Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción Letargo Interrumpido

 

 

 

En este relato les voy a contar la historia de un paciente que aquí residió hasta el día de su fallecimiento. Su nombre era el de Dan von Kraft y su número de expediente es el 390832. La verdad es que sólo les voy a contar una pequeña parte de su vida, concretamente una semana y media : del 20 de marzo al 3 de abril de ese mismo año. He elegido este periodo y no otro por un simple motivo : es el único tiempo de su vida en el que interactuó con el resto del mundo, ya que hasta el 20 de marzo de 1956 y después del 3 de abril de 1956 estuvo en un estado casi vegetal, razón de más para justificar nuestro interés por el mismo durante esas dos semanas escasas. Lo más sorprendente para nosotros fue que habiendo estado como un vegetal durante años dominaba a la perfección nuestro idioma y actuaba como si de un noble se tratara. Mas no todo podía ser bueno : cuando intentábamos hurgar, ni siquiera rasgar, un poco en la historia de ese enigmático personaje respondía muy violentamente, mostrando así su faceta de Mr. Hide. Ahora que ya le he introducido en mi modesta versión de los hechos, procederé a explicar sin más retraso todo lo que mi desgastada mente pueda ofrecer.

 

Me parece recordar que después de una excelente carrera de psicología, me incorporé en el centro psiquiátrico de Weinn-Gausser, un viejo edificio necesitado de reformas al que toda la gente del país abandonaba ahí a su suerte a sus familiares menos agraciados porque no tenían medios para cuidarles. Ahí se encontraba toda la basura del país que la gente había dejado. Este centro se encuentra en el norte de Dinamarca, junto a un pueblecito playero llamado Skravitztown. Por allá a finales de marzo de 1956, yo tenia 24 años y no creía que el entrar ahí pudiera marcarme para el resto de mi vida . Durante mi primer día en el centro fui visitando todos los pacientes a los que me tendría que cuidar (Todo esto lo hacia gratis , como todos en el centro , no sabía si lo hacía por altruismo o para ganar experiencia como psicólogo , el caso es que lo hacía. ).

Iba mirando de un lado a otro como un niño que va por primera vez a un cementerio. A mi lado iba el doctor Gauffmann, un hombre alto, que caminaba erguido. Tenía una mirada fija pero a la vez acogedora como un fuego en un día de invierno. Parecía tranquilo y trataba a los pacientes como si de hermanos pequeños se tratara. Entonces me fijé en el interior del edificio, era tétrico y sin una gota de luz.

- ¿No hay ventanas en este edificio? – pregunté.

- Hay pacientes que no soportan la luz del sol; Sólo algunas habitaciones como las de los doctores tienen ventanas- fríamente respondió-. Además, lo hacemos por razones de seguridad – añadió.

- ¿Es que ha pasado algo tan grave como para aplicar unas medidas de seguridad tan radicales?

- No quiera enterarse de todo con tanta velocidad, con el tiempo quizás se lo cuente...

Y así me dejó , con la intriga de saber el porqué de tan poca luz y con el miedo escalofriante que me vino al imaginar todo lo que un loco podría hacer después de salir por una ventana. Esa noche no pude dormir mucho oyendo el ir y venir de las sillas de ruedas de los pacientes noctámbulos. Entonces me fijé en la habitación que me habían asignado. Lo primero que me alegró la vista ver fue una ventana, una grande y cuadrada ventana, luego había una mesita de noche con un despertador que me levantaría a las seis, una cama sobre la cual me encontraba que parecía hecha de papel de lija y finalmente una araña que se iba paseando por toda la habitación como si fuera su dueña.

 

A la mañana siguiente me levanté pesadamente, dado que apenas había dormido un par de horas. Cogí el cepillo de dientes, el dentífrico y cuatro cosas más y me dirigí hacia el baño comunitario para los doctores del centro donde debería asearme periódicamente durante bastante tiempo. Ya allí me encontré con el ya nombrado Dr. Gauffmann y una joven que, al parecer, trabajaba también en el centro ya que llevaba puesta la bata. Se trataba de una mujer alta, guapa, rubia y de mirada tierna que sonrió amablemente al verme entrar. Entonces se dirigió a mi el Dr. Gauffmann y gentilmente me presentó a la bella mujer que a su lado se encontraba:

- Permítame que le presente a la Dra. Ada Vitzlaw, enfermera del centro.

- Encantada de conocerle, doctor (por razones que ustedes mismos conocerán voy a ocultar mi verdadera identidad durante este relato).

- Mucho gusto Dra. Vitzlaw.

Habiendo terminado mi higiene personal fui a mi habitación, dejé mis cosas, me vestí correctamente y me dirigí hacia la sala de reuniones donde el día anterior me habían citado. Allí, además de la Dra. Vitzlaw y el Dr. Gauffmann se encontraban tres personas más a las cuales el doctor me introdujo: el primero, viejo, bajo, de mirada aviesa y de aspecto aún así robusto era el doctor Joseph Gausser en persona, uno de los fundadores del centro en el que me encontraba.

- Mucho gusto- dijo como queriendo abreviar al máximo esa escena.

- El gusto es mío- firmemente respondí.

El segundo , un hombre alto, delgado, casi escuálido, rubio blanco, al parecer albino era un hombre llamado Frank Riddick. Me estrechó la mano y con cara de gozo dijo:

- Es un honor para mí tenerle entre nosotros- (como si fuera famoso o algo).

- Encantado de conocerle- respondí titubeando.

El tercero y último que conocí en esa sala era un tipo que destacaba por su tremendo aspecto físico, era alto como un pino y parecía fuerte como un roble. Se llamaba Ron Cedarland, como su nombre indicaba no era de origen danés. Alemán o austriaco quizás.

- Encantado de conocerle- vociferó mientras me rompía la mano con su inhumana fuerza.

