Relatos cortos terror Asesinos en serie Mi caza

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mi cerebro me dice que no. Cuando hacemos el amor, ella repite mi nombre con frecuencia. Pero mi cerebro, o algoSon las diez de la mañana. Me he levantado porque mi hermano no deja de darme la vara, sino seguiría durmiendo. Preferiría no despertarme. Entonces, me llama mi chica, para decirme que hoy no podemos vernos. Evidentemente, la idea de no verla me cabrea. Me monto la película. Sguro qu ha quedado con su ex. Pero no, poruqe su ex está en no sé qué país. Además, me prometió muchas cosas que, en teoría, ella cumple a rajatabla. Pero en mi cerebro me dice que esta hija de puta me la está pegando con tro, o que se está imaginando que se la está tirando su ex.

Volvamos a mi despertar. Después de hablar con mi chica por teléfono, voy al lavabo y me ducho. Al salir, cojo un trapo lleno de alcohol y me quemo ls yemas de los dedos. Joder, cómo duele. Menuda tortura.

Con las yemas de mis dedos destrozadas y bien tapadas con unas gasas, me preparo algo de desayuno, y se lo preparo a mi hermano. Me dispongo a hacer la compra, así mi madre no tendrá que regresar del trabajo cargando bolsas de comida. Bajo por el ascensor y me topo con una vecina anciana. Es muy simpática y agradable. unque no tengo ganas de hablar con nadie, intento responder cordialmente. Ella me asegura que soy un joven ejemplar y muy buena persona. Me importa realemtne una mierda lo que opine de mí. Estoy más acostumbrado a las críticas que a los halagos.

He hecho la compra(me duelen un montón las manos a cusa de mis quemaduras), y mi madre ha vuelto a casa. Está maravillada al ver todo lo que tenía que comprar ella colocado en su sitio. Como recompensa, me prepara mi plato favorito. Mientras comemos, le comento una cosa;

-Hoy cazaré a un niño rico.

Me dice que no entiende lo que quiero decir, así que intento ser más concreto;

-Voy a cargarme a un pijo de esos que van de perdonavidas.

Mi madre ríe, y me pregunta quién es ese chico al que odio tanto. Pero no es nadie que yo conozca personalmente. Lo elegiré, tras juzgar su comportamiento ante la sociedad. Evidentemente, no le explico esto a mi madre.

Son las cuatro y media. Miro por la ventana. Hay una mujer abrazando a un tipo. Debe de ser s hijo. Joder, no. le ha metido la mano entera en la entrepierna. Pero no es el marido. Bueno, no es de extrañar, mi cerebro me dijo muchas veces que esa mujer era una zorra.

Son las seis de la tarde. Salgo a la calle. La gente me mira. Me lanzan miradas, todos. Tengo monos en la cara? No entiendo por qué la gente se te queda mirando ocbn cara de mbécil sin motivo aparente. Deberían de recibir una paliza todos por ser tan arrogantes, mirándote por encima se tu hombro. Un chaval em mira sin parar. Mi cerebro me dice que salte sobre él y le parta la cara. Así, seguro que deja de mirar tan vacilón a las personas. Pero es demasiado tarde, ya se ha alejado. Voy a huir de m barrio, a ver si encuentro algún lugar más tranquilo. Cojo un autobús, y termino en un parque, cercano a una avenida muy muy grande. Pero por la calle no es que haya mucha gente, que digamos. Sentados en un banco hay unos jóvenes vestidos con rpa de deporte, y llevan unos peinados patétiocs. Unos parece un cenicero, que estúpido. Mi cerebro me informa de cuán divertido sería apagarle un cigarro en la cabeza. Pero, sorpresa! Uno me empieza a gritar.

-Qué miras, primo! ven aquí nen, ven aquí!

No se debe ser invcordial con los desconocidos.

Me acerco a esos "niños"(para mí, son carne de cañón). Saco una cadena de un metro y medio, la enrosco con una increíble facilidad, sin sentir apenas el dolor d emis dedos, y le golpeo la cabeza con brutalidad. Al chaval que tenía a la derecha de mi primer blanco le he golpeado bajo la nariz con una eficacia impresionante, pues yace en el suelo.

