Relatos cortos ficcion Narrativa Libre Lory

 

 

 

Yo estaba destrozado. Pablo me había prestado su estudio por unos días. Se había acabado el semestre y el se estaba quedando en su casa. Yo, bueno, le dije que necesitaba un lugar para escribir, fuera del jodido ruido de casa; un lugar tranquilo y silencioso para concentrarme y escribir uno que otro relato. En parte era verdad; sólo en parte. La otra parte era que necesitaba un lugar para drenarme, para sacarme toda la mierda de encima, todo el pus. Carajo, lo recuerdo y me duele…

Mi novia de entonces, la muy puta, me las pegó. Prácticamente estábamos viviendo juntos, y un día que salí antes de tiempo de clases, fui a su apartamento a buscar unos libros y otras cosas mías. Tenía llave, así que abrí, y cual fue mi sorpresa cuando veo a la muy perra mamándoselo a un tipo que había visto un par de veces por ahí. Los dos estaban desnudos y ella lo hacía con mucha pasión. La muy cabrona se lo estaba disfrutando; y el muy hijo de puta, también. Lo se, ella hace muy buenas mamadas.

 

Cojones, lo recuerdo muy bien, todavía tengo la escena grabada en mi masoquista cabeza: Yo agarrando la cerradura de la puerta, ella desnuda, arrodillada y cabeceando, y el muy perro mirando hacia arriba con los ojos cerrados. Luego me vieron, y esta es la parte que más trabajo me cuesta sacarme de la cabeza, porque es como una maldita fotografía. Se quedaron estáticos: ella mirándome con la boca abierta llena de baba y su mano agarrando el bicho del tipo, que para colmo lo tiene más grande que yo, un hilo de baba espesa conectando su boca con la fucking verga, y el muy cabrón (bueno, el cabrón soy yo, ¿no?) mirándome con esa mirada entre sorpresa y miedo… Pensarían que los mataría, creo. Pero no, los muertos no pueden matar a nadie, y ellos me habían dejado bien muerto. Sólo pude articular una palabra, muy lentamente, sacada de las entrañas de mi destrozado ser: “PU-TA”. Luego cerré la puerta.

Y me enfermé.

Estuve mal por semanas. Tenía toda mi alma hecha pedazos, ulcerada, infecta. Yo estaba bien enamorado. Es más, nunca me había sentido así por alguien. Yo pensaba hasta en matrimonio y todo eso. Yo, que soy un mujeriego, que creo que no es matrimonio sino martirmonio, que soy de los que dicen “el matrimonio es como el demonio”…

Toda la situación me llevó a replantearme la vida. Por un tiempo pensé en el suicidio, pero no. ¿Y si daba la mala pata que todas las religiones estuvieran en lo cierto? Terminaría en el infierno deseando suicidar mi alma pero sin poder hacerlo. Además, qué carajo, la muy puta no lo valía. Pero más aun, no podía irme sin intentar escribir “buena literatura”.

Entonces le pedí a Pablo que me prestara su estudio unas semanas, lo que empezaba el semestre. Y me lo prestó. En ocasiones puede ser muy buen amigo. En ocasiones. Bah, pensaría que así se ahorraría el trabajo de limpiarlo porque sabe que soy meticulosamente limpio y ordenado. O lo era. Es idiota, lo sé, pero no podía hacer nada si donde estaba todo no estaba limpio y en su perfecto lugar. Así era, jodidamente maniático, hasta que me mataron…

¿Y escribí? Bueno, sí. Pero para que fluyeran las palabras tuve que tomar o mucho café o algo de alcohol. Y masturbarme. La verdad no puedo hacer nada con exceso de leche. Como sea, la verdad es que escribí unas historias atroces, probablemente mal escritas (y digo probablemente porque no puedo ser objetivo con mi obra), carentes de interés. Escribí de acuerdo a mi estado de ánimo. O sea, no puse palabras en papel, puse mierda. Creo que al lado de esas historias Céline y Bukowski son literatura religiosa. Aunque mejor escrita, claro.

 

Pero estoy diciendo mucha mierda. Lo importante (?) es esto:

Luego de unas semanas, me viene a visitar Lory. Lory es una amiga, pero lo es más de Pablo. Está buena, aunque no demasiado, y sobre todo: no me hace caso. Vino a ver cómo estaba. Entiéndase, Pablo la envió para cerciorarse de que todavía tenia estudio. Cuando la invite a pasar sé que se sorprendió, aunque lo disimulase, al ver todas esas botellas de ron, todos los trastos sucios en el fregadero y toda la suciedad que en general perneaba en el apartamento.

– ¿Cómo estás, chico? –me preguntó.

– Bien, ya ves…–contesté indiferente.

–No lo parece…–dijo mirando alrededor, con una mueca de ¿escepticismo?, ¿desaprobación? No lo sé, sólo sé que se veía hermosa. Probablemente tenía exceso de leche y pensé que ella podría darme una manita…

Bah, no le hice mucho caso ni a sus palabras ni a su actitud de ¿superioridad? Sólo la invité a sentarse y me puse a fumar, mirándola con deseo.

– ¿Quieres uno?

