Relatos cortos terror Hechos reales Celos enfermizos

 

 

 

Regresaba del trabajo cansado, de malhumor. Las cosas en el empleo iban de mal en peor. Deseaba llegar a mi casa rápidamente, más teniendo en cuenta que había comenzado una leve llovizna y no había traído paraguas.

Por fortuna vivía cerca de la parada del ómnibus. Mientras buscaba la llave, observé en el pavimento una marca rectangular, que se iba desdibujando lentamente por efecto de la llovizna.

Introduje la llave en la cerradura, ésta no giró. “Extraño, siempre tuvimos la precaución de tener la puerta de calle cerrada”. Pensativo, volteé mi cabeza hacia la calle. La marca rectangular se desvanecía, pero no la duda. “¡Es cierto! hoy los niños están con la tía en un cumpleaños infantil”. Un escozor me nació en los genitales y trepó rápidamente hacia la garganta, hacia el cerebro enviando una señal peligrosa.

 

“Me conozco, soy de temperamento violento, necesito pensar”.

Quité la llave de la cerradura. Las dudas volvían a atormentarme, me enceguecían, no tenía paz interior.

Estaba temblando.

Todo podía cambiar en un minuto.

Enfrente tenía la solución: el bar. Una cerveza, un cigarrillo. Calma.

Ojalá fuera un sueño. No lo es.

El pavimento totalmente mojado ahora. Si me hubiera demorado dos minutos más, esto no me estaría pasando Horoscopos y tarot de amor

Hola Juan, Hola, dame una cerveza bien fría; ¿cómo va el partido?, me importa un bledo el fútbol, pero me sirve, pienso en otra cosa.

Celular.

- Sí me retrasé un poquito pero ya llego.

Su voz apacible me dio la paz que mi alma necesitaba.

Pagué la consumición ya más tranquilo. “¿Cómo pude dudar? ¿Qué tortuosos laberintos mentales hacen que uno transite caminos de duda, de angustia sólo porque vio algo distinto?”

Disgustado conmigo mismo crucé rápidamente la calle y entré en mi casa.

Todo estaba en orden. Los niños habían llegado y corrieron a abrazarme. Sentí vergüenza por el aliento a cerveza que traía.

Mi mujer, hermosa como siempre me recibió con un beso.

Cenamos, miramos televisión, conversamos sobre los temas de la casa y nos retiramos a descansar.

- No puedo recordar otra cosa por más que me esfuerce - le dije al abogado en la prisión.

El Autor de este relato fué Gustavo , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=7273&cat=craneo (ahora offline)

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Regresaba del trabajo cansado, de malhumor. Las cosas en el empleo iban de mal en peor. Deseaba llegar a mi casa rápidamente, más teniendo en cuenta que hab�

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2021-02-25

 

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