Relatos cortos terror Asesinos en serie Mi Ultimo Asesinato

 

 

 

La radiante luz de la Luna entraba por la ventana abierta. Allí estaba en lo alto del cielo, como única testigo de lo que estaba a punto de hacer. Me encontraba en un rincón de la habitación. Totalmente a oscuras. La luz de la Luna no llegaba a donde me encontraba. Eso era lo que había planeado.

Poco a poco, la espera se hacía más y más inaguantable. Más de una vez ya había hecho algo parecido, pero esta vez había algo en mi interior que me decía que iba a ser especial. Ya había cometido otros asesinatos; 32 en realidad. Los había ejecutado con suma inteligencia y con inmenso cuidado. Rozando incluso la máxima perfección posible. Pero mi espíritu no se había llenado de la suficiente satisfacción.

Una vez, un periodista digo que la policía estaba ante un caso claro de múltiples asesinatos llevados a cabo por varias personas… eso me enfureció aún más. Empecé a pensar en que todo mi trabajo quedaría en el olvido. Que no llegaría a los libros de historia como el mayor asesino de todos los tiempos. Ya se que es muy difícil superar a personajes como Hitler o Vlad Tepes, pero intentaría acercarme a ellos lo más posible.

 

Esta sería mi próxima victima. Ya llevaba tiempo observando sus movimientos, desde que la vi por primera vez haciendo footing por el paseo marítimo. Se prácticamente todo sobre ella. Se llama Jolie. Tiene unos 23 años de edad. Desde hace 2 que intenta hacerse un hueco en el mundo de la moda como modelo. Vive con una amiga compañera de profesión, aunque hace unos días se fue a pasar unas semanas con sus padres. Ahora vive sola en esta casa y esta es su habitación, donde estoy escondido esperando a que llegue dentro de un momento.

Tiene un cuerpo escultural, aunque lo que más me atrajo fue su largo y frágil cuello… Desde el primer día sentí un deseo irrefrenable de coger ese cuello y sentir cómo se rompe bajo mis manos. Y aquí estoy, esperando ese momento desde hace mucho tiempo.

Se oyen unos pasos al otro lado de la puerta de la entrada. Según la hora que es, lo más posible es que sea ella. Ya está dentro de la casa y se dirige hacia aquí. Desde mi posición puedo ver la puerta entornada y la cama. Veo su figura a través del hueco de la puerta. Parece un poco desconcertada al ver que la puerta no está cerrada, pero al fin entra. Da al interruptor de la luz, pero esta no se enciende, ya que me ocupé de aflojar las bombillas de la lámpara. Después de unos segundos de duda, se decide a entrar a oscuras.

Se detiene delante de la ventana y se dispone a desnudarse. Poco a poco deja ver su perfecto cuerpo desnudo. Se sienta en la cama y, bajo la luz de la Luna llena, se recoge el pelo, dejando a la vista su precioso cuello… Desde donde me encuentro, puedo ver cómo se refleja la luz en su suave piel. Entonces creo que es el momento propicio para llevar a cabo mi propósito.

Poco a poco voy saliendo de mi escondite, llego a la altura de la cama. Ya estoy justo detrás de ella… Alargo mis manos en posición para agarrar su cuello, pero justo antes de que llegara a tocarla, siente mi presencia y se da la vuelta. Entonces yo actúa rápidamente amarrándola con todas mis fuerzas por el cuello. Sus ojos desorbitados muestran un gran terror al ver mi cara. Yo voy deleitándome con el momento y poco a poco aprieto su cuello con mis manos. Ella intenta disminuir la presión amarrándome de mis fuetes antebrazos, pero no consigue nada.

 

Cuando estoy en peno éxtasis, oigo el típico crujido bajo mis manos. Ya he acabado con su vida y, sobre todo, con su largo y fino cuello. La dejé tumbada en la cama y salí por la ventana sin dejar rastro; como ya venia siendo habitual en mí.

Dije que este asesinato no iba a ser como los otros, y así fue. Cuando ya estaba en la calle no sentí lo mismo que en los otros asesinatos. Esa vez fue distinto. No noté ninguna satisfacción después de acabar con su vida. Era algo desesperante. Estaba como si no hubiera pasado nada. Como si no hubiera entrado en aquella habitación. Sentía que no era suficiente. Necesitaba seguir matando, y a un ritmo más rápido.