–Sí –me dijo, sorprendiéndome, porque ella no fuma. Pensé que quería fuete y le alargué un cigarrillo con una caja de fósforos. Wao, todavía recuerdo la visión. Se cruzó de piernas (y qué piernas) y muy sexy encendió su cigarrillo. Parecía una profesional con toda esa gracia. Y carajo, no tosió ni nada. Comenzó a chupar y a exhalar humo. Y yo mirándola, pensando que ese cigarrillo podría ser mi bicho… Que dia se celebra hoy

– ¿Y has escrito algo? – me preguntó echando humo.

–Bueno, sí, unas cuantas historias más o menos mediocres…

–Lo decía porque más bien parece que sólo has estado bebiendo.

–… (sonreí)

– ¿No es así?

–No, qué carajo, chica. El alcohol es sólo para soltarme. Tú sabes que no hay nada más amenazador que una página en blanco. Tú solías escribir, ¿no? Debes saberlo.

–Ja, ja, ja, ahora sé yo que para escribir hay que emborracharse. Tú sabes que yo no bebo.

–Será por eso que sólo escribías basura –dije por lo bajo, casi susurrando.

– ¿Qué?

–No, nada, que no sólo hay alcohol, sino también café. Tú sólo te fijas en lo peor.

– ¿Ahora me vas a decir que para escribir hay que tomar mucho café? Estás loco.

–Pues claro, chica. Y fumar también. Te mantiene despierto, alerta, qué sé yo…

– ¿Sí? ¿Y en qué se parece el alcohol y el café, a ver?

–Pues…Mira, lo que pasa es que a veces estoy en ánimo de alcohol y en otras de café… Si, es cuestión de ánimo.

– ¿Sabes lo que realmente creo?

–Si lo supiera sería millonario.

–Ja, muy gracioso… No, mira, realmente creo que has estado aquí llorando a (omito su nombre, no merece estar aquí ni en ninguna parte).

–No, que va, eso es historia pasada. Eso está superado.

–Vamos, puedes confiar en mí. A ver…

A ver las bolas mías. Sólo quería metérselo por uno de sus boquetes. Carajo, creo que tenía una erección, y muy notable.

–Corta el rollo, te quiero a ti, nena – le dije. Y ella vino a mí y me dio un beso cálido en la boca. Luego dijo: “Y yo quiero esto”, y me lo sacó. Yo tenía una erección monstruosa. “Wao, mmm”, llegué a escuchar antes de que comenzara su trabajo… Y se lo tragó todo, todito todo.

Bueno, realmente no me lo mamó. Sólo me invitó a sentarme a su lado y nos comenzamos a besar y a toquetear. Yo le metí la mano entre las piernas (gracias a Dios llevaba falda) y comencé a juguetear con su chocha peluda. La tenía mojada. Ella, pues, me lo sacó y comenzó a jalármelo, suave, luego más rápido y fuerte hasta que, ahh, me corrí en su mano, embarrándola toda.

Bah, les miento. Ya quisiera yo. Sólo se sentó a mi lado, me miró fija y dulcemente, y me dijo: “Vamos, puedes confiar en mí. Soy tu amiga, ¿no?, y para eso estamos los amigos”. No le contesté de inmediato. Sólo la miré y requetemiré, odiándola y deseándola por igual, deseando metérselo y a la vez suplicando a todas las divinidades que la sacaran muy lejos, muy lejos con sus estupideces.

–Cómo se nota que estudias psicología, pero tú sabes que yo no creo en esa mierda. Yo estoy bien, Lory, realmente estoy bien. Claro que estoy algo magullado, pero fue un golpe fuerte, tú sabes. Sólo necesito tiempo para recuperarme, eso es todo. En verdad, ya estoy mejor.

–Ok, si tú lo dices. Pero cualquier cosa que necesites… ya sabes, puedes llamarme en confianza.

–No hay problema, se te aprecia. Ya puedes irte en paz.

Dios, cómo odio a la gente preguntona e insistente. Por eso detesto a los periodistas y psicólogos por igual. Todos son una mierda. Aunque todos los seres humanos son una mierda, sólo que ellos lo son más…

–¿Puedo usar el baño?- me preguntó la niña, ya resignada.

–Claro, al fondo a la derecha –. Todos los baños están al fondo a la derecha. ¿Habrá alguna ley universal que así lo establezca?

Vi entonces cómo Lori se paraba y me daba la espalda, mostrándome ese duro y redondo y paradito trasero. Que pena que sea tan estúpida, pensé, viéndola entrar al baño. Y lo juro, se vació, carajo, juro que esa chica sólo tenía mierda por dentro. Tanta era la peste que dejó que cuando se fue tuve que irme a pasear un rato. Claro, no le dije nada, ni más faltaba. Ella sólo, alfo avergonzada (o por lo menos eso aparentaba), se despidió y se fue. Pero antes de irse le dije:

–No le vas a decir nada a Pablo, ¿verdad?

–No te preocupes –me dijo con esa sonrisa suya tan dulce y excitante-, no le voy a decir nada. Cuídate.

Pero al otro día Pablo me llamó diciéndome que necesitaba el apartamento. La muy perra…

El Autor de este relato fué N.O. Nunez Santiago , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=9880&cat=craneo (ahora offline)

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Yo estaba destrozado. Pablo me había prestado su estudio por unos días. Se había acabado el semestre y el se estaba quedando en su casa. Yo, bueno, le dije

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2020-02-16

 

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