- Lo mismo digo- respondí mientras “la bestia” me liberaba de ese insufrible dolor.

Nos sentamos todos en una mesa para empezar a discutir los cambios que supondrían mi incorporación al centro. El doctor Gausser empezó hablando del trabajo que me habían asignado a mí, porque a partir del mismo se redistribuirían los demás trabajos.

- Bien, doctor, a las seis se levantará como todos nosotros y tendrá tiempo para ir al baño, almorzar y todo eso hasta las 8:30, a esa hora irá a cuidar de los pacientes lisiados de la segunda planta. El doctor Gauffmann me comentó que no le hizo mucha gracia eso de estar a oscuras, por eso le he asignado todo el trabajo en la segunda planta donde hay perfecta luz diurna, aunque se encuentra duramente sellada para evitar que los pacientes fotófobos vayan por error a salas donde entra la luz del día y ocurra alguna desgracia.

- ¿Que tipo de desgracia?- pregunté con falsa inocencia.

- No sea usted cínico y deje este tipo de preguntas para otro día- Respondió.Al parecer el doctor Gausser había visto la verdadera intención de la pregunta desde el primer momento.

 

- Lo siento- murmuré tímidamente.

- Bien-prosiguió-, estará con los 11 pacientes de la habitación B de la segunda planta hasta las 12:30. Luego irá a la habitación E de la misma planta y llevará los 7 pacientes en estado vegetal que allí se encontrarán hacia el comedor situado 4 puertas más adelante. Allí les servirá la comida y se quedará con ellos hasta las 14:30. Entonces tendrá usted un par de horas para comer y tomarse un descanso. A las 16:30 se dirigirá a la habitación A y allí hará análisis psiquiátricos de los pacientes que yo mismo le iré presentando. Los primeros días le supervisaré personalmente y, si veo que lo hace bien y consigue mantenerlos en calma le dejaré este puesto. Y si no, ya le buscaré algo más que hacer durante las tardes. ¿Alguna duda?

- Sí, ¿cómo es que hay tantos pacientes fotófobos en este centro?

- Es el único centro de toda Dinamarca que acepta este tipo de pacientes, pero usted vaya tranquilo, no hará falta que ni siquiera vea ninguno de estos pacientes.

- Ah , por cierto, no me ha dicho a que hora termina mi jornada laboral.

- Más o menos a las 22:00.

- Bien, entendido- me pareció excesivo que aun trabajando como voluntario me pusieran unos horarios tan duros.

- Espere, le confío estas llaves de la segunda planta para que se pueda mover con libertad cuando tenga que ir al comedor que de la primera planta.- dijo sacándose de un bolsillo interior de la chaqueta un par de llaves de aspecto de llave de seguridad. Eran grandes y con muchas ranuras.

- Gracias, pero ¿ porqué hay dos?

- La puerta tiene dos cerrojos que se abren con dos llaves.

Ellos siguieron hablando de la redistribución de su trabajo y yo fui al comedor, almorcé y luego me dirigí a la segunda planta. Por el camino me encontré con el Dr. Riddick.

- Hola, doctor! ¿Verdad que se dirige a la segunda planta?- dijo con su supuesta habitual alegría.

- Sí, me dirijo a la segunda planta.¿Por qué lo pregunta?-había notado algo en su sonrisa que no me terminó de convencer, era como si debajo de sus resplandecientes dientes hubiera algún oscuro secreto irrevelable.

- No, por nada, sólo que vaya con cuidado estos primeros días con sus pacientes si no quiere que pase nada malo-continuaba escondido debajo de su sonrisa “grapada” a las mejillas.

- ¿Qué quiere decir con eso?-me pareció percibir un tono amenazante en los ojos del Dr. Riddick.

- No quiero decir nada, y ahora váyase al trabajo si no quiere llegar tarde- su sonrisa, aunque seguía puesta en su cara, ya no pudo esconder más su personalidad, llena de odio e ira contra el que había querido saber más de la cuenta.

Se fue dejándome solo con mi mente que empezó a cavilar mientras me dirigía a la segunda planta. ¿Qué había pasado en ese centro para que nadie quisiera contarme lo sucedido antes de mi llegada?

Estaba ante la puerta que separaba el primero del segundo piso. Era grande, negra, sin ventanillas ni nada por donde pasara la luz. Cogí las llaves y abrí el cerrojo, quité las llaves, abrí la puerta de par en par y una cegadora luz me alcanzó a los ojos. Me apresuré a cerrarla otra vez desde dentro, subí las escaleras y me encontré ante la puerta B. Allí empezaría todo.

 

Abrí la puerta y, fingiendo no haber oído las palabras del Dr. Riddick, saludé a los pacientes.

- Buenos días-grité alegremente.

No hubo respuesta alguna , estaban todos callados, sin decir nada, observándome de arriba a abajo y lanzándome miradas de desaprobación desde sus sillas de ruedas.

Dada la escena creí conveniente ir un momento a relajarme un poco con la excusa de irles a buscar los almuerzos a la cocina del segundo piso.

- Ahora vuelvo con vuestros almuerzos- dije mientras volvía a cerrar la puerta.

Me fui tranquilamente a la cocina, cogí todas las bandejas que ya estaban ahí, las puse en el carro y me las llevé para la habitación B. Pese a todo ese tiempo solo, no se me había ocurrido nada con respeto a los pacientes con los que tendría que estar hasta las 12:30. Cuando entré estaban todos colocados en las mesas, de cuatro en cuatro, mirando cabizbajos a ninguna parte y esperando su almuerzo. Me parecieron buitres al acecho, esperando el más mínimo error por mi parte para arrebatarme de un tirón la vida. Pero nada sucedió. Fui dejando las bandejas de comida en las mesas sin tan siquiera pronunciar una palabra. Cuando hube terminado me senté en una silla y me puse a observarles: comían lentamente, masticando unas 40 veces cada bocado antes de engullirlo arduamente. Entonces le vi: era un lisiado a quien le habían amputado los 2 brazos y una pierna, estaba intentando penosamente coger un cuchillo con el muñón pero se le caía una y otra vez rompiendo así el silencio sepulcral que allí se había formado. Me levanté y fui hacia la mesa donde estaba.