Después de unos días, vi una noticia en el periódico que me hizo pensar, y mucho. La noticia trataba de que un eminente científico, último premio Novel de medicina, iba asistir a una convención donde impartirá una serie de charlas sobre su ya famoso descubrimiento: el hallazgo de una vacuna contra el sida. Blog sobre salud

Entonces en seguida lo noté. Creí que esa era la oportunidad de mi vida. Lo que había estado buscando todo este tiempo. Si conseguía lo que estaba pensando, seguramente que llegaría a cumplir mi deseo más profundo. A si que me puse manos a la obra. Conseguí descubrir donde vivía el científico y llegué hasta allí. Conseguí entrar en una especie de laboratorio. Y allí se encontraba. Parecía que estaba admirando algo. Con sumo cuidado, me acerqué por su espalda muy lentamente para que no me descubriera. Cuando ya estaba lo suficientemente cerca, le asesté un fuerte golpe en la cabeza con el bate de béisbol que llevaba conmigo.

Yacía en el suelo totalmente inmóvil. Un hilillo de sangre se asomaba por detrás de la cabeza. Sin duda le di un buen golpe. Al cogerle me di cuenta que no estaba muerto, solo inconsciente. A si que le até a una silla con unas cuerdas que encontré y le tapé la boca con un fuerte esparadrapo.

En ese momento me fijé en aquello que celosamente estaba observando con tanta atención. Dentro de una gran caja fuerte que hacía la función de nevera, había una pequeña caja de metra quilato y que contenía una extraña sustancia rosada. Iba a cogerla con mis manos pero justo en ese momento, un quejido me llamó la atención. Lo había producido el científico. Parecía que se había despertado y estaba muy nervioso. Extrañamente alterado, diría yo.

Finalmente me di cuenta de cuál era la causa de su estado. Parecía que no quería que me acercara a la caja, y mucho menos cogerla. Le pregunté de qué se trataba, pero obviamente no podía contestar a si que le quité el esparadrapo. Me dijo que lo que había allí dentro era algo horrible. Lo descubrió mientras hacía experimentos con la famosa vacuna contra el sida. Era ni más ni menos un nuevo tipo de virus muy letal. Tan letal que nunca en la historia ha habido algo así. Me contó que si tomaba contacto con el aire, en cuestión de una semana, toda forma de vida sería aniquilada de la faz de la Tierra…

No sé como explicar lo que sentí en ese momento. Había llegado a ese laboratorio para cumplir un propósito, pero luego me encontré con otro mucho más interesante. Más de una vez sentí el deseo de coger la caja y tirarla al suelo allí mismo, pero me contuve. Mi mente estaba maquinando un plan perfecto, mientras que el científico no paraba de hablar cada vez más nervioso.

Finalmente me decidí y cogí la caja. Los gritos del hombre eran ya insoportables y con el bate le di en la cabeza hasta que ya no respiraba. Seguidamente me encaminé hacia el aeropuerto internacional de la ciudad. Pensé que ese era el lugar ideal para iniciar la expansión del virus. Mi nivel de excitación era tal que casi se me calló la caja en un par de veces.

Una vez en el centro del aeropuerto, múltiples ideas asolaron mi mente. Allí estaba yo, a 18 de agosto de 2025, con el arma más mortífera que había visto el hombre a punto de apretar el gatillo. Pensé que dentro de una semana, ya habría matado a toda la humanidad. Eso me llenó de orgullo. Aunque yo no podría verlo por mis propios ojos, ya que sería uno de los primeros en caer…

Pero ya desde aquí, desde el infierno, me he dado cuenta de toda mi obra. Justo un día después de que abriera la caja, ya habían muerto casi 1 millón de personas. Y en menos de una semana, ya no quedaba nadie andando sobre la Tierra. Pero ahí no quedó la cosa. Al cabo de un par de siglos, diversas naves extraterrestres llegaron a la Tierra para ver que estaba ocurriendo. Pero mi sorpresa fue que el virus viajó con ellos hasta sus planetas. Y ellos también cayeron, infectando a otros a su paso. Así siguió su curso exterminando toda forma de vida en el universo. Y aquí, donde me encuentro, todos me aclaman como el mayor asesino de todos los tiempos.

El Autor de este relato fué SumotaY , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=6074&cat=craneo (ahora offline)

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La radiante luz de la Luna entraba por la ventana abierta. Allí estaba en lo alto del cielo, como única testigo de lo que estaba a punto de hacer. Me encontr

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2021-08-19

 

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