Relatos cortos terror Hechos reales ¿Quién es carolina? Un cuento muy largo!!!

 

 

 

¿Quién es Carolina?

Cuatro años no son muchos. Esa era la edad de Carolina, demasiado delgada, su rubio cabello estaba siempre suelto y su corto flequillo dejaba ver su linda carita. Vivía con sus padres, Ignacio y Lucia y su hermana Victoria siete años mayor, alta y de largo pelo oscuro, en un pequeño e incomodo departamento interno que alquilaban hacia ya varios años. Al fondo de un largo pasillo, con altas paredes que casi no dejaban pasar el aire, se encontraba la puerta de entrada. No me gusta esta casa, decía Carolina, no me gusta.

Episodio uno

A pesar de los esfuerzos de su padre, quien no dejaba de trabajar las cosas no mejoraban económicamente y la idea de mudarse a una casa mejor era cada vez más lejana. El dormitorio de sus padres apenas tenía un ventiluz muy alto, por lo que la habitación siempre estaba obscura. Carolina jamás quería entrar ahí sola. “No me gusta esta casa”, decía. Nunca fue una nena miedosa, de hecho muchas noches cuando su mamá y su hermana ya dormían ella se quedaba sola en la pequeña cocina para esperar a su papá que llegaba a altas horas de la noche de uno de sus trabajos. Ignacio tocaba el timbre antes de entrar de una forma característica, lo que le hacia saber a Carolina, y a todos, que ya llegaba papá. Después de un beso y de decirle “ ¡mi gordo peludo!” Carolina le contaba a Ignacio todo lo que había hecho durante el día; el cansado pero con paciencia la escuchaba hasta que ya rendido la mandaba a dormir para poder hacerlo él también. Carolina dormía junto a Victoria en un sofa-cama que estaba en el comedor, justo debajo de una enorme ventana con vidrios de colores que daba al largo pasillo de la entrada. Victoria, aunque nunca lo decía, estaba aterrorizada pensando en que algún día alguien podía entrar por esa gigantesca ventana, pero pensaba que como era la hermana mayor y debía demostrar madurez. A ella tampoco le gustaba esa casa. Menos después de lo que vio. Pero como nadie le creyó decidió no hablar mas del tema. Victoria sabia que no había imaginado nada, yo lo vi, se repetía. Pero... ¿como podía ser que nadie más lo hubiera visto.?

 

Lucia, con afán de ayudar económicamente a su familia, daba en su casa, y para ser mas precisos, en la mesa de la cocina, clases de apoyo para niños de escuela primaria. Un caluroso día de primavera, eran unos ocho niños los que estaban alrededor de la mesa sin contar a la bebota de Carolina que lo único que hacía era tocar todo lo que veía a su alcance, lápices, cuadernos, cartucheras. De golpe el cielo se obscureció y una tormenta amenazaba con llegar en cualquier momento. Lucia intento hacer que los niños se apuren a guardar los útiles escolares porque ya era la hora de que los vinieran a buscar. Pero la tormenta llegó antes de lo previsto y seguramente los padres de los niños se retrasarían un poco más de lo habitual en llegar a buscarlos. En cuanto Lucia pudo controlarlos acomodó a todos los niños con las caritas en la venta de la cocina para que vieran como caía la lluvia y como el fuerte viento hacia inclinar el enorme pino que se encontraba en un rincón del amplio patio, mientras esperaban a sus Padres. Victoria sosteniendo a upa a Carolina, también estaba mirando por la ventana pero para ella eso no era nada nuevo. El patio con baldosas rojas y amarillas intercaladas, tenia de frente un cantero con una variada cantidad de plantas. Hacia la izquierda del patio se encontraba un cuartito, y así lo llamaban, con techo de chapa que Victoria usaba para jugar y Lucia e Ignacio para guardar cosas viejas o que ya no usaban. Al lado de la puerta del cuartito Victoria podía ver un cajón lleno de botellas vacías que seguramente en unos días sacarían a la calle para que alguien se las lleve. No se podría describir la carita de Victoria cuando vio eso. Quiso decirlo pero no pudo, quiso señalarlo pero estaba inmóvil, quiso mirar a su mama pero no podía sacar sus ojos de encima de una botella de ginebra Bols vacía que se elevaba en el aire, llego a la altura de un metro y pico para luego bajar lentamente y volver a acomodarse en el viejo cajón de alambre ya oxidado. Cuando al fin pudo reaccionar, Victoria escucho que sonaba el timbre, y calladita espero sentada en una silla a que de a poquito los niños se retiraran con sus padres. Lucia les hacia a estos últimos diferentes comentarios sobre el rendimiento escolar de sus hijos. Pero Victoria escuchaba todo como si viniera de lejos, como si lo escuchara entre sueños, no podía sacar esa visión de su mente.

