Relatos cortos terror Hechos reales AMANDA

 

 

 

Uno, dos, tres...

Uno, dos, tres...

Uno, dos, tres.......

Horas, días, semanas, meses, años, toda una vida sin saber que más decir, con la mirada perdida en el vacío de unos ojos sin vida que ya hace mucho perdieron su brillo y yo como todos los días, me limito a llevarle su alimento y procurar mantener limpio y en orden su celda de aislamiento donde lleva ya quizás demasiado tiempo como para haberse vuelto más loca de como entró. Quizás sea el caso que más me impactó en estos casi 12 años que llevo como celador en un centro psiquiátrico de mi ciudad, aquí en Sevilla y nunca podré olvidar como mi escepticismo se convirtió en realidad, una realidad que me atormenta todos los días y de la que ya creo que nunca podré librarme.

 

Amanda ( así llamaré a la paciente a fin de evitar posibles problemas con la institución) ingresó un 18 de Enero en un estado de shock sin saber de donde venía ni a donde iba ni que sería de ella ni nada de nada, completamente ajena al mundo real y sumida sabe Dios en que pesadilla dentro de su subsconciente. Mis compañeros y yo la atendimos como a cualquier paciente que llega a nuestro centro sin saber el por qué de su llegada, de eso ya nos enteramos más tarde cuando entre cafés y cigarrillos, comentamos como ha ido la jornada y dejamos todo en perfecto orden para los compañeros que vienen al siguiente turno. Aquel día no supe nada de ella, tampoco esque yo preguntara por ella la verdad, pero lo que no imaginaria esque su caso se mantendría en tan estricto secreto médico a lo cual he de decir que estuve al corriente por un "accidente" y del cual más tarde pude sacar mis propias conclusiones. Los días pasaban y Amanda no daba muestras de encontrarse entre nosotros; con esto quiero referirme a que su mutismo era total y a que en más de 2 semanas que ya llevaba allí ninguno habíamos conseguido verle ni tan siquiera una parte de su rostro, el cual tapaba enrollándose la sábana que cubría su colchón. Al poco tiempo nos llegó una orden del director del centro psiquiátrico de que la entrada a la habitación de Amanda quedaba totalmente restringida para cualquier miembro del centro que no perteneciese al equipo médico. Ni tan siquiera los a.t.s tenían facultad para entrar en aquella estancia. Ante aquella orden, la cual nunca antes habíamos recibido y creciendo la preocupación entre todos los que allí trabajamos, decidimos pedir una explicación del por qué de aquellas restricciones a lo que se limitaron a responder de que debido a la complejidad que el paciente presentaba en su cuadro clínico y a que aún no se había podido diagnosticar su dolencia, quedaba en manos de los facultativos a fin de evitar "contaminaciones" en el proceso de acercamiento a esta paciente.

Muy a nuestro pesar y creciendo cierta curiosidad por el caso, por que no decirlo, decidimos que ante las explicaciones dadas, lo único que podíamos hacer era limitarnos a acatar el contenido de aquella circular y al poco tiempo, maldita la hora que tuve conocimiento del caso, todo para mi cambió, convirtiendo mi vida en el infierno que es. Al tiempo de aquello, todos nos habíamos olvidado de Amanda pero un día sin quererlo, me encontraba recogiendo unas muestras de los escáneres realizados a pacientes cuando entre aquella cantidad de papeles se encontraba un e-mail que nada tenía que ver con aquellas pruebas.

Como remitente aparecía el nombre de nuestra institución y como destinatario el nombre de un señor el cual no conocía de nada. Decidí entonces leer el contenido del mail para así poder clasificarlo en su lugar correspondiente y lo que leí me dejó completamente absorto. Cito textualmente:

 

“Estimado Dr…….

Debido al desconocimiento del estado mental de la paciente y ante la imposibilidad de poder ser tratada por el personal de este centro, ruego su colaboración en nuestros estudios ya que, ante tales fenómenos de naturaleza desconocida para nuestro conocimiento y ante la conocida reputación de usted en el campo de los enfermos psíquicos con paranoias paranormales y trastornos de la personalidad múltiples, ruego nos ayude en la medida de lo posible.

Atentamente:

Dr ……………………

En Sevilla a 7 de Junio de 2002.

¿Desconocimiento total? ¿Trastornos psíquicos con paranoias paranormales? ¿Qué clase de persona tenemos encerrada en esa celda de aislamiento?

Estas eran tan solo algunas de las preguntas que no dejaban de rondarme por la cabeza y que por más que trataba de no pensar en ellas, no dejaban de acudir a mí como reclamo para hacer lo que hice días más tarde.

Empecé a buscar casos similares en ficheros pero nada de nada; nunca nuestra institución tuvo que hacer frente a un enfermo de este tipo y desde luego el desconocimiento por parte de nuestros facultativos era total si no, no hubieran tenido que pedir ayuda “extra”.

Quería pero sabía que no podía comentarlo con nadie. Aquello había llegado a mí de forma totalmente ajena a mi voluntad pero aún así y dado la magnitud que parecía cobrar el caso, no quería que mi puesto de trabajo peligrara por la negligencia de otro auque a veces me he preguntado si no fue el destino el que quería que aquello llegase ante mis ojos.

