Relatos cortos ficcion Narrativa Libre EL NOCTÁMBULO II

Fue entonces que te vi quieta y sujeta a la tierra como de costumbre. Desde un lustro atrás de estropicios solitarios, sigues siendo tú; testigo único de mis ubérrimas confesiones; si es entonces al sentirte pegada a mi a través de este lítico contacto cuando me siento libre para despojar la existencia de las perentorias congojas que le lastiman, pues bien se que mis lagrimas furtivas serán arrancadas de mis mejillas por esta levantisca brisa para así ser vistas jamás por ojos humanos. Y es que tu, si solo tu, tienes el poder de exorcizar mis demonios. final alternativo.' final

 

 

 

EL NOCTAMBULO II

"Esta es una versión corregida y

ampliada, además cuenta con un

final alternativo."

Fue entonces que te vi quieta y sujeta a la tierra como de costumbre. Desde un lustro atrás de estropicios solitarios, sigues siendo tú; testigo único de mis ubérrimas confesiones; si es entonces al sentirte pegada a mi a través de este lítico contacto cuando me siento libre para despojar la existencia de las perentorias congojas que le lastiman, pues bien se que mis lagrimas furtivas serán arrancadas de mis mejillas por esta levantisca brisa para así ser vistas jamás por ojos humanos. Y es que tu, si solo tu, tienes el poder de exorcizar mis demonios.

Te veo y me presencias junto a la noche de nieblas esparcidas hacia todo lo largo y ancho del basto cielo, y estrellas que prestan su galáctica luminiscencia para abastecer de una Láctea lucidez aquel sombrío y gris escenario. Al viento que soplo en el ambiente se le sentía un poco póstumo, algo lapidario había en sus entrañas. Los árboles hacían rejuego con la panorámica y al pasar de la brisa sus hojas revolotearon desprendiendo de su contacto con esta, una acústica melodía serena y lenificante que apaciguo los sentidos de un joven apostado sobre una bifurcada roca acomodada a cada una de las fases de sus nalgas, con los hombros encorvados y los antebrazos detenidos por sus piernas. Un diminuto cigarro incrustado en sus dedos cuya lerda niebla le ayudo a construir una vez mas ese paraíso artificial eximidor de su infierno terrenal, el humo broto al compás de la profusión de sus bocanadas y la atmósfera cobraría una rígida densidad conforme aquella soporífera niebla se esparció y levito hasta formar pequeños nimbó estratos . Era la zona colonial de una pequeña isla del caribe, el odiaba a muerte a los españoles los creía una raza de usureros, ladrones desleales, sin principios morales mas, que aquellos dictámenes de esos que se pasan la vida en menesteres correspondientes a quienes no en vano se ganan tan deshonrosos epítetos.