- Deje que le ayude- le dije.

A lo que respondió con un gesto de indiferencia. Siguió intentando nerviosamente coger el cuchillo afilado hasta que se hizo un pequeño aunque a mi parecer doloroso corte. Empezó a sangrar, pero el hombre seguía sin inmutarse. Continuó con sus ya desesperados intentos de coger ese cuchillo con lo que cada vez se abría nuevas heridas en su deforme muñón ensangrentado. Parecía envuelto en la más profunda locura y, aunque parecía dolerle mucho, seguía sin pronunciar ni un solo vocablo, llenando de sangre su comida y la de sus compañeros de mesa que seguían comiendo como si nada. Entonces levantó el brazo y lo dejó caer violentamente sobre el cuchillo con lo que se le quedó clavado entre lo que quedaba de sus huesos cúbito y radio. Se levantó de su silla de ruedas y empezó a dar saltos por toda la habitación gimiendo como un niño que se ha caído por primera vez en un ortigal. Entonces se cayó el suelo y se quedó allí dando espasmos de dolor y sin poderse levantar dada su invalidez. Durante todo este tiempo estuve helado, contemplando la macabra escena, sin mover un solo músculo hasta que cayó y me pareció despertar. Me acerqué a él, lo cogí como pude y me lo llevé a enfermería dejando un rastro de sangre a nuestro paso. Cuando llegué allí dejé el paciente encima de la camilla y me senté en el suelo porqué mis piernas no me respondían del susto. Al poco rato vino la Dra. Vitzlaw que, contemplando la escena, Cogió rápidamente el equipo médico necesario para guarecer al paciente.

- ¿Cómo ha dejado que se hiriera de este modo?- me preguntó la Dra. Vitzlaw.

Pero no le respondí, seguía en estado de shock y mi mente estaba en blanco. La doctora, al ver que no respondía, se acercó, me miró a los ojos y me pegó un bofetón en toda la cara haciéndome reaccionar. Me levanté y empecé a ayudarla; le traía las cosas que me iba pidiendo y en media hora lo tuvo curado, aunque seguía sin despertarse. Pero en ese instante llegó el Dr. Gausser abriendo la puerta con suma violencia.

 

- Doctor, no me ha gustado nada su actitud con los pacientes de la sala B! Ha dejado que uno de ellos se hiriera y luego ha dejado solos al resto. Suerte que el doctor Riddick está cuidando de ellos.- no me pareció que el doctor Gausser estuviese muy enfadado cuando dijo eso.

- Pero es que los pacientes no me dijeron nada y por eso cogí miedo- me excusé.

- ¿Miedo a qué?¿Al silencio?¿A los lisiados?- Ironizó el Dr. Gausser.

- El doctor Riddick me dijo que pasaría algo-esta era mi última excusa.

- Bueno, venga conmigo- abrió la puerta de la enfermería y me empujó hacia fuera.

- ¿Dónde me lleva?-deseé no haber abierto la boca en ese instante.

Entonces el Dr. Gausser se giró violentamente y me miró a los ojos.

- ¡Usted y su afán por conocer!¡Me tiene harto!¡El primer día que trabaja y por su absurda curiosidad ya ha arriesgado la vida de un paciente!- Parecía que se me iba a tragar de un bocado cuando pronunciaba esas palabras, contra las cuales no tenía defensa alguna.

Pero mientras el Dr. Gausser me reventaba los tímpanos a gritos vi que a nuestro lado pasaba el Dr. Cedarland que, por su bien, no dijo nada. Al rato entró en una habitación y justo en ese momento el Dr. Gausser dejó de chillarme.

- Venga conmigo- me invitó amablemente a seguirlo.

- Sí- aún no terminaba de entender la situación en la que me encontraba.

- Seguramente se preguntará el porqué de este repentino cambio de actitud- dijo, mientras abría la puerta de la segunda planta.

- Si, es verdad- aunque lo que de verdad me interesaba es donde narices me llevaba.

- Como habrá visto, el Dr. Cedarland estaba en el pasillo mientras le gritaba pero en cuanto se fue dejé de hacerlo. Le pido disculpas si se ha sentido mal por eso. La impresión que les quiero dar es que me he enfadado con usted y le voy a echar una buena reprimenda, pero lo cierto es que le quiero enseñar una cosa.- ahora estaba abriendo la puerta de la tercera y última planta del centro.

- Empiezo a entender pero, ¿que es lo que me quiere enseñar?-

- Tenga un poco de paciencia-

El doctor Gauffmann no me había mostrado esta última planta del edificio. No parecía que estuviera dedicada al cuidado de pacientes. No había cocina, ni baños, ni nada parecido. Esta planta además era más pequeña que las inferiores y sólo había 3 puertas. El Dr. Gausser me condujo a la del medio; era pequeña y oscura, a cada lado de la pequeña sala había un cristal ahumado por la parte interior y su correspondiente micrófono. A cada lado de la sala había una habitación con las luces apagadas, por lo que no podía saber que había en cada una.

- ¿Porqué me ha llevado hasta aquí?- una de las muchas preguntas que quería que me respondiese el Dr. Gausser.

- Por su curiosidad- cada vez que ese hombre abría la boca me planteaba nuevos interrogantes.

- ¿Que quiere decir con eso?-

- Ayer me lo dijo el Dr. Gauffmann, hoy me lo ha dicho el Dr. Riddick y ahora lo estoy viendo con mis propios ojos. Su curiosidad es infinita, siempre quiere saber más y más y por eso está usted aquí.

