Relatos cortos humor Parodias INDIANA JONES VS LUKE SKYWALKER

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- Por fin te encuentro.- suspiró de alivio el intrépido arqueólogo Henry Jones Jr., más conocido como Indiana Jones, al ver una de las dos entradas a la inexplorada Gruta de los Onkawa, una tribu extinta del continente africano que utilizó aquel pasaje para esconder un pieza de incalculable valor. Al menos, eso era lo que contaba la leyenda sobre el llamado Ojo de la Mente, junto al uso que supuestamente le daban: visionar el futuro.

Indy se adentró en la cueva no sin antes haber encendido una antorcha. Al principio se vio obligado a caminar ligeramente encorvado, pero pronto el techo ascendió hasta unos cómodos tres metros de altura, así como las paredes se ensancharon considerablemente. A lo lejos se oía el incesante goteo de varias estalactitas, que se mezclaba con el ligero eco de sus pisadas.

Atento siempre por si hubiera algún tipo de trampa, Indy llegó a una zona en la que el camino se bifurcaba en dos: una ruta que continuaba más o menos recta en la dirección que había estado siguiendo, y otra que conducía a la derecha. Fue entonces cuando se oyeron pisadas procedentes del primer camino. “Ya empezamos…”, pensó mientras desenfundaba su pistola y se arrimaba a uno de los laterales rocosos a la espera de ver quién se aproximaba. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para ver la potente iluminación blanca que le acompañaba, preguntó…

- ¿Quién anda ahí?- el extraño avanzó un par de pasos más hasta que al fin pudo verle la cara.

- Soy Luke Skywalker. ¿Quién eres tú?

- Me llamo Indiana Jones. ¿Qué haces aquí?- a Indy le sorprendió la potencia lumínica de la sofisticada linterna que llevaba aquel individuo vestido completamente de negro.

- Busco el Ojo de la Mente.

- ¡Vaya, qué coincidencia! Yo también.

- Escucha, necesito esa piedra. Es de vital importancia para la Orden Jedi.

- ¿Jedi? ¡Eres del ejército nipón, ¿verdad?!

- No sé de qué me estás hablando.

- ¡Eres un aliado de los malditos nazis, ¿no?!

- No sé quiénes son los nazis ni el ejército nipón. Sólo he venido a por el Ojo de la Mente para estudiar su fuerte conexión con la Fuerza.

- ¿La Fuerza? ¿Acaso crees en la religión de los indígenas que ocultaron la piedra en esta cueva? ¡Venga ya!

- La Fuerza no es ninguna religión.

- Vamos, hombre, ¿cómo puedes creer que eran capaces de mover objetos con la mente y barbaridades por el estilo?

- Te lo demostraré.- Luke alargó el brazo y en un santiamén atrajo la pistola del arqueólogo hasta su mano no robótica.

- Buen…truco.- respondió Indy, atónito ante lo que acababa de presenciar.- Los japoneses siempre tan avanzados…

- Veo que sigues sin creerme.

- He recorrido este mundo de un extremo a otro, he visto cosas muy raras, pero nunca vi nada que me impulsara a creer que haya una única fuerza poderosa que lo controla todo. Ningún campo de energía mística controla mi destino. Todo eso no son más que leyendas y tonterías. Bueno, basta de palique. Debo llevar el Ojo de la Mente adonde ha de estar: en un buen museo.

- No puedo permitírtelo.

- ¿Ah, no?- Indy tomó su látigo y con un movimiento veloz le enrolló en el cilindro metálico que colgaba del cinturón del Jedi. Luego lo atrajo hacia sí y lo contempló extrañado.- ¿Has visto? Sin usar la Fuerza.

- Devuélvemelo, no sabes lo que tienes entre manos.

- ¿Qué es? ¿Otro fabuloso invento “Made in Japan”?

- Oye, estás jugando con un arma muy...- Indy, sin prestarle atención, pulsó el botón de encendido del dispositivo y emergió un fulgor verde y zumbador que, de nuevo, le dejó asombrado.

- ¡Guao! ¡Un láser!

- Es un sable láser.

- ¿Sable? Dirás antorcha, ¡hay que ver lo que alumbra!

- No, no, escucha, puede cortar cualquier cosa como si fuera mantequilla.

- ¿En serio? A ver…- y cortó una roca en dos.- Impresionante. Muy impresionante.

- De acuerdo, ya basta de jueguecitos.- Luke se estaba poniendo nervioso al ver al anticuado arqueólogo zarandear su peligrosa arma.- Devuélveme la espada y no te haré daño.

- ¿Para qué mueves así la mano?

- Devuélveme la espada y no te haré daño.- Luke seguía moviendo su mano no robótica, tratando de manipular la mente de Indy mediante la Fuerza.

