qué mueves ese dedito así? -me dijo acercando su boca a la mía.

- No sé -dije- Instinto -completé.

- Uhmmm -susurró ella- Lindo instinto aquel -dijo con voz entre cortada.

- ¿Sí? -dije yo, con mi boca entre su cuello y su oído.

- Ajá - se limitó a decir mientras ahora la mano que yo tenía en mi copa iba por un rizo q escapaba cerca de su mejilla y la otra, ahora se apoyaba en el asiento de la silla, pasando por sobre sus caderas.

Gocé exquisitamente en esa postura unos segundos hasta que decidí rozar con mi quijada la suya, mirando de reojo todo nuestro derredor. Nadie miraba... al menos nadie de manera insidiosa. Mis dedos antes ocupados en sus rizos cayeron por su mejilla, por su cuello y me detuve. Miré nuevamente y con mi dedo índice percibí la forma de sus pezones, rodeé su aureola y un Noooo susurrado y quebrado escuché suave en mi oído. Ese no me incitó a seguir en su pecho y a acercar más mi silla a la suya, dejando una de mis piernas entre las suyas y viceversa.

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Mis dedos pronto notaron la emancipación de sus pezones por sobre la ropa y siguieron su camino. Rocé nuevamente mi quijada en sus mejillas y, luego de susurrar un... me gustas Pam... acerqué mi boca a la suya. Su lengua y la mía se rozaron incluso antes que nuestros labios.

Mis dedos bajaron abruptamente en el transcurso del beso. Me apegué más a ella. Desaotoné su pantalón y, entre riéndose y besándome me preguntó que qué estaba haciendo.

- Esto -dije susurrando mientras rozaba por sobre su calzón su vaginita.

De pronto sentía mucha más sed que antes de los martinis. Mi lengua inquieta jugándo con la suya daba pistas de aquello y mis dedos, cerca de un oasis exquisito darían la respuesta a mi sed.

Mis dedos se agitaban más y más sobre la tela de su calzoncito. Mis labios sólo se separaron de los labios de Pam a propósito de un susurro... Es de lo que extraen mis dedos de lo que quiero beber bb... puedo sacar más...

Al rato el garzón llegó. En aquella posición un tanto incómoda logré quedar un poco más de frente a él para mirarle. Mientras le escuchaba, notaba que Pamela riéndose ocultaba sus mejillas sonrojadas en mi espalda, ocultándose del mozo. Algo entendí sobre su colección de vinos y algo de una muestra gratis, mientras una de mis manos rozaba aún levemente el calzoncito de Pam.

- Qué loco estás -decía ellas mientras el tipo se iba y comenzaba a besarla nuevamente.

- Bastante loco -recuerdo haber dicho mientras reacomodaba mis dedos ahora bajo su ropa interior, colando de inmediato tres dedos en su vaginita - bastante loco... no te parece -dije mientras miraba cómo sus ojos y su boca se abrían en un repentino... ahhhhh.

Luego de aquello recuerdo sus manos sostenerse a cada lado de su silla y mis dedos masturbándole afanosamente ocultos del resto del bar por el mantel de nuestra mesa.

Recuerdo haberle masturbado afanosamente unos minutos en aquella postura. pronto, para quedar cubierta del todo me abrazó. Bajo la mesa mi mano continuaba moviéndose. Su cabeza en mis hombros, sus dientes a rato mordiéndome me decían algo de su estado. Al instante, tranquilicé mis dedos.

-Gracias -dije al hombre simulando un abrazo más que una masturbación a mi pareja.

Se fue nuevamente y escuche reiteradamente "loco, loco, loco" entre que volvía a reacomodar mis dedos y a masturbarle.

Su humedad me sabía exquisita entre mis dedos. Sus gemidos música para mis oídos. Su acabada tembolorosa y su grito final intentando apagarse contra mi pecho me hicieron percatar de lo hinchada de mi verga.

-Ayyyyyyyyyyyyyyyy -recuerdo haber escuchado casi enmudecido en mi camisa, a la vez q unas uñas se enterraban en mi espalda.

Dejé un minuto mis dedos dentro de ella, mientras su respiración se normalizaba.

- ¿¡¡¡Cómo eres de malo ehhh!!!? -escuché y retiré mis dedos.

Le besé en la boca, ella abotonó su pantalón. Serví el vino, bebimos, nos reímos. Yo más de ella y de sus mejillas ruborizadas. Ella, con sus dientes mordiendo sus labios y riendo pícara y tímidamente.

El resto, fueron más copas, muchas más risas y la promesa de ella de "devolverme la experiencia". Aquella noche no quería. Sólo quería disfrutar con el placer de su disfrute, con el placer del primer Happy Hour juntos.

El Autor de este relato fué Kike , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=14055&cat=craneo (ahora offline)

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2024-01-21

 

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