 

- ¿Y los pacientes de la sala B, también ha sido por mi curiosidad?

- No , eso sólo ha sido una excusa para que llegara usted aquí. Verá, los pacientes de la sala B están separados del resto de los pacientes porque estos sienten un miedo terrible hacia aquéllos que no conocen, ya que tienen profundas heridas tanto físicas cómo psíquicas de cuando eran esclavos en campos de concentración alemanes. Eran torturados a diario y eso les ha causado ese profundo miedo hacia lo desconocido. No sabe lo que nos costó ganarnos la confianza de esos pacientes.

- ¿Me está diciendo que los pacientes no sentían desprecio hacia mí, sino miedo y por eso ese hombre se cortó con el cuchillo?

- Exacto

- ¿Y qué hacemos aquí?

- Quiero presentarle a alguien- dijo mientras apretaba un botón situado al lado del micrófono.

Entonces se encendieron las luces de la habitación de nuestra derecha, era una sala vacía, sin ventanas y lo único que había era una silla con un hombre sentado en ella.

- Salude, Sr. Craft- dijo el Dr. Gausser.

- ¿Ha llegado ya su invitado? dijo el misterioso hombre levantándose de su asiento.

- Sí, es él.

- Encantado de conocerle Doctor, espero que podamos ser buenos amigos.-dijo (supuse que ese hombre se dirigía a mí).

El doctor Gausser me dio el micrófono y me hizo la señal de que respondiera.

- Lo mismo digo señor...- cada vez estaba mas extrañado de la situación en la que me encontraba.

- Perdone, que torpe soy, mi nombre es Dan, Dan Von Kraft, para servirle.

En ese instante el doctor Gausser cogió el micrófono.

- Perdone un momento, tengo que hablar a solas con el doctor, Sr. Kraft.

- Lo entiendo- respondió sentándose de nuevo en la silla.

Apagó el micrófono y se dirigió a mí.

- Acaba usted de conocer a uno de los milagros inexplicables de la ciencia, el señor Dan von Kraft- se le veía muy entusiasmado.

- ¿Que tiene de milagroso?

- ¡Pues que hasta hace una semana este hombre estaba en estado vegetal y ahora se ha despertado!

- ¡No puede ser!- ya me había contagiado su entusiasmo, aunque más que eso era incredulidad.

- Pues es así. Tiene usted delante suyo a su nuevo paciente

- ¿Nuevo paciente?¿Qué quiere decir con eso?

- Quiero decir que usted se va a ocupar del paciente Dan von Kraft durante su estancia en el centro.

- ¿Y por qué me ha elegido a mí?¿Por qué no eligió a otro con más experiencia?

- Se lo he dicho: por su curiosidad. Usted es joven y no tiene experiencia alguna, por eso tiene ganas de conocer, de investigarlo todo. Llevaba mucho tiempo esperando sangre nueva para este centro, alguien joven y curioso. Y al final ha llegado usted , que supera con creces mis expectativas.

- ¿Y qué cambios implica esto en mi horario?-decidí cambiar de tema, no me gustan los halagos.

- Bueno , por las mañanas le voy a cambiar el horario, creo que esos pacientes han tenido demasiados sustos con usted. Por la tarde va a venir usted conmigo a la tercera planta y aquí vamos a intentar responder muchas de las preguntas que la psicología nos ha propuesto con este paciente.

- Y ahora, ¿qué hacemos?

- Vamos a continuar con las presentaciones.

Volvió a encender el micrófono y Dan se levantó de nuevo de su asiento.

 

- Bien, les dejo solos, para que se vayan conociendo- apagó el micrófono – sobretodo no le pregunte nada sobre él- lo volvió a encender, abrió la puerta y se fue. ¿Por qué tantas prisas?

- Doctor , ¿está usted ahí?- preguntó Dan

- Sí, sí, estoy aquí- tenía tanta curiosidad como miedo en ese momento.

- ¿Cómo le ha ido el día, doctor?-No percibí en el ningún tipo de sentimiento, era frialdad absoluta.

- Bastante mal, Sr. Kraft- aun así esa frialdad me inspiraba algún tipo de confianza.

- Noto en su voz algo de nerviosismo, si es por mí le ruego que me disculpe, si es por algún otro asunto por favor cuéntemelo- ese hombre me empezaba a recordar a mi madre, pero no le podía preguntar nada de su vida debido a las palabras del Dr. Gausser.

- Acabo de empezar a trabajar aquí y todo es nuevo para mí- además el médico y, por tanto el que acostumbra a hacer las preguntas, era yo.

- Esto van a ser los primeros días, luego se adaptará-esto ya pasaba de castaño oscuro, incluso me consolaba!

- Eso espero- no tenía mas remedio que seguirle la bola en esa conversa tan absurda.

- ¿Cuantos años tiene, doctor?- ese tipo se estaba pasando, estaba jugando conmigo!

- 24-no podía seguir mucho rato más así o terminaría explotando.

- Verdad que molesta mucho que le machaquen a golpe de preguntas? Pues tenga usted cuidado porque a mí me molesta aun más.¿Lo entiende?-ese tipo había estado todo el rato poniéndome a prueba.

- Si, claro- No era muy cómoda esa situación.

- Bien, entonces supongo que intentará no preguntar más de la cuenta- que estúpido, un doctor que no le puede preguntar que le pasa a su paciente porque éste le intimida.

- ¿Entonces que quiere que haga?

- Simplemente no pregunte nada sobre mi pasado y, recuerde: el que avisa no es traidor

- ¿Qué quiere que le pregunte?- esto ya traspasaba los límites del absurdo, un doctor que le pregunta a su paciente qué quiere que le pregunte. No podía hacer nada más, estaba condenado a menos que encontrase la forma de ganarle con algún punto débil.

- Cómo me ha ido el día y todo eso- me moría de ganas de saber todo lo que fuera posible de ese sujeto tan extraño.

