Relatos cortos ficcion Narrativa Libre Más amó aquel...

 

 

 

Más amó aquel que dio su vida primero.

Aarón y su amor eterno.

Era de mañana, fría, acabase de llover pero aún lloviznaba un poquito como si quisiera seguir lloviendo. Un joven hombre de 28 años, alto, de cabello color castaño, ojos castaños, llamado Aarón, iba conduciendo su auto lentamente, por la carretera, pensando en aquella mujer que amó por muchos años y que nunca pudo decirle de sus más puros sentimientos con carácter y abiertamente. Mientras conducía, miraba el cielo y los árboles dejándolos atrás pero tan lento como si el mismo se condujera para algún lugar que no pretendía llegar a tiempo, pero aun así seguía el camino correcto al lugar de compromiso.

Aquel joven lloraba no amargamente, más bien feliz pero con un dolor interior que lo atravesaba de igual forma lentamente al centro de su alma y ser. Al llegar a su destino en una pequeña iglesia, diviso desde su auto la pareja casándose pero ya por salir, había sí, llegado tarde, para poder decir que no estaba de acuerdo a la unión de la pareja para así reclamar a la mujer aquella que aun veía de lejos, junto a su reciente compañía que fue unida por Dios mismo, literalmente.

 

Él la conocía desde ya ase mucho y noto cierto descontento en ella, al pasar lentamente y pararse a una distancia muy visible que solo ella noto, pues los invitados, familiares, niños y niñas, celebraban ya con la tradición de lanzar el arroz a la pareja, pues Aarón, estaba del otro lado de la calle, el estaciono el auto sin apagar el motor, bajo la ventana, pero como era de un vidrio forrado parecido a un espejo, bajo también su mirada lentamente pues era muy seguro de si mismo de que ella lo estaría viendo.

Decidió bajarse, la pareja aun no entraban a la limusina de recién casados, pues saludaban a los familiares e invitados.

Al llegar Aarón, se aproximó a la pareja y saludo a Edward, estrechándole la mano fuertemente, era el esposo de la mujer que amó por mucho tiempo y que por cobardía no pudo decirle que la amaba, ya era tarde. Después, se alejo rápidamente dejando caer una lagrima vertiginosa, percibiendo los ojos taciturnos de Sthella, así se llama ella, una mujer bastante hermosa, de estatura no muy alta, de perfiles redondas, cabello negro brillante, era el tipo de mujer y perfecta para los gustos de Aarón.

Al momento de mirar a Sthella, Aarón quito su mirada y solo al suelo dejando caer varias lágrimas infinitas, su voz casi quebrada saludando a cada familiar e invitado, todos lo miraban extrañados, sin preguntarle él por que de su estado de momento. Se aproximó a Meryl una joven de 24 años que siempre sintió por Aarón algo mas que atracción, pero el no le correspondía por ser tan inmadura y de tener esa mala fama de despechada, era la mejor amiga de Sthella pero en los últimos 3 años no lo eran tanto.

Enseguida Aarón, detuvo su llanto al estar enfrente de Meryl y el saludo gratamente con un abrazo y un beso, Meryl extrañada no dio importancia y aprovecho el momento que esperanzaba en las ocasiones que él la saludaba. A los cinco minutos de hablar con Meryl, aun la pareja no entraba a la limusina, pero al momento de incorporarse dentro del auto, se escucho un fuerte frenazo de lejos y varios hombres se bajaron de aquel auto y solo uno con aspecto de matón sacando un arma de alto calibre, apuntando desde una distancia de 7 metros, a una especifica persona, gritando ¡Muere cristiana maldita! Pero Aarón ya sabia quienes eran y mucho antes de escuchar el frenazo diviso el auto de color negro, enemigos de la familia Castells desde mucho antes que el abuelo de Aarón conoció a la madre de Sthella, Sthella de Castells en aquellos años la joven mujer era perseguida por unos hombres que tenían malas intenciones y por casualidad de la vida detuvo el auto de David el abuelo de Aarón, cuando el tan solo tenia 7 años y Sthella tenia 4, así se conocieron. David logro escapar de aquellos hombres que perseguían a Sthella y a la madre de Sthella. (Pero esta es otra historia que se detallara luego)

 

Aarón que estaba a una distancia de cinco metros como menos logro llegar a tiempo para detener la bala destinada para Sthella, Edward solo se agacho para protegerse así mismo, olvidando proteger a su esposa, Aarón corrió, solo veía pasar en su mente todo hecho pasado de su vida, sabiendo que sacrificaría su propia vida para salvarle a Sthela de esa muerte destinada y no justificada. Al sentir el pecho apretado y caliente callo de rodillas que para él fue una eternidad imparable con las manos abiertas como Jesucristo cuando fue clavado en la cruz, mirando hacia abajo aun con los ojos húmedos y una escondida sonrisa, calló de rodillas y enseguida a la derecha dejando caer su apreciada reliquia, una piedrecilla veteada del tamaño de una nuez, parecido aun ojo de color rojizo suave.

