Relatos cortos ficcion Narrativa Libre EL NOCTÁMBULO

 

 

 

La noche esparcía sus tinieblas hacia todo lo largo y ancho del basto cielo, las estrellas prestaban su galáctica luminiscencia para abastecer de una Láctea lucidez aquel sombrío y gris escenario. Al viento que soplaba en el ambiente se le sentía un poco póstumo, algo lapidario había en sus entrañas.

Los árboles hacían rejuego con la panorámica y al pasar de la brisa sus hojas se revoloteaban desprendiendo de su contacto con esta, una acústica melodía serena y lenificante que apaciguaba los sentidos de un joven apostado sobre una bifurcada roca que se acomodada a cada una de las fases de sus nalgas, con los hombros encorvados y los antebrazos detenidos por sus piernas. Un diminuto cigarro incrustado en sus dedos que con sus nieblas le ayudo a construir una vez mas ese paraíso artificial que lo eximia de su infierno terrenal, el humo brotaba al compás de la profusión de sus bocanadas y la atmósfera cobraba una rígida densidad conforme aquella soporífera niebla se esparcía y levitaba hasta formar pequeños nimbó estratos . Era la zona colonial de una pequeña isla del caribe, el odiaba a muerte a los españoles los creía una raza de usureros, ladrones desleales, sin principios morales mas, que aquellos dictámenes de esos que se pasan la vida en menesteres correspondientes a quienes no en vano se ganan tan deshonrosos epítetos.

 

De todas formas, ahora se encontraba observando lo grandilocuente que ante sus ojos y la noche aparecían aquellas edificaciones quintugenarias cuya estética arquitectónica parecía incólume ante el tiempo. Más bien parecía que este último se había mostrado respetuoso con esas paredes y columnas sostenedoras de tantos años de historia. Luego de retirar su atención de las hispánicas fortificaciones pondero algunas valoraciones conceptuales propias de su interés, el solía tomar estas ocasiones para recapitular sobre sus propios pasos, le pareció el momento mas idóneo para volver a recordar las parvulescencias de etapas anteriores. Tiempos en los que el temor a un dios que nunca tuvo en sus narices le coartó algunos humanos anhelos innatos a la carne nueva. El día que se venia gestando estaba ya próximo y sus albores caerían sobre sus hombros, sus primeros rayos de sol morirían repletos de vida sobre su vestimenta y su piel, algo que no era de su agrado. Primero porque no le agradaba la sensación producida por el choque de las ondulaciones lumínicas de Helios, (pues así se refería el al sol). No obstante le pareció que aun le quedaba mucho sobre que meditar y seguramente el opio con sus soporíferas consecuencias le proporcionarían las fuerzas para continuar, sin nada ni nadie presto a su interrupción continuó hilvanando sus cavilaciones. En retrospectiva se convirtió en psicoanalista de si mismo y aprovecho el arrebato para averiguar un poco de su propia oscuridad, algo inescrutable yacía en el interior de su alma, e ir detrás de esto era como olisquear en la profundidad de algo de fidedigna insondabilidad. Desde sus aficciones hasta sus mas endemoniados temores, los espectros rebeldes de un pasado inquieto rompían las barreras impuestas por su inconsciente y cada noche se recreaban en sus anchas en aquella mente, ya de por si torturada. Ellos convertían en la mas morbosa de las pesadillas sus mas cándidos anhelos, una vez atormentado no tuvo mas remedio que aceptar aquello; el ya no podía engendrar sueños puros. Esos demonios viajaban por su mente, y solo podían ser burlados con el sopor y el letargo de los residuos del opio en su encéfalo. Los espectros eran sulfurosos recuerdos cobijados en la petulancia rebelde de un momento vivido que se niega a desaparecer y se mantiene recorriendo los pasillos de su memoria deambulando sobre sus pasos

 

fecundando una sepulcral y tenue acústica resonancia vociferante a los oídos de su ganglio herido y agitado por la depresión y los efectos de la cocaína, esta una vez dentro de su corteza, entorpecía con noctívaga insistencia la recaptación de neurotransmisores como la dopamina cuya presencia era equiparable solo con la abundancia de hidrogeno que pulula la atmósfera, de repente ante sus pupilas la nada hizo brotar neónicos cataplasmas, recordó que nunca ante experimento cosa igual; dedujo entonces que aquello se encontraba mas allá del umbral que el mismo acostumbra respetar.

La apocalíptica silueta emergió de un lugar inhabitado por la materia. Proyectada desde la teosfera su refracción llego a este planeta y sus fotones volvieron a juntarse aquí; el espacio donde el tiempo tiene cabida aun así solo sea una ilusión. Ella, ignaro ente de las secesiones temporales típicas del homo existe fuera del tiempo sin la necesidad de rendirles cuentas a este. Ella es inmune al transcurrir de las manecillas, el cabeceo del péndulo o la fina precisión de la nanotecnia ella no muere y aquello que no conoce fin; al tiempo no teme. Volaba surcando nubes burlando radares, envuelta en la niebla excretada por el frontispicio que le

Condensaba la esencia………..

