Relatos cortos eroticos Otros Gozando a dos

 

 

 

Encuentro con dos mujeres deliciosas

Conocía a Stella y a Rocío por razones profesionales. Las conocía hace ya algún tiempo y puede decirse que con ellas mantenía una excelente relación de amistad. Ambas, tenían sus especiales atractivos y en un momento dado me puse a pensar en ellas en un campo diferente al de la simple amistad, me parecía un excelente dúo para cosas mas excitantes. Stella tenía preciosas facciones, rubia de ojos azules, era una mujer muy linda, aparte de la belleza de su rostro, tenía excelentes curvas, un cuerpo bien formado, un culo grande, aunque sus senos no eran muy grandes. Sin embargo, me encantaba verla en minifalda, especialmente cuando cruzaba sus muslos, eran muslos gruesos, excitantes, siempre cubiertos por elegantes medias de seda. Rocío, de facciones trigueñas, poseía unos senos grandes, yo calculo que talla 40 b, deliciosos, su brasier apenas alcanzaba a sujetarlos. Además, su cuerpo, aunque no como el de Stella, también era insinuante, aunque me había dado cuenta que en muy pocas ocasiones se vestía con falda. En una oportunidad, Rocío me llamó para comentarme un asunto y me dijo que le gustaría mucho que lo pudiéramos discutir conjuntamente con Stella. Fue así como acordamos que esa noche iríamos a cenar, para lo cual yo pasaría por ellas. Así fue, a las 8.30 de la noche las recogí en mi carro y no voy a entrar en múltiples detalles sobre la manera como las dos se habían vestido. Solo diré que Stella se había puesto una minifalda azul, de paño, y una blusa blanca de seda. Rocío, por su parte, tenia una minifalda roja y una blusa negra de encaje, semitransparente, pues sus deliciosos senos traslucían mucho más que en otras oportunidades. Cuando Stella subió al coche, en la parte delantera, su mini subió muchísimo a pesar de los esfuerzos que ella hacía por disimularlo. Era una vista esplendorosa de unas ricas y sensuales piernas. Rocío ocupó el asiento trasero y también tenía yo la oportunidad de mirar sus voluptuosos senos a través del espejo retrovisor que había colocado estratégicamente. Fuimos a un elegante restaurante de la ciudad y durante la cena discutimos el asunto que nos había llevado a reunirnos. Entre los tres, consumimos una botella de champaña y luego de haber solucionado el asunto, entramos en una charla mucho más agradable y privada, llegando a bromas de Stella y Rocío, quienes me decían por ejemplo que iba a hacer yo con dos invitadas o parejas porque hablamos de ir a bailar un rato a uno de los centros nocturnos. Es indudable que el licor había hecho efecto en mis dos contertulias, porque las dos se desinhibieron totalmente cuando nuevamente ocupamos el coche para dirigirnos como teníamos pensado a una discoteca. En efecto, Stella, que habiendo ocupado nuevamente la parte delantera del vehículo me mostraba generosamente sus deliciosos muslos, me dijo que “la noche es larga y no es justo que nos vayamos a casa tan temprano” a tiempo que Rocío, ubicada en la parte de atrás, me tomaba del hombre y me decía que “hay que aprovechar las oportunidades y divertirse, no todo puede ser trabajo”. Fue así como llegamos a una discoteca, en la cual, pese a que todo se hallaba en penumbras, el encargado no dejó de extrañarse que yo llegara con dos acompañantes. Con las dos, a quienes tomé de la mano, nos dirigimos a uno de los apartados, debiendo anotar que esa noche no había mucha gente en el interior de la discoteca, por lo que las condiciones de intimidad eran las mejores. Como era de esperarse, Stella y Roció hicieron que me sentara en medio de ellas y esa era, desde luego, una posición muy ventajosa para mi, tenía al alcance de mis manos tanto las deliciosas piernas de Stella como los ricos y voluptuosos senos de Rocío, aunque para ello debía esperar que el licor hiciere sus efectos o que ellas entraran en un campo de mucha más confianza conmigo. Pedimos una botella