Relatos cortos humor Parodias La plancha, ese oscuro objeto de deseo

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LA PLANCHA, ESE OSCURO OBJETO DE DESEO.

El título de arriba no es un título simbólico,¡¡ nooooooooo !! planchado significa eso, que he tenido la osadía y el valor de plancharme un pantalón, bueno, más que valor ha sido la necesidad, y he de deciros que para mi gusto, y teniendo en cuenta que hacía siglos que no me planchaba un pantys, pues la verdad no ha quedado muy mal, bastante mejor que como estaba recién recogidos del tendedero, vamos, donde va a parar, ni comparación, y más teniendo en cuenta que era con carácter de urgencia y sin entrenamiento previo, no me dio tiempo ni a concentrarme en la faena, lo hice de sopetón, es que resulta que parece ser que he engordado ligeramente y claro, los pantalones de invierno de currar se me han quedado ligeramente escuetos, sobre todo de cintura para arriba, y la barriga sobresalía en exceso, a parte de presiones excesivas en algún que otra ubicación corpórea.

El caso es que iba a vestirme para ir a ganarme el pan bimbo con el sudor de el de enfrente, cuando ante mí se abrió una visión tétrica y permitirme que os diga, que espeluznante también, los pantys yacían completamente arrugados y ojerosos en el más oscuro de los ostracismos junto al resto de la lavada ropa, ¿que hacer ante esta arrugada situación?, ¿a quien acudir en busca de auxilio textil?, estaba solo en casa, mi contra estaba currando y no iba a llegar a tiempo para realizar tan sufrida labor, estaba desorientado y fuera de lugar, no sabía ni tan siquiera donde narices estaba la maldita plancha, nunca la había visto en la casa, ni sabía la forma que tenía, en alguna tienda de electrodomésticos (así como de pasada) sí que las había visto, pero mi interés siempre fue nulo, nunca presté la más mínima atención ya que supuse (ahora se que equivocadamente) que no me haría nunca falta, lo que sí recordé es que tenían como forma de lancha motora, pero por más o por menos que buscaba en toda la casa, no encontré nada parecido, lo que más que se le asemejaba eran unas zapatillas de deporte con las que tropecé debido al nerviosismo extremo en el que me hallaba en esos precisos momentos.

Pensé en llamar a información en busca de eso, de información, pero cejé en el empeño porque para mí que las que atienden las llamadas planchan poco y tampoco era plan de contarles mis intimidades, solo me restaba encomendarme a San Honorato y la frase mágica: “San Honorato, San Honorato como no encuentre la plancha los cojones te ato” (es que hace tiempo me dijeron que diciendo esta frase siempre encuentras lo que pierdes, importante es no olvidarse de luego desatárselos al pobre de San Honorato, si hemos encontrado lo perdido, porque sino se cabrea mucho), pues mano de santo (nunca mejor dicho) porque cuando ya había tirado la toalla de Micky Mouse vi un objeto blanco con forma de lancha motora que se encontraba en estado de reposo encima de una especie de mesa de forma un tanto peculiar, nunca me había fijado en ella porque creí que era un aparato para hacer abdominales, ahí estaba, aquel objeto debía de ser la plancha, antes de nada hice un breve stop y mirando al cielo le desaté los cojones a San Honorato porque el hombre estaba un poco incomodo ya, ”San Honorato, San Honorato, como he encontrado la plancha que estaba buscando, los cojones te desato “ (San Honorato me lo agradeció) hecho esto me acerqué sigilosamente a aquel objeto temiendo un mortal ataque por sus partes (cuando algo se desconoce hay que ser precavido ),muy lentamente, pasito a pasito fui aproximándome a su terreno, pero iba desarmado y en slip de cuello alto para más INRI, entonces pensé que así estaría completamente a su merced, léntamente volví sobre mis pasos y sin pensármelo dos veces o dos, opté por armarme con algo que debido a su forma seguro que amedrentaría a aquel amenazante objeto planchador, aún a costa de que se me tache de sanguinario y cruel, he de decir que cogí el secador de pelo de mi contra y después de enchufarlo a la corriente eléctrica y darle al turbo, ya sin ningún miedo fui en pos de doblegar la salvaje voluntad del amenazante objeto.

Igual de sigilosamente que antes, pero ahora armado hasta los dientes, y con el pelo alborotado por el huracán provocado por el secador, llegué a la zona de guerra, el amenazante objeto al verme reculó y adoptó una posición defensiva mostrándome claramente que ella también iba armada, elevándose sobre si misma empezó a bufar como un toro bravío, mejor dicho, en este caso como una bravía vaca, de unos agujeros que tenia y que tan ofensivamente me mostraba empezó a salir estrepitosamente un intenso vapor prebélico, yo me asusté y el secador de pelo (mi terrible arma) también, de hecho dejó de funcionar justo después de un súbito y deslumbrante chispazo, lo comprendí y nada pude reprocharle, no era para menos, el amenazante objeto estaba a punto de explotar. y lo más grave y fantasmal era que estaba desenchufado aún, ¿que hacer ante aquella plancha poltergeist?,,¿como domar a aquella aberración de la naturaleza?, el tiempo apremiaba y tenía que ser más listo que ella, así que seguí aquel viejo dicho bélico que más o menos viene a decir “si no puedes con el enemigo, únete a él”, ¿pero como?, no sabía sus gustos ni tenía ninguna afinidad con ella, tras pensar y pensar me acordé que la música aplaca a las planchas y dada mi gran habilidad para tocar cualquier tipo de instrumento (musical, no jodamos ¡eh!) cogí de mi insonorizada habitación la flauta que un día me regaló mi buen amigo Bartolo, esta flauta no era como las demás flautas, no, esta flauta tenía un agujero sólo, y pensé que tampoco sería tan difícil sacar música de ella, dicho y hecho, tras pensar en la bella melodía que interpretaría para coger confianza con la fiera, me decidí por un antiguo pero no por eso menos exitoso single llamado “hacia Belén va una burra rin rin”, remendado me quedé yo, de la flauta no pude extraer ningún sonido audible por más que soplaba y soplaba, el único agujero que tenía la flauta que me regaló el pesado del Bartolo (que para ser sincero de amigo nada de nada, era simplemente un conocido)estaba obstruido y el aire expelido volvía otra vez a mis adentros, mis afueras ni que decir tiene que se estaban hinchando cada vez más de tanto aire absorbido. midgettits2.1blogs.es

