Relatos cortos ficcion Snuff TRABAJOS EN EL JARDÍN

 

 

 

TRABAJOS EN EL JARDÍN

No puedo soportarlo más. Una cucaracha sube por la pared delante de mí, la muy osada. No parece darse cuenta de que está invadiendo mi espacio. Al infierno con ella. Que sepas que me he quedado con tu cara, puta, que puedo hacerte sufrir más que cualquier otro que conozcas o que puedas conocer.

Eso fue lo que le dije a la dependienta del centro comercial, y por poco me meten en la cárcel. Pienso quién es más cucaracha, si la de la pared o ella. Para mí, las dos tienen un lugar guardado en mi bonito jardín, y por supuesto las dos tendrán una lápida bastante humana. Fui a comprarme unas botas nuevas, ya que las mías estaban corroídas y además tenían pegotones de tierra que no se podían sacar de los agujeros, por que si no se me verían los calcetines de tomates; y esa mujer me dijo que me faltaba casi la mitad para pagarlas. Yo no había contado el dinero, pero me pareció que había más que de sobra. Así que, ¿saben lo que le dije?, Le dije: “Me he quedado con tu puta cara, y puedo hacer que sufras más que nadie”. Y se puso a gritar escandalosamente, y me hirió en los oídos, y luego me sacaron de la comisaría por que no podían acusarme de nada. ¡Por supuesto, no había hecho nada! Lo que más me molesta del jodido asunto es que no me pude llevar las botas, y ahora estoy sentado en el cobertizo del jardín, y pienso que me hubiera dado pena tirar las que llevo ahora. ¿No les pasa a ustedes a veces lo mismo?

 

¡Vete bicho! ¡Fuera de mi camino! ¿O es que no se puede esconder uno tranquilo después de destrozar un cráneo? Si es que, además de sucia y de arrastrarse por el suelo, tenía que ser mujer, y negra.

Escucho a mucha gente ahí afuera. Parece que no han encontrado el refugio seguro y culto que es mi cobertizo. Odio a mis vecinos, siempre se han metido en lo que no debían por culpa de su maldita curiosidad. Cuando mi hermano pequeño se cayó por las escaleras (de eso hace ya bastantes años) todos me preguntaban cómo estaba. La verdad es que me importaba más que se llevaran a mi madre viva y gritando a un sanatorio, en vez de a mi hermano en una caja de madera. La pobre no hacía más que gritar que yo era el Diablo, que era un enviado de Satanás, pero yo le decía que no blasfemase, ya que a papá no le hubiera gustado. Además, Jimmy se lo merecía. Me dijo que si le empujaba por la escaleras se lo diría a mamá, y como yo no escuchaba a mi madre cuando me regañaba, pues no me importó. Sonaron unos pocos de “cacks” al bajar las escaleras. Nunca lo había visto descender tan rápido, y ustedes deberían haberlo presenciado. Ni siquiera tuvo tiempo de gritar.

Pero no eché de menos a mi madre, ya que así pude vivir con mi padre, solo. No le veía mucho, pero decía que yo era su Ronald, su niño querido. A él también hace años que no lo veo, pero realmente no me importa. Nunca quiso estar demasiado atado a un lugar concreto. La libertad era su emblema.

Me deben estar llamando porque el chico del periódico está revolcado en mi césped, echando por la cabeza una esponja rosada que supongo que serán los sesos. Joder, si salgo de esta tendré que darle un buen lavado a la pala. Pero antes lo enterraré con los demás.

Ahora debo estar callado por que me están buscando. Algunos me llaman amablemente, como si fuera un loco, y otros me gritan que salga de una vez, y me llaman bastardo, como si supieran que mi madre había engañado a mi padre alguna vez. Me entran ganas de enseñarles lo que hay a unos centímetros de distancia de sus pies: sabrían cómo puedo tener unos rosales tan bonitos en mi jardín, y no creo que quieran saberlo. O simplemente les aplastaré la cabeza, como voy a hacer en este momento con la maldita cucaracha...

¡Pum, PUMPUPUM! ¡Bastarda, ahí tienes tu merecido! ¡Ja!

Mierda, parece que me han oído. Creo que tendré que salir, si no son capaces de tirar la puerta abajo y todo eso, por que ya han mirado dentro de mi casa y no me han encontrado. Se harán los héroes y alguno de ellos se dislocará el hombro abriendo la puerta y desencajándola de sus goznes. Les ahorro el trabajo y voy para afuera.

Pero no crean que será fácil, no señor. Aún tengo la pala en la mano, y gotea ansiosa de más.

Cuando termine, iré al supermercado a por esas malditas botas.

jORGE

El Autor de este relato fué Jorge , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=1979&cat=craneo (ahora offline)

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No puedo soportarlo más. Una cucaracha sube por la pared delante de mí, la muy osada. No parece darse cuenta de que está invadiendo mi espacio. Al infierno

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2021-07-26

 

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