Relatos cortos terror Terror General El paraíso vacío cap.3 (desenlace)

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CAPÍTULO 3 - ...Y el cielo se tiñó de rojo por un sueño destrozado

Airun miraba fijamente a I.D.G. en el humbral de luz que separaba la gran nevera del resto del supermercado.

Ella, con los ojos completamente bañados por un mar de lágrimas, le preguntó temblorosa:

-Así, ¿ya no me amas? ¿Ésto es lo que no debería haber hecho? ¿Tanto te importaba esa gente?

Incómodo y largo rato de silencio, I.D.G., que estaba arrodilado, llorando, en el suelo, se levanta para responder a lo que su, hasta ahora, compañera sentimental le había preguntado; con una voz rota por la amargura e interrumpida por los sollozos respondió a la pregunta anteriormente formulada.

-Hay aún un trozo de mi corazón que te ama, pero ese trozo es una rosa que se está muriendo poco a poco, a la cual cada vez le quedan menos pétalos, y esos pétalos que van cayendo son el amor que sentía por tí. Si ahora mismo este último pétalo cayera sería capaz de hacerte pagar por lo que has hecho a esta pobre gente. Gente incluso que no conocía, y has sido capaz de asesinarlos, de quemarlos vivos mientras yo dormía aquél día de lluvia. Lo que yo escribí...aquello que leíste es ira pasajera, mis padres lo hacen por mi bien y luego se dan cuenta que el estress les hace ser demasiado duros, a Marcos no pensaba redimirlo por el momento pero no merecía que lo matara por una mujer; ¡¡sería ridículo!! Mi hermana Lucía, ¿qué mal me hacía mi hermana Lucía, una pobre chiquilla de once años? ¿Y la gente que conocía por encima, de las tiendas, de hacerles la visita diaria e irme? ¿Qué me habían hecho ellos, para que tú les dieras este fin tan aberrante? Quemar la jungla, con eso me refería a romper con los compromisos diarios,con mi monotonía, con mi vida, tan gris y carente de emociones fuertes; me refería a quemar los amargos recuerdos del pasado, e irme de casa. No quería, ni mucho menos, hacer arder a nadie, y menos a personas que ni siquiera conocía, quería hacerme arder a mí mismo, a esta carcasa mía, a esa faceta de niño bueno del que todo el mundo se cree capaz de aprovecharse y luego pedir perdón, y a eso me refeía con "salir victorioso", porque al quemar la jungla, quizás me podía quedar a medio camino, fracasar en el intento, no me refería a ver como los demás se quemaban mientras yo miraba omnipotente sus ojos llenos de ardiente sufrimiento.

Por eso hiciste que lloviera, ¿verdad? Para que no me diera cuenta de que habías hecho arder edificios enteros, para que el calor del asfalto no fuera excesivo... Lo tenías todo calculado, ¿verdad?

-No me hagas esto por favor, yo te estuve observando una semana entera y pensé que sería lo mejor para tí, quería estar contigo, yo no conocía las emociones de los humanos. Yo... me sentía sola, necesitaba tu cariño, necesitaba estar contigo, y ahora que todo iba tan bien, por favor, no me hagas caer en este pozo de eterna soledad en el que estoy a punto de caer... Me puse este nombre, Airun, por complacerte. Quizá no has pensado todavía qué significa Airun si le das la vuelta...Yo lo hice para llamarme igual que la chica que tú amabas y así, hacerte feliz...

I-D.G. aún no lo había pensado, pero si le daba la vuelta al nombre de la chica morena y de tez pálida, de preciosos ojos grises y eterna sonrisa que hasta ahora había amado, un nombre familiar le venía a la cabeza: NURIA.

-Oh, diós, ¿te obsesionaste conmigo, hasta tal punto? Me parece muy dulce esto que hiciste, pero no pienses que por ello voy a perdonarte lo que has hecho y seguir viviendo tranquilamente contigo como si nada hubiese sucedido. Olvida estos dos meses y medio, olvida que me has querido, olvídate de mí, tan sólo te queda el sufrimiento, que es el castigo por lo que has hecho.

I.D.G. salió de la nevera mientras ella intentaba calmarlo con esa preicosa canción que siempre solía tararear, mas el chico, furioso, traicionado otra vez por el destino, no se paró, continuó su enérgica marcha, mientras ella le decía, llorando, temblando, como si con su marcha, se marchara también su vida:

-¿A dónde irás, amado mío? ¿Dónde estarás, mejor que conmigo?