de licor y empezamos a consumirlo entre bromas y risas, estábamos pasando un rato muy agradable. Fue así como avanzado el tiempo, ya en horas de la madrugada, cuando habíamos consumido casi dos botellas de licor, las cosas se empezaron a facilitar, pues mientras Stella se dirigió al tocador, me quedé solo con Rocío, quien se ame acercó y puso su mano en mi entrepierna, lo que me llevó de inmediato a una tremenda erección, Rocío me dijo que ella siempre había sentido atracción por mí, que yo le parecía alguien muy tierno y cariñoso, que le gustaría pudiéramos tener algo más que una simple amistad o relación de carácter profesional. Rocío estaba bastante embriagada, pero no por eso yo podía dar inicio a algo, al menos esa noche. Le dije que a mi también me gustaría que pudiéramos tener intimidad, a tiempo que, sin tardanza, agarré uno de sus deliciosos senos por encima de la blusa, mientras ella ya sin tapujo ninguno puso su mano sobre mi verga que ya estaba completamente erecta. Fue en ese momento cuando Stella regresó, yo me di cuenta que ella también estaba bastante embriagada. Algo de pudor o de precaución, porque no sabía las intenciones de ellas, fue la de soltar inmediatamente el seno de Rocío que antes había tomado en mi mano. Rocío intuyó creo yo la posibilidad de que quisiera estar un momento a solas con Stella y por ello, dijo que iría también a retocarse, saliendo en ese momento del apartado en el que estábamos. Stella, que para ese momento estaba especialmente hermosa y deseable, se sentó junto a mí en el oscuro apartado, cruzando sus bellas y deliciosas piernas, las cuales por la cercanía quedaron afortunadamente al alcance de mis manos. Stella me dijo que estaba pasando un rato muy agradable y que le gustaría mucho que pudiéramos permanecer más tiempo así, pero ya dijo, colocando su mano sobre mi pierna, que la oportunidad era propicia para que nos fuéramos a un sitio donde los tres pudiéramos estar más tranquilos; me excitación aumentaba, pero no dejó de extrañarme, aunque nada le dije a ella, que hablara de los tres, lo que me indicaba que los planes de Stella incluían también a Rocío. En ese instante, Rocío regresó al apartado y como la actitud de las dos me demostraba que querían algo más que estar ahí consumiendo un licor y conversando, les dije sin tapujos que si les parecía bien que fuéramos a continuar nuestra diversión en una de las suites de un hotel que quedaba cercano a la discoteca y las dos dijeron que si porque se trataba de estar un rato con mayor intimidad. Mientras cancelaba la cuenta y Stella y Rocío conversando se dirigían al vehículo, pensaba que pese a que había tenido antes algunas aventuras sexuales, jamás había estado con dos mujeres a la vez y entre mí me imaginaba que sucedería aquella noche. Pagué la cuenta y fui hasta mi coche, abriendo la puerta para que ellas se subieran y fue muy corto el trayecto hasta el hotel, el mismo que quedaba a escasas dos cuadras de la discoteca El hotel tenía un garaje así que entramos los tres en el coche y, para la suficiente intimidad, desde el lugar de parqueo se accedía a las habitaciones o suites, sin que los encargados se percataran de quienes ingresaban. Entramos a una habitación muy arreglada, con una cama ancha y poltronas a los lados, las paredes estaban cubiertas por espejos que permitían tener una perfecta visibilidad de lo que se estaba haciendo. Tenía música de fondo, música de lo que se llama “salsa cama”, la que como era lógico resultaba propicia para esa clase de encuentros. Stella y Rocío sabían exactamente a qué íbamos y por ello, yo pedí que nos enviaran una botella de champaña a la habitación, lo que sucedió en cuestión de segundos. Ellas dijeron que querían ponerse cómodas y las dos entraron en el baño de la habitación mientras yo, aún vestido, me quedaba sobre la ancha cama, con una copa de champaña en la mano. Rocío fue la primera en salir, y de verdad que estaba