De todas formas, ahora se encontraba observando lo grandilocuente que ante sus ojos y la noche aparecieron aquellas edificaciones quintugenarias cuya estética arquitectónica parecía incólume ante el tiempo. Más bien denostó que este último se había mostrado respetuoso con esas paredes y columnas sostenedoras de tantos años de historia. Luego de retirar su atención de las hispánicas fortificaciones ponderaría algunas valoraciones conceptuales propias de su interés, el solía tomar estas ocasiones para recapitular sobre sus propios pasos, le pareció el momento mas idóneo para volver a recordar las parvulescencias de anteriores etapas. Tiempos en los que el temor a un dios que nunca tuvo en sus narices le coartó algunos humanos anhelos innatos a la carne nueva. El día se venia gestando, estaba ya próximo y sus albores amenazantes de caer sobre sus hombros, los primeros rayos de sol morirían repletos de vida sobre su vestimenta y piel, algo que no le suele agradar. Primero porque no le simpatizaba la sensación producida por el choque de las ondulaciones lumínicas de Helios, (pues así se refería el al sol). No obstante le pareció que aun le quedaba mucho sobre que meditar y seguramente el opio con sus soporíferas consecuencias le proporcionarían las fuerzas para continuar, una fuerza extraña contenida en los brazos de la lerdez y pereza de los somnolientos. Sin nada ni nadie presto a su interrupción continuó hilvanando sus cavilaciones. En retrospectiva se convirtió en psicoanalista de si mismo y aprovecho el arrebato para averiguar un poco de su propia oscuridad, algo inescrutable yacía en el interior de su alma, e ir detrás de esto fue como olisquear en la profundidad de ese misterio dotado de una fidedigna insondabilidad. Desde sus aficciones hasta sus mas endemoniados temores, los espectros rebeldes de un pasado inquieto rompían las barreras impuestas por su inconsciente con soberbia y brusquedad; cada noche se recreaban a sus anchas en aquella mente, ya de por si torturada. Ellos convirtieron en la mas morbosa de las pesadillas sus mas cándidos anhelos, una vez atormentado no tuvo mas remedio que aceptar aquello; el ya no podría engendrar sueños puros. Esos demonios viajaban por su mente, y solo podían ser burlados con el sopor y el letargo de los residuos del opio en su encéfalo. Los espectros eran sulfurosos recuerdos cobijados en la petulancia rebelde de un momento vivido que se niega a desaparecer y se mantiene recorriendo los pasillos de su memoria deambulando sobre sus pasos fecundando una sepulcral y tenue resonancia acústica vociferante a los oídos de sus ganglios heridos y agitados por la depresión y los efectos de la cocaína, esta una vez dentro de su corteza, entorpeció con noctívaga insistencia la recaptación de neurotransmisores como la dopamina cuya presencia era equiparable solo con la abundancia de hidrogeno que pulula la atmósfera. De repente ante sus pupilas la nada hizo brotar neónicos cataplasmas, recordó que nunca antes experimento cosa igual; dedujo entonces que aquello se encontraba mas allá del umbral que el mismo acostumbra respetar.

La apocalíptica silueta emergió de un lugar inhabitado por la materia. Proyectada desde la teósfera su refracción llego a este planeta y sus fotones volvieron a juntarse aquí; el espacio donde el tiempo tiene cabida aun así solo sea una ilusión. Ella, ignaro ente de las secesiones temporales típicas del homo, existe fuera del tiempo sin la necesidad de rendirles cuentas a este. Ella es inmune al transcurrir de las manecillas, el cabeceo del péndulo o la fina precisión de la nanotecnia. Ella no muere y aquello cuyo propio final desconoce pues sabe que no tiene; al tiempo no teme. Volaba surcando nubes burlando radares, envuelta en la niebla excretada por el frontispicio que le Condensaba la esencia………..

El se encontraba en la fase final de sus cavilaciones y aquel omega le vendría de sorpresa, pues anestesiado por el opio y La coca, apenas y podía cerciorarse de la agudísima sensibilidad que fue adquiriendo en sus sentidos y esto último era algo que comenzó a gustarle, era esa sensibilidad sensorial, el paño tibio que le ayudaría a soportar lo que Le aguardo cuando volvió a envenenar sus adentros con el alucinante brebaje que tanto le reconfortaba. Dejo caer los brazos casi exangües y tendidos, se entrego por completo a la gravedad, alargo las piernas, cayo a la grama.

Fue su corazón; comenzó un fulgurante ritmo de latidos Que le rompieron las entrañas del pecho con cada beat, los ojos se le desorbitaron y sus facciones cobraron una bizarra asimetría que transformo su rostro en una espiral. No obstante la magnitud del suplicio fisiológico, un amasijo de nuevas sensaciones se apodero de su cuerpo hasta experimentar los viscerales efectos de un sistema límbico algarete. Primero sintió que se le alargaron los brazos y las piernas y que una repentina acromegalia le incremento las proporciones del occipucio, trato de abrazar la roca para obtener certeza de que aun vivía, pero una súbita cataplexia se apodero de su esternocleidomastoideo, fue entonces cuando empezó a perder una tras una sus facultades, eso le eximio del dolor no sin desde luego; lacerar su existencia. Sus ojos divisaban la noche, mas no discernío la oscuridad celestial respecto a la luminiscencia láctea, su nariz olisqueo perdida entre el maremagno de glaciales olores corporales, trato en vano de identificar la esencia escuálida de algún vaho alegre y vivo, capaz de alborotar el halito; la chispa silente cautiva en algún recodo del alma, más todo cuanto absolvió sus fosas nasales fue un enturbiado aire necrótico y desolador que con sevicia firme sofoco inclemente su ya de por si agónico aliento. De nada le servían sus sentidos; la psique levito vestida de una bermeja radiación excretada desde el Cuerpo……….

