Relatos cortos humor Parodias La PaSiÓn De KiKo ((3))

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CAPITULO 3. “La milla verde”

Kiko permanecía en su celda esperando el momento de su ejecución. Las horas pasaban y pasaban... - ¿Este es el Mesías?. Jajaja. Ábreme la puerta, le voy a decir unas cuantas cosas -. – Qui... ¿Quién eres? -. – Tu peor pesadilla -. – ¿Dantés? -. - ¿Qué? -. – As dicho mi peor pesadilla... Y yo te digo si eres Leonardo Dantés -. - ¡Ah!. No, no lo soy -. - ¿A que as venido? -. El hombre se abalanza sobre Kiko y le coloca en la cabeza una especie de corona con pinchos. Kiko grita del dolor. – En ese aparato con forma de corona es donde se conectarán los cables de la silla eléctrica -. – Me pincha un poco -. – Ya. Bueno... Acércate, que tengo que conectarte los cables -. – ¿Los cables no se ponen al final? -. – En tu caso no. Me han ordenado que te los coloque aquí y que te llevemos por la ciudad con ellos acuestas hasta la sala de ejecuciones -. – Aaaaaa... ¿Y son muy grandes los cables? -. – Sí, cada uno de ellos pesa 5 kilos y son 6 cables distintos así que llevarás un total de 30 kilos encima -. – Joer -. – Te hará falta un milagro para llevarlos... Jaja... Ja... Jajajaja... Jaja... Emmmmmm... Me voy -. Las horas siguieron pasando. Kiko estaba en su celda con los 30 kilos de peso colgando de su cabeza. – A llegado la hora Kiko. La multitud te espera en las calles... Vas a tener más audiencia que el día en que a Janet Jackson se le vio la teta en la superbowl -. – Me siento halagado -. Kiko se puso en pie y salió a la calle, casi no podía moverse por el peso y por las heridas que había sufrido esa misma mañana. María y compañía le estaban esperando a la salida de la cárcel para seguirle en su camino. – Kiko. Kiko hijo mío -. - ¡Vete madre! -. – No... No me iré -. Kiko andaba poco a poco por la ciudad rodeado de una escolta de policías, pasaron por al lado de la sagrada familia, por el parque güell. Y en cada parada había un hombre que decía. “Si miran hacia la derecha podrán ver el parque güell. Obra de Gaudí”. Y así con cada edificio importante que pasaban. “Y aquí es donde está el local de alterne más conocido de Barcelona. No duden en venir”. – Donsimón. Ayúdame. Tengo que llegar a mi hijo -. - ¿Segura? -. – Sí -. – Esta bien. Acompáñame -. Donsimón y María se metieron por las calles de Barcelona y adelantaron a la compañía de Kiko. Se pararon en una calle. Y a los pocos segundos Kiko paso por allí con los cables colgando en la cabeza. Del peso de estos, pierde el control y cae al suelo. – Kiko. Hijo mío -. María sale corriendo hacia él. Mientras hace esto se acuerda de cuando Kiko era un niño y jugaba en su casa. - ¡Kiko! -. María llega hasta donde está él y le empieza a acariciar. – Hijo, hijo. Estoy aquí -. – Te dije que te fueras madre -. – No puedo abandonarte ahora -. - ¡Vamos levántate! -. – Ves madre. Siempre hago las cosas nuevas -. Kiko se levanta y continúa andando. María mientras tanto s queda sentada en el suelo, llorando. viagragenerico.1blogs.es

El camino se hace eterno para Kiko. Lo único que desea a estas alturas es llegar ya a la silla y terminar su vida. Kiko, vuelve a caerse al suelo. – Levántate. ¡Compórtate como un hombre! -. Un policía llega en moto. - ¡Pero que haces!. No ves que no puede más. ¡Ayudadle! -. – ¡Tú! -. - ¿Quién yo? -. – Sí. Tú -. – Yo no fui -. - ¿Entonces quien? -. – Kiko -. – Ah. Es verdad. Lo siento. ¡Un momento!. No era para eso. Ayudarás a llevar a Kiko los cables -. – Joer... Que palazo -. – Ya me as oído. ¿Cómo te llamas? -. – Jos -. – Pues venga, ya sabes lo que toca -. Jos cogió los cables de Kiko y comenzaron a andar por las calles. Pero igualmente, aún con la ayuda de Jos, Kiko volvió a caerse al suelo. Entonces hubo disturbios en las calles. La gente se enfrentaba a los guardias. Una chica se acerca a Kiko con una toalla en la mano. – Permíteme señor -. Con la toalla le seca la sangre que Kiko tenía en la cara. – Tú, mujer. Aléjate de este hombre -. La chica se echa hacia atrás y el policía comienza a dar patadas a Kiko. – ¡Nooooooooooo!. ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrggggghhhh!. ¡Basta!. No llevare estos cables ni un paso más a no ser que cesen los golpes -. – De acuerdo... -. La marcha sigue. LA chica de la toalla mira a Kiko pasar y en la toalla esta dibujada la cara de Kiko. Con la lengua fuera, un moco colgando, los ojos en blanco y sonriendo. – As visto la toalla Jos. E quedado favorecido -. – Tranquilo Kiko. Estás delirando. Hagas lo que hagas tu nunca sales bien -. Finalmente después de mucho esfuerzo llegaron a la sala de ejecución. Solo faltaba una milla para llegar a la silla. La llamada “Milla verde”. Kiko la pasó, mientras los pesos de las celdas que la ocupaban que esperaban su ejecución gritaban y protestaban contra la muerte de Kiko. Finalmente la cruzó y vio la silla en medio de una sala rodeada por gente. La silla que le llevaría al final de su existencia.

El Autor de este relato fué Jos , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=5201&cat=craneo (ahora offline)

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