Sthella corrió llorando alcanzando el cuerpo tendido en el suelo, vio su mirada fija al cielo casi muerto, Aarón repetía un nombre pero su voz era muda, los hombres aun parados serios decidieron irse del lugar mas les importo ver fallecer por lo menos a uno de los que ellos llamaban malditos cristianos, pero aun así se fueron.

Sthella sin miedo levanto a duras penas desde el cuello a Aarón, diciéndole:

¡Te amo! ¡Aun te necesito, nunca ame a Edward! ¡No fallezcas! ¡No te vallas!

El tan solo dijo: Mas amó, aquel que dio su vida primero...

Aarón falleció tomado de la mano de Sthella, mirándola con su típica mirada serena como si fuera a decir algo importante, pero en la mano de Sthella estaba la piedrecilla que para Aarón había logrado tomar después de caer al suelo y para él significaba seguridad y felicidad eterna conyugal.

Sthella miro su mano y vio la piedrecilla más roja que antes, era la viva sangre de Aarón.

El Justificado

En el momento del último aliento de Aarón sintió como su cuerpo era dejado atrás y al instante halado con una fuerza superior, era un viento que lo tomo del costado llevándoselo a un lugar tal vez desconocido para él.

-¡Aarón! Se escucho una voz desde lejos.-

-¡Aarón! Todo estaba oscuro, nada se veía.-

-¡Aarón! ¡Levántate y vive!-

Abrió los ojos, un lugar diferente, lo supuso, aunque algo preocupado, por el suceso que lograron ver sus ojos, aun no se acostumbraba a la sensación casi extraña que lo inundaba como un palpitar constante y fuerte. Desconociendo también el temor, por que paz sentía a la vez. Estaba sentado y volviese a escuchar.

-Levántate, hijo mío.-

Se levanto, aun con los ojos abiertos, pero atento a la voz, que con autoridad le imponía, en ese momento. Pero al levantarse fue tomado de la mano enseguida y llevado a un pequeño lugar donde otra vez fue sentado.

Vio a su izquierda a un extraño ser, le provoco repugnancia de tan solo verle.

 

Era como ver un hombre vestido de gris y corbata negra, pero a la vez vio una figura que lo cubría todo era una sombra deforme, parecido al humo muy concentrado en un solo lugar. Quito su mirada al instante, cerro los ojos, miro a su derecha manteniéndolos así, pues era como oler algo muerto. Pero de momento esperaba ver otro ser igual pero al mirar vio una faz, una cara fija en dirección hacía abajo, su cuerpo erguido, fuerte, con un semblante autoritario y sintió una sensación agradable que reconoció de inmediato, pues era amor.

Este ser habla sin poder entender palabra alguna al principio solo suaves susurros pero ¿con quien hablaba? De momento se detuvo y su boca semiabierta se notaba un vapor transparente como aliento puro y volvió a hablar pero como de su boca no salió palabra, sino truenos, como si diera la orden de iniciar un evento. Correo temporal gratis

-¿Qué es esto?- Se pregunto Aarón.

Estaban sentados en lo alto pero de igual forma estaban ahí cerca, aquellos seres que para Aarón eran superiores al, pero solo uno no lo era. Enseguida se escucho unos chillidos desagradables, Aarón enseguida tapándose los oídos dijo:

-¡Cállate en el Nombre de Jesús!

Al instante se detuvo el desagradable sonido. Pero otra voz dijo:

-Aquí estoy, hijo mío.-

Y miro al frente reconociendo aquel rostro más hermoso que él esperaba ver cuando vivía.

Se sintió seguro pues el lugar se dividió a la mitad cielo y noche. El cielo resplandecía de un color celeste vivo. Un frondoso pasto, pero más bien parecía agua verde, ya que se movía a semejanza de cabellos lacios verdes. No noto siquiera la noche no sintió miedo de ver a pesar de que le causo un dolor, ver aquellas imágenes exorbitantes que le produjeron un insignificante espanto. Pues si era El Juzgado del Cielo y la Noche. Del Paraíso y del Infierno.

En otros términos Aarón iba ser justificado o condenado y para ser más directo a este hecho, seria un alma eterna echada al infierno o libre en el cielo.

Se escucharon nuevamente esos chillidos de aquel ser pero por momentos sintiéndose en esta ocasión culpable de cosas que recordó cuando vivía, pero de momento ese sentir se degradaba y desaparecía. Todo termino rápidamente pues enseguida todo ser oscuro desapareció y los seres celestiales estaban cerca de Aarón y una escalera elíptica, pero bastante abierta, de color marfil con bordes de oro en cada escalón que también eran ovaladas, esta escalera apareció frente a él y diviso el final con sus ojos casi húmedos por la felicidad abundante en su espíritu.

Al comenzar su ascenso pensó Aarón:

-¡Soy un justificado! ¡Recibí la vida eterna, aquí descansare en eterna paz!

Aarón en ningún momento se acordó de Sthella o de la Tierra donde vivió por 28 años de su joven vida.

