Relatos cortos humor Parodias MONÓLOGO DE HUMOR: "La carnicería del Miguel"

 

 

 

Hay días en los que uno no debería salir de la cama, pero claro, cuando el hambre aprieta hay que hacer un sobreesfuerzo, bajar a la calle y enfrentarse al mundo. Esto es lo que me sucedió hace un par de meses.

Acababa de trasladarme a mi nuevo barrio y ese día me había levantado temprano para hacer mis primeras compras. Casi todos los comercios se concentran en una misma calle y lo primero que hice fue dirigirme a la carnicería del barrio, “la del Miguel”. Entré en la carnicería y aquello parecía la oficina del INEM, estaba a tope de gente. Era como una peluquería de señoras, en hora punta, pero en vez de tener el Hola y el Diez Minutos la gente se entretenía mirando el precio del embutido y tomando tapitas de jamón y queso de encima del mostrador.

 

Había un murmullo insoportable y nada más entrar ya noté un ambiente hostil. Era evidente, yo era nuevo en el barrio y un grupo de señoras no tardó en girarse hacia mí para, sin ningún disimulo, dirigirme una de esas miradas que hielan la sangre, y hacerme lo que yo llamaría un exhaustivo reconocimiento visual. Me miran de arriba a abajo, como si nunca hubieran visto un hombre en una carnicería. Yo disimulando como si nada les digo:

-Buenos días, ¿quién da la vez?

De repente, se hace el silencio y una señora que parecía salida de una película de Hitchcock, sin pronunciar palabra alguna, extiende el brazo y me señala con su dedo índice el cacharro ese de los números, el expendedor de tickets.

-Gracias señora- le digo educadamente.

Yo me decía –venga tranquilo, ya verás como enseguida te acostumbras a tu nuevo barrio. Entonces es cuando confiado me dirijo a la maquinita, cojo un ticket y primer susto, el 82. Miro con temor por qué número va y... efectivamente, marcaba el 17 !! Me cago en...

–No puede ser, tiene que estar estropeado, no puedo pasarme aquí toda la mañana. Pues no, la maquinita funcionaba perfectamente. Era como si todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo en comprar carne esa misma mañana, pensé que era el Día Mundial del Consumo de Carne o algo así, pero nada de eso. Una señora mayor muy amable me explicó que esa era la única carnicería del barrio y claro “el Miguel” está muy solicitado, ¿solicitado? eso sí que es un monopolio y no lo de Telefónica.

Resignado y con un cabreo de campeonato, salgo a la calle destrozando con rabia mi ticket, cuando al pasar por la esquina, de repente escucho:

-Chsss chsss. Aquí, aquí...-

Me doy la vuelta y veo a un vendedor de cupones de la ONCE sentado en una sillita playera, y pensé –si hombre, para comprar un décimo estoy yo ahora-, cuando va el tío se abre la chaqueta y... ¡¡ joder !! Llevaba una tira de números de la carnicería.

-Te doy un ticket de la tienda que quieras si me compras un cuponcito, mira, tengo de la frutería, la carnicería, la pescadería,...

Después del estupor inicial, pensé..., ¿será posible que este hombre esté intentando chantajearme a mí, ¡¡ a mí !! por un simple número de la tienda? Por supuesto, mi respuesta fue clara y contundente... Ejem, ¿Cuánto quieres por un número para la carnicería?

- Ufff, es que esos están muy solicitados eh! Pero mira, por ser tú, te doy uno si me compras seis cuponcitos para el sorteo de esta noche - ¡¡pero, será cabrón !!

En fin, no me quedó más remedio que aceptar su chantaje y llevarme media docena de cupones para poder hacer la compra esa misma mañana.

 

Después de darme cuenta que mi nuevo barrio era lo más parecido a la Sicilia de Corleone y compañía, aún me quedaba conocer al Capo de la carne, “el Miguel”.

Ahí volvía yo con mi numerito en la mano y con un puñado de cupones de la ONCE en el bolsillo entrando de nuevo a la carnicería Como era de esperar, la reacción de la gente fue mucho más tensa que antes. Me miraban extrañados, pues me acababan de ver salir cabreado haciendo trizas el ticket y ahora entraba de nuevo con un ticket nuevo en la mano. No importaba, ya nada me iba a impedir comprar mis filetitos de pechuga.

