Relatos cortos terror Pesadillas Posiblemente un sueño.

Un día de invierno en cualquier barrio del extrarradio, ocho de la tarde, sólo mi primo David y yo. Liamos unos porros y nos decidimos a saltar la verja metálica de la vieja casa de enfrente, mi primo me mira y con una pícara sonrisa hace el gesto de “¡ahora!”. Ya estamos dentro del patio, una casa sucia, llena de recuerdos, nos mira con aire triste y abatido. Los gatos y la basura son ahora sus más agradables moradores. Dejamos atrás el muerto jardín y vemos que la puerta está tapiada, los matorrales no nos dejaban ver que había más allá, por suerte la ventana está podrida y

 

 

 

“Posiblemente un sueño”

Por La Parra Productions.

Un día de invierno en cualquier barrio del extrarradio, ocho de la tarde, sólo mi primo David y yo. Liamos unos porros y nos decidimos a saltar la verja metálica de la vieja casa de enfrente, mi primo me mira y con una pícara sonrisa hace el gesto de “¡ahora!”. Ya estamos dentro del patio, una casa sucia, llena de recuerdos, nos mira con aire triste y abatido. Los gatos y la basura son ahora sus más agradables moradores. Dejamos atrás el muerto jardín y vemos que la puerta está tapiada, los matorrales no nos dejaban ver que había más allá, por suerte la ventana está podrida y sin oponer mucha resistencia nos deja pisar el vetusto suelo. El aire rancio penetra en nuestros pulmones y nos asquea, nos volvemos a mirar y saco de mi bolsillo el cigarrito mágico. Nos sentamos en el suelo, lo enciendo con parsimoniosa actitud e inhalo el humo, mis ojos se nublan y mi mano automáticamente le pasa el porro a mi primo. No se escucha ni un coche, ni las vecinas chillando, aquí todo es tranquilidad. Empezamos a hablar, entre calada y calada, miramos las paredes, el suelo, los viejos muebles amontonados en un rincón, todo aquí parece carecer de sentido; entonces David me pregunta por qué tenemos que mudarnos de barrio… yo no sé que contestar, sólo sé qué no me gusta nada la idea y que en cualquier momento me escapo de casa y dejo a mi vieja sola con mis hermanos. David con los ojos muy abiertos me mira y asiente, él también quiere irse de casa, no aguanta más la hipocresía que se vive en ella. Son las ocho y media, tiro la colilla al suelo y la apago de un pisotón. Tenemos que irnos. Nos despedimos de las cuatro paredes que nos rodean y salimos de nuevo al jardín, la oscuridad juega malas pasadas al subconsciente. David, con los pelos de punta me susurra que hay alguien escuchando detrás de los matorrales –siempre le impresionó la oscuridad y su mente ya ligera por naturaleza se agudiza más con un poco de marihuana- Paso delante de él y remuevo las mustias ramas, nada de nada… salto la verja y David me sigue con más confianza. Nueve de la noche, entro en casa, mi primo ya debe estar en la suya. Mi madre me mira con desconfianza y me dice que guarde mis cosas en una bolsa de viaje que mantiene en la mano, creo que toca irse del barrio. Le pregunto por qué y no contesta, sólo señala el reloj y con cierto nerviosismo viste a mi hermano menor. Cojo el teléfono móvil y llamo a mi primo, en su casa también están haciendo las maletas, la salida parece inminente. Tengo la bolsa hecha, mi madre coge de la mano a mis dos hermanos y los mete en el coche, vuelve a subir y se carga a la espalda dos enormes bolsas de viaje, antes de desaparecer de mi vista me dice que vaya bajando, que nos vamos ya. Agarro con desgana mis pertenencias y bajo las escaleras. Me meto en el coche y miro de reojo el que ya es mi antiguo hogar. El coche arranca y nos dirigimos a cualquier lugar. En la carretera hay un atasco considerable, nos pasamos más de veinte minutos parados, mucha gente se va del barrio y la aglomeración hasta me asusta. No aguanto más, saldré del coche y me iré lejos, no lo soporto. Dicho y hecho, abro la puerta y antes de salir cojo las llaves de casa, mi madre me mira y me dice que no lo haga, que