Aquella silueta se encontraba cerca de su destino; con sinérgica parsimonia descendió las alturas para levitar a solo unos centímetros del blando suelo. Un agudo sentido auscultativo le guió hacia su objetivo, y es que solo ella podría percibir el contumaz zumbido del estertor moribundo cuando este suele esparcirse por el ubicuo éter. Le vio mientras el sudor se le hacia como un crisma que le ungía los pómulos hinchados, los labios acongojados y la frente ramificada por las venas, ella pudo divisar en el, La inicua semblanza común a los desahuciados o hectiquezados prestos a morar en las siniestras profundidades del hades. Poso su mirada sobre sus pupilas diluidas por la anestésica sublimación de todas sus Facultades fisiológicas. El al fin pudo verle, envuelta en ese frontispicio de ennegrecidos harapos y musgos; su cara fue una prolongación de aquel manto y dentro de ese contorno no existía asomo de piel alguna, ahí dentro solo habitaba la niebla milenaria de todos los tiempos posibles. El comprendió que estaba frente a su verdugo: la muerte y su aspecto era el de una parca. Balbuceo, le brotaron unos gestos guturales y al fin unas palabras –Te veo y no te creo- topbestmelhores.pt

-Vengo por tu trinidad, es tiempo de despojarte de ella y así desterrarte de este mundo- pero si yo quiero vivir para contar esto! quiero decir he visto la cara de mi muerte y no lo puedo compartir con nadie, no men eso no ta´. Esas palabras tan solo irritaron a la parca la cual presurosa elevo el largo y afilado objeto que tenia en sus manos al tiempo que pronuncio aquella fatídica frase –no has de vivir para contarlo mas bien deberás morir para callarlo- solo tuvo un instante disponible para dejar caer sus parpados y no hubo forma en la que pudiese escapar al desgarrador e inhumano aguijón enterrado en su pecho inerme, esta vez el espasmo le tomo todo el cuerpo. La parca sabía muy bien que ese era el centro u hábitat del ethos que ahora debió abandonarle el cuerpo para perderse en el cosmos fundiéndose con los elementos y moléculas diambulantes por la atmósfera. La parca extrajo el aguijón de su pecho herido y luego le clavo este en el plexo solar y al retirarlo dejo allí un orificio por el cual le broto el pathos, todas las emociones contenidas se vaciaron así hacia un mundo nuevo con el cual no tardarían en fusionarse para correr de esta forma la misma suerte que el ethos, ahora solo le falto su yo y desde luego que la parca; ente de de vasta y longeva experiencia en este menester, sabia muy bien donde clavar su adorado aguijón, así pues no dudo en apuntar al centro de de su frente, la hipófisis y llegar hasta su glándula pineal para abrir el ultimo de los orificios por el cual emanaría la certeza de que alguna vez fue alguien que consumió un poco de tiempo en los confines del espacio. La parca se marcho dejando el cuerpo inerte sobre la grama cobijada por el manto de las pomposas nubes nocturnales. Al día siguiente aquel joven viviría un poco mas aun a pesar de su muerte, y es que su nombre figuro en unas cuantas cuartillas de los diarios de esa metrópoli caribeña, so lastima también ahí debió desaparecer, pues ya no figuro al otro día.

El sesudo hombre de negocios sujeto su sombrero en la superficie cuasi cóncava de su metacarpio derecho hasta colocarlo cuidadosamente y con elegancia sobre su cabeza. Aguardó un momento mas en la oficina solitaria en expectativa de las buenas nuevas que le debería reportar su amigo de confianza. -alo, joder ¿Algún problema en el camino? mira que llevo bastante esperándote, ya casi me iba.