Después de esperar un buen rato frente al mostrador, se acercaba mi turno. Justo antes que a mí le tocaba a la Sra. Carmen, mi casera y vecina de al lado. La Sra. Carmen es una solterona insoportable que no para de insinuárseme desde que me alquiló el piso, pero claro yo ni caso. La tía es fea con ganas y para colmo es sonámbula, que digo yo, una noche de estas se levanta en trance, coge las llaves que tiene de mi piso y se cuela en mi cama. Y claro como dicen que es peligroso despertar a un sonámbulo, ¿qué hago yo? ¿le dejo un huequecito en la cama, la tapo para que no coja frío, le dejo la radio para que escuche “El Larguero” o qué?, joder que susto, me da miedo sólo de pensarlo.

En fin, a lo que iba, era el turno de la Sra. Carmen que después de pedirle unas lonchas de salchichón al carnicero, va y le suelta:

- Anda Miguel dame una punta de mortadela o de chopped que te sobre para mi gato, si de todas formas lo vas a tirar- ¡¡Hija de puta, pero si no tiene gato!!, menudos bocatas de mortadela se metía luego pa merendar. Todo para ahorrarse unos centimillos. Pero claro, al Miguel hay que jugarle con su misma moneda, ya que nos encontramos ante un tipo sin escrúpulos que sería capaz de vender a su mismísima madre, entera o troceada.

Centrándonos en el protagonista de esta historia os contaré como se las gasta mi carnicero. “El Miguel” es de esos tíos que aún hace las cuentas a lápiz y papel, además siempre lleva un lápiz “de repuesto” en la oreja por si pierde el otro, pero claro eso nunca sucede, el tío lo lleva ahí de adorno, cual vendedora de flores lleva su clavel en el pelo. Su uniforme de trabajo es de lo más singular. Mi carnicero lleva un delantal mas sucio que el palo de un gallinero, que le debe dar suerte o algo porque seguro que no lo ha lavado en su puta vida, ya podría tener alguno “de repuesto”. Suele llevar unos manchurrones de sangre y trocillos de vísceras colgando del delantal que parece recién salido de “La Matanza de Texas”. Es el tío más guarro que te puedas imaginar. En una mano le falta medio dedo que seguro que ha dado sabor a algún plato de lentejas en el vecindario. Y claro, esa barba canosa de una semana y esos chorretes de sudor que le caen por el cuello no son el mejor reclamo para el consumidor que busca ante todo higiene y buen servicio. El día que se deje caer por la carnicería un Inspector de Sanidad, a éste lo meten en la cárcel aunque sólo sea por guarro, porque mira que es desagradable el tío.

Ahora que, en su trabajo, “el Miguel”, es todo un profesional !! Mi carnicero debe poseer el record Guinness de pesaje de charcutería. Joder! es un ilusionista, el David Copperfield del embutido, el Zidane de la bola de queso.

El tío coge la bolsa la pone en la báscula, la ves, no la ves... ya está!! -Venga dame 5 euros. Y claro, las señoras aplauden y todo. Y es que verle trabajar es todo un espectáculo.

Con las cantidades es todo un maestro, no hay manera de que te sirva lo que le has pedido. Si quieres mitad de cuarto de queso, te pone cuarto y mitad, y a la hora de hacerte unas rodajitas, no merece la pena insistir, porque si le pides unas rodajas de lomo finitas, te las corta gordas como suela de zapato, y si las quieres más gruesas, las pone finas como papel de fumar, así que mas vale dejarlo a su aire y que sea lo que Dios quiera.

Cuando llega el momento de cobrar mi carnicero también es único. Es curioso, pero con él las cuentas siempre salen redondas. Nunca devuelve cambio, prefiere meterte un par de lonchitas más o colarte un trozo de sobrasada, aunque no la hayas pedido, antes que tener que tener que echar mano de las monedas. Así que, además de mis filetitos de pechuga, acabé llevándome a casa, un cuarto de salchichón, una bola de queso y media docena de huevos, todo por no protestar con el tío.

En fin, después de mi aventura en la carnicería aquel día cualquiera se habría hecho vegetariano, pero no es mi caso. Por cierto, aquel primer día de compras no acabo mal del todo, porque esa misma noche me tocó el “reintegro“ en el sorteo de la ONCE, y claro al día siguiente fui al vendedor de la esquina a cambiarlo... por un número para la pescadería.

El Autor de este relato fué Juanpack , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=10250 (ahora offline)

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2020-06-19

 

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