 

Por fin Lucia cerro la puerta después de despedir al ultimo niño.

Victoria dijo: “Mamá una botella se levanto en el aire...”

Episodio dos

Un día de invierno, mientras Victoria se encontraba en la escuela, Carolina jugaba en la cocina; hacia mucho frío para jugar en el patio y su mamá trataba de entretenerla con distintas actividades. Después de unas horas a Lucia se le ocurrió que a Carolina le podría interesar, para jugar un rato, un viejo muñeco que guardaba en el ropero hacia muchísimos años. La madrina de Ignacio se lo había regalado a él cuándo nació. Era un muñeco antiguo, un bebote con la cara de porcelana, pálido como el hielo, el cuerpo era de estopa, y los brasitos y piernitas eran rígidas como su cara. Ya ajado por el tiempo su cabeza no quedaba fija sobre el cuerpo, sino que caía hacia un costado. Ni siquiera a Lucia le gustaba mucho esa reliquia, en cierta forma le desagradaba, por algo lo guardaba muy bien en el ropero debajo de bolsas con ropa que ya no usaban. En su intento por entretener a Carolina, Lucia le pidió que la acompañara a su dormitorio. Por supuesto que de la mano de su mamá Carolina no dudo en ir. Al entrar a obscura habitación aun de día Lucia tuvo que encender la luz para ver con claridad. Mientras le comentaba a Carolina que tenía una sorpresa para ella iba metiendo la mano entre las bolsas de ropa que estaban dentro del ropero intentando encontrar el antiguo muñeco. Carolina que siempre le había temido a esa habitación, tenia su cuerpito pegado al de su mamá como si de esa forma el miedo se alejaría. Miraba todo muy atenta como esperando algo. De repente algo cayo del ropero y fue rodando torpemente por el suelo. Lucia giro como para atajarlo pero ahí vio la terrible expresión de pánico en la cara de Carolina, la niña estaba con la boca abierta, como si estuviera a punto de gritar, y no dejaba de mirar la pálida cara de la cabeza del muñeco que parecía que la miraba fijo, muy fijo. El Blog de la ginebra y el whisky on the rocks

Lucia al tratar de sacar el muñeco del ropero había terminado de despegarle la cabeza y por eso esta había caído, pero por mas que trataba de explicárselo una y otra vez, Carolina no quería escucharla. “No me gusta, tiralo mamá.”

No le faltaban ganas a Lucia para tirarlo pero antes debía consultarlo con Ignacio quien era el dueño de aquel viejo regalo. Esa noche Ignacio llegó tarde, y los quehaceres de la casa sumados a las preocupaciones diarias hicieron que Lucia olvide aquel episodio y no lo comentó con su marido. El muñeco seguía en el ropero.

 

Demás está decir que Carolina ya no quería ni siquiera arrimarse a la puerta de la habitación de sus padres. De noche cuando se acostaba para dormir siempre pensaba que el muñeco iba a abrir esa puerta y la iba a agarrar.

Después de mucho tiempo a Carolina, ya más grande, se le estaba pasando ese tonto miedo de bebota, pero un día...

-Carolina, traeme una toalla de la cómoda.- Dijo Lucia que estaba terminando de bañarse.

Carolina sin pensarlo acudió al pedido de su mamá; cruzo el pequeño comedor, llego a la puerta de la habitación de sus padres, la abrió y prendió la luz. Miro todo a su alrededor mientras pensaba que si entraba, agarraba las toallas y salía corriendo nada le pasaría. Todo estaba en su lugar, la luz encendida, las puertas del ropero cerradas, pero Carolina necesitaba juntar coraje para hacer todo muy rápido. Cuando se dispuso a levantar un pie para empezar a caminar algo la paralizó.