- ¿Cómo le ha ido el día, Sr. von Kraft?

- Pues la verdad, muy bien: primero me he...- creí que sería una buena idea descansar de tanto Sr. von Kraft comiendo algo y mientras tanto podía ir pensando en algún tipo de extorsión para que me contara su vida.

Apagué el micrófono y le dejé hablando solo. Abrí la puerta de la sala, crucé el pasillo, y cuando llegué a la puerta me percaté de que estaba cerrada.¿Por qué me dejó cerrado el Dr. Gausser? Di la vuelta y volví a la sala para “hablar” con Dan. Me senté y encendí el micrófono.

- Tiene hambre, ¿verdad? Dijo en tono burlesco.

- No le puedo engañar, ¿eh?

- Si quiere salir de aquí, ábrame la puerta para que pueda salir y ayudarle-parecía tener interés por salir de ahí.

- ¿Cómo lo hago?- mi intuición me decía que algo gordo iba a pasar, aun así continué siguiéndole el juego.

- Las llaves están puestas al otro lado de la puerta- sus intenciones no podían ser de ninguna manera buenas.

- Muy bien, le voy a abrir la puerta-

Pero en vez de eso , me quedé mirando cómo reaccionaba. Por primera vez , parecía estar nervioso. Miraba de un lado a otro como si fuera una gacela acechada por un centenar de leones; Cruzaba continuamente las piernas a un lado y a otro, se ponía la mano en la barbilla, luego se la miraba; Hasta que se levantó y empezó a dar vueltas por la sala. Volvió al centro y agarró con fuerza la silla. Era una clara muestra de desespero , al parecer había encontrado el punto débil de Dan: sus ansias de libertad.

 

- ¿Por qué no abre la puerta?- Agarró la silla con las dos manos.

No respondí

- Abra la puerta, por favor. Ábrala. Hágalo por mí- decía mientras arrastraba la silla por toda la habitación.

No le hacía caso, mi persona había caído en el más profundo sadismo. Me recordó a un niño malcriado que le pide a su madre que le compre algo aún sabiendo que lucha por una causa perdida. Se paró enfrente al cristal. Yo seguía haciendo caso omiso de sus súplicas. Giró la cara, vi ira en su rostro, vi como su mirada atravesaba el cristal y chocaba de frente contra la mía. Levantó la silla con sus débiles brazos y con ella golpeó el cristal una vez, dejándolo ligeramente agrietado. Dejó caer la silla. Se tiró al suelo y empezó a dar vueltas sin cesar, golpeándose contra la pared en su demencial situación. Entonces encendí el micrófono.

- Déjese de tonterías y cuénteme su vida- Aun no sé cómo conservé la sangre fría en esos momentos.

Se levantó como si nada; Cogió la silla; La puso de nuevo en el centro de la sala y se sentó en ella.

- ¿Quiere jugar duro, verdad?- todo estaba en mis manos pero aún así quería seguir dominando la situación.

- Jaque , ha atacado demasiado duro, sin atenerse a las consecuencias, dejando así el rey desprotegido y si quiere salvarlo tendrá que hacer un sacrificio- ese hombre me inspiraba. Nunca antes había hablado así.

- Antes quiero que sepa que nadie, y digo nadie, me ha podido sonsacar una sola palabra durante toda la semana.

- Entonces voy a ser el primero, empiece a contar, no se deje ni un solo detalle.

- ¿Cómo tengo la seguridad de que después de contárselo me va a dejar marchar?

- No la tiene, sólo me tiene a mí- ¿Por qué me debería interesar tanto su vida? No creo que sólo fuesen razones profesionales.

- ¿Por donde empiezo?- no parecía gustarle mucho tener que contarme nada.

- Por su más lejano recuerdo.

- Recuerdo una casa grande, vacía , sin amueblar, con mucha luz. Entré con mi padre y su nueva novia, una de las tantas que tuvo. Mi padre se me acercó y me dijo que esperara, que volverían al cabo de un rato. Me quedé sentado en el suelo esperando a que vinieran. No vinieron , no vinieron nunca. Eché a llorar, lloré durante horas, lloré porqué tenía miedo a estar solo. Luego me di cuenta de que llorar no me servía de nada y me puse a buscarles por la casa. Ojalá no hubiera tenido nunca esa idea. Fui buscando puerta por puerta, nada. Hasta que encontré una puerta, la última puerta de la casa. De buenas a primeras no se abría pero cómo no tenía nada más que hacer me dediqué durante largo tiempo a forzarla. Con el tiempo terminé por abrirla. No se cómo , pero lo hice. Nunca debí haberlo hecho, esa fue la imagen que me tocó el alma y me paralizó el cuerpo.

- ¿Qué imagen?-suponía de que imagen se trataría pero mi sexto sentido del sadismo me pidió esa retórica pregunta.

 

- No lo quiera usted saber.- descubrí en su cara una nueva faceta de su rostro, expresaba tristeza a la par que indiferencia , melancolía a la par que ironía. Todo en uno.

- ¿Odiaba a su padre por lo que hizo?

- Si , siempre sentí una tremenda aversión a los recuerdos que evocaba sobre él.

- ¿Que pasó después?

- Ahora me siento muy cansado, ¿qué le parece si seguimos mañana?

- ¿Esto que me está contando se lo va a contar a alguien más?

- No, y sólo voy a seguir explicándoselo si me garantiza que voy a poder huir de aquí en cuanto termine mi análisis. Y, sobretodo no le diga a nadie lo que aquí le explico.

- Haré lo que pueda.

- Claro que lo hará. Ahora váyase, creo que oigo venir al doctor Gausser.

Me levanté , abrí la puerta y choqué con el doctor Gausser, que venía en dirección contraria.

- Perdón – al parecer Dan tenía razón.

- ¿Que tal le ha ido con el Sr. Kraft?

