Relatos cortos eroticos Hetero Peluqueria Intima

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Peluquería Intima.

Después de una tarde calurosa y de hacer unos trabajos en el jardín, me disponía a tomar una refrescante ducha, y al desnudarme y colocarme enfrente del espejo, aprecié que necesitaba un corte de cabello. Tomé la rasuradora y la coloque a un milimetro, para que el corte fuera contundente. Después de varios minutos, me pasé la mano por la cabeza y aprecié lo refrescante que estaba, sin esos pelanganos colgando de la oreja. Ya lo había hecho otras veces, y la verdad, sienta bien en verano, y además te puedes tomar unas cañas de cerveza con el dinero que te ahorras en la peluquería. . . Apreciando lo bien que había quedado, miré mi cuerpo, y aunque no soy muy peludo en general, vi que el vello púbico era demasiado, y que en realidad, tambien daba calor y , cualquier hombre lo puede confirmar, a veces molesto cuando el pene se pone en erección dentro del slip apretado, con ciertos tirones de pelo que obligan a acomodartelo en algunas situaciones. Vamos que sin pensarmelo dos veces, puse la máquina al cero y me dispuse a cortarme este vello del pubis. Fue bastante sencillo, hasta que le llegó el turno a lo pelillos del escroto, que lo hice con delicadeza por temor a cortarme, fue tarea de artista, y tambien los de la base del pene, donde la curvatura lo complica un poco . Pero bueno, despues de varios minutos, observé a mi querido órgano limpio de pelambreras y sinceramente, me pareció muy juvenil y también atractivo. No tuve una total erección pero se quedó a medio camino. Me metí en la ducha y la sensación de limpieza fue doble, tanto en la cabeza como por allá abajo, eso sí, echando en falta la abundante espuma del vello del pubis que se crea con el jabón. Pero mereció la pena.

Al salir de la ducha, mientras me secaba, contemplaba mi cuerpo totalmente limpio sin pelos, y más atractivo. En esto que entró mi mujer, también con la intención de tomar una ducha. Al principio me cortó el que me viera así, ya que salió un asombro de ella “¿Qué has hecho?” Pero suavizó el momento diciendo “¡Qué gracioso está! ¡Parece de un bebé, y menudo bebé!”. Como seguía hablando en broma, yo le provoqué, y le comenté que por qué no seguía el ejemplo. Accedió a ello sin dudarlo, y me presté voluntario a peluquero.

El cuerpo de mi mujer aunque no ha ganado ningun concurso de belleza, aseguro que es tan femenino como cualquiera, con pechos agradecidos y caderas de muerte, y se puede decir que es una mujer grande, casi de mi altura (1,82) . Se quitó la camiseta, el pantalon vaquero corto. Desabroché su sostén y su pechó respiró de aquel aprieto, tambaleándose ligeramente. Se bajó las braguitas y contemplé ese vello negro, que iba a durar poco. Cuando se sentó desnuda y abierta de piernas en el bidé para comenzar la tarea, caí en la cuenta de que nunca la había visto en esa postura tan provocadora. La verdad es que también necesitaba un corte de pelo en el pubis, ya que si no apartas esa vellosidad, no habría forma de vislumbrar el tesoro escondido. Manos a la obra, conecté la rasuradora y me agache enfrente de ella. Comencé por arriba, con movimientos descendentes, y no fue muy dificil. Lo dificil vino después, por la zona de los labios, que aunque era menos poblada, también necesitaba un buen repaso. Le pedí que abriera más las piernas para facilitar la tarea, y eso hizo que su vulva se abriera enseñándome los labios menores, muy sonrosados y algo húmedos, y alli presidiendo, el clitoris. Percibí su aroma inconfundible, y como ignorando la llamada, proseguí con el oficio de peluquero. Sus pies, que los tenía en el suelo, los subió al borde del bidé, lo que permitió que se abriera aún más y mi trabajo con la máquina se benefició, así como mi morbo y mi excitación. Temía cortarle esos gorditos labios en alguna pasada, y casi fui pelo a pelo. En esta tarea, estiraba la piel de su vulva, y apreciaba su color interior rosa-rojo fuerte, provocándome. Si la tarea dedicaba su tiempo, yo lo alargaba aun más porque me estaba recreando en aquel paisaje, y ella lo sabía y le gustaba. Pero creo que le gustaba más la vibración de la máquina en su sexo, como pasaba cerca de su clitoris. Estabamos los dos pensando en lo mismo, en darnos luego un homenaje y un estreno a nuestros “aparatos” recien depilados. Realmente estaba disfrutando como un enano, y ella también, por su sonrisa picarona. Ya había terminado mi trabajo y me dediqué a contemplar la obra. Debajo de aquella mata de vello se escondía un coñito (el diminutivo es por dar un tono cariñoso, no por su tamaño) muy hermoso, nada que envidiar a las actrices porno que muestran su pubis rapado e irritado por la cuchilla de afeitar. Best Combat Arena 2020

