Relatos cortos humor Parodias El emigrante

 

 

 

Dice la letra de una famosa canción flamenca que cuando salió de su tierra volvió la cara llorando y aquello que más quería atrás se lo iba dejando….., quizás mucha gente la haya tarareado alguna vez, incluso quizás se hayan emocionado al escucharla, no es para menos, aunque también es cierto que para muchos simplemente no deja de ser una simple canción.

Para mí no es simplemente una canción, para mí esta canción es fiel reflejo de mi vida, para bien o para mal yo fui uno de esos emigrantes que tuvieron que abandonarlo todo en pos de una vida mejor y más fructífera.

Antes de proseguir quiero avisar que quien quiera pasar un rato divertido leyendo este relato todavía está a tiempo de detenerse, por favor que no siga leyendo, aquí eso no lo va a encontrar, pero si quien lea esto quiere dejar que los nobles sentimientos afloren y las emociones enternezcan su espíritu, sin duda entre sus manos ahora tiene el instrumento ideal para conseguirlo, espero que rememorar todos estos amargos recuerdos por lo menos sirva para haber conseguido que todos seamos un poco mejores.

 

Como comienzo, y modestia aparte, debo decir que fui el más joven emigrante de todos los tiempos y de todos los emigrantes habidos y por haber, con independencia de nacionalidades, credos y religiones, mis padres eran novios por aquellos entonces y ante ellos no se abría un futuro muy esperanzador que digamos, más bien al contrario, la precariedad laboral estaba a la orden del día y la desesperanza les consumía, llevaban ya mucho tiempo pensando en unir sus vidas, pero hasta ese momento sólo habían podido unir los pocos ahorrillos de los que disponían, que más bien pocos eran inexistentes.

Tenían muchos proyectos para el futuro (con el tiempo un proyecto de aquellos fui yo), estuvieron mirando durante equis tiempo pisos de VPT, ellos creían que esas siglas de nueva creación significaban “viviendas para todos”, pero cuan lejos de la realidad, esas siglas querían decir nada más y nada menos “viviendas de precio tasado”, pero los novios (mis futuros padres) no estaban por la labor de que les tasaran ningún precio, así que emplearon otros equis tiempos en mirar pisos de VPO, al contrario que con el otro tipo de viviendas sí sabían que estas eran de protección oficial, pensaron que ese tipo de viviendas serían el chollo del siglo XX y ya se empezaban a sentir protegidos oficialmente, la protección pronto se transformó en total desamparo cuando fueron a interesarse por una de esas viviendas, como eran los inicios de este tipo de construcciones, las que les mostraron sobre sendos planos eran de una habitación sin garaje ni trastero, les informaron que aunque a lo mejor les podía parecer en un primer momento algo escueto, estos pisos tenían la gran ventaja de que esa habitación podía ser habitada individualmente por uno u otro propietario indistintamente, y ya en el colmo de la versatilidad podían incluso convivir ambos a la vez en el mismo espacio y tiempo, esta versatilidad les fascinó sobremanera al futuro matrimonio, tan sólo le encontraron dos pequeños inconvenientes, un inconveniente era el precio oficial protegido, y el otro, uno de sus proyectos, o sea, yo, aunque todavía no había sido engendrado tenían que contar conmigo, supusieron con gran acierto que me gustaría cuando naciera estar con ellos hasta mi mayoría de edad o hasta que me pudiese independizar y no quedarme en el rellano con cuna incorporada hasta que saliera alguno de ellos para poder entrar, así

 

que con todo el dolor de su protegido corazón tuvieron que declinar el chollo del siglo XX. Pasó algún tiempo y la inquietud comenzó a hacer acto de presencia en sus rutilantes vidas, mis futuros progenitores se encontraban en una encrucijada de caminos y no se decidían cuál debían de tomar, tras darse cuenta que su futuro no iba a sonreírles en el pueblo, en un acto furibundo de valentía decidieron que lo mejor era emigrar y plantarle cara a la vida con todas sus consecuencias.