- Bien , ha ido bien. Tiene unos modales refinadísimos, pero aun no comprendo porqué me prohibió preguntarle nada de su vida.

- Es una razón sencilla. Se encuentra trastornado por el tiempo que ha estado así. Al parecer sus padres murieron cuando él tenía seis años- Esa respuesta me demostraba lo que andaba sospechando: yo era el que más sabía sobre Dan.

- ¿Cuántos años tiene el Sr. Kraft?- A ver si podía sacar algo de información de esa laguna vacía que el Doctor Gausser nunca había llenado.

- Treinta más o menos- Algo era algo.

- ¿Cómo saben lo de sus padres?-Iba a exprimir hasta la última gota de ese paño seco llamado Dr. Gausser.

- Nos lo dijo la mujer que lo encontró. Lo estuvo cuidando durante un tiempo hasta que conseguimos convencerla de que nos lo dejara. Apenas era un adolescente cuando nos lo trajeron y ahora es uno de los pacientes que más tiempo lleva aquí.

- ¿Sabe si esa mujer sigue viva?

- No lo sé, pero en cualquier caso ya debe ser muy mayor. Si le interesa creo que la última vez que la vimos vivía en Brönn cerca de la capital.

- Gracias- Brönn , nunca había oído hablar de esa ciudad- por cierto, ¿cómo se llamaba la mujer?

- No lo sé, pero tenemos su nombre en el archivo cómo colaboradora. Si quiere puede pasar esta tarde por el archivo y mirar si lo encuentra.

- Gracias, lo haré- Ya tenía planes para las vacaciones.

Al terminar esa fortuita pero a la vez interesante conversación fui al comedor, tomé algo para matar el hambre y descansé un par de horas en la habitación.

Estaba sentado en mi cama, leyendo algún libro del estilo “cómo conseguir una perfecta relación entre un médico y un paciente” o “secretos de la psicología” cuando, de pronto, se me acercó el arácnido que había conocido el día anterior. Dejé suavemente el libro sobre la cama y se puso en él. Era relativamente grande, como una goma de borrar o similar. Le estaba acercando el dedo cuando, sin avisar, entró el Dr. Gausser.

- Buenas tardes, ¿se acuerda de lo que le he dicho antes sobre el archivo?

- Si, ahora voy.

- Bien, le espero.

Cerró la puerta de mi habitación, me puse ropa adecuada y salí para no demorar en sus tareas al Dr. Gausser.

- Sígame.

Me llevó a una habitación muy cercana a la mía, la abrió y me cedió el paso.

 

- No se mueva de aquí hasta que vuelva.

- No se preocupe, no lo haré.

- Entonces le dejo al cargo de este archivo durante esta tarde.

Se fue a seguir con sus menesteres y empecé a buscar nombres. “Colaboradores”, ahí es donde tenía que empezar a buscar. Ese archivo era inmenso, los nombres no terminaban nunca y, además, ninguno mencionaba Brönn, la ciudad dónde se tenía que encontrar la madre adoptiva de Dan.

Al cabo de un par de horas terminé encontrando un archivo, de aspecto viejo y carcomido en que aparecía cómo colaboradora a una tal Annette Boudelaire, nadie me había dicho que esa mujer fuera francesa, ni belga, ni de ningún otro país de raíz francesa. Leí un par de veces ese documento pero no contenía nada de mí interés excepto el nombre de Annette. Me quedé sentado, esperando pacientemente la llegada del Dr. Gausser. Al cabo de media hora llegó.

- ¿Ha encontrado lo que buscaba?

- Más o menos.

- ¿Qué quiere decir?

- Que he encontrado el nombre de esa mujer pero nada más. Ni un teléfono ni una dirección ni nada. Por cierto ¿recuerda usted a esa mujer? ¿recuerda si hablaba francés?

- No, hablaba danés. No me acuerdo ni siquiera de su cara, sólo le puedo asegurar que hablaba danés.

- Bien, gracias de todos modos.

Cerró la puerta y cada uno seguimos nuestros correspondientes caminos. El mío era mi habitación. De vuelta al tranquilo reposo de la cómoda lectura encima de la cama se me cruzó el Dr. Riddick. Me ofreció una de sus diabólicas miradas y, retándome con la vista, me obligó a parar.

- Le dije que tuviera cuidado y usted no lo ha tenido- estaba intentando hacerme sentir miedo.

- Tiene razón, no tuve cuidado. Pero, aun así, gracias por su consejo- no lo consiguió.

- Espero, por su bien, que no continúe en esa tónica o va a tener serios problemas- ese hombre me empezaba a tocar las narices.

- ¿Qué clase de problemas?- Iba a terminar de una vez por todas con ese engreído doctor.

Se quedó en blanco unos segundos.

- Usted ya lo debe saber- sus palabras habían perdido la seguridad que tenían hacía unos momentos.

- Sí, lo sé. Y ahora, si me permite, voy a ir a mi habitación a relajarme un poco. A usted no le vendría mal.

Lo dejé ahí, plantado, perplejo. Sus labios intentaron pronunciar alguna sílaba pero él mismo los acalló y siguió su camino al cabo de un rato. Llegué a mi habitación y me senté sobre la cama. Reflexioné: el doctor Riddick no me molestaría más pero, para ello había tenido que rebajarme a su mismo nivel.¿Era realmente eso lo que quería?

A la mañana siguiente salté de la cama, literalmente, me fui a asear y luego me encontré con el doctor Gausser para dirigirnos al tercer piso.

- Buenos días, doctor- se notaba en su mirada que no había dormido mucho.

- Buenos días.

- Hoy Dan parece otro, no deja de hablar, aunque haga monólogos.

- Interesante... ¿No sabrá, por casualidad, el porque de este repentino cambio de humor?