A la izquierda de la puerta de la habitación se encontraba la vieja cómoda, un pequeño mueble lleno de cajones y tenia sobre él un enorme espejo. Carolina con los ojos desorbitados vio como el cajón del medio de la cómoda, donde su mamá guardaba las toallas, se abría lentamente, como invitándola a realizar el pedido de su mamá. Carolina estuvo por unos instantes sin poder moverse pero en cuanto vio que la puerta del ropero que guardaba en su interior el horroroso muñeco empezó a abrirse, un escalofrío le recorrió todo su cuerpo y ahí fue cuando salió corriendo sin poder gritar. Cuando llego a la puerta del baño donde se encontraba su mamá al fin pudo recuperar la voz: -Mamá, la cómoda... mamá tiralo... mamá, mamáááá!!!-

Lucia salió enseguida del baño, mojada, tapándose con el vestido que se había sacado antes de entrar en la ducha.

Carolina no podía dejar de llorar y entre sollozos intento contarle lo que había visto. -No puede ser,Carolina, calmate- dijo Lucia; fue hasta su habitación y todo estaba en orden.

-Tranquila hija esta noche hablo con papá y lo tiramos.- fueron las palabras de Lucia. Carolina le respondió: “Quemalo mamá, prende fuego y quemalo.”

Ignacio esa noche prendió el fuego, Lucia buscó el antiguo muñeco y lo tiro sobre las amarillas llamas. Carolina sentada junto a Victoria en el patio miraba, esperaba que se derritiera, pero del muñeco solo se quemo el cuerpo y el resto estalló en mil pedazos.

Ignacio miró a Carolina y le dijo: “Viste eso Caro?, ya no hay que tener más miedo.”

Igualmente esa noche a Carolina le costó conciliar el sueño. -Yo te creo-, le dijo Victoria.

Episodio tres

Desde pequeña, Victoria tuvo que soportar a Carolina sentada con ella en la mesa del comedor mientras hacía los deberes de la escuela. Carolina le tocaba todo, le rompía todo, “¿Viti puedo pintar yo?, ¿Viti puedo escribir en esa hoja?, ¿Viti me das ese lápiz?...

Era imposible concentrarse, y lo peor era que Lucia estaba esperando otro bebé.

Cuando Lucia llegó a casa con el nuevo hermano, Agustín, Victoria se sentía muy feliz, pero Carolina odiaba a ese extraño y gordo bebe. Lo pellizcaba, o lo mordía; en cuanto se descuidaban los mayores, ahí estaba ella para hacerle alguna maldad. De ese modo lo único que conseguía era que siempre la reprendieran. Los celos por Agustín la estaban poniendo rebelde, desobediente. Victoria era la que más la entendía, pues ella ya había pasado por esa situación.

Cuando Agustín ya tenia un año a Carolina le empezó a gustar ese hermoso bebe, con él podía jugar, le daba la mamadera, lo paseaba en cochesito; en verdad lo adoraba.

Una vez Lucia tuvo que ir a hacer unas compras y le encargó a Victoria que vigilara a Agustín, que estaba durmiendo, y que cuidara de Carolina, que ya tenia seis años y estaba mucho más tranquila. Cuando Lucia salió y quedaron solos en la casa, Victoria echó un vistazo a Agustín que dormía plácidamente y luego se sentó para continuar con su tarea escolar; puso a Carolina enfrente de ella y le pidió que se quedara quieta. Carolina puso un gesto de desagrado pero asintió con la cabeza. Luego de un rato Carolina comenzó a dibujar en una hoja. Victoria seguía entusiasmada en su trabajo práctico, debía hacer un collage con yerba, azúcar, café, arroz, etc. No paso mucho tiempo para que Carolina se tentara y agarrase ese atractivo frasco de pegamento blanco e intentara hacer lo mismo que su hermana; Victoria no puso objeción. Después de un gran enchastre de pegamento y café en su hoja Carolina miró a su hermana y le dijo:

-Tomá, acá está el pegamento.-

Victoria se quedó anonadada, sin saber que decir; ella realmente necesitaba el pegamento pero antes de pronunciar palabra Carolina se lo había ofrecido.

–Carolina, ¿cómo sabias que te iba a pedir el pegamento?- dijo Victoria.

-¡Me lo pediste!- Respondió Carolina.

Victoria se quedó pensando y luego sonrió; ya no había que temer.

A partir de ese momento Victoria supo que no era la casa, que no era el muñeco... era Carolina.

Fin

Aunque este no fue el episodio final...

24/12/2003

Algunas cosas fueron inventadas y los nombres de los personajes fueron cambiados para evitar cualquier CAGAZO.

El Autor de este relato fué Mimi , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=15699 (ahora offline)

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Cuatro años no son muchos. Esa era la edad de Carolina, demasiado delgada, su rubio cabello estaba siempre suelto y su corto flequillo dejaba ver su linda car

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2021-02-28

 

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