Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción 2413 DC - La encrucijada

 

 

 

Entonces lo oímos, el estruendo era aterrador. Entre los edificios desolados resonaba el eco de un helicóptero, seguramente un reconocimiento rutinario de la zona, ya que si hubiesen venido directamente a por nosotros habrían aparecido de la nada sin darnos tiempo a pensar. Con sus vehículos silenciosos no hubiésemos tenido ninguna oportunidad, pero la zona ruinosa en la que nos encontrábamos hacia tiempo que se daba por limpia. Lo que antes hacíamos para divertirnos ahora nos mantiene vivos, un juego de escondite demasiado peligroso. Desde el momento en que acabó la guerra comenzaron a cazarnos como animales, éramos pocos y cada día menos, los escuadrones se encargaban de barrer las ruinas en busca de nuestra sangre. En silencio miré a Garon y a Laila que estaban temblando, detrás de ellos Martin recogía las provisiones en un una mochila mientras Lucia nos pasaba nuestras túnicas térmicas. Teníamos poco tiempo para prepararnos y poner tierra por medio, no había tiempo para apagar la hoguera, creo que hice lo correcto estaban demasiado cerca. Sabía que nos iban a localizar por el humo y hasta que nos diesen caza no iban a parar. Lancé una mirada furtiva a Laila que intentó esbozar una sonrisa, deseaba acercarme a ella, decirle que no iba a pasar nada, que yo estaría con ella, abrazarla y hacer que ambos desapareciésemos...

 

Laila abría la marcha, siempre corriendo, sin mirar atrás mientras saltaba sobre los escombros, de poco en poco se paraba entre las ruinas para escuchar acuclillada durante unos segundos y tras examinar los posibles caminos echaba a correr. Siguió corriendo hasta llegar a la sombra de un edificio que apenas se tenia en pie, empujó la puerta de una patada y accedió al derruido vestíbulo de un hotel empuñando nuestra única arma, yo entre tras ella fijando mi atención en cada hueco que pudiese dar refugio a un tirador, el edificio estaba en pie, parecía un buen refugio pero no tenia acceso al resto de las plantas ni tampoco salidas adicionales, así que decidí que continuásemos la marcha, era una ratonera y nosotros cerca de treinta pequeños roedores. El sudor me resbalaba por la frente, el helicóptero ya había encontrado la hoguera y estaba patrullando en nuestra busca, veintisiete niños dependían de nosotros cuatro, que siendo un poco mayores asumimos el liderato. Antes de hacer la seña dudé por un segundo, algunos estaban empezando a llorar, el helicóptero estaba cada vez mas cerca. Teníamos que movernos rápidamente, no había tiempo para pensar, con un silbido bajo y corto indique a Laila que seguíamos, se giró en seco y con un ademán afirmativo salió del vestíbulo rozándome la mano con sus dedos. por un segundo no oí el helicóptero ni estaba en mitad de las ruinas de una ciudad desolada por la guerra, solo sabía que no la podía perder, detrás de ella iría yo, la necesitaba, una razón para seguir adelante... Otra vez a la carrera, tras un rato que pareció una eternidad Laila desapareció bordeando una gran montaña de escombro para silbar la señal de lugar seguro, el ruido del helicóptero había cesado, todo parecía indicar que por esa vez habíamos tenido suerte. Se habían aburrido de buscarnos y pensando que solo seria algún viejo vagabundo habían marchado a completar su misión inicial. Laila y Garon también notaron que el silencio solo era roto por los hipidos nerviosos de los más pequeños dejando de llorar, el helicóptero no estaba. Laila nos enseñó una abertura bastante ancha formada en la pila de escombros, en el fondo una trampilla abierta y un cuerpo sin vida asomando, con el brazo extendido hacia la salida, todavía rígido y con las manos agarrotadas en un ultimo intento de asirse a su despiadado asesino. Al acercarnos vimos que la trampilla estaba camuflada con una red y tierra por encima, Garon el más fuerte de nosotros se encargó de sacar el cadáver y ser el primero en bajar, Laila se ofreció a explorar los alrededores, el resto limpiaríamos aquel agujero. Blog de Nutricion, Entrenamiento y Fitness

Visto desde arriba parecía más grande de lo que necesitábamos. Si era cierto que el helicóptero había marchado necesitábamos otro refugio y si no había nada mejor tendríamos que quedar allí a pasar unos días mientras decidíamos que hacer, era lo mejor que teníamos pero aún así una ratonera sin salidas. Nuestro campamento había sido arrasado un mes antes, los huérfanos sobrevivimos gracias a que nadie podía permitirse el lujo de cuidar niños que no fuesen los propios, por lo que nos fuimos agrupando en una antigua estación de metro bajo el campamento. Cuando éste fue devorado por el fuego de la guerra nosotros pudimos escapar por los conductos de ventilación... Ya hacia un rato que Laila había marchado, salí un momento a ver si volvía. La entrada era perfecta, los escombros de un edificio se habían amontonado formando una especie de cueva que nos mantenía ocultos a cualquier observador casual. Al salir parpadeé unos segundos para adaptar mis ojos a la luz baja de la tarde, al asomarme lo primero que vi fue a Laila caminando tranquilamente y en línea recta hacia nosotros, detrás de ella a unos trescientos metros un helicóptero avanzaba en silencio absoluto en su dirección, detrás un segundo helicóptero se mantenía a la espera suspendido siniestramente en el aire. Hacia ella, no tenía ninguna oportunidad, ni siquiera lo oiría antes de morir. Me agache, no había tiempo, no podía hacer nada, ella estaba muerta. La imagen de su cuerpo se clavo sangrientamente en mi estomago, el dolor del fuego me abrasó, en todas direcciones bajo mi piel, siguiendo cada una de mis venas como un torrente de lava para acumularse en mi cabeza ya a punto de reventar. Ella no...

Me oyó, mi grito había llenado por completo el vacío entre los edificios, no pude contenerme, demasiado tiempo solo, demasiado miedo, no seguiría adelante sin ella. En ese momento mi mente dibujo algo que yo me había ocupado de acallar mientras gritaba, algo en lo que no quería pensar, los niños, atrapados y vendidos a cambio de nada. Laila corría desesperada entre los cascotes delante del helicóptero mientras el segundo venia directo a nosotros, las lagrimas me surcaron el rostro mientras ella caía abatida. Sin fuerzas, de rodillas esperé la sentencia, las manos apretadas. Alguien me intentaba arrastrar a la trampilla, era mi culpa, no entraría. La trampilla se cerró casi sin ruido, después vino el fuego para llevarme a la oscuridad...

El Autor de este relato fué Redkann , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=5161&cat=craneo (ahora offline)

Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción 2413 DC - La encrucijada

Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción 2413 DC - La encrucijada

Entonces lo oímos, el estruendo era aterrador. Entre los edificios desolados resonaba el eco de un helicóptero, seguramente un reconocimiento rutinario de la

relatoscortos

es

https://cuentocorto.es/static/images/relatoscortos-relatos-cortos-ficcion-ciencia-ficcion-2413-dc-la-encrucijada-2020-0.jpg

2020-04-13

 

Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción 2413 DC - La encrucijada
Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción 2413 DC - La encrucijada

Si crees que alguno de los contenidos (texto, imagenes o multimedia) en esta página infringe tus derechos relativos a propiedad intelectual, marcas registradas o cualquier otro de tus derechos, por favor ponte en contacto con nosotros en el mail [email protected] y retiraremos este contenido inmediatamente

 

 

Top 20