- Ya te he oído, pero creo que me la voy a quedar. Alumbra mucho más que una antorcha. Me vendrá muy bien, gracias.- Indy se dirigió hacia el camino de la derecha. comoserinfluencer.es

- No des un paso más o te disparo.- le dijo seriamente el Jedi apuntándole con la magnum del 45.

- Vale, vale, de acuerdo, no perdamos la calma, ¿eh?- dijo Indy antes de apagar la espada y entregársela lentamente.

- Bien, ahora coge tu pistola y tu látigo, y márchate de este lugar.

- Pero, ¿tú de qué planeta viniste?- exclamó el arqueólogo, sonriendo y sorprendido ante el ilógico gesto de Skywalker.

- De Yavin.

- Pues los de tu pueblo no deben ser muy espabilados. ¡Ahora vas y me devuelves mis armas!. A veces los japoneses sois tan poco listos...- mencionó mientras le apuntaba con la magnum.

- Escucha, si me disparas, haré rebotar los tiros con mi sable láser. No lo hagas o provocarás un derrumbamiento.

- Anda ya.- y disparó. Pero para entonces Luke ya había activado y enarbolado su sable láser, manteniéndolo en la trayectoria de la bala, de modo que se fundió tal y como lo haría una gota de agua al caer sobre un pozo de lava.

- Todavía con pistola de cartuchos, ¿eh? ¡Qué primitivo!.

- ¿Pero… cómo… has… hecho… eso?- Indy, boquiabierto, no salía de su asombro. Aquel movimiento había sido realmente increíble. Jamás había visto a nadie moverse con semejante rapidez y precisión, ni siquiera en el famoso Circo Mundial.

- Ya te lo he dicho: con la Fuerza.

- Sigues con la dichosa Fuerza, ¿eh?

- Y tú sigues sin creerme, ¿verdad?

- Así es. Ya ves, soy incrédulo por naturaleza.

- Está bien. A ver si ahora te convenzo…- el Jedi cogió la empuñadura de su espada como si de un cuchillo se tratara, la elevó hasta colocarla paralelamente al suelo y la hizo levitar por el aire hasta situarla a escasos centímetros de distancia de su garganta, donde permaneció flotando.- ¿Convencido?

- Vale, te creo, de acuerdo: la Fuerza existe y eres capaz de utilizarla.- Indy se mostraba nervioso, casi tartamudeaba. Su vida estaba en las manos de aquel extraño mago japonés. Tan extraño que ni siquiera tenía rasgos orientales.

- Exacto. Y ahora vete por donde has venido y no vuelvas jamás.

- Sí, sí, por supuesto, me voy. El Ojo de la Mente es todo tuyo.

“Mejor dicho, de los japoneses”, pensó mientras se daba la vuelta y empezaba a caminar hacia la salida de la gruta. “Espero que esa piedra no posea el poder que la leyenda dice que tiene, porque si no la guerra va a tener un terrible desenlace.” Indy salió de la cueva con un único pensamiento en la cabeza: Hitler dominando el mundo. No podía permitirlo. No sabía cómo derrotar a aquel formidable nipón, pero debía recuperar el Ojo de la Mente a toda costa, por el bien de la Humanidad. Así que tras pensarlo detenidamente, dio la vuelta y volvió a introducirse en la gruta.

Anduvo a paso ligero, casi trotando, hasta que llegó de nuevo a la bifurcación. Entonces, cuando se encontraba a escasos metros del camino de la derecha, el tal Luke Skywalker salió de él. Llevaba una piedra de color verde grisáceo en una mano y la sofisticada linterna con la que se alumbraba en la otra. El Jedi se detuvo, le miró y le sonrió. Indy, que ya se disponía a desenfundar de nuevo su pistola, se quedó extrañado con el gesto de su rival. Justo después, antes de que ni siquiera tuviera tiempo de apuntarle, le lanzó el Ojo de la Mente y le dejó flotando a la altura de la mano en la que sujetaba la magnum.

- Ahí le tienes, todo tuyo.- le dijo Luke.

- Pero…¿por qué me le das? ¿No me dijiste antes que era muy importante para tu Orden?

- Pues no, al final no posee conexión alguna con la Fuerza, por lo que tenías razón: su sitio está en un buen museo.- el Jedi se dio la vuelta y empezó a caminar en dirección a la gruta por la que había llegado hasta allí.- ¡Que la Fuerza te acompañe, Indiana Jones!

- ¡Gracias, que te vaya bien por Yavin!- el arqueólogo enfundó su arma y cogió la hermosa piedra. Tenía un brillo interior bellísimo a la luz de su antorcha, lo que ya le hizo pensar en el sistema de iluminación que iba a utilizar para la vitrina en la que iba a colocar tan preciada pieza arqueológica.

* * * F I N * * *

El Autor de este relato fué ALBERTO , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=9629 (ahora offline)

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