-Pues bien hiciste en esperarme te tengo buenas noticias, tenias razón las cosas han salido tal cual las maquinaste- luego de escuchar aquello que era todo cual el deseo oír invito a su altílocuo adlátere a cenar para celebrar su mas reciente éxito de mercado. Una vez en el restaurant de gótica estética los dos hombres de quincuagésimos equinoccios y solsticios, se dispusieron hablar sobre una amalgama de tópicos y temas que culminarían en sus respectivas familias -¿ y tu esposa,-mucho tardaste para preguntar por ella, pero la respuesta es la misma de siempre, ¿Que te puedo decir si se la pasa de compras y compras, pasa mas tiempo en las tiendas que en la casa, y a mi no pueden reclamarme mi ausencia, si no presto atención a los negocios ¿Quien mantiene a la familia? -y a eso llamas familia, dime una cosa en que anda tu hijo ¿Que ya no tiene trece años? -pues si y me dice la criada que ahora se pasa las tardes en un parquecito de la zona colonial ella lo ve desde la ventana de la segunda planta aunque es un poco lejos....pero puede cerciorarse de que esta fuera de peligro.

Como de costumbre, Andy se trepo sobre su bicicleta y se dispuso a cortar las imprudentes distancias, recorriendo la grama verde, tras aquel fetiche lítico que a través de una inmensa superconductividad le atrajo el espíritu a pesar de la lejanía que para su corta edad (tenia apenas trece) resulto aquel trayecto, y lo mas extraño todavía: Nunca antes había visto esa roca que tras haber presenciado por vez primera, no pudo dejar de irradiarle interés y fue así que la encontró erguida, nacida de la tierra, bifurcada en la cima, silente e inmóvil. Ayudado por sus dígitos calo hasta su tope, sin poder evitar sentirse uno con la roca que a su vez lo conecto con el universo, en su cima pudo divisar el mundo que le aguardaba desde una perspectiva superior, el fue el amo de la mirada que arropo la metrópolis y su brizcolaje de sofisticado urbanismo y arcaicas fortificaciones.

Para seguir aquella rutina, cuya pertinaz asistencia era una forma de pleitesía hacia la roca y lo que el sentía una vez se apostaba sobre su cima, debió escapar al radio de acción de la mirada procurante e inquisitiva de su nana, esta y sus asechanzas; peligro inminente de sus andanzas y aquel contubernio con la discreta estructura geológica que tanto le reconforto la existencia. Fue así como perduro hasta el día que lo encontraron años después con el corazón reventado, los labios acromáticos y una contristecida mimesis congelada en su rostro. Despojado de vida su cuerpo yacía en el suelo con sus brazos abrazando aquella manifestación de las inquietudes tectónicas del planeta. Justo una década antes en el albor mágico y austral del día en que la vio por primera vez, no supo interpretar la sucesión de sensaciones que le invadió el cuerpo aquel entonces, quizá nunca en su vida supo que esa roca silente y altiva era un signo o símbolo a interpretar y una vez descifrada su semiótica, comprender los escatológicos fines de tan extraña comunión. No obstante al principio era muy párvulo y su racionalidad tan evanescente y frugal para asimilar algo tan complicado, sin embargo una década después; justo el día en que la parca lo defenestro de estos rumbos, era tan irreverente y ensimismado, heliogábalo de altílocua excentricidad; tales eran los demonios contenidos en mi ego. Y fue entonces en aquel instante; el día en que la parca vino por mí, cuando supe que ya no dispondría de más horas para descifrar aquello. Así fue como el tiempo, que antes me parecía dadivoso a la vida, se me convirtió en negación de la existencia que una vez creí propia. El tiempo dio para mi sus últimos pasos; se que el seguirá su camino, mas yo no se donde continué el mío. Esto lo he pensado al clausurar mis parpados por última vez. Y es apenas ahora, en la maldita millonésima de segundo que me queda, cuando comprendo que solo creí entenderlo; mas yo mismo me engañe y los psicotrópicos solo fueron en mi vida, una burbuja química de efervescentes ilusiones que me alejaron más y más.......de la única realidad posible: La mía propia, he descubierto que durante estos eones he vivido en el mundo que ellos edificaron para mí, Yo viví sus fantasías al margen de mi realidad, mas ahora no dispongo si quiera de un minuto mas para enmendar mi craso error. Y de todo esto apenas he aprendido cuan mortificante es arrepentirte durante el último de los alientos que dispones.

Aquel primer encuentro una década antes poco difirió del ultimo, pues confieso; a mi mismo confieso: Haber marchado repleto de dudas, enigmas y arcanos sin develar, compañeros del alma ahí donde sea que esta de a parar.

El Autor de este relato fué Aneudys Santos , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7897&cat=craneo (ahora offline)

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2021-08-18

 

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