deliciosa, supersensual, con un ajustado brasier de encaje, negro, que trasparentaba sus ricos senos y se había dejado su minifalda, pudiendo yo admirar sus piernas a las que no les había puesto mucha atención por estar concentrado en esos apetitosos melones. Brindé una copa a Rocío, la que aceptó una vez como se sentó en una de las poltronas, lo cual me dejó ver que sus muslos eran tan deseables como los de Stella. Ésta salió también al momento del baño, aun con su mini, que permitía ver sus piernas bien torneadas pero solamente en brasier. Provocativa, sensual, deliciosa estaba Stella. Ambas sabían a que habíamos ido a esa habitación. Las 2 tenían unos cuerpos para el pecado, usaban minis cortísimas. Al son de la música y con la habitación a media luz, me puse a bailar con ellas por turno. El movimiento de sus caderas, sus senos y sus culos me excitó de veras, cuando bailé con Rocio, la empecé a exitar con mis besos, un momento de esos le toqué los senos y ella gimió suavemente de placer. fue cuando le propuse tener sexo y aceptó pero dijo que pasaría con Stella, que nos miraba mientras tomaba otra copa de champaña; antes de cualquier acción con Rocìo, bailé con Stella, también empecé a besarla y poco a poco bajó su mano y tocó mi pene erecto, como no necesitaba más le toqué los senos y el culo y se exitó de veras, entonces le propuse que nos acostaramos, Stella también penso en Rocío. Fue entonces cuando, habiéndome desnudado, habla con las dos, y les dije que si pudiéramos hacer sexo interviniendo los tres y ellas, que estaban muy excitadas, lo aceptaron inmediatamente. Los tres comenzamos a juguetear haciéndonos cosquillas hasta caer en la cama, donde empecé a besarme con Rocio, mientras le tocaba las senos y el pubis, ahí sentí a Stella que entre risas se subía encima de mi espalda frotando su pubis contra mi culo. Entonces nos desnudamos completamente y pude ver los deliciosos cuerpos de las 2 mujeres que iban a ser comidas por mí, estaban deliciosas, era un sueño hecho realidad. Entonces sentí la boca de Rocío en mi verga, me la estaba chupando de dar gusto, mi verga estaba a punto de estallar, estaba crecido en toda su magnitud de 18 x 14 cm y entraba y salía de su boca a velocidad. Aproveché el momento para poner a Stella echada de espaldas y empecé a besarle las nalgas, luego cambiamos y mientras Stella me chupaba la verga Rocío me cabalgaba en la espalda, Entonces me eché sobre Rocío y empecé a penetrarla, sentía y miraba mi verga entrar y salir de su coño mientras Stella me besaba y yo le tocaba y chupaba los senos. La escena era ni más ni menos que un campo de batalla, en el cual Rocío y Stella se disputaban que yo las hiciera gozar y eso era precisamente lo que a mi me encantaba de ese encuentro. Entonces me di cuenta que el sitio y el momento, a más de la disponibilidad de Rocío y Stella, eran propicios para cumplir mis fantasías y entre ellas se contaban la de gozar de las piernas y de los senos de las mujeres con las que estaba. Cuando nos detuvimos un instante y nos dedicamos a tomar unas copas de champaña, yo les conté a ellas sobre mis fantasías sexuales y ambas, como era lógico, dijeron estar dispuestas a complacerme. Le dije a Stella que me gustaría gozarle las piernas y a Rocío los senos, pero que seria bueno que me encerrara con cada una en la alcoba mientras la otra esperaba “su turno”. Rocío y Stella estaban dispuestas a todo y eso aumentaba en grado máximo mi excitación. Entré entonces con Stella a la alcoba y le pedí que se vistiera nuevamente con su minifalda y que se pusiera sus medias de seda y así lo hizo. Mmmmmmm que rica estaba, se puso su mini y a propósito la levantó mucho más de lo que estaba al momento de nuestro encuentro y cuando se sentó en la poltrona de la alcoba, sus deliciosas piernas quedaron totalmente a la vista, gruesas, provocativas, para comérselas y, además, Stella estaba hermosa pues se había arreglado especialmente