Cuando estaba a punto de arrojar la toalla y llamar al trabajo para decir que se me había pinchado el coche, e iba a tardar un poco más de la cuenta, (hasta que llegara mi contra para realizar tan sufrida labor) algo ocurrió, el amenazante objeto digo que le inspiré lástima planchadora, y de su primitiva actitud desafiante, pasó a adoptar una actitud algo más conciliadora, como diciendo : ¡Joder! que inútil, venga, que me dejo hacer, no me tengas miedo.

Y no tuve miedo, aunque lastimeramente, había conseguido vencer y por fin podría ponerme a planchar alegremente mis pantaloncitos invernales.

Allí estaba yo, de pie ante aquello, inspeccioné minuciosamente el área de trabajo, sin dilación cogí los pantys y los puse encima de aquella estrecha mesa con forma de plinto (utensilio de gimnasia), enchufé el objeto a la corriente eléctrica para que se calentara, previa solicitud de permiso con derecho a roce al objeto en cuestión, le busqué desesperadamente el agujero por donde debía salir el chorretón de agua pulverizada y giré una rueda que tenía en dirección a Lourdes, no sé para qué, ya que no noté nada extraño, yo esperaba algún apreciable cambio planchístico, pero no ocurrió nada de eso, el caso es que del agujero nada de nada, no lograba encontrárselo, así que no me quedaba más opción que efectuar un planchado en seco, pero un pensamiento me hizo volver a colocar el objeto cuidadosamente en posición de descanso, algo tenía que poner entre el pantys y el objeto para evitar chamuscados textiles, ¿pero el qué?, ¿qué grosor y de qué material debía de ser aquello que pusiera, para que el calor aplicado fuera el debido y no tuvieran que venir los bomberos en mi ayuda?, busqué y busqué, por fin me decidí por una toallita muy mona de color suspiro primaveral que encontré, todo estaba dispuesto y ya no había vuelta atrás, ya nada se podía hacer por evitarlo, cogí el objeto con la mano diestra y muy delicadamente lo posé encima de la toallita efectuando movimientos acompasados de izquierda a derecha y de arriba abajo, cuando acabé de tantos movimientos acompasados levanté el objeto cara al sol y hasta lloré de emoción, la toallita estaba más planchada que mi oreja izquierda cuando duermo, así que supuse que lo de abajo también lo estaría, pues no, nada más lejos de la realidad, no lo estaba, no se había desarrugado ni una arruga, lo único que conseguí fue comprobar la temperatura que podía aguantar la tela con la cual hicieron esa toalla primaveral, debía de usar otra estrategia, ésta había fallado, pensé que al ritmo tan vertiginoso que llevaba me iban a dar las uvas del dos mil siete planchando en seco aquel pantalón, había que plantearse otra estrategia como por ejemplo aprovechar las arrugas que al ponérselos (fijo) se iban a formar para no plancharlas, así que dejé las arrugas de las ingles tal y como estaban, también dejé las del culo, ya se plancharían solas en el trayecto de cuarto de hora en coche de casa al trabajo, las de las corvas como no se ven si te miran de frente, también las dejé como estaban, ahora sólo tenía que esmerarme en las deformaciones del terreno respecto a la zona superior frontal, reconozco que me resultó muy difícil, no había forma humana de que el objeto no arrugara unas al desarrugar otras por más que invirtiera las posiciones de los pantalones y la plancha, bien sabe Dios que me resistía a hacer lo que se me estaba pasando por la imaginación, me negué a mi mismo tres veces, pero al final cuando ya ni sentía el planchador brazo no me quedó más opción que aplicarme el objeto con los pantalones puestos en semejante parte, eso sí, con mucho cuidadin y esperando que se enfriara un poco antes, de todos es sabido que cuanto más caliente este esa zona mejor para el poseedor, pero claro, tampoco es cuestión de que se chamusque, dicha y delicada zona quedó a la perfección, lo había conseguido, tan bien lo hice que notaba las miradas envidiosas de los viandantes sobre mis pantys.

Cuando llegué por la noche a casa mi contra me felicitó por haberme planchado los pantalones y ser autosuficiente, aunque también es verdad que me lo dijo en la más absoluta penumbra, no encendí las luces hasta que no me quité los pantalones y me puse el pijama de cuello alto.

Si algún día os encontráis en una emergencia como la mía y queréis algún consejillo ya sabéis, soy el más o el menos indicado (según se mire y para donde).

Planchados saludos.

El Autor de este relato fué Equin%F3x , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=4583&cat=craneo (ahora offline)

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