Aunque siempre aplaudiré su audacia al tomar esta decisión, no me sentó demasiado bien que unánimemente esta decisión tan importante para la vida de todos la tomaran sin contar con su proyecto más ambicioso, conmigo, ¿En qué se basaron para suponer que yo estaba de acuerdo? ¿Y si yo no quería emigrar qué?, ¿Acaso me consultaron?, pues no, no lo hicieron, y tengo que decir que yo ya tenía mi futuro y pequeño corazoncito.

Mi futuro padre después de muchas vicisitudes por fin encontró una oferta de trabajo, aquella oferta de trabajo yo no la vi muy clara, pero como en todo, pasaron completamente de mí, aquella oferta era con derecho a hospedaje y el lugar se encontraba a años luz de nuestra tierra natal, mejor dicho de la tierra natal de los novios, que yo aún seguía siendo un proyecto. El lugar en cuestión estaba localizado en el otro “Equinoccio” (Equinóx jeje, perdón ¡eh!, pero la emoción me ha embargado, nunca pude ponerlo en ninguno de mis escritos), ellos se encontraban en el Equinoccio de verano y tenían que ir al Equinoccio casi de otoño, allí seguramente tendrían que enfrentarse a infinidad de adversidades, adversidades lógicas, iban a una tierra extraña donde incluso el idioma iba a ser un serio problema, el lugar donde estaba esperándole con los brazos entreabiertos y donde tenían que emigrar en busca de esa oferta de trabajo era Toledo.

El caso es que sin comerlo ni beberlo, y nada conforme con su decisión, me encontré emigrando a los pocos días con ellos, todavía no había sido engendrado y ya era un emigrante, mi futura vida no estaba empezando nada bien, antes de nacer, ya volví mi cara llorando porque aquello que más quería atrás me habían obligado a dejarlo, no pude verme la cara mientras duró mi emigración pero imagino que tenía que ser todo un poema, ya me veía naciendo en Toledo y la verdad no me hacía mucha ilusión.

Nada más llegar a Toledo empezaron los primeros problemas de comunicación, mis futuros padres no sabían hablar el idioma toledano y peor aún, yo no podía todavía hablar, así que estábamos los tres incomunicados, yo más que ellos porque por lo menos ellos para matar el gusanillo hablaban entre sí, pero yo qué ¿Eh?, en mí nadie pensó.

La oferta de trabajo era para la recolección del Cola Cao de temporada, en aquellos tiempos según le oí comentar a mi futuro padre, Toledo era la cuna del Cola Cao, e incluso decía que estaba muy bien pagado.

Mi futuros engendradores y yo fuimos conjuntamente a la dirección que indicaba la oferta de trabajo, yo estaba extrañado, la ciencia infusa nos poseyó a los tres, sin saber toledano entendíamos perfectamente todos los nombres de las calles y todos los anuncios que se cruzaban en nuestro tortuoso camino, incluso mi futura engendradora se atrevió a hablar con un habitante de aquellas lejanas tierras y preguntarle por la dirección a la cual debíamos dirigirnos, la ciencia infusa seguía a nuestro lado y le entendimos los tres perfectamente, a pocos cientos de metros estaba el lugar al que teníamos que ir y donde una nueva vida comenzaría.

 

El lugar en cuestión era una casa rústica de lo más rústica que podía ser una casa, una jauría de perros nacidos en Toledo salieron a recibirnos enseñándonos sus colmillos en señal de bienvenida, yo me asusté mucho y me acurruqué entre mis futuros padres en busca de protección, pero ellos debieron pensar que los proyectos no se asustan y volvieron a pasar de mí, ya me estaba cansando de tanto proyecto, ser un proyecto de futuro no me acarreaba nada más que inconvenientes, mi amor por ellos no era correspondido en lo más mínimo, yo estaba dispuesto a pasar todas la calamidades (y de hecho las estaba pasando) que fueran necesarias por el simple hecho de que reparan en mí y de una vez se dieran cuenta de que estaba allí con ellos pasándolas igual de canutas.