-En cualquier sitio lejos de tí, con gente o sin ella, prefiero morir de hambre, refugiado en mi gris alma, que seguir aquí contigo, intentando hacer ver que no sucede nada. Soportaré la melancolía por no estar con la mujer que hasta ahora he amado, pero el sentimiento de traición a la confianza que te dí, es más fuerte que esa melancolía que sentiré. Lección 7: Ejecución de los procesos de negocio modelados con BPMN

I.D.G. se marchó del lugar, cruzó el amplio supermercado con rapidez. Ya estaba fuera, caminando por entre la multitud de coches del aparcamiento cuando ella chilló su nombre:

-Si te vas, con eso muero, si te vas no me queda nada, perdí mis poderes por estar contigo, dediqué mi alma entera a ser feliz a tu lado, a hacerte feliz, y si ahora te vas, no podré vivir, porque soy parte de tí.

El chico hizo caso omiso a las palabras de Airun, de mirada triste, de ojos oscurecidos por el llanto, de sonrisa destruida por el dolor, y siguió caminando.

Un sueño destrozado, el sueño de Airun, el sueño que ahora estaba viviendo. Su piel empezó a agrietarse, toda ella empezó a marchitarse, a hacerse ceniza, y con ella todo ese mundo perfecto que había creado para ellos dos.

Las nubes se rompían a trozos, el suelo se partía, el cielo se tiñó de rojo, llovía sangre y las nubes ardían. El viento traía un extraño rumor que parecía la voz de Airun susurrando, sollozando, pidiendo clemencia.

Un flash pasó de golpe por la mente de I.D.G., el cual se giró hacia la chica para ayudarla mientras pensava "ella me quería, lo hizo por mí, no sabía nada de los humanos y aún así yo me voy refugiado en mí, sin ni siquiera intentar comprender su posición, su anterior condición de diosa avariciosa y caprichosa, sus sentimentos, su amor por mí, que para ella lo es todo".

Pero ya era demasiado tarde. Cuando se giró, de la chica tan sólo quedaban cenizas y su larga cabellera morena volando en porciones arrastrada impotente por el viento.

El suelo cada vez se rompía más, cada vez se iba hundiendo más en una sólida oscuridad de nubes negras, mientras no cesaba de llover sangre. El chico corría desesperado hacia algún lugar donde estar a salvo, él sabía que no encontraría ninguno, pero ese poco instinto animal de supervivencia que nos queda a los humanos, era lo que le hacía correr por su vida. En un intento de subir a un balcón bajo, un trozo de piedra de éste cayó golpeándole la cabeza, dejándolo incosciente automáticamente.

Ahora no había nada que hacer, no podía moverse, ese mundo perfecto sería tragado por la tristeza y con éste, también él.

I-D.G. se despertó con la claridad de la mañana y el cantar de los pájaros, mas no estaba en su habitación; se encontraba en una habitación pintada de color vainilla, con cortinas blancas ondeadas por el viento, tumbado en una amplia y comfortable cama con una mesita de noche a cada lado.

La puerta de la habitación se abrió y entró una chica con una larga melena morena, ojos grises y una cariñosa sonrisa que dejaba a I.D.G. embelesado, tarareando una dulce canción que le recordaba a la música celta y le hacía sentirse extrañamente bien. Antes de que I.D.G. puediese abrir la boca para pedir explicaciones, ella le explicó:

-Cuando me buscabas tras el árbol resbalaste con el barro y te golpeaste la cabeza. Te quedaste inconsciente y te traje a mi casa, aquí arriba de la colina, la expresión de tu cara, dormido, era tan hermosa que me dejaste acaramelada por un momento, chico.

I.D.G. se incorporó, miró por la ventana, veía niños jugar al final de la colina, veía desde ahí, el tumulto de gente en la calle mayor, comprándole el diario al kiosquero, entrando en la pollería, en la pescadería, vió a los guardias del centro comercial echando el pitillo de las once...y al mirar al rededor y mirar ese recomfortante paisaje, sintió como si un peso se le fuese quitado de encima. Suspiró tranquilo, y volvió a echarse en la cama.

Ahora no habían calles solitarias, ni una nevera gigante con la gente de la ciudad achicharrada dentro, ni nubes ardiendo ni sangre que caía del cielo. Ahora todo iba bien, y la expresión de esa chica cuyo nombre aún no sabía era aún más dulce que la de su amargo sueño. El chico preguntó, lógicamente, por sus padres, y ella, con una amplia sonrisa y una dulce voz le siguió explicando:

-Tus padres están de camino, les he llamado hace un rato y estaban sufirendo por tí. Pero de momento aquí estamos solos... solos tú y yo...

...SOLOS, TU...Y YO...

El Autor de este relato fué Khasius , que lo escribió originalmente para la web https://www.relatoscortos.com/ver.php?ID=2875 (ahora offline)

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