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Relatos cortos fantasia Rol El Canto de las Cenizas

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Era tradición en el lugar que los recién nacidos recibiesen nombre pasada una luna desde que llegaron al mundo. El sacerdote del templo mayor del lugar lo imponía en nombre de su dios, Basth El Justo, señor de la ley y las causas nobles. También era tradición que el recién nacido fuese presentado en sociedad ese mismo día y se designase cual sería su posición. Era ocasión para las familias nobles del lugar de reunirse, lucir sus mejores atuendos y competir por exhibir la ofrenda más rica e impresionante posible para que Basth El Justo trajese al camino del pequeño aquello de lo que era merecedor. Ese cálido día de mayo había un recién nacido en el lugar que no tenía nombre.

El templo a Basth El Justo era bastante más pequeño que muchos de los templos de las ciudades mayores, pero también había sido construido siguiendo el patrón básico, una sala principal y dos pequeñas naves laterales donde se alojaba el sacerdote mayor con sus sirvientes y el tesoro del templo.

El encargado del oficio se ciñó la sobrevesta dorada. El traje blanco de debajo tenía una pequeña mancha roja, pero quedaba disimulada por la prenda superior. Recogió la tiara con el símbolo de Basth y se la puso sobre la frente. No se acababa de acostumbrar a carecer de pelo en el cráneo y exhibirlo en la cara, pero sobre modas era mejor no opinar, en aquella ciudad era habitual que la honorabilidad de los hombres se evaluase de acuerdo a la longitud de sus barbas. En ese momento una extraña criatura cruzó el umbral de sus aposentos y le interpeló con una voz cascada.

–¿Tú?

Se trataba de un demonio menor. De tamaño pequeño y silueta encorvada. La criatura parecía sorprendida de verle. Levantó su deforme cara hacia él y habló sacando mucho la lengua entre sus dientecillos afilados para lograr una correcta pronunciación.

–¿Qué haces aquí?

El interpelado levantó las manos en un gesto de complacencia para exhibir sonriente su traje nuevo.

–¿Te gusta?

La boca del pequeño demonio se ensanchó en una sonrisa y emitió un sonido que asemejaba varios chasquidos muy seguidos, bien podía ser una risa.

–No es tu estilo. He visto lo que has hecho con el sacerdote... ¡Impresionante!

–Oh, no te preocupes por él, era un pecador.

–Lo sé...

El engendro saltó sobre la mesilla.

–Hay formas más fáciles.

–Artesanía pura, he tenido que usar un arma.

–¿Por qué?

El sacerdote le sonrió casi amablemente.

–Lo siento, pero no puedo permitirme un testigo como tú.

El demonio intentó saltar de la mesilla, pero no le dio tiempo ni a despegarse de ella antes de caer pulverizado. El encargado del oficio litúrgico recogió el báculo con el símbolo sagrado del dios Basth, el Justo, y se encaminó hacia la puerta.

Las familias nobles del lugar ocupaban los primeros bancos del templo, delante de todo. A la derecha e izquierda del sacerdote, contra la pared se sentaban aquellos que habían demostrado ser los más rectos y leales durante el anterior año. El sacerdote intentó no reír ante la idea. Podía intuir los pensamientos de muchos tras sus gestos dignos y enhiestos. Se situó en la tarima y golpeó el suelo con el báculo mientras salmodiaba la bendición de Basth. La congregación la coreó con tono aburrido pero enérgicamente. Lección 7: Ejecución de los procesos de negocio modelados con BPMN

El rito se siguió según la tradición de decenas de generaciones. Primero desfilaron los nobles del lugar ofrendando al templo a través de su sacerdote, después los padres del niño se prestaron ante la congregación a educarlo en la virtud de la ley. El sacerdote conocía a los padres de la criatura y había evaluado a su familia generaciones atrás. Habían caído en desgracia por la miseria que les trajo varias plagas a las cosechas a sus abuelos maternos. En cuanto a su padre, había tenido que dejar de servir al ejército por una lesión permanente en la rodilla. No eran muy inteligentes, pero sí bien intencionados y deseaban lo mejor para su hijo. El padre tenía contactos entre la alta nobleza, pondría a su hijo a servir como escudero cuanto antes. Eso estaba bien, le enseñarían a pelear y el noble don del honor. El niño probablemente buscaría recuperar la antigua gloria de su familia, era típico. Pero lo más importante, sería educado en la virtud de Basth, azote de los demonios del Caos.

Por fin después de interminables deseos de buena ventura para el niño y la enumeración de los deberes del pequeño llegó el momento. El sacerdote recogió el linimento ocre, mojó la pluma de águila que se prestaba a tal fin y dibujó una serie de signos sobre la frente del niño. Su voz resonó por el templo.

–El nombre de este niño es... –aguardó el momento de expectación que la situación requería y porque quería ver el gesto que adoptaban los presentes cuando lo pronunciase– ¡Myrtul!

El padre de la desdichada criatura pareció no entenderlo y miró con gesto esperanzado con la idea de no haber oído bien pero la madre adoptó una expresión de sorpresa y terror. El sacerdote sonrió.

–Nadie más llevará este nombre señora, se lo aseguro.

Acabado el posterior sermón, que dirigió hacia combatir las fuerzas del mal allí donde se encontrasen, se encaminó a los aposentos. Se desvistió y dejó las ropas junto al cadáver del viejo Sacerdote, sobre la silla de donde las había tomado. Recogió todo cuanto pudo encontrar de valor y se marchó, esparciendo algunas monedas por el suelo para dar la sensación de precipitación.

Podía imaginar la noticia por la pequeña ciudad al día siguiente: "Unos ladrones asesinan al Sacerdote". Intentarían recordar qué fue de su último día en la tierra de los vivos y el pequeño cobraría importancia, eso estaba bien.

Si te ha interesado lo suficiente esta narración puedes escribirme a draakun@hotmail.com y pedirme más... ;)

El Autor de este relato fué Draakun , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=3258&cat=craneo (ahora offline)

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