Un hecho que me llamó la atención (cuando pude desembarazarme de los toledanos perros) fue ver que en las tierras que rodeaban la rústica casa no veía yo mucha materia prima para la elaboración del Cola Cao, no veía el Cao por ningún lado, lo que sí que pude ver fueron inmensos campos que mis futuros padres (extrañados y muy contrariados) dijeron que eran viñedos, ¡No me hicieron caso!, yo se lo advertí pero hicieron oídos sordos, ya sabía yo que aquel anuncio tenía algo raro, mi futuro padre y yo accedimos a la rústica casa y tras presentarse al viticultor vengador (mi futura madre no nos acompañó, se quedó hablando con la viticultora), le pidió explicaciones, aquello de elaboración del Cola Cao de temporada no tenía nada y en la oferta venia detallado claramente de qué trabajo se trataba, incluso le dijo que en la oferta había una foto de un bote de Cola Cao de temporada, de hecho, mi futuro padre se sacó del bolsillo derecho del pantalón el anuncio entregándoselo al viticultor, además le dijo que precisamente Toledo no es que fuera muy conocida ni era famosa por sus ilustres viñas, el viticultor lo miró y su rostro cambió, , pude ver con mis propios ojos (en proyecto) que le estaba subiendo un pavo que para qué las prisas, tras pedirle miles de disculpas a mi futuro padre le explicó que la foto del bote de Cola Cao de temporada no debería estar ahí, que eso era el sponsor que sufragaba los gastos del anuncio y la publicidad que había hecho, que había sido un error de impresión y la foto justamente había tapado la palabra vendimia. Impresionados nos quedamos todos al escucharle, yo casi de la impresión me caigo y me rompo algo de mi cuerpo no nacido aún, el viticultor dijo que les pagaría daños y perjuicios y correría con los gastos del regreso al hogar dulce hogar.

¡Yupi!, que alegría y qué no sé qué me entró, por fin se había acabado la emigración, dentro de lo malo nuestra emigración sólo había durado algunas horas, pronto los tres volveríamos a casa juntos, claro, si no se olvidaban su proyecto allí, yo me pegaría a ellos como una lapa y ya no les soltaría hasta que no me incorporase a filas.

Pero mi gozo en un Enrique del pozo, después de que se apretaran ellos un dietético cocido de Toledo compuesto de butifarras de Toledo, tocino de Toledo y también de chorizos toledanos (que por cierto, yo no probé bocado, digo que supusieron que el proyecto no tenía apetito), surgió la conversación entre los varones sobre la remota posibilidad de quedarse y probar fortuna, al viticultor le hacía falta mano de obra y a mis futuros progenitores trabajo, los pelos que aún no tenía se me pusieron como escarpias toledanas cuando mi futuro engendrador dejado llevar por una euforia que yo no entendí hizo gestos ostensibles de complicidad hacia su futura esposa y todos felices y contentos celebraron el feliz acontecimiento, nos quedábamos sin remisión, en aquellos momentos tuve complejo de mochila que va a la espalda de su portador sin darle opción a decidir si quiere ir o no.

 

El resto del día lo pasamos viendo Falcon Crest, aquello, y como dije, era inmenso, el viticultor le explicó el método a seguir y la manera de sacarle a los viñedos mayor productividad, de todo el método que le explicó lo que más me preocupó fue cuando dijo que había que levantarse al despuntar el alba, o dicho de otro modo cuando cantase el gallo, mi futuro progenitor se quedó tan tranquilo ante aquella fatídica primicia, creo que como nunca tuvo gallos no se quedó con la copla, el día daba sus últimos coletazos y la llegada de la luna anunció que había que irse a dormir a toda prisa, había que ir al unísono con el gallo para no perder comba.