Subimos hasta el tercer piso, abrimos la puerta del locutorio y las luces del mismo. Dan estaba delante nuestro, mirándose en el espejo. Su cara reflejaba una extraña felicidad, como si tuviera un raro doble sentido. De vez en cuando tarareaba alguna canción que mis oídos desconocían e iba bailando por la pequeña sala en la que estaba encerrado. El doctor Gausser iba asintiendo con la cabeza mientras tomaba notas. Encendí el micrófono.

 

- Buenos días, Sr. von Kraft- Al oír mi voz dejó sus asuntos y se sentó en la silla con la que el día antes golpeó el cristal. Para mi fortuna no se veían marcas ni en el cristal ni en la silla.

- ¿Bonito día, verdad?- Aunque lo cierto es que aquel día el cielo estaba oscuro cómo un pozo sin fondo y en cualquier momento rompería a llover.

El doctor Gausser apagó el micrófono.

- Me voy a descansar un rato y, recuerde, no le pregunte nada de lo que ya sabe.

Esperé a que cerrara la puerta del tercer piso y volví a encender el micrófono.

- Vayamos al grano, usted quiere salir de aquí y yo quiero su información.

- Muy bien, si tanto interés tiene le voy a contar mi teoría: al ver esa impactante imagen me quedé en estado de shock pero, gracias a mi mente privilegiada, no perdí completamente la noción de la realidad. Por tanto, pude aprender a hablar, leer y escribir pero sin llegar nunca a ponerlo en práctica.

- ¿Se considera superdotado?

- Por supuesto, ¿si no cómo se explica que hable así después de 25 años de descanso?

- No creo que todo lo que me cuenta sea todo lo que sabe.

- No creo que salga vivo de aquí si no deja de preguntar- Ira en sus ojos.

- No creo que pueda hacerme nada desde ahí- Supremacía en los míos.

- ¿Eso cree?¿de verdad cree que la otra vez golpeé con todas mis fuerzas?

- Sí, ha estado usted 25 años durmiendo y su cuerpo no está entrenado para conseguir romper este cristal que nos separa.

- ¿Recuerda que le he dicho que soy superdotado?

- ¿Que tiene eso que ver? Además esa es su teoría. Su cuerpo está débil y enclenque, incluso se le ven los huesos.

Se levantó de su asiento, me dirigió una diabólica mirada que, de nuevo, atravesó el cristal y me hizo sentir un escalofrío por todo el cuerpo. Cogió la silla, la levantó con los 2 brazos, corrió hacia mí, saltó y, en el aire, lanzó la silla contra el cristal.

Impacto, cristales rotos, astillas de madera, sangre, heridas profundas, pánico.

Abrí la puerta, salí corriendo por el pasillo, la puerta de las escaleras estaba abierta, que suerte, bajé las escaleras hasta el segundo piso, el único del cual poseía las llaves. Las llaves ¿dónde estaban?, me registré de arriba abajo, encontré el llavero, abrí un cerrojo, el otro no, no tenía la segunda llave, me la había dejado jugueteando con ellas el día anterior. Dan abrió la puerta del tercer piso , empezó a bajar las escaleras, llevaba un cristal roto en su mano, lo agarraba fuertemente, caían gotas de sangre tanto de su mano cómo del resto de su cuerpo. Tenía todo el cuerpo lleno de pequeñas y grandes aberturas que empañaban su blanca bata. Al ver eso mi ser sintió miedo, miedo a que no pudiera salir de esa, miedo a morir a manos de un loco maniático en una orgía de sangre y vísceras. Quise gritar. No pude. Quise llorar. Tampoco. Dan se paró.

- Jaque mate, su técnica demasiado defensiva le ha hecho bajar la guardia y ese débil y enclenque peón que parecía inofensivo le ha destrozado toda su técnica y ahora su rey va a morir haga lo que haga- tenía la cabeza gacha y su pelo le ensombrecía los ojos.

- ¡Espere! Espere, déjeme continuar la partida. Si mata al rey se terminará toda la diversión- Creía que esas iban a ser mis últimas palabras.

 

- Bien, entonces no le voy a matar el rey, pero a cambio le voy a pedir su reina.¿Qué prefiere?¿El rey o la reina?

- Le voy a dejar marchar si eso es lo que desea.

- Buena elección- dejó caer el cristal roto al suelo, partiéndose en miles de diamantinos pedazos empañados de rojo rubí.

Dan cayó al suelo y llegó rodando hasta mis pies. Dejó un rastro de rojo líquido tras su paso que llegó a mi cómo un mar de pequeñas olas sangrientas que empapaban mis zapatos. Dan seguía ahí, boca arriba, con los ojos entreabiertos mirando a ninguna parte. Era horroroso. Me desmayé.

- ¿Dónde estoy?¿Qué pasa?¿Dónde está Dan?¿Estoy muerto? No. No puedo estarlo. Yo no me hice daño. Fue Dan. Él tiene la culpa.¿O la tengo yo?¿Fue él el violento?¿O fui yo quien lo provocó? Intento recordar su cara, pero no puedo.¿Quién es Dan?¿Es algo más que un loco?¿Es él el loco?¿O soy yo? No, yo no lo soy, soy el médico. Y los médicos no enloquecen. ¿ O si?

- Buenas tardes, doctor- Empecé a vislumbrar una silueta femenina encima mío.

- Buenas tardes- me encontraba en un camilla y a mi lado estaba la Dra. Vitzlaw.

- Esta mañana lo ha traído el doctor Gausser en calzoncillos, ¿se puede saber que le ha pasado?

- Tengo que irme- cogí la ropa limpia que había al lado de mi camilla y me vestí

Volví a subir hasta la tercera planta, estaba cerrada, misteriosamente no quedaban restos de sangre en la escalera, bajé a la segunda, estaba abierta. El doctor Gauffmann iba paseando por ahí.

- ¡Doctor!¡Espere! ¿Sabe dónde está el doctor Gausser?