para aquel momento. Y entonces, en ese momento me acerqué a ella y empecé a lamerle las piernas, a hacer que mi lengua se posara repetidamente en la textura de sus medias de seda, y Stella, que ya se había excitado por todo lo anterior, se puso más y más cachonda, pues mientras yo seguía lamiéndole sus muslos gruesos y deliciosos, se arqueaba hacia atrás a tiempo que subía su minifalda casi al punto de llegar a su panty, como buscando que mi lengua llegara a su concha, se retorcía y gemía y estaba profundamente excitada y fue en ese instante cuando me pidió, casi suplicó que le metiera mi verga, que no aguantaba más, y yo no podía desaprovechar la oportunidad de gozar más de esa deliciosa mujer e hice algo que antes no había hecho con nadie, le quité el panty y las medias de seda con los dientes y como mi boca tocaba sus partes íntimas, Stella parecía perder el sentido de tanta excitación que tenía en esos instantes. Stella, que hasta entonces me había parecido una mujer recatada, me dijo que nunca había sentido tanta excitación y que ese era el momento para que yo la penetrara, asi me lo pedía, casi me lo exigía, me dijo que no todo se podía quedar en que yo gozara de sus ricos muslos; y entonces, yo no podía desaprovechar la oportunidad, porque Stella no solamente era hermosa sino sensual y en ese momento estaba especialmente deliciosa; me coloqué sobre ella y mientras la besaba en la boca, casi mordiendo sus labios, a lo que ella me respondía metiendo su lengua en mi boca, le metí la verga de un golpe y resbaló deliciosamente porque Stella estaba muy húmeda; seguí bombeándola y a cada movimiento Stella arqueaba su cuerpo para lograr que mi verga le entrara mucho más, yo no solamente la besaba en la boca sino que también me agarraba de su culo para buscar el mismo efecto que ella perseguía. Los dos estábamos sudando, Stella gemía “ahhhhh, que delicia, ricoooooo, así, mas, más, más, quiero massssssssssss verga, más adentro, más” y fue cuando yo ya no aguante más y le solté un chorro de semen, momento en el cual ella subió sus caderas como para exprimirme la verga, mientras acababa de derramarme, me dedique a chuparle los senos, no eran muy grandes, pero lo hacía para lograr más placer. Quedamos exhaustos, caímos cada uno a los lados de la cama; en ese instante, Rocío, que estaba esperando su “turno” ingresó a la habitación, estaba solamente con su ropa interior, panty y brasier de color negro, de encaje, estaba deliciosa, sus senos eran preciosos, grandes, unos melones para comérselos. Stella entró a la ducha y fue cuando Rocío se acostó a mi lado y empezó a tocar mi verga que estaba flácida, pero Rocío seguía masajeándola, poco a poco, sin prisa y mientras lo hacía, retiró su brasier quedando sus suculentos senos al alcance de mi boca, me dediqué a chupárselos, a coger sus pezones ya duros con la punta de la lengua, suficiente para que lograra nuevamente una erección; me subí encima de Rocío, pero en vez de penetrarla, coloqué mi verga entre sus senos, a tiempo que ella los agarraba y me la apretaba y empezamos un rítmico movimiento, una especie de mete y saca, delicioso, no lo había hecho antes pero sabía que eso era lo que se llamaba paja cubana; Rocío puso saliva entre sus senos y de ese modo mi verga resbalaba mucho mejor, cuando mi verga llegaba cerca de su boca, ella sacaba la lengua y tocaba la punta; todo era delicioso y no demoré en lanzarle semen entre los senos y Rocío lo que trató de hacer fue abrir la boca; no fue penetrada, pero me dijo, mientras se secaba el semen, que había disfrutado muchísimo. Luego, los tres nos vestimos y yo fui a dejar a esas bellas mujeres a sus casas. Fantasía cumplida ...

 

El Autor de este relato fué Tobias Almanza , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=13462&cat=craneo (ahora offline)

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2020-08-12

 

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