vuelva a entrar, pero no me importa lo que diga, soy propietario de mis actos y de mi vida. Cierro la puerta del coche y vuelvo a mi casa, mientras camino veo a la demás gente sentada en sus coches, algunos sin nada más que sus ropas y otros cargados hasta los topes. Nadie parece feliz y yo no me resigno a ser como ellos. De golpe una mano me agarra el hombro, me giro sorprendido y veo a mi primo. Se abraza a mí y me cuenta que algo está pasando, pero no logra entender el qué. Mientras caminamos me dice que no quiere volver con sus padres, yo tampoco con mi madre. Viendo que tengo las llaves de casa me dice si puede ir conmigo, si, puede venir conmigo, es mi mejor compañero y deseo estar junto a él. Me habla de lo bien que lo pasaremos solos, de las fiestas que haremos, de los porros, las borracheras, las chicas, todo lo que nos gusta. Ya estoy sintiendo la libertad correr por mi cuerpo. Estoy feliz. David se ríe y me da una palmada en el hombro. Estamos en el portal de casa, entramos y subimos las escaleras. El silencio es obvio y no nos extraña, no queda nadie en el bloque, es genial. Meto la llave y abro la puerta, las luces están apagadas, nos sentimos dichosos, David abre la luz del comedor y nos vamos a la cocina, la nevera aún tiene comida, ¡fantástico!. Estamos contentos y reímos, parece que por fin haremos lo que nos venga en gana… De pronto la luz del comedor se apaga…David me mira y como siempre que hay oscuridad, los pelos de los brazos se le erizan, vuelve a decirme en susurros que hay alguien ahí. Sentimos una puerta que se abre. Vamos corriendo al comedor, enciendo el interruptor, todo parece normal, vamos hacia el largo pasillo que da a las habitaciones y al lavabo. La luz de mi habitación se enciende, nos giramos nerviosos y desorientados. Resbalo y la luz del comedor vuelve a apagarse, cuando estoy en el suelo levanto la vista y en la oscuridad veo dos piernas desnudas, me fundo como un cubito de hielo, me giro hacia el comedor, mi primo está siendo arrastrado por algo que no veo. De golpe se eleva y queda pegado al techo, el golpe ha sido fuerte y los huesos se han quebrado de forma instantánea. Parece que está sin vida, como un títere, inerte. Mi instinto me dicta salir de este lugar –este lugar que antes era mi casa- a gatas y sin luz me dirijo hacia la puerta de salida, no quiero mirar atrás, no quiero ver que continúa a esas piernas velludas que he visto en el lavabo. Mi pierna está siendo arrastrada, no puedo moverme, alguien me está levantando del suelo… pierdo la noción del espacio, no veo que es lo que me coge. Lucho y con esfuerzo consigo zafarme, caigo al suelo de nuevo, me levanto y cojo una silla, la lanzo a ciegas y da en algo, no se que es, pero le he dado, me giro de nuevo y ahora si veo la puerta, la luz de las farolas entra por el balcón y me enseña el pomo de la puerta, sin duda es un guiño del destino. Estoy a punto de abrir la puerta, puedo sentir que detrás de mi algo se acerca, voy a abrir la puerta, lo voy a conseguir…. No he tenido tiempo, me veo flotar en el aire, impulsado por algo que no veo, noto el golpe en la espalda, estoy pegado al techo, algo resinoso me impide moverme, no creo que tenga fuerzas para despegarme, veo a mi primo, pálido, sin vida y me sobrecojo, es como un espejo, me estoy viendo a mi… solo deseo despertar…quizás esto sea sólo un sueño…posiblemente un sueño…o quizás mi última pesadilla. Cómo se mide el factor de protección solar UVB y UVA

By La Parra Productions

El Autor de este relato fué Gerard , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=2057 (ahora offline)

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Un día de invierno en cualquier barrio del extrarradio, ocho de la tarde, sólo mi primo David y yo. Liamos unos porros y nos decidimos a saltar la verja met�

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2021-01-12

 

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