Relatos cortos humor Hechos Reales Éramos tan solo unos NIÑOS

 

 

 

Éramos tan solo unos niños

La Feria llega, extendiéndose por tres calles del municipio. La noria, el tren de la bruja, el Joker, son algunas de las atracciones. Hay muchas paraditas para comprar. También las hay para probar suerte e intentar conseguir algún premio. Desde hace años, muchos jóvenes compran pistolas de bolas en la feria. Primero fueron pistolas, ahora ya hay metralletas más modernas. Yo y mi amigo Alberto compramos las primeras pistolas de bolas. Nos perseguíamos y disparábamos desde lo lejos. Era habitual que alguna vez se nos fuera de las manos y acabáramos disparándonos a penas a dos metros de distancia. Aún recuerdo como conseguimos Alberto y yo nuestras primeras pistolas hace 8 años aproximadamente. Teníamos unos doce años, no puedo afirmarlo con seguridad.

 

Estábamos en una paradita de tiro. Donde con una escopeta y un par de balines tienes que acertar a los palillos. Por supuesto el arma esta más desviada que un perturbado mental, pero si tienes suerte conseguirás darle a los palillos. Alberto era un erudito de las escopetas de balines. Se pasaba mucho tiempo tiroteando en la paradita. Después de acumular un montón de puntos consiguió su pistola. Se gastó unas tres mil quinientas pesetas, hará ocho años. Yo me hallaba a su lado cuando consiguió la pistola de bolas y quedé fascinado. Le pregunté al hombre que regentaba la paradita si se podía comprar la pistola en vez de hacerlo mediante puntos disparando a los palillos. Me dijo que sí. Casualmente solo le quedaba una, porque en aquellos tiempos aún no estaban de moda. Se la compré por 2500 pesetas para sorpresa de mi amigo. La verdad es que desperté una envidia no muy sana en él. Como éramos críos era habitual que me dijera que su pistola era mejor porque tenía más puntería y no se que cuentos… Toda una sarta de falsedades típicas de los críos.

A partir de aquél día no paramos en los cuatro días de feria. Íbamos de aquí para ya con las pistolas. Incluso, debo admitirlo, disparábamos a la gente haciéndonos los despistados. Nos escondíamos en la terraza de la casa de Alberto, que casualmente se hallaba en una calle de la feria muy concurrida. Y desde allí alzábamos las pistolas y disparábamos sin asomar la cabeza. Nos destornillamos de risa y disparamos un par de veces. Por otro lado, las bolas de plástico que alimentaban la pistola eran escasas y comprarlas era un poco caro y yo no quería gastarme mil pesetas en un pote de quinientas bolas o lo que trajese. Así que el primer día, por la noche se nos acabaron las bolas. Alberto y yo entristecimos. Pero al día siguiente vino Alberto repleto de Bolas. Le pregunté de donde las había sacado y me enseñó un pote enorme repleto de bolas. Cuanto me hizo sufrir para darme apenas diez bolas. Cabe decir que mi amigo ha sido muy garrapo toda la vida… Así que junte todo el dinero que pude. Supliquen dinero a mi abuela, a mi abuelo, a mi madre, y por fin conseguí comprarme mi propio pote para envidia de Alberto. Y además más barato en otra tienda. Eso si que desató la furia de Alberto. Aún recuerdo como le brillaban los ojos de envidia.

Nuestros amigos, que eran Denís, Salvatore y Gerardo, al vernos con las pistolas alucinaron. No paraban de pedírnoslas, y Alberto y yo terminamos un poco hartos. Así que buscamos por todas las paraditas a ver si hallábamos más pistolas. Al final encontramos una paradita que tenía pistolas de bolas, y encima más chulas que las nuestras. El dueño de la paradita les vio ansiosos por conseguir las pistolas y seguramente les subió el precio, pues le hizo pagar 3000 pesetas, aunque también podían conseguirla por 1500 si acertaban todos los palillos. Salvatore lo intentó, y, como pensaréis todos, terminó gastándose 4500pesetas. Pero a él le afectó muy poco, puesto que sus padres eran y siguen siendo muy adinerados. Pero por eso no penséis que era un agarrado, porque no dudaba nunca en dejarte dinero. Pasamos las ferias sin poder subir a ninguna atracción porque nos gastamos todo el dinero con las pistolas y en munición. El único que tenía era Salvatore, y creo que me invitó a subir al Joker, ahora no lo recuerdo bien. Pero sé que otros años me invitó un montón de veces y sin que tuviera que devolvérselo. Esa era una parte buena de Salvatore. Todo sobre Hoteles

 

Terminó la feria al cabo de cuatro días, pero no con ella nuestras pistolas. Pues aquél año nos lo pasamos mejor que nunca. Normalmente salíamos a pasear y hablábamos de cualquier cosa. Cabe decir que siempre nos aburríamos. Después de las ferias no nos aburrimos en una larga temporada, pues inventé un juego muy chulo. Sí, sí como lo oís, fue idea mía. Jugábamos alrededor del ambulatorio, que es bastante extenso y tiene una forma rectangular. Hacíamos dos equipos, normalmente Alberto y yo, y Gerardo y Denís. Teníamos que dispararnos desde lo lejos, o depende de que situación desde cerca. Al final siempre terminábamos disparándonos a bocajarro, j aja, cuando lo pienso… ¡fue tan divertido! Al final nos agrupábamos todos contra Denís. ¡Estaba loco! Ni todos juntos podíamos ganarle. El corría detrás nuestro y nosotros corríamos a toda leche para que Denís no nos pillara. Yo siempre me quedaba atrás porque nunca he sido un buen atleta y por eso recibía la mayoría de los balazos. Así que me volví un poco como él e iba a lo suicida lanzándome sin percatarme de los balazos que recibía. Pero él siempre era más suicida y al final corríamos yo y todos. Denís siempre ha sido un poco fantasioso y corría con la cabeza agachada detrás de nosotros como si fuera un soldado de la guerrilla. Y nosotros que éramos tres contra uno huíamos a toda prisa. Recibíamos balazos en el culo, en la cabeza, en la espalda… Algún morado se nos notaba. Gerardo siempre ha sido muy iracundo y alguna vez, de tanto recibir balazos de Denís, se enfadaba y se volvía para dispararle a bocajarro en la sien. Siempre terminábamos peleándonos por alguna razón. Pero si nos enfadábamos, al día siguiente nos reconciliábamos. La verdad es que eran muy buenos tiempos. Éramos niños y nos lo pasábamos estupendamente. Sin preocupaciones por las chicas, por lo que tendríamos que estudiar en el futuro o cosas parecidas.

Actualmente Denís trabaja temporalmente en centrales nucleares. Gerardo no se que hace, pues lamentablemente se separó de nuestro grupo para irse con otros. Salvatore trabaja con su padre, tiene un coche tunning muy bonito y sigue siendo muy adinerado. Yo, en cambio he terminado a la otra punta de Cataluña, estudiando un ciclo superior de informática y mi mayor anhelo es ser escritor. El año pasado no pude asistir a las ferias por problemas médicos, pero este año, el 2005, si que asistiré; y cuando vea a niños con las pistolas de bolas me acordaré de mi infancia y lo bien que me lo pasaba jugando con mis amigos, sin preocupaciones, disparándonos a bocajarro, inconscientes del futuro que nos esperaba.

El Autor de este relato fué Dom%E8nec Benaiges Fust%E9 , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=9608&cat=craneo (ahora offline)

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2021-07-25

 

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