El silencio se adueñó de todo, el único que permanecía despierto era yo, mi futuro padre estaba tan confortablemente instalado en aquella inmensa cama que con prontitud comenzó a respirar excesivamente fuerte, las horas fueron pasando y entre los ronquidos de mi futuro padre y mis ardientes deseos de que el gallo cantor se suicidase, o en el mejor de los casos le diese una lipotimia y no se despertara en la vida, no podía pegar ojo, pasó el tiempo y supongo que debido al cansancio de tan ajetreado día el sueño me venció y al final conseguí quedarme dormido entre medias de mis futuros progenitores, que por otra parte poco interés ponían en que yo dejara de ser un proyecto, que todo hay que decirlo. Oye Quotes Lifestyle

No sé cuanto tiempo pasó pero el caso es que un estruendo en forma de Kikirikí desafinado nos despertó, nos despertó a nosotros, a todo Toledo y a parte de Cuenca, ¡Por Díos que susto!, pensé que sería una pesadilla antes de navidad, aún no había sido engendrado y ya estaba madrugando de lo lindo, quise llorar, de hecho comencé a soltar alguna lagrimilla, pero luego desistí de seguir llorando, ¿Para qué?, nadie se iba a percatar de mi pena y zozobra, mi futuro progenitor después de soltar por su boca toda clase de personales improperios se levantó como pudo de la cama y se dirigió al comedor comunal, yo fui detrás de él, de todas formas ya me había despertado el puñetero gallo así que me iría a trabajar con él a los viñedos de Falcon Crest.

Entre bostezos y más bostezos salimos a aquel paraíso terrenal y nos encontramos de sopetón con el viticultor de nuestras desdichas que presurosamente nos mostró la táctica recolectora de racimos de uvas toledanas, mi futuro padre puso especial interés en no perderse detalle de lo que el viticultor le explicaba, la verdad, no sé para qué tanto interés, el modus operandi no era nada difícil de entender, esencialmente consistía en doblar el espinazo hasta limites insospechados y navaja en mano cortar los racimos, una vez cortados había que echarlos en un capazo y cuando el capazo estaba a rebosar de racimos de uvas subírselo a las costillas y vaciarlo en el volquete del tractor, y así una vez y otra y otra, como dije era fácil e incluso sin tener estudios era fácilmente entendible.

 

A las tres horas de subidas y bajadas corporales ya estábamos los dos hechos cisco, de vez en cuando mi futura engendradora venía y nos preguntaba que cómo estábamos, bueno, para ser más exactos se lo preguntaba a él, pero yo me incluía en nómina también, yo estaba recolectando uvas igual que él, aunque sí es cierto que su trabajo daba sus frutos, él sí que llenaba el capazo, yo no podía llenarlo, no podía cortar ningún racimo, a mí no me dieron navaja, podía haber intentado cortar un racimo de esos a mordiscos pero para mi desgracia aún no me habían salido los dientes, era frustrante no ver recompensados mis continuas bajadas y subidas a la par que mi futuro progenitor, de hecho me dolía todo igual que a él, yo era un proyecto inútil y muy dolorido en esos momentos.

A las 14:00 p.m. (hora toledana) nos avisaron que era la hora de comer, me sentía un bicho raro, tanta recolección había hecho que me entrara un hambre atroz pero curiosamente parece que me alimentara sólo con la mirada, no sé porqué, pero el caso es que era así, no me hacía falta comer, después de tan suculenta y visual comida tuvimos que volver al tajo y más de lo mismo hasta la caída del sol por tropiezo inesperado de éste, cuando estábamos guardando las herramientas del trabajo a nuestro lado pasó bostezando el gallo que se dirigía a su apartamento de soltero, señal inequívoca de huida rápida al hogar, drag queen el último, llegamos a la casa y mi futura madre sin apercibirse de mi llegada le pegó un morreo a su novio que no pudo por menos que hacerme sonrojar ante tal acto de salvajismo, eso me indujo a pensar que de esa noche no pasaba, quizás por fin iba a ser proyectado de una vez a los adentros de mi futura madre, a lo mejor esa noche podía dejar de ser un proyecto latente para ser una realidad.

Mis futuros engendradores se acostaron y justamente cuando ella estaba preparada para ser poseída salvajemente, él se quedó profundamente dormido, ella al principio le miró con una cara que mostraba una gran frustración sexual, luego y quizás comprendiendo el palizón que se había pegado lo miró con una dulzura difícil de explicar, le arropó el culo que se lo había dejado a la intemperie (justamente apuntando hacía mí), cariñosamente le abrazó y así se quedó dormida junto a él.