El se encontraba en la fase final de sus cavilaciones y aquel omega le vendría de sorpresa, pues anestesiado por el opio y La coca, apenas y podía cerciorarse de la agudísima sensibilidad que iban adquiriendo sus sentidos y esto último era algo que comenzó a gustarle fue esa sensibilidad sensorial, el paño tibio que le ayudaría a soportar lo que Le aguardo cuando volvió a envenenar sus adentros con el alucinante brebaje que tanto le reconfortaba. Dejo caer los brazos casi exangües y tendidos, se entrego por completo a la gravedad, alargo las piernas, cayo a la grama.

Fue su corazón; comenzó un fulgurante ritmo de latidos Que le rompían las entrañas del pecho con cada beat, los ojos se le desorbitaron y sus facciones cobraron una bizarra asimetría que transformo su rostro en una espiral. No obstante la magnitud del suplicio fisiológico, un amasijo de nuevas sensaciones se apodero de su cuerpo hasta experimentar los viscerales efectos de un sistema límbico algarete. Primero sintió que se le alargaron las los brazos y las piernas y que una repentina acromegalia le incremento las proporciones del occipucio, trato de abrazar la roca para obtener certeza de que aun vivía, pero una súbita cataplexia se apodero de su esternocleidomastoideo, fue entonces cuando empezó a perder una tras una sus facultades, eso le eximio del dolor no sin desde luego; lacerar su existencia. Sus ojos divisaban la noche, mas no discernían la oscuridad celestial respecto a la luminiscencia láctea, su nariz olisqueo perdida entre el maremagno de glaciales olores corporales, trato en vano de identificar la esencia escuálida de algún vaho alegre y vivo, capaz de alborotar el halito; la chispa silente cautiva en algún recodo del alma, más todo cuanto absolvió sus fosas nasales fue un enturbiado aire necrótico y desolador que con firme sevicia sofocaba sinérgicamente su ya de por si agónico aliento.

 

De nada le servían sus sentidos la psique levito en presencia de una bermeja radiación excretada desde el Cuerpo……….

Aquella silueta se encontraba cerca de su destino; con sinérgica parsimonia descendió las alturas para levitar a solo unos centímetros del blando suelo. Un agudo sentido auscultativo le guió hacia su objetivo, y es que solo ella podría percibir el contumaz zumbido del estertor moribundo cuando este suele esparcirse por el ubicuo éter. Le vio mientras el sudor se le hacia como un crisma que le ungía los pómulos hinchados, los labios acongojados y la frente ramificada por las venas, ella pudo divisar en el La inicua semblanza común a los desahuciados o hectiquezados que pronto morarían en las siniestras profundidades del hades. Poso su mirada sobre sus pupilas diluidas por la anestésica sublimación de todas sus Aviation Questions and Answers

Facultades fisiológicas. El al fin pudo verle, envuelta en ese frontispicio de ennegrecidos harapos y musgos; su cara fue una prolongación de aquel manto y dentro de ese contorno no existía asomo de piel alguna, ahí dentro solo habitaba la niebla milenaria de todos los tiempos posibles. El comprendió que estaba frente a su verdugo: la muerte y su aspecto era el de una parca. Balbuceo, le brotaron unos gestos guturales y al fin unas palabras –Te veo y no te creo-

-Vengo por tu trinidad, es tiempo de despojarte de ella y así desterrarte de este mundo- pero si yo quiero vivir para contar esto! quiero decir he visto la cara de mi muerte y no lo puedo compartir con nadie, no men eso no ta´. Esas palabras tan solo irritaron a la parca la cual presurosa elevo el largo y afilado objeto que tenia en sus manos al tiempo que pronuncio aquella fatídica frase –no has de vivir para contarlo mas bien deberás morir para callarlo- solo tuvo un instante disponible para clausurar sus parpados y no hubo forma en la que pudiese escapar al desgarrador y catapléxico aguijón enterrado en su pecho inerme, esta vez el espasmo le tomo todo el cuerpo. La parca sabía muy bien que ese era el centro u hábitat del ethos que ahora debió abandonarle el cuerpo para perderse en el cosmos fundiéndose con los elementos y moléculas diambulantes por la atmósfera.

La parca extrajo el aguijón de su pecho herido y luego le clavo este en el plexo solar y al retirarlo dejo allí un orificio por el cual le broto el pathos, todas las emociones contenidas se vaciaron así hacia un mundo nuevo con el cual no tardarían en fusionarse para correr de esta forma la misma suerte que el ethos, ahora solo le falto su yo y desde luego que la parca; ente de de vasta y longeva experiencia en este menester, sabia muy bien donde clavar su adorado aguijón, así pues no dudo en apuntar al centro de de su frente, la hipófisis y llegar hasta su glándula pineal para abrir el ultimo de los orificios por el cual emanaría la certeza de que alguna vez fue alguien ocupante de un espacio en los confines del tiempo.