A los pocos días, el director del centro mantenía una reunión con un señor regordete y de aspecto bonachón, de unos 60 años de edad y que tras los cristales de sus gafas podían verse unos ojos llamativos debido a las grandes bolsas que colgaban de sus ojos. Noticias del cadiz

Al rato pude ver como junto con dos médicos más se dirigían a los ascensores y tomaban el camino hacia la planta -2; las habitaciones de aislamiento.

-¡Amanda!- pensé, y seguí con mi trabajo.

Las visitas comenzaron a hacerse frecuentes a esa planta y siempre que volvían podía observar el cansancio de los facultativos y la fatiga reflejados en su rostro. Todo cambió para mí el día en el que vi como todos llevaban restos de sangre en sus batas blancas y ya la ansiedad por saber que ocurrí en aquella celda se apoderó de mí.

Dije a todos que me quedaría más tiempo con las excusa de echar unas horas extras debido a una acumulación de trabajo pero yo sabía muy bien que ese día bajaría para ver a Amanda, lo que nunca podría imaginar esque aquella decisión me condenaría.

Serían las diez y media de la noche aproximadamente cuando cogí aquel ascensor lleno de intriga hacia el sótano y al llegar a mi destino lo primero que hice fue mirar hacia derecha e izquierda. Nada, vacío absoluto y un silencio sepulcral fue mi recibimiento.

Empecé a sentir frío y como la piel se me iba poniendo de gallina. Froté mis manos contra mis brazos buscando algo de calor y empecé a caminar. Solo escuchaba mis pasos en el frío mármol y sin darme cuenta ni saber por que empecé a caminar más deprisa.

 

Casi a mitad del pasillo empecé a escuchar un débil susurro que llegaba a mis oídos y mientras más me aproximaba la audición empezaba a cobrar sentido. Alguien estaba cantando aunque en un tono demasiado bajo, como cuando alguien quiere cantar para sí

sin que nadie le moleste. Poco a poco me fui acercando cada vez más hasta llegar al lugar desde el que provenían los susurros, la habitación de Amanda.

Mi acercamiento fue pausado, no quería llamar su atención para así poder observar su comportamiento y he de reconocer que ya un sudor frío impregnaba mi espalda.

Con mucha cautela empecé a descorrer el pestillo de la pequeña ventana que hay para observar el interior y tras lograrlo acerqué mi cara para mirar.

Allí estaba Amanda. De espaldas a la puerta sentada en su cama, balanceando su cuerpo adelante y atrás mientras emitía sus pequeños susurros. Me parecía intuir que tenía los brazos cruzados sobre su pecho y ahora que es cuando más cerca me encontraba, no conseguía entender lo que canturreaba para si. Recorrí con mi mirada el interior de su habitación y allí no había nada; solo ella y su cama y un pequeño váter mas un lavabo. Volví a centrar mi atención en Amanda y seguía con su vaivén aunque cada vez se mecía más rápido y su voz se iba elevando. Lejos de parar continuó cada vez más y más rápido empezando a golpear su cabeza contra la pared y emitiendo unos cánticos que no lograba entender. Empecé a temer por su integridad física pensando que estaba al borde del shock pero no podía dejar de mirar. El golpeo de su cabeza contra la pared empezó a martillear en mi interior y observé que empezaba a haber marcas de sangre en ella. Primero unas pocas gotas, a los pocos segundos una gran mancha. Me empecé a sentir mal, tenía nauseas y el pánico parecía haberse apoderado de mi sin dejarme tan siquiera apartar la cabeza del espectáculo grotesco que tenía ante mi.

Se mecía, cantaba, se golpeaba, sangraba y todo a un ritmo desenfrenado y brutal.

De repente se quedó quieta, cabizbaja. Su larga melena de pelo negro casi cubría su espalda y dejaba entrever poco de su camisón blanco. La sangre chorreaba pared abajo y ella permanecía quieta. Yo observaba aunque espantado y quería quitar mi mirada pero no podía y de repente no la vi.

El corazón me latía cada vez con más fuerza, mi respiración se entrecortaba y un inmenso frío se apoderó de mi.

¿Dónde esta? Es imposible desaparecer en 3 metros cuadrados sin sitio para esconderse pero allí no estaba Amanda. Su cama estaba vacía y la sangre continuaba en la pared pero de Amanda ni rastro. Miré en todas direcciones y nada.

De repente, su cara golpeó contra el cristal de la ventana. De la impresión, retrocedí y caí y ella no dejaba de mirarme. Su cara estaba bañada en sangre, sus ojos fuera de si y sonreía, dejando entrever un fino hilo de saliva que caía de su boca. La miré horrorizado y traté de levantarme pero tenía el cuerpo agarrotado. Empezó a reír y a restregar su cara por el cristal dejándolo todo manchado de sangre hasta hacer que su imagen no fuera visible. Quería gritar pero solo acertaba a balbucear monosílabos. Las piernas no me respondían así que empecé a arrastrarme por el suelo en dirección a los ascensores mientras escuchaba a mis espaldas las risotadas de Amanda.

-Se que volverás- me decía

-Volverás-

Quería huir, necesitaba marcharme de aquel lugar y al fin alcancé los ascensores, pero no quedó todo ahí.

CONTINUARA

El Autor de este relato fué E.O.H. , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=5616 (ahora offline)

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2020-09-14

 

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