Yo permanecí durante un largo rato mirándoles, era una escena que hasta a un proyecto como yo le emocionó, no puedo negar que me alegró comprobar que en un futuro sería un proyecto deseado y fruto del amor que ambos se profesaban.

Esa noche entre unas cosas y otras no pude pegar ojo, continuamente me despertaba angustiado, en mis sueños Freddie Krueger con cara de gallo quería comerme, y como tenia agujetas vinícolas no podía escapar de él, justamente cuando me tenía acorralado y me iba a dar el picotazo de gracia el kikirikí del día anterior me despertó, fue un alivio que esa dulce melodía me salvara de mi pesadilla en ELM Toledo Street particular, me di cuenta que lo de las agujetas aunque parte de mis pesadillas eran reales, tenia agujetas hasta en mi inexistente carné de Identidad, no podía ni mover un musculito, así que ese día me lo tomé libre, no iría a trabajar, me pasaría todo el día descansando y recuperándome.

 

Las jornadas laborales fueron pasando a una velocidad vertiginosa, cuando quisimos darnos cuenta ya habían pasado seis meses y por suerte el trabajo y tesón mostrado por mi futuro padre no había pasado desapercibido para el avicultor vengador, como premio a tan arduo trabajo ascendió de categoría a mi futuro padre, por fin veían desaparecer los oscuros nubarrones de su horizonte, la prosperidad había pasado a formar parte de sus vidas, le habían ascendido a conductor del tractor, este ascenso lo celebraron por todo lo alto y por todo lo bajo, la sidra toledana corrió como ríos por el comedor comunal, yo también me alegre, ya no iba a tener que doblar la raspa, ya iría de copiloto con mi futuro padre en el tractor.

Sin esperármelo esa noche ocurrió, mis ya no tan futuros engendradores iban a celebrar el ascenso como la ocasión merecía, mi madre se despelotó primero, a mi me dio un poco de vergüenza y no la miré, iba a ser mi madre y no era plan, a quien sí miré fue a mi padre, se despelotó y se quedó de pie en presenten armas con la inequívoca intención de sitiar el fuerte e iniciar la batalla final, la verdad es que sitiar, sitió más bien poco, directamente empezó la guerra, el cañón lo tenía a reventar de metralla y quería pegar el porrascazo cuanto antes.

De repente y como si hubiera estallado un misil algo me succionó de donde me encontraba violentamente, por arte de magia me vi practicando natación en compañía de millones de bichejos que parecían culebras venidas a menos, ¿Qué era aquello?, no lo sabía ¿Qué tenía que hacer?, esto lo sabía menos aún, algo me dijo que yo era uno más de aquellos millones de bichejos que nadaban como si tuviesen prisa por llegar a algún sitio, ¿Pero a dónde?, lo peor de todo es que eran unos maleducados, y no dejaban de empujarme y agarrarme, pensé que me querían ahogar, todos tenían prisa por llegar a algún sitio, de pronto y también de repente lo comprendí todo, a lo lejos podía ver el final del túnel y me era muy conocido, debía nadar a toda leche y dirigirme hacía allí, sólo faltaba que no llegara a tiempo y acabara mis días en un clinex y tirado por el retrete, de eso nada, aunque éramos millones yo era el proyecto preferido de mis engendradores y debía de ganar la carrera, lo que tenía a favor es que me sentía como pez en el agua, estaba en mi medio, además que yo era un bichejo intelectual, sabía toledano y todo, los demás eran bichejos analfabetos, toda la ventaja era mía, sin perder más tiempo comencé a nadar como un poseso, cuando me cansaba a veces también buceaba para relajar mi serpenteante cuerpo, jeje, que malo que fui, conforme iba adelantando a todos los bichejos les hacía pedorretas para desestabilizarles emocionalmente, la meta estaba próxima y les había adelantado a todos, a mi llegada di por supuesto que mi mami me tendría abierta la puerta de entrada de par en par, pues no, no estaba abierta para nada, de hecho cuando crucé la meta me pegué un piñazo de mil demonios contra una cosa de forma de óvalo que no estaba por la labor de dejarme entrar, el chichón que me hice fue de dimensiones cósmicas, parecía que tenía dos cabezas, miré para atrás y como llevaba una ventaja holgada me tranquilicé y me puse a dar vuelta alrededor de aquel óvalo intentando encontrar algún hueco por donde colarme, no lo encontraba, era imposible pasar al otro lado, intente entrar de todas las maneras, de cabeza, de cola, de lado, boca abajo, boca arriba, marcha atrás, pero no había manera, allí no había narices a entrar y el tiempo apremiaba, el quinto de caballería se estaba acercando peligrosamente, pegué mi cabecita al ovalo incordiador y le pedí por favor que se apiadase de mí, me estaba encogiendo de lo húmedo que estaba, y si seguía encogiendo a ese ritmo ya no sería rival para el general Custer que capitaneaba las ordas enemigas, rogué y rogué que me dejara entrar, hasta que cuando ya lo veía todo perdido mi cabecita y sin saber porqué entró dentro de él, lo había conseguido, ya estaba dentro y ya podía secarme y esperar acontecimientos, antes tuve que impedir la entrada del general Custer que casi se cuela también, dos allí dentro ya hubiésemos sido demasiados y con lo belicoso que era no nos hubiera acarreado nada bueno.