La parca se marcho dejando el cuerpo inerme sobre la grama cobijada por el manto de las pomposas nubes nocturnales. Al día siguiente aquel joven viviría un poco mas aun a pesar de su muerte, y es que su nombre figuro en unas cuantas cuartillas de los diarios de esa metrópoli caribeña, so lastima también ahí debió desaparecer, pues ya no figuraba al día siguiente.

 

El sesudo hombre de negocios sujeto su sombrero en la superficie cuasi cóncava de su metacarpio derecho hasta colocarlo cuidadosamente y con elegancia sobre su cabeza. Aguardó un momento mas en la oficina solitaria en expectativa de las buenas nuevas que le debería reportar su amigo de confianza. -entra, joder ¿Algún problema en el camin? mira que llevo bastante esperándote, ya casi me iba.

-Pues bien hiciste en esperarme pues te tengo buenas noticias, tenias razón las cosas han salido tal cual las maquinaste- luego de escuchar aquello que era todo cual el deseo oír invito a su altílocuo adláter a cenar para celebrar su mas reciente exito de mercado. Una vez en el restaurant de gótica estética los dos hombres de quincuagésimos equinoccios y solsticios, se dispusieron hablar sobre una amalgama de tópicos y temas que culminarían en sus respectivas familias -¿ y tu esposa,-mucho tardaste para preguntar por ella, pero la respuesta es la misma de siempre, ¿Que te puedo decir si se la pasa de compras y compras, pasa mas tiempo en las tiendas que en la casa, y a mi no pueden reclamarme mi ausencia, si no presto atención a los negocios ¿Quien mantiene a la familia? -y a eso llamas familia dime una cosa en que anda tu hijo ¿Que ya no tiene trece años? -pues si y me dice la criada que ahora se pasa las tardes en un parquecito de la zona colonia ella lo ve desde la ventana de la segunda planta aunque es un poco lejos....pero puede cerciorarse de que esta fuera de peligro.

Como de costumbre, Andy se trepo sobre su bicicleta y se dispuso a cortar las imprudentes distancias, recorriendo la grama verde, tras aquel fetiche lítico que a través de una inmensa superconductividad le atrajo el espíritu a pesar de la lejanía que para su corta edad (tenia apenas trece) resulto aquel trayecto, y lo mas extraño todavía nunca antes había visto esa roca que tras haber visto por primera vez, no pudo dejar de irradiarle interés y fue así que la encontró erguida, brotada de la tierra, bifurcada en la cima, silente e inmóvil. Ayudado por sus dígitos calo hasta su cima, sin poder evitar sentirse uno con la roca que a su vez lo conecto con el universo, en su cima pudo divisar el mundo que le aguardaba desde una perspectiva superior, el fue el amo de la mirada que arropaba la metrópolis y su brizcolaje de sofisticados ejemplos de urbanismo y arcaicas fortificaciones.

Para seguir aquella rutina, cuya pertinaz asistencia era una forma de pleitesía hacia la roca y lo que el sentía una vez se apostaba sobre su cima, debió escapar al radio de acción de la mirada procurante e inquisitiva de su nana, esta y sus asechanzas; peligro inminente de sus andanzas y aquel contubernio con la discreta estructura geológica que tanto le reconforto la existencia. Fue así como perduro hasta el día que lo encontraron una década después con el corazón reventado, los labios acromáticos y una contristecida mimesis congelada en su rostro. Despojado de vida su cuerpo yacía en el suelo con sus brazos abrazando aquella manifestación de las inquietudes tectónicas del planeta. Justo una década antes en el albor mágico y austral del día en que la vio por vez primera, no supo interpretar la sucesión de sensaciones que le invadió el cuerpo aquel entonces, quizá nunca en su vida supo que esa roca silente y altiva era un signo o símbolo a interpretar y una vez descifrada su semiótica, comprender los escatológicos fines de tan extraña comunión. No obstante una década antes era muy párvulo y su racionalidad tan evanescente y frugal para asimilar algo tan complicado, sin embargo una década después; el día en que la parca lo defenestro de estos rumbos, era tan irreverente y ensimismado, heliogábalo de altílocua excentricidad que nunca le permitiría descifrar aquello a pesar del paso del tiempo, un tiempo que se le convirtió en la negación de su propia existencia a cada paso que daba. Sencillamente nunca pudo entenderlo y los psicotrópicos solo contribuirían a encerrarlo en una burbuja química de efervescentes ilusiones que lo alejaron más y más.......

Aquel primer encuentro una década antes poco difirió del ultimo, pues se marcharía repleto de misterios, enigmas y arcanos sin develar.

El Autor de este relato fué Aneudys Santos , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7797&cat=craneo (ahora offline)

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La noche esparcía sus tinieblas hacia todo lo largo y ancho del basto cielo, las estrellas prestaban su galáctica luminiscencia para abastecer de una Láctea

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2024-05-17

 

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