Hay una chica entre ellos que se pone a chillar. Pero le he undido mis dedos en su boca, y le he hecho tragarse la lengua. Todo en un par de movimientos. A veces pienso que Eso de las artes marciales no debería de estar al alcance de todos. El Statice, una flor todo terreno

Detrás, hay un tipo vestido con una camiseta apretada con el toro de Osborne y unos pantalones de deporte. Eso le ayudará a huir de mí. Me fijo en mi primer blanco, el del peinado de cenicero. Mi cerebro me invita a usarlo como tal.

Levanto al niñato por el cuello, tras golpearlo nuevamente en la cabeza, la cual le sangra, y lo acerco a una papelera de hierro. Pienso; a los ceniceros hay que sacarles las cenizas cuando se temrian de fumar. Así, procedo a golpear su cabeza contra la papelera, hasta que el "cenicero" se parte, y brota algo que no tiene pinta de ser cenizas.

Parece que hoy es mi día de suerte. Se ha hecho de noche, y solo son las siete. Claro, el tiempo y esas cosas. Estamso en invierno. pasan un par de personas por ahi, pero me miran gritan: joder, chico, qué haces! Menudos subnormales. Estoy matando a unas personas y no corren a socorrerlas. Soy un lobo rodeado de ovejas, claro.

Me olvidaba del que salió corriendo, del torito de osborne ese. Corro tras él. Mi cerebro me anima a correr más, y alcanzo a ese pobre desdichado. Chilla como un gangoso, o coo un cerdo en el matadero, y ni siquiera lo he tocado todavía. Menudo cobarde. Eso alimenta mis ansias de sangre. NO hay nada que odie m´´as que los imbeciles que te molestan por la calle cuando son mucos, y que luego corren como nenitas. Este será el que más sufra.

Salto sobre él y lo tiro al suelo. Le ha saltado un diente. Le chillo que más vale que pelee como el demonio si quiere, al menos, morir sin dolor. Se gira y me suelta un puñetazo muy mal dado. Asqueroso y repugnante montón de basura! Tantos musculitos para eso? Le golpeé la cara repetidas veces, y le enrosqué mi gruesa cadena en torno a su cuello. Le cacheo, buscando alguna navaja en sus pantalones de deporte. Y sí, encuentro una. Qué mala suerte...Si no hubiesetenido esa navaja, le hubiese partido el cuello y santas Pascuas. Pero no fue así. Le acuchillé el cuello y luego le apuiñalé en puntos dolorosos pero no vitales. La sangre que tenía en su boca le impedía chillar. Estábamos en un jardincito de una comunidad privada, no pasaba nadie por ahí a esas horas.

El chico murió. Me levanté, y mi cerebro me recomendó entrar en una tienda y comprar una bolsa. Me compré una mochila económica (la necesitaría para ir a clase, porque la otra se me rompió), y aproveché para esconder dentro mi jersey, macnhado de rojo carmesí.

Pensé en volver a casa, cuadno un niño lloraba en la calle. Pobre niño, pensé. Mi cerebro decidió scorrer a esa pobre criagtura. Le pregunté qué le ocurría. SE había perdido y no sabía cómo volver a su hogar. Le cogí de la mano, y fuimos buscando su casa, basándome en sus indicaciones. Al final la encontramos, y le dejé ahí. El niño, muy feliz, me dio las gracias, al igual que su madre que estaba abajo preocupada y muy asustada con dos policías. Todos me dieron las gracias, y los agentes me recomendaron no pasearme por allí, poruqe ahbían cometido tres brutales asesinatos.

-Tres? Habían cuatro entre mis presas...Da igual, cazé a las que más codiciaba. Supongo que sobrevivió el chaval al que sólo golpeé en la nariz. Regresé a mi casa.

Ahora termino de escribir en mi diario el informe de mi nueva caza. Con las heridas en los dedos, no habrán tomado mis huellas. Y el capullo que sobrevivió apenas me recordará físicamente. Mi cerebro hoy etá tranquilo y satisfecho...Hasta que vuelva a tener hambre de sangre. No me gusta matar porque sí, y lo bueo de esto es que simepre, absolutamente siempre encuentro a alguien que merezca morir bajo mis manos.

Espero que os haya gustado mi relat, y disculpad las faltas de ortografía.

El Autor de este relato fué Blaise , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=5954&cat=terror (ahora offline)

2020-07-28

Relatos cortos terror Asesinos en serie Mi caza

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