A la luz indescriptible del final se distinguía una pequeña sombra de un celeste tenue que le esperaba pacientemente con algo bajo el brazo. Al llegar reconoció que era su Dios-Padre (no describiré como es)

Debajo del brazo tenia el Libro de la Vida, el cual abrió al instante y con un viento suave abrió aquel libro y encontró el nombre de Aarón. El libro enseguida se cerró y voló al infinito con una rapidez volátil. El momento más esperado llega para Aarón un fuerte abrazo y delicado como el Padre a su hijo que no se veían desde hace años.

 

De momento al casi terminar de abrazarse vio la maravilla más grande que jamás había visto sus ojos, pero en eso momento era una realidad, un amplio lugar divisa su infinidad, tan solo de ver detrás de las espaldas de Jesús cuando le abrazo. Volvió a pensar cerrando los ojos ¡Justificado, soy en la eternidad por amor! Pero aun así no recordó su vida pasada lo que vivió en la Tierra, de Sthella, de su niñez, de su juventud, de su corta adultez.

Veremos más delante de lo que ocurrió en la Tierra después del fallecimiento de Aarón y de cómo Aarón vuelve a la Tierra para proteger a Sthella de la Muerte.

El Paraíso Eterno

Cuando Aarón pasa por aquel lugar maravilloso de las escaleras no distinguió la enorme puerta por la cual atravesó, pro cuando entro miro a su alrededor pues maravillado de aquel hermoso lugar. Amplio, infinito cielo, montañas enormes, Aarón siguió caminando y al instante un ser que vino volando hacia él, lo detuvo presentándose pero no tenía alas ni nada más, tan solo un vestido no muy detallado. Blanco total, con un zarcillo pegado al vestido en el cuello, muy fino como de oro blanco, casi amarillo.

Aquel ángel al presentarse dijo su nombre pero Aarón no sintió confusión, sabia que era un ángel, pero desconocía de que rango de este. El ángel le dijo:

-Acompáñame he de mostrarte el lugar y veras algo aun más maravilloso.

Aarón estaba seguro de que Dios ya no estaba a su lado pero lo sentía muy cerca.

Le siguió y vio cosas indescriptibles, ríos corriendo hacia arriba como cascadas de un color muy transparente, mucha gente feliz, vestida de diferentes épocas de la Tierra, niños, mujeres, hombres, jóvenes, ningún anciano por lo visto ninguno. Pero todos felices, otros volaban, caminaban en los lagos, era un lugar con mucho transito aéreo, pero ningún choque y ninguna tragedia o algo. Solo ángeles y personas, y los ángeles tenían en sus manos unos cayados, eran unas varas gruesas o delgadas, dependía de quien las tuviera, los cayados gruesos y delgados algunos se distinguían por ser de madera o de metal con piedras preciosas de zafiro, oro de Ofir y cosas no muy exageradas. En un punto del amplio lugar Aarón se maravillo aun más era como una montaña, el ángel le señalo aquel ser que estaba encima de sus cabezas, a lo amplio del cielo, pero luego vio con claridad que era exactamente. Un hombre titánico, enorme por así decirlo, pero sentado en una enorme silla de marfil, en una posición recostada, así atrás pero no era una silla muy corriente, ni muy común, pues era como un sillón, un reclinable pegado al suelo ya que era del tamaño de una montaña, semejante magnitud de aquel ser. Pues era Dios que estaba por iniciar algo importante en ese momento pero describiendo mas de lo maravilloso a la vista de Aarón. Las manos y brazos de Dios descansaban totalmente, como un Rey que siempre esta en su silla meditando, sin sandalias, pero con los pies embarrados con barro seco, al ver el rostro de Dios se maravillo aun más, su cabeza coronada con nubes y ángeles, barba canosa no abundante pero con un estilo candado, los ojos así alegres, las mandíbulas moviéndose paulatinamente como temblando o asiendo fuerza en ellas, era por algo especial, pues en ese momento ocurría un fenómeno que jamás hubiera imaginado Aarón pues aquí les va un cuento increíble de este fenómeno.

Cuando Dios se disponía el de abrir su boca como para hablar, pues era realmente un movimiento de sonrisa, abrió su boca sola mostrando sus dientes sonrientes, pero algo mas paso un vapor tenue salió de su boca y volvió a cerrar su boca, y agarro con sus dos manos aquel vapor tan lentamente que se detuvo en el aire y cerrando sus dos manos ampliadamente cubrió por completo el vapor que parecía niebla y al instante las abrió y he aquí dos hermosas almas tomadas de las manos, hombre y mujer eso parecían, era espíritus aun no nacidos. ¿Pero por que hombre y mujer? Cuando abrieron sus ojos, ya que estaban de frente a Dios no dijeron palabra, tan solo miraban a Dios. Luego Dios con sus manos aun extendidas una bola crecía, era de todos los colores formándose como un aro o arco iris totalmente redondo.

Las almas se miraron y volaron lentamente al arco despojándose de sus manos, ya no estaban unidos de las manos, tan solo se miraban rumbo al arco. Eran almas que estaban por ir al mundo y nacer. ¿Quién sabe? Tal vez eran almas destinadas a ser pareja en la Tierra o hermanos o padre y madre, gemelos o almas eternamente gemelas.

El Autor de este relato fué Jon Weggrett , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7574&cat=craneo (ahora offline)

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2024-03-14

 

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