- Creo haberle visto pasar hace un rato por el primer piso.

- Muchas gracias, adiós.

Nunca había estado tan nervioso, mis músculos temblaban cómo hojas de otoño. Bajé al primer piso, la puerta estaba abierta, no había nadie, no quería abrir las puertas de las salas por miedo a enfrentarme a esos pacientes fotófobos que yo mismo había rechazado dos días antes.

Fui a mi habitación, me encerré en ella y me tumbé en la cama para leer un rato y relajarme. Empecé a leer. Los nervios no me dejaban continuar. Paré de leer. Dejé caer el libro sobre la cama; incluso me castañeteaban los dientes. Entonces apareció ella. La araña, ese animal que siempre aparecía en los momentos más inoportunos. Se posó encima del libro pero esta vez su presencia no me tranquilizaba, al contrario, me ponía aun más nervioso. Y, en un ataque colérico, la aplasté vilmente sobre la portada de piel del libro. Seguidamente me quedé dormido.

Al levantarme, todas las tensiones del día anterior se habían desvanecido. Al parecer matar una araña a sangre fría servía para descargar tensiones. Después de una larga ducha fría subí las escaleras hasta el tercer piso que, por cierto, estaba abierto. Entré en el locutorio, abrí las luces, Dan no estaba, ni tampoco el cristal, no había ni una sola marca del accidente ocurrido el día anterior excepto por una cosa: la silla, la silla de Dan seguía ahí, estaba astillada y, aunque se notaba que los habían querido borrar, había restos de sangre. Aparte de eso no había nada más que me llamara la atención.

Como no tenía nada que hacer esperé pacientemente la llegada del doctor Gausser. Al cabo de media hora llegó.

- Venga conmigo- parecía preocupado.

Le seguí sin rechistar, me llevó a una pequeña puerta del mismo piso de la cual no me había percatado ni siquiera. La abrió y me dijo:

- Entre usted solo, Dan dice que quiere despedirse de usted.

- ¿Cómo?

- No pregunte, le espero aquí.

Entré en aquella pequeña habitación, Dan estaba en una cama y conectado a varias máquinas en las que no me fijé.

- Sr. Kraft, ¿cómo se encuentra?

- Perfectamente, sólo me duele todo.

- ¿Que es lo que me quería decir?

- Adiós, eso es lo que le quería decir.

- ¿Cómo que adiós?¿Qué quiere decir con adiós?

- Quiero decir que me voy.

- No, usted no puede morir ahora.

- No voy a morir, sólo me voy a ir.

- ¿Ha encontrado un camino para salir?

- No, el camino me encontró a mi y seguramente mañana ya me haya marchado.

- ¿Lo volveré a ver?

- Por supuesto, me va a ver cada día del año.

- ¿Se marcha pero lo voy a seguir viendo?

- Exacto. Le voy a dar una última pista: esta semana que he despertado ha sido sólo un letargo interrumpido.

- ¿Quiere decir que va a volver a dormir?

Le miré a la cara, sus ojos estaban cerrados, tenía un aspecto tranquilo, descansado, como si solo estuviera durmiendo. Entró el doctor Gausser.

- Ha pasado lo que me temía. Ha perdido tanta sangre que el cerebro ha perdido parte de su riego sanguíneo y lo ha vuelto a dormir. Pero esta vez no podrá volver a despertar y el mundo seguirá sin conocer el remedio de la parálisis cerebral.

Éstas, estimado lector, son las últimas palabras que recuerdo antes de que me internaran, junto a Dan, en esta habitación de tres metros cúbicos. No se porqué ahora me tratan como a un loco. Algo habré hecho pero tampoco lo sé, no me acuerdo. Estas escasas letras que ahora acabo, son en memoria de Dan, mi viejo amigo, que ha muerto hace pocos días. Aunque últimamente empiezo a dudar de todo, sobretodo de mi propio cerebro. Ahora no sé si esto que aquí escribo es real o es mentira, una simple alucinación de un loco que no sabe ni siquiera su nombre. Sí, me he olvidado de mi nombre, por eso no lo he escrito en esta historia. Ahora mismo estoy empezando a dudar incluso de mi propia existencia, que sea yo otra divagación absurda de algún otro loco y que lo que escribo aquí sea fruto de la imaginación de otro en la que yo soy un personaje, una marioneta que otros pueden mover a su antojo y yo no pueda ser yo.

Ahora querido lector inexistente o quizás existente, qué más da, quiero que reflexione si su vida no es más que una farsa que su cerebro ha creado y no es usted otro cómo yo, uno que no sabe si esta vivo o muerto, aquí o allá, arriba o abajo, derecha o izquierda...

Quiero que se diga a si mismo si se ha planteado nunca si su vida es realmente suya o no es más que una aberración de una realidad inexistente, al menos para usted.

Le dejo con la incógnita.

Gracias.

Firmado:

Nadie.

El Autor de este relato fué Marcos Jim%E9nez , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=70&cat=craneo (ahora offline)

Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción Letargo Interrumpido

Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción Letargo Interrumpido

En este relato les voy a contar la historia de un paciente que aquí residió hasta el día de su fallecimiento. Su nombre era el de Dan von Kraft y su número

relatoscortos

es

https://cuentocorto.es/static/images/relatoscortos-relatos-cortos-ficcion-ciencia-ficcion-letargo-interrumpido-2502-0.jpg

2020-06-26

 

Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción Letargo Interrumpido
Relatos cortos ficcion Ciencia Ficción Letargo Interrumpido

Si crees que alguno de los contenidos (texto, imagenes o multimedia) en esta página infringe tus derechos relativos a propiedad intelectual, marcas registradas o cualquier otro de tus derechos, por favor ponte en contacto con nosotros en el mail [email protected] y retiraremos este contenido inmediatamente

 

 

Update cookies preferences