Me dispuse a quitar los pelillos cortados que se negaban a abandonar su sitio, mediante soplidos y ligeras palmaditas. Entre aquellos labios también habia algunos de ellos, pero se resistían, ya que estaban bien pegados por los jugos vaginales y me vi obligado a separar los labios completamente y proceder a quitarlos, dando pequeños pellizcos. Esto la hizo estremecer, ya que algunos de estos pellizcos, algunos intencionados confieso, fueron a parar a cierto lugar que se podría suponer. “Eres un demonio! No te inventes donde no hay!” Me replicó, pero le gustaba. Tiré de los labios internos de la vulva para comprobar que no existían pelos intrusos, y eso le gustó aun más. Lo hice nuevamente pero más lento, recreándome cómo su pina fiel se estiraba, una vez y otra. La verdad es que estaba haciendo una exploración que nunca había hecho, con mucho detalle, puesto que descubrí después de 2 años de casados dónde estaba el orificio de la uretra, e incluso al abrir más, los musculos de la vagina se relajaron y contemple parte del interior, todo muy húmedo, rojo y palpitante, rezumando jugo que ya goteaba en el bidé donde aun estaba sentada con las piernas totalmente abiertas. Acaricié todo el monte de venus, apreciando toda su suavidad, deslizando mis dedos hasta llegar al perineo, abarcando con mi mano toda su caliente vulva. Uno de mis dedos se escapó y se escondío dentro de aquel húmedo y cálido coñito y volvió a salir totalmente empapado. Comprobé que estaba aún más caliente que yo, que ya empezaba mi pene a palpitar delante de aquel volcán. Al colocarme de pie para desenchufar la máquina, desprevenido mi mujer agarró mi pene fuertemente y se lo llevó a la boca, y allí dentro comenzó a succionarlo y mover la lengua dentro. Vaya sensación!. Se la saco de la boca y paso la punta de la lengua lentamente entre los recovecos del glande y del frenillo, en donde se recreó un buen rato.

Los dos estabamos muy calientes y decidimos pasar a la segunda fase. Me senté en la tapa del retrete con el pene completamente erecto, palpitante, con las venas hinchadas y retorcidas y mi mujer se acercó de frente y la abracé, quedando su pecho a la altura de mi boca, por lo que que recreé en ellos. Ella se abrió de piernas y comenzó a descender, mientras yo la sujetaba por su blando trasero. Mi pene, como en otras ocasiones, no acertó a la primera, pero al estar su coño tan lubricado, pronto encontró su lugar. Entró completamente hasta el fondo y los dos observamos nuestros pubis rasurados en total contacto, y eso nos excitó aun más. Descubrimos mutuamente este roce, muy excitante. Comenzamos a movernos sin despegar nuestros cuerpos, siempre con el pubis en contacto, su vulva intentando devorar mi escroto, que comenzaba a estar empapado. La ausencia de vello hacía que se pudiera ver la unión de nuestros sexos, su clitoris rozándome la base del pene. Ella pasaba su mano entre su pubis y el mío, y era una caricia muy tierna y sensual. Los movimientos se aceleraron y su cuerpo comenzó a pedir más, por lo que su cintura cambio de movimientos, ahora de arriba a abajo, golpeando su pubis contra el mío en cada bajada, como si quisiera dar un aplauso . Sus generosas tetas chocaban contra mi cara, por lo que las sujeté para tomar su control, hundiendo los pezones con mis pulgares. Estaba tan excitado que no pude aguantar mucho más y me corrí dentro de ella, bombeando todo el líquido que había en mis testículos dentro de su coñito. Estando los dos abrazados yo me sentí dentro de ella y ella me sintió dentro. Tras una pausa, ella se levantó lo suficiente para que mi pene saliera, pero ella se tomó asiento en mi ombligo (yo estaba ligeramente tumbado de espaldas sobre la cisterna del retrete), y pude ver cómo una mezcla de mi semen y sus jugos chorreaba en mi barriga. Ella fue deslizando su cintura hacia abajo, hacia el pene, para repartir esta crema, y me dio un masaje con su chochete en la zona afeitada, mientras seguía segregando. Era como el “after shave” que calma el afeitado, en este caso de los dos.

Una vez calmados acabamos de ducharnos juntos, en donde el gel y nuestras manos hicieron de las suyas en nuestros cuerpos. . .

Ya sabeis. Hay que comprobar esta nueva sensación que recomiendo a [email protected] Espero vuestros comentarios.

Gabi.

El Autor de este relato fué Gabi , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7654&cat=craneo (ahora offline)

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