 

El proyecto vio la luz, había embarazado sin compasión a mi mamí, era feliz, y me sentía muy a gusto dentro de ella, ya sólo me restaba alimentarme y crecer para dejar de ser el bichejo que hasta ese momento era.

El tiempo uterino fue pasando y pasando, me lo pasé genial, mi mami y yo teníamos muchas conversaciones y nos reíamos mucho, sobre todo de mi papi cuando pegaba la oreja a la barriga de mi madre intentando saber que le decía, ¡Que tonto!, a veces mi mami me decía que diese una patadita cuando mi papi me lo dijera para que se sintiese integrado en la familia.

Lo peor era cuando mami vomitaba por mi causa, pero yo no podía hacer nada a ese respecto, que más hubiese querido que no lo pasase así, pero tampoco me porté tan mal, tan sólo mostraba cierto enojo cuando mi padre entraba a traición a mis dominios, ver aquello en primer plano y en 3D me asustaba, era una visión espeluznante, pero poco a poco me fui acostumbrando a sus furtivas visitas.

Cuando quise darme cuenta el sitio se me estaba empezando a quedar pequeño y ya no podía moverme a gusto, sabía que mi gestación estaba llegando al final y que muy prontito iba a ver la luz del día o la oscuridad de la noche, cuando lo pasé yo peor fue cuando tuve que hacer el pino para colocarme en posición de salida, me costó Dios y ayuda darme la voltereta allí dentro, sobre todo porque justamente mi primera intentona fue en el trayecto hacia el pueblo de mis papis y los baches de la carretera me desequilibraban, ellos querían que naciera allí y a mí me pareció la idea genial, cuando por fin logré posicionarme y ya de verdad que no cogía allí le indiqué a mi mami que ya era la hora de salir de allí, tras algunos empujones y de verle el horrendo careto con antifaz bucal a aquel señor vestido de verde que quería extraerme como una muela picada, y llorar del susto, nací.

Había conseguido no nacer en tierra extraña, y también no nacer siendo emigrante, todo aquello que pasó antes de mi concepción quedará en mi subconsciente para toda la eternidad, antes de nacer ya supe lo que era y no me gustó, pero siempre me quedará el accidental honor de haber sido el emigrante más prematuro de la historia.

Mis padres ya tampoco tuvieron que emigrar más, mi padre encontró trabajo rápidamente, yo había venido con una panadería entera debajo del brazo, al poco tiempo contrajeron matrimonio, y ahora sí que su primer y principal gran proyecto les acompañó físicamente.

El Autor de este relato fué Equin%F3x , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=10214 (ahora offline)

Relatos cortos humor Parodias El emigrante

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Dice la letra de una famosa canción flamenca que cuando salió de su tierra volvió la cara llorando y aquello que más quería atrás se lo iba dejando…..,

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2020-09-12

 

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